Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En Hollywood. - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En Hollywood.
  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 15
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Capítulo 15 16: Capítulo 15 Capítulo 15: La Guerra Fría de los Estudios y Independencia Financiera Michael, Susan, Naomi y Elizabeth y un pequeño grupo de Relish Productions salieron del Teatro Egipcio en medio de un torbellino de luces de cámaras y micrófonos.

El Premio del Público al Mejor Largometraje Dramático había convertido a Corre Lola Corre en la película más comentada del festival y a Elizabeth Banks en la figura del momento.

La prensa, que ya había intentado abordar a Michael en el estreno, ahora estaba desesperada por obtener una declaración del director visionario.

Pero Michael tenía una estrategia clara: este no era su momento personal; era el momento de elevar a su estrella.

Un reportero de la prensa local se acercó a Michael, ignorando a Elizabeth.

—¡Michael!

¿Qué se siente al ganar el Premio del Público con una película tan atípica?

¿Cree que esto solidifica su posición como el director más versátil de su generación?

Michael se detuvo y abrazó a Elizabeth por el hombro, con una sonrisa tranquila.

—Se siente increíble.

Pero la versatilidad, la energía y la razón por la que el público se conectó con la película se resumen en una sola persona —dijo Michael, señalando suavemente a Elizabeth.

—Ella corrió, no solo en la película, sino para conseguir este premio.

Ella es el corazón de esta historia.

Si el público ama la película, es porque amó a Lola, y Lola es Elizabeth.

Deberían hacerle todas las preguntas a ella sobre el proceso creativo.

El enfoque de los reporteros cambió instantáneamente.

Elizabeth, más tranquila pero aún con el brillo de la emoción en los ojos, respondió con soltura a una andanada de preguntas sobre la exigencia del rodaje.

Mientras Elizabeth hablaba con pasión sobre el guion y el ritmo frenético, otro reportero logró acercarse a Michael.

—Señor Relish, se rumorea que el estudio de Miramax y otros, no quisieron pagar más de dos millones por el filme.

Ahora que han ganado, ¿cuánto vale Corre Lola Corre?

¿Su precio ha cambiado?

Michael mantuvo la compostura y la calma, sabiendo que Susan estaba manejando la situación a pocos metros de distancia.

—El valor de la película siempre fue el mismo.

El premio de hoy simplemente confirma que esa película tiene un valor incalculable para su audiencia.

No soy yo quien le pone el precio a la película; es el público el que decide su valía, y han hablado.

Los números de la negociación son cosa de Susan, ella es la experta en eso, pero le aseguro que el valor de nuestra reputación como creadores de cine de calidad acaba de subir exponencialmente.

Naomi, que se mantenía cerca de Michael, intervino con una sonrisa a otro reportero que preguntaba si Michael se arrepentía de no haber dirigido Scream 2 antes.

—Michael no se arrepiente de nada.

Él es un visionario, y las visiones no se pueden apurar.

Yo estoy lista para Speed en cuanto él me diga, pero él sabía que el mundo necesitaba ver a Lola primero —dijo Naomi, reforzando la narrativa de Michael.

Michael, dando un último asentimiento al grupo de prensa, le dio un suave codazo a Elizabeth.

—Vamos, Lola.

Es hora de celebrar.

Michael y Elizabeth se abrieron paso entre la multitud, dejando que la victoria hablara por sí misma.

El plan había funcionado: el premio había elevado a Elizabeth al estatus de actriz reconocida y había demostrado a Robert Evans y a todo Hollywood que Michael Relish no solo creaba éxitos de taquilla, sino que también era un director aclamado por la crítica.

El precio de Lola acababa de multiplicarse.

Dos días después de la ceremonia de clausura de Sundance, el zumbido en torno a Lola en la Velocidad no solo no había disminuido, sino que se había intensificado.

La victoria del Premio del Público, combinada con la aclamación crítica, había hecho que la película se convirtiera en el producto más caliente del mercado.

Michael y Susan estaban de vuelta en Los Ángeles, pero sus teléfonos sonaban incesantemente.

Los periódicos de la Costa Este y Oeste estaban llenos de elogios.

The New York Times: “La mariposa roja de Michael Relish.

Lola en la Velocidad no es solo una película; es una experiencia visceral.

El director de Scream prueba su maestría: puede manipular a las masas con el terror y puede elevar su espíritu con la filosofía del thriller.

Un clásico instantáneo.” Los Angeles Times: “El Premio del Público fue merecido.

Elizabeth Banks ofrece una actuación hipnótica, pero la verdadera estrella es la edición.

Relish ha puesto un precio alto a su película, y con estas críticas, tiene derecho a hacerlo.

El interrogante ahora es: ¿qué estudio se atreverá a pagar la cifra de diez millones de dólares que se rumorea?” La pregunta que obsesionaba a todos los reporteros era la misma: ¿quién iba a distribuir Lola?

Los periodistas habían intentado acorralar a Michael y Elizabeth para obtener detalles de las negociaciones, pero Susan Davis se había interpuesto con una respuesta firme y calculada.

Susan, a través de un comunicado de prensa y varias declaraciones a publicaciones clave de la industria, había jugado su carta más fuerte.

En una entrevista con Variety, que se publicó ese martes, la noticia principal era un ultimátum velado: —Hemos recibido varias ofertas por debajo de lo que consideramos justo para una película de esta calidad y con este reconocimiento del público —declaró Susan al periodista.

—Nuestro director, Michael Relish, tiene absoluta fe en su película.

Si no se llega a un acuerdo de distribución justo que refleje el valor de Lola para el día 15 de febrero, Relish Productions seguirá el modelo exitoso que utilizamos para Scream.

El artículo continuaba: “Según Davis, Relish Productions planea financiar y coordinar su propia distribución inicial, llevando Corre Lola Corre a 100 salas de cine independientes clave en las principales ciudades de Estados Unidos.

La compañía tiene la capacidad financiera tras el éxito de su primer filme, y este movimiento audaz es la prueba definitiva de que Michael Relish no tiene miedo de desafiar a Hollywood.” La noticia cayó como una bomba sobre los estudios.

Michael y Susan habían puesto una fecha límite.

Sabían que, con el Premio del Público en mano y críticas tan brillantes, si Lola llegaba a 100 salas de forma independiente y comenzaba a generar un boca a boca positivo, su valor se dispararía aún más, haciendo que cualquier oferta futura fuera desproporcionadamente cara.

En la oficina de Relish Productions en Los Ángeles, Michael colgó el teléfono después de una breve llamada con Robert Evans, el CEO de MGM.

—Evans está nervioso —le dijo Michael a Susan.

—Dijo que la oferta de tres millones ya no está sobre la mesa, y que están ‘reajustando’ sus números.

Susan sonrió, revisando una lista de llamadas perdidas.

—Por supuesto que sí.

Saben que hablamos en serio.

$8 millones ahora les parece una ganga comparado con el precio que tendrá en marzo si nos ven obligados a distribuirla nosotros.

El 15 de febrero es nuestra fecha límite, Michael.

Y a partir de hoy, es la fecha límite de ellos.

La reputación de Michael y la presión de la prensa habían cambiado el juego de la negociación.

El reloj, el mismo tic-tac que había impulsado a Lola, ahora estaba marcando el tiempo para los ejecutivos de los grandes estudios.

Los Ángeles, 2 de Febrero de 1994 La noticia del ultimátum de Relish Productions —la amenaza de autodistribuir Lola si no se llegaba a un acuerdo justo antes del 15 de febrero— había provocado una conmoción sísmica en los pisos ejecutivos de Hollywood.

El Premio del Público de Sundance, la crítica y el boca en boca que se está llevando era ahora una bomba de tiempo.

El precio de entrada, rumoreado en ocho millones de dólares, era un desafío que nadie en los grandes estudios podía ignorar.

Dos de las potencias de la industria, Warner Bros.

y 20th Century Fox, se reunieron en sus respectivas salas de juntas para debatir la estrategia.

Reunión Estratégica en Warner Bros.

La sala de conferencias en las oficinas de Burbank estaba dominada por una mesa de caoba pulida y la ansiedad palpable de los ejecutivos.

Alan Horn, presidente de Warner Bros., dirigía la reunión con una severidad calmada.

Frente a él, los jefes de distribución y finanzas tenían sus números sobre la mesa.

“Señores,” comenzó Horn, ajustándose las gafas, “la pregunta no es si queremos Corre Lola Corre, sino cuánto estamos dispuestos a pagar para evitar que Michael Relish se convierta en una amenaza real.

El chico ya generó $200 millones con una película de bajo presupuesto.

Si esta película, con el aval del Premio del Público, funciona de forma independiente, Relish Productions será imparable.” El jefe de Distribución, un hombre pragmático llamado David, suspiró.

“Alan, el precio rumoreado de ocho millones es escandaloso para una película de autor que costó menos de medio millón.

El retorno de la inversión global tendría que ser de al menos $35 millones solo para cubrir el costo, marketing y nuestro margen de riesgo.” “Pero la taquilla no es el único factor,” intervino la jefa de Marketing.

“El prestigio.

El nombre de Michael Relish.

Este hombre acaba de ganar Sundance con una película que es el polo opuesto del terror que hizo la primera vez.

Podemos vender esto como la aparición de un nuevo genio.

Eso tiene un valor incalculable para nuestra imagen en 1994, compitiendo con Miramax y su festival.” “¿Y qué hay de la propuesta de reparto, Alan?” preguntó David.

“El modelo de Michael: 20% si llega a $5 millones, 30% a $20 millones, 40% a $50 millones.

Eso es peligroso.

Si esta película explota, por alguna razón, estamos cediendo la mayor parte de las ganancias al creador.

Es un precedente terrible.” Horn se recostó, pensativo.

“No podemos ceder el 40%.

Eso es inaceptable.

Nuestra marca es más fuerte que la suya.

Necesitamos un modelo de compra total.

Un precio fijo.

¿Cuál es el máximo que podemos pagar sin que parezca que entramos en pánico, pero lo suficientemente alto como para vencer a Fox y Disney?” El jefe de Finanzas carraspeó.

“Hemos revisado los números.

Asumiendo que las críticas son tan buenas como dicen y que Michael Relish genera un arrastre de culto similar a su anterior trabajo, estimamos que, si la película se estrena de forma controlada en cines de arte y ensayo, podríamos esperar entre 18 y 22 millones de dólares en la taquilla nacional, y quizás otros $10 millones en el extranjero, gracias al boca a boca.

Eso nos daría una ganancia neta razonable con un costo de adquisición de…

cinco millones de dólares.

Pagar más de $5 millones por una compra total nos deja un margen de seguridad demasiado estrecho.

Además, si les damos $8 millones, Relish Productions podrá financiar su siguiente película.” “La clave es Speed,” asintió Horn.

“Queremos a Michael Relish en Warner Bros.

a largo plazo.

Si compramos Lola por una cifra decente, tal vez podamos persuadirlo para que nos dé su siguiente película.

Ofreceremos un precio fijo.

El 15 de febrero está demasiado cerca.

No podemos arriesgarnos a que se autodistribuya.

Si lo hace, tendremos poco margen de negociación para la siguiente pelicula.

Cinco millones de dólares.

Es nuestro límite para la compra total.

Si no aceptan, renegociaremos un reparto, pero no superior al 25%.” La decisión fue tomada.

Warner Bros.

prepararía una oferta formal de $5 millones por la adquisición de todos los derechos mundiales.

Era el límite de su apetito de riesgo.

+————————+ Deliberaciones en 20th Century Fox A una hora en coche en Century City, la situación era igualmente tensa en las oficinas de 20th Century Fox.

El ambiente era menos formal que en Warner, pero la presión era idéntica.

El jefe de estudio, Tom Rothman, era más joven y estaba dispuesto a correr más riesgos con el talento.

Estaba reunido con sus principales asesores de adquisición y distribución.

“Relish está jugando al póquer con la casa,” declaró Rothman, golpeando el L.A.

Times sobre la mesa.

“Ocho millones, o la distribuirá él mismo.

¿Creen que es un farol?” El jefe de Adquisiciones, un veterano de festivales, negó con la cabeza.

“Tom, él ya lo hizo con Scream.

Él tiene la capacidad.

Cómo va la recaudación ya tiene como mínimo un 60 millones en su haber.

Y lo que es peor, la película es tan buena que el boca a boca no se detendrá.

Si esperamos, y se estrena, el valor no será de diez, sino de quince millones.

Él está jugando con la reputación, no con el dinero.” “Quiero este filme,” dijo Rothman.

“Es el tipo de arte cinematográfico que aumenta más el prestigio de nuestro catálogo.

Y nos abre una puerta con Michael Relish.

¿Qué pasa si ofrecemos un reparto, en lugar de una compra?” “Un reparto es mejor, pero costoso,” señaló la analista financiera del equipo.

“Si Relish tiene razón y la película explota a los $30 millones, un reparto del 30% nos costará $9 millones, más el marketing.

Pero si fracasa, solo pagaremos una pequeña base.

Es más seguro, pero Michael no quiere seguridad, quiere un mínimo alto.” “El problema del reparto es que la película es un documental thriller de acción.

Es un híbrido que asusta a los exhibidores.

Necesitamos darles una cifra fija, para que Relish se sienta respetado, pero sin romper la caja,” argumentó el jefe de Marketing.

Rothman se puso de pie, caminando hacia la ventana con vista a la ciudad.

“La diferencia entre Relish y otros directores es que él aparte de querer el dinero, también necesita el control.

Si le damos la base alta, podemos usar eso para negociar la exclusividad de su próxima obra.” “¿Cuál es el número mágico, entonces?” preguntó el analista financiero.

“MGM se retiró con tres millones pero nada es seguro.

Warner ofrecerá entre 4 y 5 miloones, lo sé,” dijo Rothman.

“Necesitamos superarlos, pero mantenernos por debajo de los siete.

Si la película es tan buena como dicen, tiene un valor residual excelente.

Podemos vendérsela a las aerolíneas, a la televisión por cable, a los mercados secundarios.

Eso no está en el reparto de Michael.” Tras una deliberación más intensa sobre los posibles ingresos de taquilla internacional, la piratería y los derechos de vídeo (un mercado en auge en 1994), Fox llegó a su conclusión interna.

“Seis millones de dólares.

Compra total, derechos mundiales.

Eso es $1 millón más que Warner, y es un precio que podemos justificar si la película tiene un mínimo de rendimiento,” concluyó Rothman.

“Preparen la oferta.

Queremos que le llegue antes de que Michael y Susan se suban a un avión para que tengamos oportunidad en la distribución de Speed.” +————————–+ La actividad no se limitaba a Warner y Fox.

Estudios grandes y pequeños, incluyendo Columbia Pictures y Universal, estaban llevando a cabo deliberaciones similares.

El dilema era universal: ¿pagar un precio inflado para asegurar la película más aclamada del circuito independiente, o arriesgarse a que Michael Relish, el ‘director maravilla’, demostrara que no necesitaba a Hollywood?

En esta guerra fría de ofertas, el número era la clave, y la discreción era vital.

En el seno de Warner Bros., la oferta máxima se había fijado internamente en $5 millones.

En 20th Century Fox, la cifra había subido a $6 millones.

Nadie más sabía estos números, y cada estudio creía que su oferta sería la que finalmente convencería a Susan Wells y a Michael Relish para desactivar su ultimátum antes del 10 de febrero.

El reloj seguía corriendo.

La presión generada por el ultimátum de Relish Productions (la fecha límite del 15 de febrero) resonó con mayor intensidad en las oficinas de Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) que en cualquier otro estudio.

Robert Evans, el jefe de MGM, había sido el primero en hacer una oferta inicial de $1 millón, y haber permitido que Michael Relish se llevara el Premio del Público de Sundance mientras Miramax se retiraba con un farol, era una mancha en su historial.

Evans, conocido por su ojo para el talento y su implacable estilo de negociación, no podía permitirse que el director más cotizado de Hollywood lo humillara dos veces.

Susan Davis llegó a las instalaciones de MGM en Culver City.

A diferencia del entorno austero y enfocado de las reuniones con los equipos financieros de Fox y Warner, la oficina de Evans era un santuario de terciopelo, espejos y fotografías en blanco y negro de leyendas de la Época Dorada.

Evans la recibió con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

“Susan, bienvenida.

Por favor, siéntese,” dijo Evans, indicando un sofá de cuero caro.

A diferencia de la reunión anterior, no había ejecutivos de bajo nivel presentes; esta negociación era personal y de alto riesgo.

Evans ya no preguntaba; ahora necesitaba.

“Gracias, Robert.

Iré al grano.

El entusiasmo por Lola es legítimo.

El Premio del Público no es una broma.

Sé que ya no estamos hablando de un o tres millones de dólares.” Evans asintió.

“No.

No estamos bromeando, Susan.

Michael Relish ha demostrado ser…

sorprendente.

Y su estrategia con la prensa ha sido brillante.

MGM quiere a Lola.

Necesitamos ese prestigio.

Hemos recalculado nuestros números, basados en las críticas de Variety y el New York Times.” Evans se inclinó hacia adelante, haciendo un gesto con las manos.

“Estamos dispuestos a ofrecer cuatro millones de dólares,” declaró, haciendo hincapié en la cifra.

“Pero esta vez, solo por la distribución en Norteamérica.

Evaluaremos su rendimiento aquí, donde tenemos una gran capacidad de exhibición.

Si la taquilla doméstica se comporta como esperamos, podemos negociar una extensión para la distribución internacional, y ahí hablaremos de otros tres millones de dólares adicionales.” Susan escuchó con una expresión impasible.

La oferta total era de $7 millones, pero estaba condicionada al éxito doméstico.

Era un buen paso, pero no cumplía con el requisito de Michael de una inyección de efectivo inmediata o de una compra global total.

“Cinco millones, condicionados a la taquilla doméstica,” repitió Susan, tomando notas en su cuaderno.

“Es mejor que un millón.

Pero, Robert, tengo que ser sincera: Michael estableció una base de Ocho millones de dólares para la venta total de derechos mundiales.

Además, tengo reuniones programadas con Fox y Warner, y ya sabe lo que eso implica.” La mención de Fox y Warner, combinada con la amenaza de la autodistribución del 10 de febrero, hizo que el rostro de Evans se tensara.

El hombre se enderezó, su actitud despreocupada desvaneciéndose.

Sabía que Warner y Fox estaban compitiendo por la misma joya y que, si Relish Productions firmaba con cualquiera de ellos, sería una pérdida catastrófica de talento para MGM y eso es lo que necesitan en estos momentos.

“Susan, no tiene que ir a esas reuniones,” dijo Evans, con un tono más urgente y menos negociador.

“Escuche.

No solo queremos a Lola.

Queremos a Michael Relish sea parte de la familia.

Queremos que sepa que MGM valora su talento, más allá de la taquilla.” Evans bajó la voz, volviendo a su tono conspirativo característico.

“Olvídese del reparto.

Olvídese de la condición de Norteamérica.

MGM está dispuesta a pagar siete millones de dólares en una compra total, en efectivo, por todos los derechos mundiales de Lola en la Velocidad.” Siete millones.

Todavía un millones por debajo del objetivo de Michael, pero una oferta en firme y por el mundo entero.

Susan estaba a punto de rechazarla, repitiendo que el mínimo era ocho, cuando Evans lanzó su jugada maestra.

“Pero sé lo que Michael realmente necesita.

Él necesita flujo de caja, Susan.

Necesita la liquidez ahora mismo para financiar Speed y para hacer crecer Relish Productions sin depender de nadie.” Evans se inclinó completamente sobre la mesa, con los ojos fijos en los de Susan.

“Hablemos de Scream.” Susan se recostó, preparada para la habitual excusa sobre los gastos de marketing y la dilación del pago final.

“En estos tres meses, Scream ha recaudado 97 millones de dólares aquí en Norteamérica y 82 millones de dólares internacionalmente.

Es un total de 179 millones,” dijo Evans, deslizando una hoja impresa de cifras ante Susan.

“Sabemos que el contrato que firmamos con Relish Productions es, francamente, insosteniblemente generoso para ustedes, con el 60% de la recaudación doméstica y el 50% de la internacional.” Susan asintió, orgullosa de ese contrato que ella misma había negociado.

La cifra de recaudación total de Michael, después de descontar solo los costos iniciales de producción (que eran mínimos), superaba ampliamente los $90 millones hasta la fecha.

“El problema es el tiempo, Susan.

El dinero real tarda meses en liquidarse, con los distribuidores extranjeros, los cines…

Ya lo sabe,” continuó Evans.

“Pero MGM puede saltarse esa burocracia.

Podemos darle un adelanto masivo, inmediato.” Evans hizo una pausa para que la cifra tuviera el máximo impacto.

“Estamos dispuestos a darle un adelanto de cuarenta millones de dólares adicionales, pagaderos la próxima semana.

Es un pago adelantado por su parte de la taquilla de Scream.

Los $40 millones son suyos al firmar el contrato de Lola por $6.5 millones.” Susan se quedó sin aliento por un instante.

$46.5 millones en efectivo en una semana.

Eso no era una negociación; era una maniobra financiera brillante para neutralizar a su competidor más joven.

MGM estaba utilizando el éxito de su última película para comprar su próximo prestigio.

Michael quería $8 millones por Lola; Evans le estaba ofreciendo Lola por $6.5 millones, y además le estaba entregando $40 millones de su propio dinero meses antes de lo previsto, resolviendo cualquier problema de liquidez que Michael pudiera tener para financiar Speed.

“En cuanto al resto, que es una cantidad sustancial, podemos pagarles el saldo restante el siguiente mes, una vez que se termine de proyectar Scream en los principales mercados, a más tardar un mes después del cierre de taquilla.

Le garantizo que verá cada centavo,” concluyó Evans, mirando fijamente a Susan, sabiendo que acababa de presentar una oferta imposible de ignorar.

Susan recogió el papel de las cifras y se levantó, sintiendo el peso de la decisión.

$46.5 millones ahora versus $8 millones después de unas tensas negociaciones con MGM.

“Robert, es una oferta financiera muy…

agresiva.

Necesito llamar a Michael.

Necesito su aprobación sobre la cifra final de Lola.” “Por supuesto,” dijo Evans, con una pequeña sonrisa triunfal.

“Use mi oficina.

Pero recuerde, Susan.

El 15 de febrero se acerca, y el dinero no espera.” Susan asintió y se dirigió a la puerta.

El destino de Lola en la Velocidad y la independencia financiera de Relish Productions dependían ahora de la decisión de Michael.

Susan salió de la lujosa y opresiva oficina de Robert Evans en MGM.

Su pulso latía con fuerza.

La oferta que Evans acababa de lanzar no era simplemente una propuesta de adquisición de películas; era una estrategia de dominación financiera envuelta en papel celofán.

Se dirigió al lobby del edificio, lejos de cualquier oído indiscreto, y marcó el número de Michael en su teléfono móvil, sintiendo que la decisión que estaba a punto de tomar era la más importante en la corta historia de Relish Productions.

Michael contestó al segundo tono, con su habitual calma.

—¿Qué tal, Susan?

¿Qué te ofreció el viejo lobo de mar de Evans?

—Michael, escúchame con mucha atención.

Esto no es solo una oferta por Lola.

Esto es una jugada maestra de flujo de caja.

Y es la razón por la que Evans estaba tan ansioso —comenzó Susan, su voz baja y rápida, detallando la primera parte del acuerdo.

—Primero, Lola.

Olvídate de los $8 millones condicionados.

Evans se bajó de esa idea.

Ofrece 6.5 millones de dólares en compra total por los derechos mundiales.

Sin condiciones.

Es 1.5 millones menos que tu mínimo, lo sé, pero mantente conmigo.

Michael guardó silencio, asimilando el número.

Seis y medio millones.

Un precio excelente para una película de Sundance, pero aún por debajo del precio estratégico que había establecido.

Susan continuó, entrando en el territorio de Scream.

—Ahora viene lo importante, Michael.

Lo que Evans realmente está ofreciendo es una solución a nuestro problema de liquidez, y por eso redujo la oferta de Lola.

Él sabe que, aunque Scream es un éxito monstruoso —y aquí, Susan miró sus notas—, hasta la fecha, la recaudación es de 97 millones de dólares en Norteamérica y 82 millones en el extranjero.

Es decir, $179 millones de dólares brutos.

Susan hizo una pausa para que Michael procesara las cifras.

—Según nuestro contrato, que negociamos brillantemente, a Relish Productions le corresponde el 60% de la taquilla doméstica y el 50% de la internacional.

Si hacemos una estimación conservadora después de descontar el costo de impresión y publicidad que aún no cubrimos por completo en algunos mercados, nuestra parte de esos $179 millones es aproximadamente de $90 a $95 millones hasta ahora.

—Sí, lo sé —respondió Michael.

—Ese dinero está ahí, pero Evans y el sistema lo retienen.

Nos lo darán en pagos a lo largo de los próximos seis a nueve meses, según liquiden los distribuidores regionales y extranjeros.

—¡Exacto!

Y ahí está la oferta —dijo Susan, con un tono de victoria.

—Evans está dispuesto a adelantarnos nuevamente la mayor parte de ese dinero ahora mismo.

Está ofreciendo un adelanto de cuarenta millones de dólares ($40,000,000) sobre nuestra participación restante en la taquilla de Scream.

Los depositarían en nuestra cuenta la próxima semana.

Michael se enderezó en su silla, su mente calculadora trabajando a toda velocidad.

Esto cambiaba todo.

—Así que, si acepto el trato —murmuró Michael, sumando en su cabeza—, MGM nos paga $6.5 millones por Corre Lola Corre y, simultáneamente, nos deposita $40 millones de nuestro propio dinero, que legalmente nos deberían, pero que nos entregarían con meses de anticipación.

Estamos hablando de $46.5 millones de dólares en una semana.

—Exactamente —confirmó Susan.

—Y el saldo final de Scream, el remanente de esos aproximados $90 millonesque por ahora tenemos, se liquidaría y pagaría a más tardar un mes después de que la película cierre su ciclo de proyección principal en los cines.

Es decir, el resto del dinero en un plazo mucho más rápido y definido.

Michael entendió la jugada de Evans.

Era un movimiento desesperado pero inteligente.

Evans no solo compraba una película; compraba tiempo y evitaba que Michael se aliara con un rival.

El precio de Lola ($6.5M) era secundario frente a la liquidez ($40M).

[Imagen de un gráfico de flujo de caja: 46.5 millones de dólares entrando inmediatamente a Relish Productions] —Susan, el trato está en el adelanto —dijo Michael, con una voz ahora completamente firme y sin rastro de duda.

—El objetivo principal de esta operación, más allá del prestigio de Sundance, era asegurar la independencia de Speed.

Con $46.5 millones en efectivo en nuestra cuenta, no solo financiamos Speed con el dinero de Scream, sino que lo hacemos sin pedir un solo préstamo a los bancos.

No dependemos de MGM, ni de otra productora grande, ni de nadie más para nuestro próximo proyecto.

Los $1 millones que pierdo en la venta de Lola los gano diez veces en independencia y control sobre Speed.

—Entonces, diles que podemos aceptar $7 millones y el adelanto de $40 millones?

—preguntó Susan, buscando la confirmación final.

—Sí, pero con una cláusula de hierro.

Evans debe sentirse totalmente atado.

No vamos a permitir que juegue con el tiempo de depósito —ordenó Michael.

—Dile que estamos de acuerdo con los $7 millones por Lola y el pago acelerado de $40 millones.

Pero con una condición no negociable que debe figurar en la primera página del acuerdo de distribución: si el adelanto de $40 millones no está depositado en nuestra cuenta fiduciaria antes del 9 de febrero, un día antes de nuestra fecha límite anunciada, el acuerdo se revoca automáticamente y Relish Productions procederá a distribuir Lola en la Velocidad por su cuenta.

Michael era inflexible.

Utilizaría su propia fecha límite de autodistribución para asegurar que MGM cumpliera con el pago acelerado, garantizando que el dinero estaría disponible antes de que Fox o Warner tuvieran tiempo de aumentar sus ofertas y complicar las cosas.

—Michael, esa cláusula es…

brillante.

Les da una razón legal para moverse rápido y castiga su lentitud si intentan retrasar el pago.

Haré que nuestros abogados preparen esa cláusula de revocación inmediatamente —dijo Susan, ya sintiendo el sabor de la victoria.

—Bien.

Ahora ve con Evans, hazle saber que has hablado conmigo y que, queremos $7 millones, estamos dispuestos a considerarlo solo por el adelanto en el flujo de caja.

Pero sé dura con esa cláusula.

Dile que si el dinero no aparece, la película se va con el público y ellos pierden su prestigio, nosotros no perdemos nada solo esperar.

Susan colgó el teléfono, una sonrisa de depredadora volviendo a su rostro.

Entró de nuevo en las oficinas de MGM, lista para presentar el contraataque final a Robert Evans.

Había conseguido el oro del festival y, lo que era más importante, la llave de la independencia financiera para el próximo gran proyecto de Michael.

La era de mendigar acuerdos había terminado.

📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.

Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.

Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo