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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 80

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80: Un Duro Regreso 80: Un Duro Regreso  -¡No vuelvas a hacer eso!

– refunfuñó Katana con el ceño fruncido y el cabello totalmente alborotado.

Su respiración era agitada y clavó sus uñas en el hombro de Hiruko, aferrándose con fuerza.

Después de que el shinobi la empujó, la nipona hizo todo lo posible por mantener la calma y estabilizar su caída.

Pero cuando el fondo oscuro del océano se fue acercando más y más, los nervios empezaron a invadirla.

Ella miró desesperadamente a todos lados, con la esperanza de ver a la extraña bestia voladora en su rescate, pero no encontró nada.

En ese momento, realmente se desesperó, su garganta se cerró, impidiéndole siquiera gritar.

El miedo se volvió abrumador.

El alivio de sentir su cuerpo siendo envuelto en las familiares vendas del shinobi le hizo humedecer los ojos, aunque nunca lo admitiría.

Tiraron de ella levemente y entonces aterrizó, todavía en caída libre, en los brazos de Hiruko, quien estaba de pie, impasible, en su bestia voladora.

Ahora, unos minutos después de salir de su shock, volaban rápidamente a ras del mar, la criatura expulsando energía de sus patas ahuecadas, a modo de propulsores, y alcanzando velocidades extremas que la destrozarían, si no fuera por la barrera de vendas que el shinobi puso delante de ellos, en forma de cuña.

Solidificadas con la Liberación Acero, las vendas hicieron una especie de cabina, permitiendo que la pareja pudiera oírse a pesar de la increíble velocidad, casi suficiente para romper la barrera del sonido.

-Ah, sí, lo siento.

Pero no teníamos muchas opciones – respondió el albino.

Gotas de sudor humedecían su frente.

Liam no se permitió agravar sus heridas en una lucha infructuosa con meros npc.

En el momento en que se ocultó en las nubes de la Liberación Tormenta, creó dos Kage Bunshin, cada uno con el 30% de su chakra el cual, gracias a la pastilla de soldado, se había recuperado al máximo durante su día de descanso.

Despojarse de más de la mitad de su chakra en unos segundos no fue tarea fácil, pero lo superaría.

No pensó que sus bunshin gastasen todo para eliminar a esos aviones extraños.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos, al igual que la amargura en la expresión de Katana, cuando el Halcón expulsó una enorme onda de energía de sus patas, cambiando abruptamente su dirección.

Detrás de ellos hubo una gran detonación que envió agua sobrecalentada a todos lados.

Más enemigos.

-¿Es que estos malditos no tienen fin?

– se quejó Hiruko.

A lo lejos, pudo escuchar el estruendo característico de los aviones militares.

Katana también lo oyó y habló en ese momento.

-Creo que esto no tiene nada que ver con la operación.

–  Dormitando en su oficina, Amanda Waller fue despertada por el ruido de su teléfono de trabajo.

Con un gruñido bajo, la mujer atendió la llamada, esperando recibir buenas noticias.

-¿Qué es ahora?

-Señora, tenemos un incidente entre manos – habló un hombre con un tono de preocupación en su voz.

Amanda suspiró.

Previó un dolor de cabeza y algunos fondos redirigidos a solucionar lo que sea que haya sucedido.

Temió que no sería barato.

-Hace una hora, un portaaviones de la armada detectó anomalías en sus cercanías y desplegó un escuadrón de cazas.

Se toparon con una bestia no identificada e iniciaron una persecución, que terminó con casi todo el escuadrón asesinado y los aviones destruidos.

-¿Y por qué me importaría a mi semejante acontecimiento?

– cuestionó Amanda, un poco irritada porque su subordinado no llegaba al punto rápido.

-Geez – suspiró el hombre con resignación -La criatura alcanzó el continente y llegó a Los Ángeles antes de desaparecer por completo.

Y hace unos minutos, recibimos comunicación de Katana…

Desde Los Ángeles.

Amanda guardó silencio.

Hasta ahora, la información no era problemática en ningún sentido, sino todo lo contrario.

Aprender otra posible carta oculta del mocoso siempre sería una victoria, pero el hombre no había concluido con su informe.

-Y acabamos de recibir noticias sobre el avistamiento de Wonder Woman, quien parece dirigirse a toda velocidad hacia la ciudad.

En este momento, ya debería haber llegado.

Y ahí estaba el incidente que esperaba.

Ella realmente deseó que la molesta mujer y el albino no hicieran una escena y causen más incendios que ella deberá apagar.

Rápidamente activó su comunicador y se dirigió al centro de mando, donde sus subordinados ya se apresuraban a hacerse con el control de todas las cámaras en la ciudad, a fin de encontrar la ubicación desde la que llamó Katana.

La vista que encontró Amanda la desconcertó un poco, aunque su expresión no cambió en lo absoluto.

Vio a Katana y al mocoso, forrado en vendajes y sin su chaquetón blanco, sentados en un banco en una parada de autobús y comiendo perros calientes, como si nada malo estuviera sucediendo.

El parpado de Amanda tembló levemente.

-Llama a ese teléfono – ordenó a uno de sus hombres.

El agente hizo los arreglos necesarios y entregó un comunicador a la mujer.

Mientras tanto, en Los Angeles, Hiruko y Katana comían tranquilamente sus perros calientes, cuando el teléfono público a unos metros de ellos empezó a sonar.

Sin inmutarse, Katana se levantó y tomó el teléfono.

Hiruko no le prestó atención, asumiendo que Amanda Waller o algún otro agente estaba llamando para dar instrucciones.

La noche llegaba a su final, aunque todavía estaban a oscuras.

Dentro de un par de horas saldría el sol, tanto aquí como en Jump City.

Se preguntó si Ileana se habría levantado ya y haría sus ejercicios.

Lo dudaba, pero la esperanza es lo último que se pierde.

A pesar del agotamiento mental, su cuerpo estaba más o menos bien.

Los clones se disiparon hace mucho, devolviendo una parte de su chakra, y los efectos de la pastilla de soldado aun no disminuían.

Pero pronto lo inundaría un cansancio abismal.

Esperaba llegar a casa antes de eso.

Mientras levantaba su perrito caliente y abría la boca para dar un buen mordisco, un estruendo en el cielo captó su atención.

Con la mirada perdida y los ojos desenfocados, vio una mancha roja caer del cielo y agrietar la calle frente a él, levantando escombros y polvo.

Una figura majestuosa, alta, fornida, hermosa y femenina salió del polvo y caminó hasta pararse frente a él.

Elevándose en unos imponentes 1.85 metros de altura, Wonder Woman miró seriamente al pequeño Hiruko, cuyo perro caliente se llenó de suciedad.

-Eso es daño a la propiedad pública, ya sabes – señaló la calle agrietada.

Tiró su comida con desgana, atinando al cesto de basura.

-Ven conmigo – dijo ella, extendiendo su mano para sujetar al albino y llevárselo.

Antes de que su mano pudiera tocarlo, desapareció en un borrón de movimiento.

Diana giró su cabeza, siguiendo su rastro hasta verlo cargar a la mujer asiática en sus brazos y sacar el dedo medio en su dirección.

-A la mierda con ustedes, estoy cansado y quiero irme a casa – dijo, antes de desaparecer incluso más rápido que antes.

Eso sorprendió a la Amazona, pero no se quedaría como espectadora por más tiempo.

Salió disparada tras el niño y la asiática.

A través de las cámaras, Amanda Waller vio todo el suceso y suspiró con resignación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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