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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 89

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89: Movimientos 89: Movimientos  -¿Walter…

Walter, comprendió lo que dije?

– habló un hombre con traje y corbata sentado frente a Walter.

Su cabello rizado, su mirada aguda pero juvenil y el maletín que estaba abierto sobre la mesa de metal no inspiraron ningún sentimiento de esperanza.

-Lo entiendo – respondió lacónicamente, sin vida.

Ya no se hacía ilusiones de nada.

El joven frente a él asintió con satisfacción.

Cerró el maletín y se puso de pie, extendiendo una mano a Walter.

-No se preocupe, Walter.

Saldremos de esta.

Walter le estrechó la mano sin siquiera mirarlo.

El joven salió y un momento después vinieron los oficiales para escoltarlo a su celda.

Actualmente, Walter estaba detenido y esperaba su juicio tras haber sido arrestado en la redada de los almacenes.

Todavía recordaba su experiencia de ser sometido por el Héroe de Jump City.

Walter no luchó.

No le disparó ni una vez.

Simplemente se quedó allí, embobado, asustado y después envuelto por vendas blancas.

Lo siguiente que supo fue que lo habían atrapado, de nuevo, y ahora tendría un nuevo juicio, de nuevo.

Aparentemente, no lograron reconocerlo todavía como uno de los prófugos de aquella noche.

Lo tratan como un sin hogar más.

Miró a los lados, a la inmundicia que habían atrapado junto con él.

Personas que no tenían nada y por una mala decisión, ahora perderían incluso más.

Ahora Walter era uno de ellos.

-Entra – ordenó el oficial, abriendo la reja que servía de barrera entre la escoria callejera que perdió en la vida y el mundo exterior.

Walter obedeció, ya sin ánimos de resistirse o siquiera replicar.

No tenía sentido.

En cuanto comparasen sus huellas con los registros de los prisioneros, estaría acabado.

Se echó en una esquina, sentado en el frío suelo e ignorando a los jóvenes adultos que intentaban hacerse los rudos con los demás, claramente asustados por las consecuencias de sus acciones.

Se quedó mirando a la nada, rememorando todas sus experiencias hasta ahora y cuestionándose las decisiones que lo devolvieron a este estado.

Un sin fin de posibilidades corrieron por su mente.

¿Y si no hubiera aceptado ese trabajo?

¿Y si no hubiera ido esa noche?

¿Y si hubiera corrido en lugar de obedecer a esos mercenarios?

¿Y si tuviera más dinero?

¿Y si tuviera más fuerza?

¿Y si…

Y si fuera como ese mocoso?

¿Qué podría hacer Walter si fuera como él?

Más rápido que un automóvil, más fuerte que diez hombres.

Con tales ideas cruzando su mente en un esfuerzo por evadir la realidad, la noche cayó en la ciudad de nuevo.

Walter se encontraba sentado todavía, sus piernas dormidas y su columna protestando por la incómoda posición.

A su alrededor, sus compañeros de celda yacían dormidos.

Todos excepto uno.

Walter alzó la vista y notó a un hombre mayor, canoso y de barba descuidada, sentado al otro lado, justo frente a él.

Sus ojos negros y penetrantes lo miraban.

Durante varios segundos, nadie dijo nada.

Walter bajó la vista de nuevo, poco interesado en conversar con este vagabundo.

Pero el hombre le dirigió un susurro.

-¿Mala noche?

– preguntó, su tono bajo pero de alguna manera, capaz de alcanzar los oídos de Walter.

Él no respondió, cerrando los ojos y evitando la interacción con el extraño.

Pero el anciano no se detuvo.

-Parece ridículo, ¿Verdad?

Un hombre busca la manera de sobrevivir, de salir adelante, y se le cierran todas las puertas por una mala decisión en su vida.

De nuevo, Walter no respondió.

-Te hace preguntarte…

¿Por qué a mi, de todas las personas?

¿No estás de acuerdo, Walter?

– preguntó el hombre mayor.

Walter abrió los ojos y le dirigió una mirada confusa.

-¿Cómo sabes mi nombre?

– lo cuestionó con un tono peligroso.

Walter nunca fue dado a la violencia, pero la situación lo tenía en un estado mental complicado.

-¿Por qué no le ocurren esas cosas a la gente que sí hace daño a otros?

Como esos mercenarios para los que trabajabas.

Como ese supuesto Héroe de Jump City – continuó el anciano, ignorando la pregunta de Walter.

-¿Cómo sabes mi nombre?

– se repitió Walter, poniéndose de pie lentamente.

-Eso era lo que estabas pensando, ¿No es así?

Qué podrías hacer tú…

Si fueras como él, si fueras como Hiruko – el anciano sonrió levemente.

Walter se encontraba de pie frente a él, su respiración agitada.

Estaba furioso, sus manos formando puños.

El anciano no se inmutó.

Ladeó un poco la cabeza y habló de nuevo.

-Entonces, Walter.

¿Qué harías si fueras como él?

– dijo y esta vez su voz cambió.

Ya no era ronca y vieja, como un motor cuya vida útil está terminando.

Ahora era más juvenil pero intensa.

Un aura de autoridad era proyectada de esa pequeña y endeble figura sentada.

-Yo…

¿De qué estás hablando, viejo loco?

– Walter negó con la cabeza, retrocediendo.

En cuanto parpadeó, el hombre dejó de estar sentado y apareció de pie, frente a él.

-¿Por qué no…

Hacemos un trato?

– sonrió, extendiendo su mano hacia Walter.

***  Las sombras se arremolinaron en la cima de un edificio lujoso.

Una pared de absoluta oscuridad dio paso a una figura esbelta, alta, vestido con finos ropajes.

Un saco de un rojo profundo con líneas blancas verticales.

Un sombrero de material extraño, similar a la carne pero de ningún tipo que una persona pudiera identificar.

Sus facciones oscurecidas observaron la brillante ciudad.

La luz de la luna estaba oculta tras un velo de densas nubes en el cielo.

La figura masculina respiró profundamente, absorbiendo el aire viciado de la ciudad, el hedor del metal, el concreto y el combustible.

Girando su vista a la izquierda, sintió movimiento de un grupo en particular.

Su mente registró lo que sus sentidos captaron, más rápido que cualquier computadora humana.

Allí, mercenarios con trajes ajustados, drogas extrañas recorriendo sus venas, tensando sus músculos y dándoles más fuerza de que esta especie debería manejar.

El olor de las máquinas azotó su nariz.

El chirrido de las piezas encajando en su lugar inundó sus oídos.

Él podría enterarse de todos sus secretos si así lo deseara.

Podría averiguar más sobre esa supuesta Colmena, pero no le importaba.

A sus ojos, sólo eran humanos haciendo lo que los humanos hacen: Perder el tiempo.

Giró a la derecha, al otro lado de la ciudad.

Allí había más mercenarios, pero de una calaña diferente.

Entre sus filas, sintió un olor familiar que le trajo recuerdos.

-Chupa sangre – murmuró.

Se preguntaba por qué uno de esos altaneros vampiros estaría jugando con los humanos aquí, de entre todos los lugares.

Agudizó sus sentidos y escaneó más detenidamente a su objetivo.

Un destello de comprensión brilló en sus ojos.

Sólo era una sirvienta sin amo.

Una esclava que, de alguna forma, encontró la libertad.

Su mirada recorrió entonces el terreno delante de él.

A un kilómetro en línea recta, una mujer de grandes proporciones, por decirlo suavemente, mal gastaba la fortuna de su familia con algunos vendedores del mercado negro.

Normalmente, no le importaría semejante acontecimiento, pero le llamó la atención la energía extranjera que se arremolinaba en la mente de la mujer.

Sus ojos, tan diferentes de la de los mortales comunes, pudo ver una marca en su frente.

La energía era algo que él reconoció.

-Mocoso…

Estás lleno de sorpresas – comentó con diversión.

La ciudad pacífica ante él era un hervidero de actividad en las sombras.

No sabía quiénes eran los jugadores con exactitud, pero así era más divertido.

El tablero estaba puesto y había dos bandos que se preparaban para arrancarse el cuello el uno al otro.

Como tal, una vista agradable, pero el hombre decidió poner su propia pieza.

¿Por qué?

La verdadera pregunta sería: ¿Por qué no?

Con la expectación llenado su corazón, el hombre regresó a las sombras.

Esperaba con ansias el momento en que Jump City se vea sacudida por los pequeños juegos de los mortales.

LAMENTO ESTOS DÍAS DE INACTIVIDAD.

TUVE UN VENEZUELA MOMENT Y ME QUEDÉ SIN ELECTRICIDAD DURANTE TRES DÍAS.

LO TÍPICO.

LAS ACTUALIZACIONES VOLVERÁN A PATIR DE ESTE MOMENTO, ESPERO DISFRUTEN~

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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