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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 82

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82: Estoy Cansado, Jefe 82: Estoy Cansado, Jefe Las sirenas de policía se acercaban más y más.

El viento frío de la mañana justo antes de la salida del sol se colaba en la carne abierta y sangrante de Liam, como un huésped no bienvenido.

Su mirada abandonó el shock inicial, reemplazada por desgana, resignación, cansancio.

Su Bunshin tembló en su lugar, la comisura de su horrible boca temblando.

Liam lo disipó antes de que estallara en carcajadas.

No estaba de humor para la mierda de sus clones.

-Uh, lamento eso – dijo Diana.

La amazona se rascaba torpemente la mejilla.

-Hm, cosas que pasan – se encogió de hombros el albino, un dolor punzante recorriendo su cuerpo con ese movimiento.

-Vamos, necesitas tratar eso – sugirió ella.

Liam negó con la cabeza lentamente.

-No sigas, por favor.

Simplemente para.

Me estoy quedando en las afueras de Jump City, una pequeña Mansión en una isla artificial.

Si tienes algún asunto conmigo, ve a buscarme allí, y si se trata de asuntos legales, entonces contacta con Amanda Waller – informó con tono aburrido y un toque de ira.

-Deja de ser tan terco, niño.

Sólo ven conmigo y déjame ayudarte – insistió la amazona y de no haber estado realmente agotado, Liam habría explotado una vez más.

Diana suspiró internamente al ver la mirada venenosa que le lanzó el albino y se preguntó si ella fue así de insufrible cuando era adolescente.

-” ¿¡Terco!?

¿¡Terco yo, maldita amazona hija de tu putísima madre y todo tu mal nacido linaje, yo soy el terco!?

– escupió Liam en su mente, su cerebro a punto de cortocircuitarse.

Liam tomó aire, llenó sus pulmones con él, ignorando la sensación de incomodidad que le produjo el contacto con su boca y garganta quemadas.

-Mire, señora- empezó el shinobi.

Diana frunció el seño al ser llamada señora, pero el albino no se dio cuenta.

-Puedo curarme a mi mismo y enserio, enserio necesito terminar con mi misión.

Ya sabe donde encontrarme, así que no demos más vueltas a esto.

Estoy cansado, estoy sudado, sangrando, sucio, me duele el cuerpo y no he ido al baño desde ayer-  En el momento en que terminó su palabrería, una serie de bombas de humo explotaron a lo largo del terreno del parque, sorprendiendo a Diana.

La amazona se movió lo más rápido que pudo, alcanzando al shinobi en menos de un segundo y aferrándose a él, impidiéndole escapar.

Hiruko gruñó, su fuerza incapaz de apartar las manos de la mujer mucho más grande y más fuerte.

Diana se lo echó al hombro y voló, aterrizando en un techo cercano y viendo a la policía llegar a la escena.

Sus ojos recorrieron la calle que pasaba cerca del parque, donde la asiática yacía tumbada en el interior de un auto, sus heridas un poco brutales, pero nada que amenazara su vida.

La policía la encontraría y Diana no se preocuparía más por ella.

-Ya déjame, o empezaré a gritar – dijo el shinobi en su hombro.

Diana se rio ente dientes.

-Niño, eso sólo funciona cuando los sexos están invertidos – se burló ella.

-Tch, maldita sociedad – se desplomó en su hombro, dejando de luchar.

La amazona supuso que el agotamiento realmente lo golpeó fuerte, aunque ella no sabía sobre la pastilla de soldado.

-Ahora, vayamos a un hospital y entonces me contarás todo lo que ha sucedido entre tú y el gobierno – dijo Diana en un tono que no dejaba lugar a réplicas.

Hiruko simplemente gimió con desgana.

Volando tranquilamente por la ciudad, Diana intentó iniciar una conversación con el adolescente, en un esfuerzo infructuoso por ganarse su confianza y que le contara la verdad.

No quería abusar de su lazo de la verdad en el chico.

Basta decir que sólo recibió gruñidos y gemidos en respuesta, ni una sola palabra.

Eso la decepcionó.

Su figura solía inspirar confianza, su papel como heroína ya era conocido y la gente a su alrededor la miraba con admiración.

Algunos adolescentes hasta la fijaron como objetivo de lujuria, cosa que le incomodaba, pero era una mujer hermosa, para los estándares humanos, y fuerte en eso.

Despertaba de una forma u otra la codicia en los corazones masculinos.

Pero ella sintió desdén por parte de Hiruko.

En ningún momento desde que se encontraron por primera vez sobre la bestia voladora, el chico se fijó en su cuerpo.

No es que ella sedujera a un menor sólo para obtener información, pero esperaba que su propio encanto la ayudase a descubrir más sobre la situación del albino y el gobierno.

Sin que Wonder Woman lo supiera, detrás de ella, el cuerpo de Katana que parecía estar inconsciente y herida dentro del auto se convirtió en agua y desapareció.

Del mismo modo, justo antes de que llegaran al hospital, el cuerpo que tenía sobre sus hombros explotó en una nube de humo, dejándola paralizada un segundos.

Ella suspiró en derrota, dándose cuenta que la habían engañado.

-Tsk, adolescentes.

Quizás debería disculparme con Madre – murmuró para sí misma antes de salir volando e irse de la ciudad.

No tenía sentido seguir persiguiendo al chico si la estaba evitando tan firmemente.

Decidió ir a visitarlo a su hogar en una fecha posterior, cuando las cosas se hayan calmado.

Mientras tanto, Liam y Katana, esta última todavía inconsciente, se encontraban a una docena de metros bajo tierra, en una pequeña caverna excavada por los clones del albino durante su breve enfrentamiento con la mujer maravilla.

Liam envió un par de Kage Bunshin a la superficie, quienes usaron un Henge para disfrazarse como personas comunes e hicieron un par de asaltos discretos, obtuvieron dinero y compraron material para tratar a Katana y comprar un poco de ropa.

Pasado el medio día, Liam ya había tratado los cortes de la nipona y la cubrió de vendas, muy similar a su aspecto.

También le hizo un cambio de ropa y se la subió al hombro.

Por suerte para él, la mujer se despertó antes de que abandonaran el parque, y le dirigió miradas incómodas al albino tras darse cuenta de su cuerpo tratado, vendado y vestido con nuevas prendas.

Sin decirse palabra alguna, el dúo contactó con Amanda de nuevo y fueron recogidos en una camioneta blindada.

–  Ileana regresaba de su medio día de trabajo.

Una vez hubo despertado y enterado que durmió un día entero y parte del siguiente, decidió pasar su tarde patrullando la ciudad, deteniendo ladrones, atrapando prófugos, salvando gente aquí y allí.

La moldava también fue abordada por el benefactor de su Mansión, el noble White.

El hombre había estado intentando contactar con su compañero, pero ni Ileana ni Nezu, cuya existencia estaba oculta por ahora, sabían de su paradero.

Ileana no se impacientó.

No creía que algo malo le sucediera a su amigo.

Era demasiado fuerte para eso, o eso pensaba ella.

En su mente, Hiruko estaba en la cúspide del poder, en comparación con la chusma con que suelen enfrentarse.

Por eso sus cuencas se abrieron de par en par debajo de su tela negra, cuando se encontró al shinobi tirado en un sofá en la sala, sucio, con vendas manchadas en sangre, y casi inconsciente.

-Woa…

Estás en la mierda – comentó ella.

-Jódete – gimió débilmente el albino.

-Hm, apestas.

Ve a ducharte – se quejó ella, arrugando la nariz.

-Hngh- gimió de nuevo.

Ella puso los ojos en blanco, metafóricamente.

-¡Hmph, No voy a soportar su hedor!

– exclamó con autoridad, alzando su dedo y envolviendo a Liam en su energía verde, levantándolo del sofá y haciéndole flotar detrás de ella.

-¿Qué haces, Ileana?

Déjame dormir – protestó Hiruko, con tanta pereza en su voz que Ileana empezó a preocuparse.

-Dormirás después del baño.

Enserio apestas – dijo ella.

-Probablemente me ahogaré en la tina- murmuró para sí mismo el shinobi, quien seguía siendo transportado como un muñeco de trapo.

-No, no lo harás.

Yo te bañaré – declaró la moldava.

Liam estaba tan cansado que no entendió las palabras de su compañera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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