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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 90

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  4. Capítulo 90 - 90 Preparativos
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90: Preparativos 90: Preparativos -Aún no logro comprender cómo alguien como tú pudo construir esto- comentó Nezu mientras caminaba alrededor de un par de criaturas caninas gigantes.

Las bestias parecían estar durmiendo, indiferentes a la presencia de la rata mecanizada y el albino que pasaban junto a ellas.

-No lo hice.

Simplemente las convoqué- respondió Hiruko.

La pareja continuó su camino a través de la base medio destruida que una vez perteneció al Hombre Quimera.

Ahora era poco más que la casa para perros de las invocaciones del shinobi.

Nezu miró de un lado a otro, sus facciones medio orgánicas, medio inorgánicas, mirando con desdén el desastre que era su antiguo hogar.

-¿No pudiste limpiar al menos?

– se quejó.

-Demasiado trabajo.

Además, cuando entramos en esa fábrica tuya, también era un cochinero – replicó Hiruko.

Nezu no respondió.

Continuaron su camino hacia el interior, pasando por el lugar donde estaban contenidas sus más perfectas creaciones, ahora desaparecidas.

Los enormes tanques estaban vacíos, los cristales rotos y sus cinco Quimeras en otro lugar, siendo estudiadas por el gobierno.

Un sentimiento amargo cruzó su corazón.

-No te me hagas el sentimental.

Tú decidiste recorrer este camino y, para que conste, el maltrato animal es un delito – dijo Hiruko, sin dedicarle consuelo alguno al científico loco.

Nezu no replicó a eso tampoco.

El shinobi tenía razón.

La experimentación, la inducción de drogas particulares, la mutación, la adición de elementos biónicos, ninguno de esos procesos fue agradable para los animales que él tomó.

El Hombre Quimera es un criminal, y si Hiruko no lo necesitara, ambos sabían que su destino hubiera sido cárcel o muerte.

Afortunadamente para la rata mecanizada, el shinobi tenía la comprensión de una patata cuando se trataba de tecnología.

Finalmente, entraron en una sala de control donde las computadoras, intactas, permanecieron en silencio, apagadas y sin energía.

Cuando Hiruko arrasó la base del villano, se aseguró de no dañar estos elementos críticos.

Incluso si no se hiciera la idea de someter y capturar al tipo, consideró un desperdicio destruir todos los datos que había en esas computadoras.

-Hm, al menos no eres del todo un bruto que sólo sabe golpear cosas con un palo – comentó la rata al ver la inmaculada sala.

-¿Por quién me tomas, rata?

Ahora bien, necesito hacer algunos preparativos.

Tú te encargas de poner en marcha esta cosa una vez más – respondió el shinobi.

-¿Más preparativos?

– cuestionó la rata.

Nezu no sabía en qué estaba metido Hiruko.

No es como si fueran amigos, o aliados siquiera.

Pero él había notado la actividad constante, independiente de sus actividades diarias de héroe.

Sospechaba que el mocoso se preparaba para algo grande.

Decidió que no valía la pena involucrarse, sin embargo, estaría atento a lo que sea que sucediera cuando suceda.

Si el mocoso moría, Nezu podría escapar y volver lentamente a reconstruir sus fuerzas.

Al menos, esa era su esperanza.

-Sí – asintió Hiruko, su mirada habitualmente inexpresiva se volvió más seria.

Se giró y empezó a caminar de nuevo.

Nezu vio al shinobi salir por la puerta y antes de desaparecer, dijo en un tono cargado de solemnidad.

-Voy de compras.

***  -¡Kyaaa!- se oyó el agudo grito de una chica, su intensidad provocó que algunas ventanas temblasen, figurativamente.

Un hombre de piel pálida y cabello rojizo se sacudió en su mesa, derramando algo de café sobre sus pantalones y haciendo una mueca.

La mujer frente a él, de un tono de piel similar, se rio entre dientes.

Ella le pasó un pañuelo y comentó con diversión.

-Deberías quitarte eso.

Vas a quedar sordo si continuas así.

El hombre refunfuñó algunas maldiciones y se quitó el auricular, rascándose la oreja.

-Tch, ¿Por qué tiene que gritar tanto?

No eres así cuando compras ropa, ¿O sí, 27?

-Eso es porque nunca he comprado ropa con el chico que me gusta- respondió la mujer llamada 27.

-¿Eh?

¿Pero, no has ido siempre conmigo?

– se señaló a sí mismo con incredulidad.

Ella desvió su mirada y bebió de su café.

El hombre bajó los hombros en decepción y se tomó el pecho.

-Eso duele, 27- comentó en un falso tono de melancolía.

En ese instante, silbido bajo, casi imperceptible, alcanzó sus oídos y ambos cambiaron sus expresiones juguetonas y casuales.

El aire pareció cambiar junto a sus expresiones y su postura.

Ya no eran una pareja cualquiera bebiendo café.

El hombre alcanzó su otro oído, pareciendo presionar algo que no era visible a simple vista y habló con deferencia.

-Sí, señor.

El objetivo está de compras en el centro comercial.

Hemos estado siguiéndolo durante las últimas dos horas.

Hubo una pausa.

27 esperó en silencio, su mirada inexpresiva, en espera de las siguientes órdenes.

Finalmente, el hombre frente a ella asintió y terminó la comunicación.

-Hemos terminado aquí, 27 – dijo y ambos se levantaron, pagaron sus bebidas y se alejaron, mezclándose entre la multitud hábilmente y despareciendo como fantasmas.

Sin embargo, un par de ojos carmesí siguieron clavados a sus espaldas sin que ninguno lo notara.

Saliendo de la tienda de ropa, de la cual no compraron absolutamente nada, Clara White e Hiruko caminaron tomados del brazo, para disgusto del shinobi.

Lo ignoró y siguió el paso de los mercenarios grises que los habían estado siguiendo.

-¡Cielos!

Realmente te quedaba ese estilo.

¿Seguro que no te gustaría llevarlo esta noche?

– chilló la muchacha a oídos de Hiruko, haciéndole perder el foco y desviando su atención hacia ella.

La mocosa mimada y malcriada parecía vibrar en su lugar, como si hubiera azúcar en lugar de sangre corriendo por sus venas.

Simplemente no podía quedarse quieta.

-La verdad no.

Mira, ¿Cuál es el punto de llevar a un héroe a tu baile de graduación si no irá vestido con su traje de héroe?

Ella pareció reflexionar un momento antes de asentir.

No era la primera vez que tenían esta conversación hoy.

Igual que antes, ella asintió en comprensión antes de arrastrarlo a otro local y probarse otro montón de ropa.

***  DeathStroke se paseaba por las instalaciones de una de las bases de Hive.

No era la más lujosa ni la mejor equipada, pero tenía el tamaño suficiente para albergar las fuerzas que requeriría para la operación de esta noche.

Envuelto en su traje típico de color negro y cobre, observó a la carne de cañón que le proporcionó Hive.

Algunos mercenarios menores contratados, otros agentes propios de la organización, y un par de máquinas de combate de alta tecnología.

Todo para deshacerse de un mediocre héroe cuya fama viene más de la polémica que de sus hazañas.

DeathStroke había visto al shinobi en acción, así como los informes sobre todo el conocimiento que HIVE logró recopilar.

No se sintió impresionado.

Sólo otro mocoso con habilidades sobre humanas.

Quizás un poco mejor que la media, pues pudo ver cierta competencia en el combate cuerpo a cuerpo, pero en última instancia, no es más que un alevín.

-Señor, los hombres están en posición.

Hemos infiltrado un escuadrón en la escuela y otros rodean los edificios circundantes – informó un soldado HIVE a DeathStroke.

El mercenario asintió, despidiendo al hombre con un gesto de la mano.

Personalmente, hubiera preferido encargarse por su cuenta del supuesto héroe, pero hay información no corroborada sobre sus capacidades y la propia HIVE insistió en que usara a sus hombres.

Si el cliente lo pedía y pagaba, ¿Por qué se negaría Slade Wilson?

En este universo, HIVE accedió a ofrecer el pago de antemano por la eliminación de Hiruko, a diferencia de la historia original, donde se negaron a pagar a DeathStroke antes de deshacerse de los Titanes.

Por consiguiente, el hijo de Slade no siguió el mismo camino que su versión canónica.

No es como si Liam fuera consciente de este hecho, o alguno de los involucrados en el desastre que iba sufrir Jump City esta noche.

Mientras Hiruko era transportado en limusina junto a la inagotable Clara White, mientras HIVE movilizaba sus fuerzas para someter al shinobi, mientras Los Malvados Grises y su líder, la Señora Gris, hacían sus propios movimientos, en la Mansión de Hiruko se estaba llevando a cabo una merienda particular.

Tomando algunas galletas, Ileana miró de reojo a las personas que habían sido invitadas por su amigo y compañero de vivienda.

Una mujer de Oriente con un antifaz bastante feo, en su opinión personal.

Un hombre envuelto de pies a cabeza en un feo traje de combate, una especie de cañón sujeto a su muñeca y un visor rojo que le recordó al de Nezu en su ojo derecho.

A un costado, bebiendo café se encontraban tres personas más.

Un hombre alto y fornido cuyas prendas apretaban con fuerza su tonificado cuerpo, provocando que la bruja robara algunas miradas casuales con sus cuencas vacías.

Una mujer bajita pero de rostro rudo limpiaba un arma de plasma.

Un hombre moreno y alto fumaba sin parar, llenando la sala con un espeso humo de tabaco.

Ninguno habló.

Tras las presentaciones iniciales, el extraño grupo sólo se quedó allí, esperando la señal del clon de Hiruko.

Señal que, para fortuna de algunos de los presentes, finalmente llegó.

En un borrón de movimiento, el albino apareció en medio de la sala, mirando inexpresivamente al grupo de inadaptados sociales que invadían su propiedad.

Incluso él pudo notar la incomodidad flotando en el ambiente.

Negó con la cabeza en decepción pero ignoró ese asunto.

-Bien, podemos comenzar.

Mi cuerpo principal está llegando a la escuela.

Ya saben el resto- dijo el clon antes de disiparse en una bocanada de humo.

Rick Flag se levantó de su lugar y asintió al equipo.

-Finalmente- suspiró con alivio- Hora de trabajar, damas y caballeros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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