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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 85

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  4. Capítulo 85 - 85 Represalias Y Conspiraciones
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85: Represalias Y Conspiraciones 85: Represalias Y Conspiraciones  En una ubicación desconocida, una base subterránea albergaba en su interior a una deslumbrante mujer de piel pálida, cabello grisáceo y ojos tan rojos como rubíes.

Su figura modesta y bajita estaba cuidadosamente adornada por un vestido de encaje, con un escote sugerente y de color blanco puro, como la crema de un pastel.

Sus pasos resonaron en los alrededores, tacones con base de cristal haciendo un click distintivo al entrar en contacto con la piedra pulida debajo de ellos.

Flanqueada por tres individuos, dos a sus costados y uno detrás, la mujer de mirada dulce y malévola al mismo tiempo sonrió con satisfacción al observar a sus subordinados.

Bancos de datos monitoreando objetivos de interés, salas de entrenamiento donde se les proporcionaba a sus nuevos miembros el entrenamiento requerido para sobrevivir en este trabajo, campos de tiro.

Todos portando prendas de color gris o blanco, algunos tonos más oscuros que otros, pero esa era su distinción.

Una mujer con camisa y falda, anteojos y un cabello rubio ceniciento atado en una cola, se acercó con paso rápido hacia la mujer de ojos rojos.

Al llegar frente a ella, hizo una reverencia formal y habló con tono deferente.

-Señora Gris, el cliente potencial ha llegado.

Lo enviamos a la sala de recepción 3.

-Kufufufu, entonces no lo hagamos esperar – respondió la llamada Señora Gris, la líder del grupo mercenario Los Malvados Grises.

Una modesta pero eficiente organización de trabajos criminales, conformada únicamente por personas albinas.

Su metodología era sencilla.

Las personas deseaban cumplir un objetivo, ya sea secuestrar a alguien, robar algo, eliminar testigos.

Este grupo lo hacía, con gran eficiencia en eso.

No eran los más famosos, ni los mejor equipados, pero la Señora Gris quería cambiar eso.

Ella se pararía en la cima del mundo criminal y todos bajarían la cabeza ante su poder.

Antes de que cualquier fantasía se cumpliese, necesitaba trabajar duro.

Y la Señora Gris trabajó más duro que nadie.

Ella se acercó a las puertas de la sala de reuniones 3.

Miró por encima del hombro a su guardia personal, quienes se hicieron a un lado obedientemente.

Cuando la Señora hace negocios, no necesita de nadie más.

No es que ella fuera una frágil pieza ornamental.

Nadie, en toda esta base, podría siquiera soñar con arañarla en un combate.

Las puertas se abrieron y dieron paso a una habitación finamente decorada, totalmente alejada de los tonos grises y blancos característicos de su base.

Una mesa de madera con bebidas recién servidas, finos sofás de alta calidad, alfombras con intrincados patrones de cerezos y flores llamativas.

Un fuego crepitante inundaba con calor el lugar, en una chimenea de piedra pulida.

-Caballeros – saludó la Señora Gris, caminando con gracia hacia el sofá en frente de los invitados.

Ella escaneó rápidamente al trío.

Un hombre con expresión ilegible, ojos de pez muerto y un rostro fuerte y masculino, de mandíbula firme.

Metido en un saco de calidad, apretujado en sus anchos hombros.

Todo el marco del hombre denotaba fuerza, dominio.

A su lado, un joven de aspecto similar pero más comedido, esbelto, con una larga cabellera lacia que caía detrás de sus hombros.

En el extremo derecho había otro joven, igualmente apuesto, pero con un toque lujuria en sus ojos escudriñadores, comiéndose a la Señora Gris de arriba a bajo sin ninguna muestra de vergüenza.

Ella lo ignoró.

Ser portadora de semejante belleza suele ocasionar tales reacciones en los hombres menos contenidos.

-Señora Gris – asintió el hombre grande, sentado en medio.

Los otros dos no dijeron nada.

-Espero que nuestra hospitalidad haya sido de su agrado – comenzó ella mientras tomaba asiento.

Cruzó sus piernas elegantemente, notando el descarado vistazo que arrojó el hombre de la derecha, con la esperanza de vislumbrar algo más que piel.

-Lo fue, pero me temo que seré breve – respondió el hombre con educación, pero su expresión y tono dejaron claro que no era del tipo que se anda por las ramas.

-Comprendo.

Exponga su solicitud, entonces.

-Hace algunos meses, su organización aceptó un pedido en particular que tenía como objetivo dañar a uno de nuestros activos.

Podrá comprender el conflicto de intereses en este asunto- dijo el hombre, su mirada inexpresiva afilándose un poco hacia el final.

La Señora Gris no se inmutó.

Amenazas de ese tipo eran habituales en esta línea de trabajo.

El hecho de que hayan venido a hablar y no a dispararles a todos, implica que o bien no tienen la capacidad e tomar represalias, o bien no les importa.

-Lo que queremos, Señora Gris, es la información de su cliente.

Por supuesto, se le pagará debidamente – concluyó su petición y uno de los hombres puso un maletín sobre la mesa.

Al abrirlo, Gris pudo observar una docena de lingotes de oro puro.

Los ojos de la Señora Gris brillaron, pero su expresión no cambió en lo absoluto.

Con su tono tranquilo y dulce respondió al trío frente a ella.

-Me temo que eso no será posible.

Los Malvados Grises no traicionan a sus clientes.

…

Un silencio pesado invadió la habitación.

El joven de la izquierda pareció suspirar, mientras que el de la derecha soltó una risita burlona.

El hombre de en medio habló, esta vez su tono era frío.

-Señora Gris, le pido que colabore con nosotros en esta ocasión.

Ella negó con la cabeza, su sonrisa amigable todavía adornando sus facciones delicadas.

-Lo siento, pero mi respuesta no cambiará.

-Tehee~ Qué mujer más admirable – comentó el joven de la izquierda mientras lamía sus labios.

Todos lo ignoraron y el hombre de en medio se levantó amenazadoramente.

-Creo que no está entendiendo, Señora Gris.

Nadie le dice que no a la Colmena.

Hubo otro segundo de silencio.

La postura tensa del trío indicaba que estaban listos para abalanzarse sobre la mujer en cualquier momento.

A pesar de ello, la Señora Gris mantuvo su sonrisa dulce y su postura relajada.

-Entonces, esta será la primera vez – dijo ella.

En ese instante, el hombre sacó un arma de su chaqueta, una pistola de alta calidad con un silenciador.

Sin que le temblara el pulso, disparó una bala al pecho de la mujer.

Para sorpresa del trío, la mujer no se movió, no hizo sonido alguno, y siguió sonriendo mientras el agujero en su pecho empezaba a manar sangre.

-Creo que nuestro negocio ha concluido, caballeros – dijo con tranquilidad, como si una bala no estuviera alojada en su pecho.

–  La noche era fría en Jump City.

En una Mansión bastante lujosa en la zona rica de la ciudad, se oían los gemidos placenteros de una mujer y el sonido de aplausos constantes.

Una cama de alta calidad y enorme se balanceaba de un lado a otro, con ruidos chirriantes de la madera en movimiento y fricción.

Sobre ella, figuras sudorosas se retorcían salvajemente.

Una mujer de gran volumen, con piernas y caderas anchas, yacía atrapada entre dos hombres altos, con fuertes músculos, enviando sacudidas de placer desde arriba y desde abajo de ella.

La mujer gemía como si estuviera alcanzando el clímax, mientras el hombre encima de ella agitaba sus caderas con todas sus fuerzas, enviando palmadas a su trasero que hacían vibrar toda su carne.

Por su parte, el hombre de abajo respiraba con dificultad, teniendo que soportar en gigantesco volumen de la mujer, cuya panza era más asombrosa que su gordo trasero.

Aún así, no se atrevió a detenerse.

No satisfacer a su señora solía terminar en crueles castigos, principalmente financieros.

-¡Ah, justo allí, allí, más fuertee!

– gimió de nuevo, su voz entrecortada, la saliva empapando un lado de su mejilla.

Lo que ninguno de los tres sabía es que esta escena estaba siendo observada por un par de orbes carmesí.

En una esquina de la habitación, una figura pálida y envuelta en vendas miraba con aturdimiento al trío divertirse.

Liam consideró sus opciones, no dispuesto a ser tachado de mirón y pervertido en el futuro.

Había venido hoy con la intención de saldar cuentas con la dueña de esta Mansión, pero nunca esperó toparse con esto.

-“Hombre, sería incómodo interrumpir ahora, ¿No?

Ni siquiera a mi me gustaría que mis enemigos fastidiaran una noche de placer”- pensó.

Liam decidió que, quizás, las represalias podrían esperar un día.

Silenciosamente salió de la habitación, no sin antes tomar algunas fotos.

Al menos obtuvo material de chantaje para la perra que ayudó indirectamente a Amanda Waller a joderlo de nuevo, durante el incidente con el demonio vaca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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