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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 Colmena Y Gris
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93: Colmena Y Gris 93: Colmena Y Gris  27 respiraba tranquilamente, relajando sus músculos y preparando su mente para el trabajo que tenían entre manos.

Un pequeño bache hizo que la camioneta se sacudiera, interrumpiendo un momento su meditación.

Ella frunció el ceño, molesta porque su concentración fuera perturbada tan fácilmente.

Miró a su alrededor, al grupo con el que trabajaba.

Su mayor, Número 11, no vino en esta ocasión.

Sus habilidades eran más útiles en el seguimiento y el espionaje que en la acción frontal.

En cambio, 27 tuvo la fortuna de trabajar bajo el mando de uno de los más hábiles combatientes de su organización: Número 6.

Ella le echó un ojo al encantador hombre, apenas logrando ver su perfil.

Una piel pálida, típica de los miembros de los Grises, un cabello rubio ceniciento, largo y tejido en una trenza que caía sobre uno de sus hombros.

Sus ojos afilados y con un brillo carmesí daban una sensación de misterio y encanto.

A 27, como a muchas otras mercenarias, les gustaba este superior.

Era fuerte, masculino, guapo, elegante y se había ganado el favor de la propia Señora Gris.

Era todo un premio.

De repente, el apuesto Número 6 comenzó a olfatear audiblemente, su bello rostro girando de un lado a otro, como si captara algo.

27 se sobresaltó un poco.

Se olió a sí misma lo más discretamente posible, temerosa de apestar justo ahora, de todos los momentos.

Por suerte para ella, 6 habló con seriedad.

-Hay enemigos más adelante.

Al menos tres docenas de ellos.

-¿Y nuestro objetivo, señor?

– preguntó un hombre con la visera en su lugar, ocultando sus rasgos.

-Todavía en las instalaciones.

Tal y como advirtió la Señora Gris, tendremos que hacer un alboroto y crear una oportunidad.

Prepárense para la batalla – ordenó Número 6.

Antes de que alguno pudiera sujetar correctamente sus armas, una lluvia de láser cayó sobre ellos desde los tejados.

Las ventanas del auto no pudieron resistir las salvas, los neumáticos explotaron y el conductor perdió el control del vehículo.

27 golpeó la ventana con la culata de su arma y salió.

Aunque peligroso en circunstancias normales, ellos habían recibido entrenamiento incluso en estas situaciones.

Saltó a la calle, rodando sobre sí misma para amortiguar el golpe.

Su traje la protegió de dejar la piel en el asfalto.

Con destreza, la mujer se movió hábilmente entre los disparos que seguían cayendo sobre su cabeza.

Empuñando dos pistolas gemelas, ella devolvió el fuego y trató de dar algo de cobertura a sus compañeros.

Con el rabillo del ojo, vio una sombra gris salir disparada del auto y alcanzar el tejado.

Unos instantes después, trozos de carne y sangre cayeron por montones.

27 sonrió para sus adentros, maravillada por la brutalidad elegante que desplegó número 6, uno de los ascendidos por la propia Señora Gris.

Más rápido, más fuerte, inmune a las armas convencionales.

El apuesto hombre, a ojos de 27, atravesó el pecho de un enemigo, justo en el corazón.

Retiró la mano y exprimió el órgano aun palpitante en su boca, saboreando la sangre.

Dos colmillos anormalmente largos eran visibles.

Una sonrisa depredadora recorrió su rostro.

Y continuó su matanza.

*** -¿¡Qué demonios está pasando allí!?

– exigió Amanda Waller al presenciar la escena que mostraban las pantallas gigantes de su centro de mando.

Lo que vio no fue una mera operación de una organización mercenaria.

Esto era más parecido a una guerra.

Dos organizaciones que poco o nada tenían que ver una con la otra.

Dos organizaciones, una de las cuales era conocida por Amanda, mientras la otra recién hacía su aparición en su radar.

La Colmena y Los Grises se estaban enfrentando por alguna razón que se le escapaba a Waller.

-No estamos seguros, señora.

Hace 15 minutos se reportó el acercamiento de una camioneta civil y de repente fue abatida por los mercenarios de HIVE.

Pero de ella salieron otros mercenarios, y simplemente empezaron a matarse unos a otros – informó un operador, desconcertado por la extraña serie de sucesos que había visto con sus propios ojos.

-Después del asalto inicial – continuó informando -Llegaron más vehículos desde diferentes direcciones.

Creemos que hay meta humanos entre ellos, pues algunos individuos han realizado hazañas…

sobre humanas – concluyó con una toma de video de hace unos minutos, antes de que Waller fuera llamada de nuevo.

La mujer de piel oscura miró con severidad la pantalla.

Allí, un mercenario Gris cortaba las cabezas de los HIVE con sus manos desnudas, usándolas como si fueran cuchillas.

Una vista más cercana le reveló que poseía uñas extremadamente afiladas.

Dos pares de colmillos destacaron en el fino rostro del hombre.

-Vampiros – murmuró Waller para sí misma.

Ella era consciente de la existencia de estas criaturas, pero no tenía idea de que ese pequeño e insignificante grupo mercenario tenía a los chupa sangre en sus filas.

Eso por sí solo aumentó el nivel de amenaza que representaban Los Malvados Grises.

Waller activó su comunicador y al instante llegó la voz de Rick Flag.

-¿Señora?

– preguntó.

-Ha habido un pequeño cambio de planes, Flag – dijo ella, sus ojos iluminados por la codicia mientras veía otras tomas de video de los vampiros Grises descuartizando a los HIVE como si fueran basura.

Mientras esta conversación ocurría, en la propia ciudad se estaba desatando el caos en las cercanías de la escuela.

La policía fue movilizada y las ambulancias estaban a la orden del día.

Helicópteros fueron desplegados, intentando encontrar algo de sentido a la situación.

Una llamada sobre un ataque a una institución escolar pronto se convirtió en una operación a gran escala para sacar a las personas que se encontraban cerca del lugar donde las explosiones y las descargas láser iban y venían.

Se realizaron bloqueos para impedir el paso de los civiles y escuadrones SWAT se abrieron paso desde el lado Norte, con la intención de llegar a la escuela que se encontraba en medio de todo y sacar a los estudiantes atrapados.

En las calles del lado Oeste de la escuela, un vampiro de cabello oscuro y corto se encontraba liderando un escuadrón de Grises.

Lograron hacer retroceder la línea de HIVE hasta entrar en el campus de la escuela, dejando tras de sí una miríada de cadáveres.

El vampiro cargó contra las rejas de la escuela, su fuerza más que suficiente para doblar el metal.

Atravesó las barras como si fueran papel, creando una abertura para que entrasen los miembros humanos bajo su mando.

Con una mirada de desprecio, ignoró las descargas de láser que alcanzaron su pecho, su carne regenerándose de manera visible.

Sus garras se agrandaron un poco y cargó de nuevo, su vista fija en el cuello de los mercenarios de HIVE.

Movió la mano con rapidez, un destello de velocidad imperceptible para los mortales menos entrenados.

Pero en lugar de la sangre y una cabeza girando en el aire, el resultado fue un estruendo del metal contra metal, chispas volando por el impacto, y la carga del vampiro se detuvo en seco, tan salvajemente que su brazo se desencajó.

Sus ojos rojos miraron al responsable y se encontró con un humano corriente, portando un sable de un material extraño, que el vampiro no pudo rasgar con sus garras.

Su nariz encontró un olor diferente en el hombre frente a él.

Había sudor, sangre, una colonia bastante irritante y algo más.

Venía de su boca, mezclado con el fétido aliento del sujeto.

-Drogas de combate – dijo el vampiro, comprendiendo ahora la fuerza sobre humana del mercenario HIVE.

Pero no explicó la presencia de ese sable increíblemente resistente.

Antes de que pudiera procesar más información, otro mercenario HIVE apareció a su lado de la nada, como si se hubiera tele-transportado.

Blandiendo una espada del mismo material a una velocidad ridícula, cortó la cabeza del vampiro.

El chupa sangre no se inmutó.

No moriría por algo así, o eso creía.

Una expresión de incredulidad retorció su fino y tranquilo rostro cuando se dio cuenta que su visión se oscurecía y su cuerpo no respondía a sus órdenes.

Sin saber lo que había pasado, el vampiro murió.

Los soldados Grises que acudían en su ayuda quedaron estupefactos.

Según su comprensión, aquellos bendecidos por la Señora Gris nunca morirían.

-Hmph.

¿Qué son estas cosas?

– se burló un mercenario HIVE al ver el deformado rostro del Gris que acababa de matar.

Una mandíbula agrandada más allá de lo humanamente posible y dos colmillos extremadamente largos.

Era espantoso, lejos del apuesto hombre con actitud relajada y seria.

-No importa.

Hay que deshacerse de estos bichos raros – comentó el otro, señalando a los Grises que apuntaban con sus armas.

La noticia de la muerte de un ascendido por La Señora Gris se esparció entre las filas de los mercenarios Grises y llegó hasta la propia dama de cabello blanco.

Ella frunció el ceño.

No era que los vampiros fueran invulnerables, pero morir decapitado por un arma blanca no era algo común.

Con los ojos entrecerrados, decidió involucrarse personalmente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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