En Hollywood. - Capítulo 14
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14: Capítulo 13 14: Capítulo 13 Capítulo 13: El Juego de la Espera y la Estrategia de Sundance Las luces de la sala de proyección de MGM se encendieron, revelando a un grupo de ejecutivos que parecían haber corrido la maratón junto a Lola.
Había una mezcla de admiración y asombro en el aire.
El pensamiento era unánime: la película había superado con creces las expectativas.
En privado, varios ejecutivos que habían desestimado Scream como un golpe de suerte de género ahora se preguntaban qué clase de monstruo creativo habían dejado escapar.
Corre Lola corre, con su micro-presupuesto de $450.000, era un mundo aparte de las películas de Serie B sensacionalistas.
Algunos no podían evitar pensar: así es como debería verse una película.
Michael Relish tenía un sentido agudo e innato para el cine; no solo podía dirigir dos géneros completamente diferentes, sino que dominaba el proceso cinematográfico de principio a fin, desde la idea inicial hasta el montaje final.
Sabían que hacer una película implica cientos de desviaciones que pueden arruinar el producto, resultando en tramas ilógicas o sin coherencia, pero Michael parecía esquivarlas todas.
El ejecutivo que dio luz verde a Scream estaba visiblemente intrigado.
¿Qué más no podría hacer este joven?
Si corre Lola corre hubiera sido una película comercial convencional, estaban seguros de que habría alcanzado una recaudación comparable a la de Scream.
Sin embargo, al ser una pieza de cine de autor, su ventaja radicaba en la recepción crítica: sería celebrada en festivales.
Robert Evans, el Director Ejecutivo, fue el primero en romper la inercia, levantándose de su asiento.
Reflexionaba sobre la meticulosidad del filme.
Las dos películas de Michael, en su corta carrera, eran mejores que la mayor parte de la producción reciente del estudio.
Mientras sus compañeros se acercaban a Michael para charlar brevemente y felicitarlo, Evans se acercó.
—Michael, me gustó.
Es… diferente.
Mucho movimiento, mucha energía.
Pero tengo un par de cosas programadas ahora mismo.
¿Podemos charlar a las 4 de la tarde en mi oficina sobre los términos de distribución?
Michael escuchó la sutil maniobra.
Evans, a pesar de la admiración evidente, estaba jugando al difícil, intentando mantener la ventaja.
Michael sonrió y asintió cortésmente.
—Absolutamente, Sr.
Evans.
A las cuatro en punto.
Michael y Susan saludaron a los demás ejecutivos, retirándose de la sala.
A la salida, Matt Damon, el actor que interpretaba a Manni, se disculpó rápidamente.
—Michael, gracias por esto.
Necesito irme.
Tengo otra audición en la ciudad, un pequeño proyecto.
—Ve con calma, Matt.
Nos vemos pronto —respondió Michael, sabiendo que en pocos años, Matt no necesitaría audicionar para nadie.
Elizabeth Banks se quedó junto a Michael y Susan.
Ella era parte del equipo de Sundance.
El objetivo de la película era la crítica, no los premios de interpretación, por lo que su trabajo ya estaba hecho.
Los tres subieron al coche de Michael para dirigirse a un restaurante cercano para almorzar antes de la reunión de las 4 PM.
Tan pronto como el coche se movió, Susan rompió el silencio.
—Se hacía el difícil, Michael.
Dijo “me gustó” en lugar de “es una obra maestra”.
Solo nos está haciendo esperar para que parezca que no está desesperado por la película.
Susan, la mujer de negocios implacable, ya tenía un plan.
—No aceptemos la primera condición.
De hecho, si podemos, es mejor alargar esto hasta después de Sundance.
La aclamación de un festival nos dará una ventaja de diez a uno en la negociación.
Michael asintió con un gesto tranquilo.
—Entiendo, Susan.
De hecho, el plan era ir a festivales con mayor influencia, como Cannes o Venecia.
Pero los tiempos no daban; todos esos festivales son demasiado tarde para la ventana de oportunidad de Elizabeth y el lanzamiento de Speed.
Sundance es lo más rápido.
Además, quiero que la película se centre aquí, en el mercado nacional.
Necesito que nuestra productora se quite esa etiqueta de “solo tuvo suerte”.
Lola demostrará que hacemos cine de calidad.
Vamos a negociar con calma, Susan.
Tenemos todo el tiempo del mundo.
Pasaron por su productora y dejaron la cinta de ‘corre Lola corre’.
Luego fueron a comer.
El teléfono de susan sonó con insistencia.
Susan a lado de Michael respiró y respondio.
—¿Sí?—, respondió y puso en altavoz la llamada.
—Srta.
Susan, soy Eleonor —la voz firme, rápida, como siempre—.
Confirmado: tenemos un espacio en sundance para el Sábado 22, Domingo 23, Miércoles 26 y Viernes 28, todas a las 8:30 p.m.
Lo logramos.
Michael esbozó una sonrisa mientras escuchaba la llamada.
—Sabía que lo conseguirías, Eleonor.— respondió Michael antes que Susan.
—Es mi trabajo jefe, asegurar que esta productora siga respirando —dijo ella, medio en broma—.
Pero esta vez… creo que conseguimos algo grande.
Susan respondió,—Entonces tendremos que hacer un par de copias más de la película.— —Te pasaré a recoger más tarde para revisar todo antes del viaje —agregó Susan—.
No quiero que falte ni un papel, ya me conoces.
—Sí, te conozco —dijo él, casi con cariño—.
Gracias, Susan.
—No me des las gracias todavía.
Esperemos a ver cómo reacciona Sundance.
Susan terminó la llamada con Eleanor.
Michael llegaron al restaurante para comer algo antes de la reunión de negoció.
Sundance… el inicio del cine independiente moderno, la cuna de carreras legendarias.
Y él estaba a punto de presentarse con una obra que, en su otra vida, no aparecería hasta seis años después.
Era un riesgo enorme.
Pero también era una oportunidad perfecta para darle a esa película la plataforma que siempre había merecido.
Michael, Susan y Elizabeth fueron conducidos al amplio y lujoso despacho de Robert Evans.
La atmósfera era diferente a la de la sala de proyección.
Aquí, la admiración se había transformado en pragmatismo.
Robert Evans estaba dispuesto a pagar por el prestigio de corre Lola corre, pero no pensaba ponérselo fácil a Michael.
Evans se reclinó en su sillón de cuero, con las manos cruzadas.
—Señorita Davis, Señor Relish.
Me gustó la película.
MGM está dispuesta a comprarla ahora mismo por un millón de dólares.
¿Qué opinan?
Michael no reaccionó, pero hizo una señal casi imperceptible a Susan.
Un millón era una ofensa, especialmente después de que Scream acababa de generar $200 millones para el estudio.
Susan tomó la palabra con calma, pero su tono era acerado.
—Señor Evans, ¿un millón?
¿Por todos los derechos?
—Por supuesto.
MGM adquiere todos los derechos de Lola en la Velocidad por un período de diez años.
Después de ese tiempo, los derechos cinematográficos regresan a Relish Productions —respondió Evans, haciendo que sonara como una concesión generosa.
Michael decidió intervenir, dejando claro que conocía el verdadero valor de su película.
—Señor Evans, eso no funciona para nosotros.
Entendemos que Lola no es una película comercial, es cine para reflexionar, pero tiene un inmenso valor de culto.
Podemos establecer un contrato de reparto.
Si la taquilla global es de $5 millones, nos llevamos el 20% de los ingresos netos.
Si llega a $20 millones, el 30%.
Y si, por alguna extraña razón, pasa los $50 millones, nos llevamos el 40%.
Michael hizo el cálculo mental: la versión original alemana había rozado los $20 millones mundiales.
Una versión estadounidense con el respaldo de Michael y el hype de Scream debería alcanzar al menos $20 millones, si no más.
Aunque Michael esperaba en secreto una compra total por $6 o $7 millones, su propuesta de reparto establecía su fe en la película.
Evans sonrió.
—Una propuesta ambiciosa, Michael.
Lo pensaré.
Pero como me enteré de que van a presentarla en el festival de Sundance… quizás podríamos esperar a ver qué tal es su visibilidad.
Después de eso, tendremos una nueva negociación.
Michael le hizo una señal a Susan, quien captó el mensaje: aceptar el aplazamiento, pero subir la apuesta.
—Señor Evans, pero para ese tiempo, nuestra oferta cambiará y su precio subirá.
Se lo digo ahora: piénselo bien.
Robert Evans, quien secretamente esperaba que la película recaudara entre $30 y $35 millones en todo el mundo, no se lo tomó a mal.
—Puedo ofrecerles como mucho $3 millones por los derechos en este momento.
Es la oferta final pre-festival.
Susan se levantó, cerrando el maletín.
—Esperaremos a Sundance, señor Evans.
Gracias por su tiempo.
Michael y Robert se saludaron con un apretón de manos tenso, y los fundadores de Relish Productions salieron de la oficina.
Elizabeth Banks los esperaba afuera, con una sonrisa de complicidad.
Los tres se subieron al coche para ir a comer.
—El ejecutivo se hacía el difícil, Susan.
Nos está haciendo esperar —dijo Elizabeth, divertida.
—Por supuesto —intervino Susan, volviéndose hacia Michael.
—No aceptemos la primera condición.
Si es posible, es mejor alargar esto hasta después del festival.
La aclamación de la crítica nos dará la ventaja.
—Entendido, Susan —respondió Michael.
—Necesito que nuestra productora se quite esa etiqueta de ser solo ‘tuvieron suerte con una película de terror’.
Lola es para eso.
Sundance es la plataforma perfecta, ya que otros festivales de mayor influencia quedan demasiado lejos en el tiempo.
Temprano a la mañana siguiente, Michael desayunó con Naomi y Elizabeth.
Naomi, la estrella de Scream, se quedaría en Los Ángeles para prepararse para Speed, mientras Elizabeth, la estrella de Lola, volaba con Michael a Utah.
En el avión a Salt Lake City, Michael se puso a pensar.
La película se había terminado en un tiempo récord: 12 días de rodaje y una semana de edición.
Toda la película estaba terminada antes del fin de año.
—Perfecto —pensó.
El marketing se centraría en eso.
Era la película más barata, más rápida y más intensa jamás hecha.
Si la gente sentía curiosidad por el director que había hecho Scream, esta historia de producción les daría una razón para ir a ver su nueva obra maestra en Sundance.
El éxito en el festival era ahora el catalizador para la siguiente fase de su plan maestro.
Park City, Utah, Viernes 20 de enero de 1994 El frío de Utah era cortante, pero el ambiente en Park City era cálido y eléctrico.
El Festival de Cine de Sundance había comenzado.
Michael, Elizabeth y Naomi, recién llegados, se dirigieron al hotel cerca del centro de actividades, donde ya esperaban Susan y Eleanor.
Michael entró en el comedor del hotel.
El lugar estaba relativamente tranquilo a primera hora de la mañana.
Vio rápidamente a Susan y Eleanor, que estaban sentadas revisando carpetas.
—¡Hola, Susan, Eleanor!
—saludó Michael con una sonrisa, tomando asiento junto a ellas, con Elizabeth y Naomi a sus lados.
—¿Cómo van los preparativos para nuestro gran debut?
Eleanor, siempre eficiente, respondió de inmediato: —Todo está completo, Michael.
Nuestro estreno y presentación es hoy mismo, el 20.
No hay alfombra roja ni nada parecido; fue una admisión de última hora y se manejará de forma discreta, pero estamos dentro.
Hay un total de 81 largometrajes, incluido el nuestro, y 64 cortometrajes.
Un total de 145 piezas.
Es una locura de festival.
—Entiendo.
Esto es exactamente lo que quería —dijo Michael.
—Prestigio sin la fanfarria de Hollywood.
Además, necesito ver si hay buenas películas aquí que podamos adquirir para aumentar nuestra biblioteca de Relish Productions.
Si veo algo prometedor, quiero que lo tengamos.
Susan asintió con una expresión de orgullo.
—No hay problema, Michael.
Sé que estás haciendo esto por la productora, y para que nuestro equipo siempre tenga trabajo.
Te apoyo.
Michael le dedicó una sonrisa genuina.
Luego, su mente se centró en el siguiente proyecto estratégico.
—Susan, tengo otra pregunta.
¿Tienes algún contacto, algún amigo o amiga que sea editor o escritor de libros?
Tengo una historia pensada, quiero hacerla primero libro y luego, cuando gane seguidores, adaptarla a película.
Elizabeth y Naomi intercambiaron miradas de sorpresa.
Michael no había mencionado nada de un proyecto literario.
Eleanor se adelantó a responder: —Antes que todo, yo tengo una compañera con la que me gradué.
Se llama Sarah y es escritora.
Aunque aún no tiene ningún libro conocido, es increíblemente talentosa.
—Perfecto —dijo Michael.
—Después de Sundance, haz el contacto.
Hablaremos con ella.
Eleanor asintió.
—Está bien.
Michael cambió de tema, volviendo al proyecto inminente.
—¿Y cómo van los preparativos para Speed?
—Ya escogimos y alquilamos todos los lugares de filmación, Michael —respondió Susan, sobándose la sien dramáticamente.
—Solo falta comprar el autobús… para hacerlo explotar.
Querías el realismo más absoluto, ¿recuerdas?
Michael sonrió ante la exasperación juguetona de Susan.
—Lo quiero lo más realista posible.
No hay atajos.
Después del almuerzo, Michael, Naomi y Elizabeth se separaron de Susan y Eleanor, que se dirigieron a realizar los últimos registros.
Michael no solía prestar atención a Sundance en su vida original, pero sabía que algunos de los documentales que ganaban aquí eran de gran importancia histórica.
Fueron a ver una de las primeras proyecciones documentales del día: Freedom on My Mind.
En la sala oscura, el largometraje se desarrolló como un testimonio histórico y solemne.
El documental trataba sobre cómo activistas afroamericanos locales, junto con jóvenes voluntarios blancos y negros de todo Estados Unidos, se organizaron para combatir la supresión del voto, fundar un partido político en Misisipi y culminar en el Verano de la Libertad de 1964.
El estilo era de entrevistas, con narración oral, testimonios de figuras claves del movimiento e imágenes de archivo crudas.
A diferencia del frenesí de Lola, el documental exigía paciencia y respeto.
Michael sintió que la mayoría de los asistentes se concentraban, pero vio a unos pocos dormirse discretamente.
Michael sabía.
Este era, casi con certeza, el documental que ganaría el Gran Premio del Jurado de Documentales de Sundance.
La importancia histórica y la calidad del material eran innegables.
Su conocimiento del futuro le permitía seleccionar ganadores de premios con solo ver el material.
Al salir de la sala de proyección, el sol de la tarde les dio de lleno.
—Vaya… —dijo Elizabeth, respirando profundamente.
—Fue… pesado.
Pero tan importante.
Se sentía la verdad en cada testimonio.
Es cine que importa, Michael.
Naomi se ajustó la bufanda.
—Es un trabajo importante, sin duda.
Pero me alegro de que mi próxima película sea más… rápida.
Cuatro horas de documental es un poco agotador.
Aunque la forma en que narraron la historia fue excelente.
Michael asintió, su mente ya trabajando.
—Elizabeth tiene razón.
Es cine que importa.
Y ese tipo de cine tiene su lugar.
Un lugar que genera respeto y, a veces, premios.
Las historias sencillas, contadas con verdad, son las que perduran.
Miró a Elizabeth, dándole un suave apretón en el hombro.
—Nuestra película es diferente.
Es sobre el tiempo, la suerte y la energía.
Pero ver una obra tan bien hecha, como Freedom on My Mind, solo confirma que la calidad siempre encuentra su camino.
Y a veces, el camino es a través de Sundance.
Con el documental ganador de su tiempo en mente, Michael se sintió aún más seguro.
Su plan de utilizar Lola para ganar prestigio en un festival de la talla de Sundance era infalible.
Ahora solo quedaba esperar la reacción del mundo.
Tras la solemnidad del documental sobre el movimiento de derechos civiles, Michael y las chicas se dirigieron a ver una elección de Elizabeth: Dialogues with Madwomen.
El documental se centraba en siete mujeres, incluida la cineasta, que describían sus intensas experiencias con la depresión maníaca, la esquizofrenia y la euforia, utilizando recreaciones oníricas y testimonios.
Si en su vida pasada, Michael hubiera evitado este tipo de cine, ahora, con su cuerpo renovado y su mente de cineasta, se obligó a analizarlo.
Aunque el tema era profundo, Michael lo encontró un tanto aburrido en su ejecución.
A lo largo de la proyección, su mente trabajaba en piloto automático.
Cambiaría esta toma, pensaba, le daría más estilo a la iluminación de la entrevista, menos luz natural, para acentuar el tono onírico de las recreaciones.
Su aburrimiento era la señal de que su ojo crítico siempre estaba buscando una forma de elevar la película.
Michael y las chicas, Naomi y Elizabeth, pasaron los días siguientes inmersos en el festival, viendo películas en la mañana y en la tarde.
Michael solo buscaba películas que pudieran ser joyas ocultas para Relish Productions.
+—————-+ Finalmente, llegó la noche del estreno de Lola en la Velocidad.
La emoción en Park City era palpable.
Después de una cena tranquila con Naomi y Elizabeth, Michael se dirigió al lugar de la proyección.
Antes de que se abrieran las puertas, un reportero del Los Angeles Times, que había viajado a Sundance para cubrir las aperturas clave, se acercó a Michael.
—Señor Relish, David Allen del L.A.
Times.
¿Puedo robarle un minuto?
Michael asintió, su mejor sonrisa profesional en su lugar.
Naomi y Elizabeth se mantuvieron discretamente detrás de él.
—Por supuesto, David.
Un placer.
—Su éxito con Scream fue legendario.
La taquilla es histórica.
Ahora, nos presenta Lola en la Velocidad, un filme de autor, rápido, estilizado, muy alejado del terror.
¿Por qué este cambio tan drástico de género?
¿Es un intento de complacer a la crítica?
Michael se tomó un segundo, midiendo sus palabras con precisión.
—Esa es una buena pregunta, David.
Pero le diré la verdad: mi carrera no está definida por un género, sino por mi amor al cine.
Cuando me gradué, hice un cortometraje muy simple sobre la familia.
Luego llegó Scream, que fue una carta de amor al terror y al mismo tiempo una burla al género.
Y ahora estoy haciendo Lola en la Velocidad porque me gusta el cine en general.
Como cineasta, siempre pienso en hacer algo nuevo.
Si me quedara en el terror, me aburriría, y lo peor que le puede pasar a un director es volverse predecible.
Relish Productions existe para crear buenas películas en cualquier género.
David tomó notas rápidamente.
—¿Y qué espera de la película aquí en Sundance?
¿Espera llevarse el Premio del Público?
Michael sonrió, mirando las luces y la multitud.
Su respuesta fue humilde, pero con una base de absoluta confianza.
—Espero que a la gente le guste la verdad.
Y más importante, que la entiendan.
Lola es compleja, es un espejo de la vida, de las pequeñas decisiones que alteran nuestro destino, con ese pequeño guiño al efecto mariposa.
Si la gente sale de la sala pensando en su propia vida, ese es el verdadero premio.
Si podemos ganar un premio, es bueno, es un bono de prestigio.
Si no, no pasa nada.
Igual seguiré haciendo cine.
Mi amor por este arte es la única garantía.
El reportero asintió, visiblemente satisfecho.
Michael había respondido con la voz de un cineasta genuino, no de un simple negociante.
—Gracias, Señor Relish.
Mucha suerte esta noche.
Michael se despidió y, junto a Elizabeth y Naomi, entró en el cine.
Había lanzado el mensaje clave al mundo: Michael Relish no era solo un hombre de negocios, sino un artista con una visión inagotable.
La audiencia ya estaba ansiosa.
Las luces se atenuaron, y el sonido del tic-tac urgente volvió a inundar la oscuridad.
📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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