En Hollywood. - Capítulo 13
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13: Capítulo 12 13: Capítulo 12 Capítulo 12: La Previsión Malibú, 25 de diciembre la calma de la resaca navideña envolvía Malibú.
La víspera había sido una mezcla deliciosa de celebración y la sutil, pero constante, competencia entre Naomi y Elizabeth, que Michael disfrutaba y manejaba con la calma de un hombre que controlaba todos los hilos.
Había sido un año de locura, pero también el año en que Michael había consolidado una productora, una fortuna, y una relación inusual pero funcional.
El rodaje de Lola en la Velocidad comenzaría en la mañana del 26 de diciembre, una filmación intensa de 10 a 20 días.
Michael estaba en su escritorio, revisando los planos de cámara para la secuencia de la calle, pero su mente se desvió hacia su protagonista.
La elección de Elizabeth Banks para el papel de Lola era un poco estratégica y más personal.
Michael sabía que Elizabeth, de apenas 19 años (a punto de cumplir 20 en febrero de 1994), era una actriz de teatro desconocida en ese momento.
Pero él recordaba su trayectoria original.
Elizabeth Banks en la línea de Tiempo Original Su debut significativo en el cine ocurrió recién cerca de 1998, todavía faltaban más de 4 años, con película Surrender Dorothy.
Su primer gran reconocimiento fue como la sarcástica Betty Brant en la saga de Spider-Man (2002-2007), una ironía que Michael no había pasado por alto.
Sin embargo, su consolidación como estrella de comedia y carácter llegó con The 40-Year-Old Virgin (2005) y su salto al estrellato global fue con el papel de Effie Trinket en The Hunger Games (2012-2015).
Su última gran etapa, antes del 2025 de Michael, la mostró como una poderosa directora y productora (Pitch Perfect 2, Cocaine Bear), el intentaría darle un reconocimiento más rápido.
Michael sonrió.
Él estaba tomando una actriz talentosa que en el tiempo original tuvo que luchar cinco años solo para conseguir un papel secundario, y la estaba catapultando a un rol principal, físico y exigente, una década antes.
Pero esta decisión tenía un trasfondo más complejo que solo la estrategia.
En el corto e intenso periodo desde que Scream se convirtió en un éxito, Michael, Naomi y Elizabeth habían caído en una dinámica poco convencional.
Michael disfrutaba de la inteligencia ambiciosa de Elizabeth y la sensibilidad profunda y el magnetismo de Naomi.
Sabía que la relación era inestable y una locura típica de Hollywood, pero en ese momento, era una relación triple tranquila, donde todos los participantes aceptaban los términos.
Al darle a Elizabeth el papel principal en corre Lola corre, no solo estaba legitimando su productora con una película de prestigio que iría a Sundance, sino que estaba asegurando su lealtad y elevando la carrera de una de sus compañeras.
Era una inversión, tanto profesional como personal, que solidificaba su posición como el hombre que podía hacer realidad los sueños de quienes estaban cerca de él.
Michael no sentía culpa.
Él había ganado el derecho de moldear el futuro.
El éxito masivo de Scream con Naomi le dio la plataforma.
Ahora, usaría esa plataforma para darle a Elizabeth su primer gran momento.
—Veinte días de filmación, Elizabeth Banks catapultada a Sundance, y la crítica me amará por el riesgo —murmuró Michael, cerrando el guion.
La presión estaba sobre sus hombros, pero la emoción de crear un futuro que él conocía, y al mismo tiempo cambiarlo a su gusto, era el combustible que necesitaba.
Tenía que enfocar su mente para la rápida filmación.
Después de Lola y luego vendrían Speed.
Pero por ahora, era solo Lola corriendo por las calles, filmada por el único hombre que sabía exactamente dónde terminaría su carrera.
El Domingo 26 de diciembre de 1993, 7:00 AM.
El equipo de Relish Productions aterrizó en Albuquerque, Nuevo México, justo después de Navidad.
El sol ya era intenso, reflejándose en las fachadas de adobe y las extensas calles que ofrecían un telón de fondo visualmente distinto al de Los Ángeles.
La misión: rodar la película de prestigio Lola en la Velocidad en un plazo implacable de doce días para asegurar un lugar en el Festival de Sundance de 1994.
Michael, ya completamente transformado en el director concentrado y enérgico, se paró en el centro de un pequeño y polvoriento cruce de calles, flanqueado por Susan.
—¿Por qué Albuquerque, Susan?
Honestamente, pensé que iríamos a Nevada —preguntó Michael, sin un rastro de queja, solo curiosidad.
Susan, impecable con gafas de sol, sacó un fajo de papeles.
—Nuevo México.
Un 75% más barato que Nevada en permisos de rodaje y un 50% menos en impuestos estatales.
Y lo más importante: podemos cerrar calles por un día sin que nadie nos pida un riñón.
La velocidad de la producción exige un lugar donde la burocracia sea mínima.
Además, las largas calles rectas y el color ocre de la tierra nos dan el aislamiento visual que quieres para la sensación de ‘carrera contra el tiempo’.
Michael asintió con aprobación.
La logística de Susan era tan impecable como siempre, ya que tuvo mucho tiempo para ordenar todo lo que se necesita para la película.
Había convertido una decisión creativa en una victoria financiera.
—Perfecto.
Primer escenario: el intento de Lola de conseguir el dinero de su padre.
Tenemos el supermercado del Sr.
Ruiz.
A un lado del bullicio del equipo, Naomi Watts estaba sentada con un café, observando la escena.
Vestía ropa casual y llevaba un pequeño cuaderno, tomando notas.
Su presencia no era la de una estrella de visita, sino la de una alumna.
Ella sabía que su momento, protagonizando Speed (el siguiente proyecto de Michael), estaba cerca, pero quería entender cómo funcionaba la mente de un director.
Junto a ella, Elizabeth Banks estaba siendo maquillada, luciendo ya la característica ropa deportiva de Lola y el cabello corto y teñido de un intenso color rojo.
Se veía nerviosa, pero eléctrica.
—Estás increíble, Liz —dijo Naomi, cerrando su cuaderno.
—Gracias, Naoms.
Pero estoy aterrada.
Michael quiere una toma perfecta.
Es tan diferente a Scream…
es pura adrenalina, sin cortes.
—Elizabeth se estremeció.
—Lo harás bien —aseguró Naomi.
—Míralo.
Michael no está gritando; está controlando cada detalle.
Él no te está dirigiendo; te está guiando a través de su visión.
Mírame a mí, estoy aquí como su asistente no oficial solo para ver cómo trabaja.
Yo tengo el siguiente gran proyecto, Speed, y necesito absorber su proceso ya que será una película con adrenalina también.
Relájate.
Él confía en ti.
Elizabeth respiró hondo, asintió, y se dirigió al set.
Michael estaba con el director de fotografía, ajustando los ángulos.
La primera escena crucial era el encuentro de Lola con su novio para robar el supermercado, donde la necesidad de dinero de la protagonista la empuja a la desesperación.
Michael se acercó al dueño de la tienda, un hombre mayor y amable llamado Sr.
Ruiz, que había cedido el local por cuatro día.
—Sr.
Ruiz, estoy listo para comenzar.
¿Podría preguntarle una cosa?
¿Tiene algún reloj grande?
¿Algo con engranajes visibles o un péndulo?
El Sr.
Ruiz dudó.
—Tenemos uno digital detrás de la caja, Michael.
El de agujas se rompió hace años.
Michael suspiró.
Ese pequeño detalle, el tiempo físico que marcaba el destino en la película, era crucial para la estética que recordaba de la versión original.
Era un pequeño ancla visual que no podía fallar.
—No hay problema, Sr.
Ruiz.
Un momento.
Michael llamó por el walkie-talkie a su jefe de utilería.
—Necesito el Reloj Engranaje de Berlín.
Ahora.
Es esencial para la escena.
Lo quiero montado detrás de la caja en diez minutos.
El jefe de utilería, que había estado preparando el equipo en el camión, respondió con un “Entendido, jefe.
Ya voy.” Michael se volvió hacia el Sr.
Ruiz con una sonrisa.
—Utilizaremos este reloj y lo pondremos en esa parte, Sr.
Ruiz.
Intente pensar como se pondría su le roban, intenté hacer todo lo posible cuando grabemos.
Su tranquilidad es tan importante como la desesperación de Lola.
Con la utilería específica de su visión en camino, Michael se dirigió a Elizabeth, que ya estaba en posición.
—Elizabeth, aquí está la clave: velocidad.
Olvídate de la actuación metódica.
Tú no piensas, reaccionas.
Es la desesperación animal.
Cuando la cámara te siga, quiero que sientas el tic-tac en la parte posterior de tu cabeza.
Corre.
Respira.
Y cuando te digo “¡Acción!”, el tiempo se acaba.
El equipo se preparó, sintiendo la intensidad del enfoque de Michael.
Corre Lola corre no iba a ser solo una película; iba a ser un ejercicio de precisión, orquestado por un hombre que ya conocía el final.
Michael miró a Susan y luego a Naomi, que observaban desde la distancia.
El éxito de Scream les había dado hasta ahora $120 millones.
Este proyecto les daría prestigio.
—¡Ruido de fondo en silencio!
¡Cámaras listas!
—gritó Michael.
—¡ACCIÓN!
Michael Relish estaba detrás del monitor, revisando la primera toma de la escena en el supermercado.
La tensión en el set era palpable, pero no por gritos, sino por el ritmo implacable que Michael exigía.
La cámara de mano seguía a Elizabeth Banks (Lola), pero la toma no funcionaba; el Sr.
Ruiz, el dueño del local, estaba demasiado rígido.
Michael dio la orden de pausa y se sumió en sus pensamientos, mientras el equipo se movía en silencio para reajustar la iluminación.
‘Esta película es mi declaración de principios.
Scream fue la taquilla y tener el foco; corre Lola corre es mi prueba de fuego artístico.
Tom Tykwer, el director original, usó la película para demostrar su habilidad y su conexión con la cultura de los videojuegos.
Yo necesito lo mismo.
Con solo $500,000 de presupuesto, demostraré que Scream no fue suerte.
Es control, visión y eficiencia.
El objetivo final: Sundance 1994.
Si la crítica me consagra como un director serio y no solo como un genio del slasher, el valor de Relish Productions se disparará.
Dentro de tres o cuatro años, podré negociar la venta de mi productora a cualquier productora grande, no por dinero en efectivo, sino por una participación accionaria masiva y un puesto directivo.
Ser la cabeza de un gran estudio, ese es el verdadero premio, pero tiene pensado más en MGM.
Michael se enfocó en el set.
Ya le habían entregado los dos relojes de pared especiales.
Uno era un moderno reloj digital estadounidense.
El otro, que colocó discretamente junto a la caja registradora, tenía un marco tallado en forma de mariposa.
—Un guiño.
El efecto mariposa.
El mínimo cambio altera el destino de Lola, y de mi dedtino —murmuró Michael.
Su mirada se posó en el actor que interpretaba a Manni, el novio de Lola.
Matt Damon En este momento, Matt Damon es otro desconocido, de 23 años, que aceptó el papel por una pequeña paga.
Michael recordaba perfectamente que, en la línea de tiempo original, Damon se convertiría en una estrella de Hollywood de primera línea después de co-escribir y protagonizar Good Will Hunting (1997), ganando un Oscar.
Su participación en Lola en la Velocidad era mínima, pero invaluable a largo plazo.
Michael lo había elegido porque, aunque inexperto, tenía una presencia natural superior a la de los otros actores locales que habían audicionado.
Mientras Michael observaba, Eleanor y el productor se acercaron a Matt Damon para darle indicaciones sutiles sobre cómo pararse y lucir más angustiado, combinando sus talentos: Eleanor la logística, el productor la sensibilidad actoral.
La relación triple se había extendido al set, beneficiando al proyecto.
Michael tomó una respiración profunda.
Estaba listo.
—Muy bien, volvemos a posición.
Sr.
Ruiz, solo quédese con el conteo mental de $100.00.
La tensión es el personaje, no usted.
Michael dio las últimas instrucciones y se dirigió a su silla.
Su equipo, aunque exhausto por el ritmo, trabajaba con una lealtad férrea.
Sabían que Michael era un genio con visión, y bajo su mando, el trabajo y el dinero nunca faltarían.
—¡Cámaras listas!
¡Sonido!
—¡ACCIÓN!
La segunda toma fue un éxito explosivo, con Elizabeth corriendo y Matt gimiendo.
Esta toma era el primero de los tres fragmentos que se verían en la película.
Michael gritó “¡Corten!”, y aunque la toma era excelente, exigió una tercera, por si acaso.
El equipo pasó tres días completos filmando las tomas en la tienda, perfeccionando las secuencias de tiempo.
Luego, se trasladaron al departamento rentado que servía como dormitorio de Lola.
Dos días se dedicaron a las escenas de la habitación, donde Michael puso un énfasis especial en la iluminación dramática, utilizando retroiluminación intensa para darle un aspecto visual hiperrealista y estilizado, ideal para el ambiente de un videojuego.
El rodaje, que originalmente se había planificado para 15 a 20 días, culminó en un tiempo récord.
14 días de intensidad total.
Michael se había perdido la celebración de Año Nuevo, pero no le importó.
Tenía el negativo.
Inmediatamente, Michael se dirigió a Los Ángeles con el material.
Se reunió con su editora, la Sra.
Peterson, una profesional escéptica pero talentosa de su empresa, ya había ayudado un poco en Scream.
—Quiero que el color sea saturado, casi un cómic.
Y el orden será un poco extraño —explicó Michael.
—Vamos a mostrar los tres escenarios alternativos, uno detrás del otro.
Cuando Lola muere en un escenario, volvemos al punto de partida, y la única indicación de que hemos reiniciado son las fotografías flash-forward en blanco y negro.
La Sra.
Peterson, aunque extrañada por la estructura no lineal, asintió.
Nunca antes había trabajado con un director que tuviera una visión tan precisa y terminada en su mente.
—Y, Eleanor —llamó Michael, antes de que su editora comenzara el trabajo.
—Necesito que uses el nombre de Elizabeth Banks y el mío en cada fax que envíes.
Llama a Sundance.
Reserva nuestro lugar.
+————————+ Los Ángeles, Lunes 14 de enero de 1994 Michael había pasado los últimos días sumergido en la oscuridad de la sala de edición.
El proceso fue extenuante; cada corte, cada transición de color, cada fragmento de la historia fue orquestado bajo su mirada implacable.
La editora, al principio escéptica, había quedado asombrada por la precisión de la visión de Michael; él sabía exactamente qué fotograma usar para las transiciones rápidas y dónde insertar los flash-forward en blanco y negro que representaban las vidas alternativas de los personajes.
Después de dos días más de ajustes finales y la mezcla de sonido, Michael tenía en sus manos la copia final de corre Lola corre.
Era un filme ágil, frenético y vanguardista, muy lejos del terror explícito de Scream, pero igualmente intenso.
Al regresar a su oficina, la luz de la mañana le pareció tenue después de los días pasados en la cabina de proyección.
Inmediatamente, llamó a Susan.
—Susan, ven a mi oficina.
Y trae el informe de caja.
Susan llegó casi corriendo, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
—Ya tengo noticias, Michael.
Eleanor ha sido un milagro.
Acaban de confirmar que la pelicula ha sido aceptada y esperando la fecha del estreno.
Tenemos un puesto asegurado en el próximo Festival de Cine de Sundance en 1994.
Michael sintió una punzada de satisfacción, pero la contuvo.
El prestigio estaba a la vuelta de la esquina.
—Excelente trabajo, Susan.
Ahora, la logística.
Necesito que movamos el dinero.
De los $18 millones de dólares que nos adelantó MGM, ya usamos medio millón en Lola.
Eso nos deja con $17.5 millones para el siguiente proyecto.
Michael se inclinó sobre su escritorio, su mente enfocada en el thriller de acción.
—Luz verde para Speed.
Necesito que busques lugares para las filmaciones de inmediato.
Empezaremos la preproducción ahora.
Quiero iniciar el rodaje en marzo, lo más rápido posible.
Es una película grande, así que no podemos cometer errores.
Susan asintió, tomando notas sobre la prisa de Michael.
—Comenzaré a negociar con los estudios de efectos especiales para las secuencias de acción.
¿Tienes algún actor en mente para el protagonista?
—Keanu Reeves es mi primer objetivo.
Pero si no funciona, buscaremos un actor con potencial.
Necesitamos a alguien que transmita calma en el caos —dijo Michael, recordando la importancia de ese papel.
Luego, Michael hizo la pregunta que, aunque conocía la respuesta, siempre le gustaba escuchar confirmada por los números.
—No he estado atento al día a día.
¿Cómo va la recaudación de Scream?
Susan levantó la cabeza, su profesionalismo no podía ocultar la emoción en sus ojos.
—Michael, Scream es un fenómeno inaudito.
A nivel nacional, ya estamos en $91 millones en estos dos meses y medio.
Los analistas ahora están proyectando que, con la persistencia de la audiencia y la publicidad, la recaudación podría estirarse hasta los $120 millones en los cuatro meses que planean tenerla en salas.
Hizo una pausa para dar el golpe final.
—Y a nivel internacional, el boca a boca no ha cesado.
Ya llevamos $71 millones, ya que se aumentaron 10 países mas y se prevé que alcance los $90 millones.
Susan sonrió ampliamente.
—Si todo se mantiene, la recaudación total de nuestra primera película, la primera hecha por Relish Productions, será de, al menos, $210 millones de dólares.
Michael no pudo evitar la satisfacción profunda.
$210 millones.
No solo había batido las expectativas de su tiempo pasado, sino que la inversión de $6 millones se había multiplicado por veinte en un par de meses.
—$200 millones… —murmuró Michael, ajustando mentalmente el nuevo total al plan inicial.
—Es más que suficiente para financiar Speed, desarrollar dos años de guiones, y comprar la mayor parte de las acciones que quiero.
—Muy bien, Susan.
Tienes $17.5 millones para poner en marcha Speed.
Quiero que muevas $15 millones para el presupuesto.
Dónde Naomi y Keanu serán los protagonista, pero igual averigua si quiere y puede Keanu.
Susan, sintiendo el peso de la responsabilidad, asintió con determinación.
El dinero de Scream era la garantía de que Michael no se detendría hasta que sus planes, por muy locos que fueran, se hicieran realidad.
El slasher les había dado la riqueza; ahora, un thriller de acción sobre un autobús a toda velocidad les daría el poder de fuego para seguir comprando derechos autores.
Los Ángeles, Lunes 17 de enero de 1994, 12:00 PM Michael, Elizabeth, Matt y Susan llegaron a las imponentes oficinas de Metro-Goldwyn-Mayer.
La atmósfera era notablemente diferente a su última visita; no eran mendigos buscando distribución, sino los proveedores de la película más rentable del año.
La recaudación de Scream era la prueba de su poder.
El propósito de la visita era contractual: MGM tenía la primera opción para distribuir la segunda película de Relish Productions, excluyendo la secuela ya prevista de Scream.
Michael había planificado con precisión los tiempos de su universo: Scream 2 se lanzaría en octubre de 1995, dos años después de la original.
No quería saturar al público, ni tampoco distraerse de la carrera de Naomi Watts, que protagonizaría Speed, cuyo estreno estaba previsto para inicios de 1995.
Michael se había asegurado los derechos de Speed y, tras investigar, confirmó que nadie más estaba desarrollando un proyecto similar, lo que le daba tranquilidad.
En la sala de proyección privada, los ejecutivos clave de MGM estaban reunidos.
Robert Evans, el jefe de la división, estaba allí, sonriendo con genuina admiración.
Patrick, el jefe de distribución, y Davison, el abogado, también estaban presentes, junto con algunos rostros nuevos del equipo de marketing que se frotaban las manos ante el éxito potencial.
Michael, acompañado de Susan, saludó brevemente y entregó la cinta de 35mm.
—Disfruten del viaje, señores.
Es una película rápida —dijo Michael con calma, tomando asiento junto a Susan en la última fila, justo antes de que se apagaran las luces.
El silencio fue total.
Luego, la pantalla se mantuvo negra.
En la oscuridad, el primer sonido fue un tic-tac urgente, rítmico, acelerado, como si un corazón metálico estuviera latiendo demasiado rápido.
La pantalla parpadeó, revelando el rostro de un segundero en rápida rotación.
Luego, una toma cercana enfocó un péndulo plateado que se movía con frenesí.
Las líneas de texto comenzaron a aparecer en secuencia, al ritmo del tic-tac.
COMPAÑÍA PRODUCTORA: Relish Productions PRODUCTORES EJECUTIVOS: David Millers y Steven Janis DIRECTOR: Michael Relish Michael había cumplido su palabra, elevando a su nuevo productor que había contratado para ayudar a David, para darle currículum.
El péndulo se detuvo de golpe, y la cámara se redirigió al objeto que él había añadido en el set: el reloj de pared de metal hecho a medida, con engranajes expuestos y el marco en forma de mariposa, que ahora colgaba detrás de la caja en la tienda de abarrotes.
El tiempo físico se había detenido.
En ese instante, la sala fue golpeada por el ritmo rápido y electrizante de la música.
Era una mezcla de techno e industrial, pulsante y altamente contagiosa, que agarró inconscientemente las emociones y la concentración de todos los presentes.
La cámara enfocó a Elizabeth Banks (Lola), con su cabello corto y rojo como una llama, en una toma que llenaba la pantalla de gente borrosa a su alrededor.
La narración filosófica, tranquila y trascendental, comenzó a contrastar con el frenesí visual y auditivo: —¿Quién soy?
¿Dónde estoy?
¿Qué voy a hacer?
Y con esas tres preguntas existenciales, la película arrancó en un torbellino de decisiones rápidas, carreras desesperadas y flash-forwards que no dejaban al público ni un segundo para reflexionar.
Los ejecutivos de MGM se enderezaron en sus asientos.
Estaban acostumbrados a dramas pulcros y películas de acción claras, no a este aluvión de imágenes, música y filosofía punk.
Robert Evans se frotó la barbilla, hipnotizado.
Michael Relish no solo sabía hacer dinero; sabía cómo hacer arte que pateara la puerta.
Y MGM tenía la primera opción para distribuirlo.
Susan se inclinó hacia Michael.
—Están enganchados —susurró.
Michael solo sonrió, manteniendo los ojos fijos en el reloj de mariposa en la pantalla.
Sabía que la película era un éxito.
Ahora, solo quedaba asegurar el trato.
La música electrónica pulsante de Lola en la Velocidad llenó la sala de proyección de MGM.
Tras la introducción filosófica, la cámara se lanzó, acercándose a Elizabeth Banks (Lola) corriendo por las calles soleadas de Albuquerque, una toma que parecía tener inercia propia.
La acción no dio tregua, y los ejecutivos fueron arrastrados por la urgencia narrativa.
La trama se desplegó con la precisión de un cronómetro.
Manni, un matón de poca monta interpretado por Matt Damon, estaba en apuros.
Sonó el teléfono rojo, un elemento visual que gritaba importancia.
Manni había perdido $100.000 que su jefe le había confiado para una transacción, dinero que dejó accidentalmente en el metro.
En pánico, llamó a su novia, Lola, contándole que si no conseguía el dinero en veinte minutos y lo entregaba en una cabina telefónica, su jefe no dudaría en matarlo y esparcir sus restos por el mar.
Lola, con una expresión de pánico absoluto, salió corriendo de su apartamento.
El tiempo se había convertido en un enemigo visible.
Lola corrió salvajemente hacia la oficina de su padre, el gerente de un banco, con la esperanza de conseguir el dinero fácil.
Sin embargo, su padre no solo se negó rotundamente a ayudarla, sino que aprovechó la crisis para exponer la verdadera y compleja ascendencia de Lola, revelando secretos familiares que la hicieron salir del banco en un estado de shock adicional.
Corriendo incansablemente, Lola se dirigía al punto de encuentro, pero el destino ya había cambiado.
Manni, presa del pánico al no ver llegar a Lola, había entrado en un supermercado con una pistola en mano, decidido a robar el dinero.
En una escena cargada de adrenalina, Lola llegó justo a tiempo y, al ver la desesperación de Manni, decidió unirse al caos.
“Está bien, si insistes en ser Clyde, seré tu Bonnie,” gritó, ayudándolo en el robo.
El atraco fue exitoso, pero la fuga fue un desastre.
Un policía novato y torpe abrió fuego, y Lola fue baleada accidentalmente y asesinada en la calle.
La pantalla se volvió negra.
Los ejecutivos se sorprendieron al ver a la protagonista morir muy rápido, y todos pensaron, ‘y ahora que?’.
El sonido del teléfono cayendo al suelo resonó una vez más.
El tic-tac reinició.
El público de MGM se enderezó; se habían dado cuenta de que estaban presenciando algo radicalmente nuevo.
Lola volvió a comenzar, despertando en su apartamento.
Esta vez, al salir corriendo, gritó a Manni por teléfono que esperara, asegurándole que ella sería la única Bonnie.
Corriendo con más determinación, Lola se dirigió al banco, esta vez no a pedir, sino a robar el dinero directamente de la caja fuerte de su padre.
El plan parecía funcionar; había conseguido $100.000.
Sin embargo, en su carrera hacia la cabina telefónica, se dio cuenta de que había llegado al supermercado demasiado tarde.
Manni, por su cuenta, había comenzado el robo.
Lola irrumpió, pero al final, parecía que “a Dios no le agradaban aquellos que ganaban sin esfuerzo,” como rezaba una frase que le vino a la mente.
En una escena sombría y rápida, la policía los acorraló, y el destino se llevó a los dos.
La pantalla se volvió negra por segunda vez.
El teléfono cayó de nuevo.
Tic-tac.
El público estaba al borde de sus asientos, esperando el tercer intento.
Esta vez, Lola, al bajar por la escalera de su edificio, saltó sobre el vecino rebelde y su perro feroz, una acción mínima que podía haber ahorrado o desperdiciado un segundo crucial.
Al llegar al centro de la ciudad, en lugar de dirigirse al banco, Lola se encontró inesperadamente frente a un casino.
Entró y, usando su desesperación como un poder psíquico, apostó al azar a la ruleta.
En una secuencia cinematográfica visualmente impresionante de primerísimos planos y sonido intenso, Lola ganó $100.000.
La carrera final fue perfecta.
A lo largo del camino, se encontró con la mendiga que había encontrado el dinero de Manni en el primer intento y le devolvió su bolsa con el dinero.
Lola llegó a la cabina telefónica temprano y le devolvió el dinero a Manni, que también había logrado recuperar la bicicleta de un ladrón, y ya había llegado a la cita.
La pareja se abrazó.
Fin.
Los créditos finales comenzaron a rodar, y la música frenética se desvaneció, dejando solo el eco del tic-tac.
Cuando las luces de la sala se encendieron, muchos en la sala de proyección sintieron como si hubieran despertado abruptamente de un sueño lleno de adrenalina.
Hubo un breve silencio de estupefacción, y luego, los ejecutivos de MGM comenzaron a aplaudir.
El aplauso, aunque no fue una ovación de pie, fue notablemente sincronizado y lleno de respeto.
Michael Relish acababa de presentar una obra de arte cinematográfica.
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