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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84 - 84 Nezu
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84: Nezu 84: Nezu  Los temblores reverberaron por las paredes de la pequeña sala asignada al Hombre Quimera.

Artilugios de metal vibraron sobre las mesas de trabajo esparcidas sin aparente orden, el tintineo llamando su atención y haciéndole abrir los ojos inorgánicos.

Sus sistemas de captura de imagen y movimiento enviaron señales a su mente, lo que se tradujo en visión de alta calidad, incluso mejor que la de un humano.

Su pequeño, peludo y mecánico cuerpo se elevó en toda su altura, de unos quince centímetros a cuatro patas.

Su cola, construida por uniones de placas metálicas extremadamente pequeñas, se retorció en la punta, formando una púa eléctrica que envió un pulso de energía a toda la habitación.

Con ello, las luces se encendieron y algunas máquinas, cuyo propósito sólo él conocía, volvieron a la vida.

Paseó su mirada de alta definición por el lugar, su sistema marcando cada objeto y comparándolo con la lista almacenada en su memoria, de modo que siempre sabría qué y para qué estaba usando eso.

Otro temblor sacudió su sala y movió algunos objetos.

La rata resopló, sabiendo que semejante acontecimiento sólo significaría una cosa: Los mocosos estaban entrenando sus habilidades sobre humanas.

Una sensación de envidia lo recorrió por un breve momento, mientras salía de su sala y bajaba hacia el comedor.

A sus ojos, los meta humanos no sólo eran abominaciones, sino una injusticia andante.

Mientras él tuvo que estudiar muchas horas, experimentar, equivocarse, frustrarse, estas personas sobre humanas sólo tuvieron que pensar en ello y moldearían la realidad a su antojo.

Tan irritante, tan injusto.

Hizo su camino por las escaleras con tales pensamientos inútiles, como él los catalogaba.

Inútiles, pero imposibles de descartar.

La vista de uno de esos molestos individuos en la cocina, con el cuerpo sudoroso y empapado cubierto de vendas, cabello blanco y tejido en una cola, que bajaba por su espalda hasta a la cintura, no ayudó a eliminar esos pensamientos.

-Mocoso – saludó con desgana al albino.

Este espécimen en particular era quien más lo irritaba.

Un cuerpo aparentemente frágil, pequeño, esbelto, y con el poder para destruir sus mejores inventos.

Además de todo eso, era su captor.

-Buen día, Nezu – respondió sin siquiera darse la vuelta, ocupado en preparar una bebida nutricional, muy probablemente para la mujer sin ojos, asumió la rata.

-Pásame el cereal.

Por cierto, terminé lo que solicitaste mientras te estaban jodiendo quien sabe donde – dijo el Hombre Quimera, ahora renombrado Nezu por el albino.

Hiruko pasó la caja de cereal a la rata mecanizada y se volvió para mirarlo por encima del hombro.

-Eso tardó más de lo que esperaba.

Asumí que alguien como tú podría preparar ese artefacto más pronto que tarde.

-¿Por quién me tomas, mocoso?

Soy un científico consagrado, un inventor, no una fábrica de porquería como la que pediste – se quejó Nezu mientras empezaba a llenarse la cara con cereal.

-Uh, claro.

Ah, por cierto.

Hoy vendrá Christopher de visita.

Puedes encerrarte en tu laboratorio o lo que sea, pero no hagas una escena en mi casa.

Nezu dejó de comer y miró fijamente la espalda del shinobi.

Antes de que pudiera hablar, el ruido de la licuadora inundó el comedor y la rata reflexionó un momento.

Lo último que quería era ver la cara del patriarca de los White y mentiría si dijera que no le afectaba en lo más mínimo.

Pero no quería revelarle nada a este mocoso.

Una parte importante del trato por el que Nezu ahora era prisionero de Hiruko era que éste no iba a entrometerse en sus asuntos, ni indagaría más sobre su vida o su trabajo, y obviamente no lo entregaría al gobierno.

Considerando la falta de interés del albino, Nezu lo encontró bastante confiable en ese sentido.

Por eso aceptó, de mala gana.

Un socio que respeta tu privacidad es algo que valora, y habla bien de Hiruko a la hora de hacer negocios.

Así lo vio Nezu, al menos.

-Bien.

Me quedaré en mi laboratorio hasta que se vaya – asintió la rata cuando la licuadora dejó de hacer ruido.

-Gracias.

Cambiando de tema, ¿Cómo van los demás proyectos?

– preguntó el shinobi.

-Hm, en proceso.

Necesitaré hacer algunas pruebas para el regalo de tu chica, y sobre tu transporte…

Ya te dije que no es muy realista, chico.

A menos que me consigas una fuente de energía lo suficientemente poderosa y compacta, será casi imposible construir lo que deseas.

-No es mi chica, es mi compañera – amonestó Hiruko.

Nezu puso los ojos en blanco, metafóricamente.

-¿No entraron juntos al baño hace un par de días?

Mocoso, si una mujer te invita al baño no es para matar una cucaracha o algo así.

-Tch, no me lo recuerdes.

Ileana dijo que iba a bañarme y eso fue lo que hizo, nada más, nada menos.

Ahora Nezu alzó una ceja, pero no indagó más.

Lo que hicieran el mocoso y la mocosa no era asunto suyo, ni le importaba.

-Como sea.

¿Cuándo podré ir a mi base de nuevo?

Hay algunos datos que necesito recuperar, si es que no destruiste todo – cambió de tema la rata mecanizada.

-Ahora es mi base.

Te llevaré en cuanto termine de recuperarme.

Realmente no estoy en condiciones de correr mucho, ya sabes – comentó Hiruko, palmeándose el pecho vendado.

-Hmph, si hubiera tenido la energía para despertar a los otros cuatro, te habría pulverizado, mocoso.

Hiruko puso los ojos en blanco.

-Lo que tú digas, Sinclair – se burló el albino.

Los párpados de Nezu temblaron.

No era la primera vez que lo llamaban así y le picó la curiosidad.

-Ya lo has mencionado antes.

¿Quién rayos es ese Sinclair?

-Nadie en especial.

Sólo otro loco que fabricó cyborgs al igual que tú.

La única diferencia es que utilizó cuerpos humanos en lugar de animales.

-Tch, eso es estúpido – Nezu lo descartó con un gesto de su cola.

Ahora fue el turno de Hiruko de alzar la ceja con curiosidad.

Nezu no tenía idea, pero el shinobi se refería a un personaje ficticio de una serie que vio en su vida pasada.

-¿Por qué sería estúpido?

– preguntó con genuina curiosidad.

-La idea de adjuntar equipo mecanizado a un cuerpo es hacerlo mejor.

Con eso en mente, ¿Por qué usaría un cuerpo humano, que es inferior en velocidad, fuerza, resistencia y durabilidad en comparación con la de los animales?

– empezó a explicar Nezu.

-Mira, un perro, un gato, una liebre.

Todos más débiles físicamente que una persona, pero con mayor rapidez.

Luego tienes un caballo, un toro, un bisonte.

Todos más fuertes que un humano.

Un tigre, un oso, más rápidos, más fuertes, con armas naturales.

Hiruko lo consideró un momento y le encontró bastante sentido.

Si un humano mejorado podía patear a Invencible, ¿Qué hubiera logrado un gorila mejorado?

Su conversación se vio interrumpida por la llegada de una jadeante bruja, apoyada en el hombro de un Kage Bunshin.

Ileana caminó con paso tembloroso y se recostó en la mesa, al lado de Nezu.

-Agua – exigió.

Hiruko le pasó un vaso con agua y luego vertió en otro la bebida nutritiva.

La moldava no se quejó, demasiado cansada para eso.

Simplemente bebió el contenido de ambos vasos sin siquiera respirar.

-¡Puaj, esto no es delicioso!

– se quejó tras tragar la bebida nutritiva.

Miró de reojo la caja de cereal de Nezu y metió la mano sin permiso.

La rata sólo pudo negar con la cabeza ante la falta de respeto de la moldava, pero lo ignoró y se bajó del taburete donde estaba de pie.

-Ven a mi laboratorio cuando termines con tu…

invitado – le dijo a Hiruko, su voz tornándose enfermiza al final, como si el mero hecho de mencionar a Christopher le diera asco.

Y sí que le dio asco.

Nezu odiaba al hombre y a todo su círculo íntimo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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