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En Hollywood. - Capítulo 19

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19: Capítulo 18 19: Capítulo 18 Capítulo 18: El Efecto “Reaparecer” y el Éxito de MGM Viernes 18 de febrero de 1994 El segundo día del estreno limitado de Corre Lola Corre confirmó que no se trataba de un destello momentáneo, sino de un incendio forestal cultural.

La estrategia de 400 pantallas estaba funcionando con una precisión quirúrgica, creando una demanda artificial que hacía que cada función se sintiera como un evento exclusivo.

Cafetería de la UCLA, un grupo de estudiantes de ingeniería y artes se amontonaba alrededor de una mesa.

Mark, un ávido jugador de las primeras consolas y computadoras, gesticulaba con entusiasmo mientras trataba de explicarle la película a sus amigos que aún no la habían visto.

—No lo entienden, no es solo una película —decía Mark, golpeando la mesa para enfatizar—.

Es como un live-action de cualquier videojuego.

Literalmente.

—¿De qué hablas?

¿Hay extraterrestres o algo así?

—preguntó una de sus compañeras.

—No, no.

Es la estructura.

Lola muere o fracasa, y de repente…

¡pum!

La película se rebobina hasta el punto de partida.

Ella vuelve a empezar con el conocimiento de lo que salió mal antes.

Es exactamente como cuando pierdes una vida en el Super Mario o en el Prince of Persia y reapareces en el último checkpoint para intentar una ruta diferente.

Nunca había visto a un director de cine usar la lógica de los juegos para contar una historia.

Es algo totalmente nuevo, nada repetitivo.

Tienen que ir hoy mismo.

El grupo de amigos, intrigados por la comparación con la tecnología que dominaba sus dormitorios, sacaron sus billeteras.

La idea de una película que funcionara como un videojuego era el gancho definitivo.

+———————+ Oficinas Centrales de MGM, Santa Mónica En la sala de guerra de MGM, Robert Evans y su equipo de marketing analizaban los datos frescos de las primeras 48 horas.

Las pizarras estaban llenas de porcentajes y métricas de satisfacción del cliente recopiladas por los encuestadores en las salas.

—Los números son sólidos, Robert —dijo el jefe de distribución—.

En las 400 pantallas, estamos registrando una ocupación promedio superior al 75% por sala.

En las funciones nocturnas, ese número sube al 95%.

Estamos rechazando gente en Nueva York y San Francisco.

Evans revisó el informe de Cinemascore.

—¿Y las calificaciones?

—preguntó, encendiendo un puro.

—Increíbles para una película experimental tipo juego.

La calificación más alta que hemos recibido es una A+ en los distritos universitarios.

La más baja, en algunas zonas residenciales más tradicionales, es un B-.

Pero incluso un B- es una victoria masiva para este tipo de cine.

El promedio general se mantiene en una A.

El equipo de MGM analizó los comentarios cualitativos.

Los espectadores mayores estaban un poco confundidos por el ritmo, pero los jóvenes de entre 15 y 30 años le daban puntuaciones perfectas.

—Lo que más destacan es que “no se parece a nada que hayan visto antes” —continuó el analista—.

El público está cansado de las fórmulas de siempre.

Relish ha entregado algo que se siente como el mañana.

Si mantenemos este impulso, cuando expandamos a 1,000 pantallas el próximo fin de semana, el promedio de recaudación por pantalla va a ser histórico para el estudio.

Robert Evans exhaló el humo, mirando el póster de Elizabeth Banks en la pared.

—Michael Relish nos entregó una mina de oro.

Y pensar que Warner y Fox no quisieron porque tenían miedo del riesgo.

Este chico no solo sabe dirigir, sabe lo que la gente ni siquiera sabe que quiere todavía.

+————————-+ Mientras MGM celebraba, Michael recibía los informes matutinos en su oficina.

Sabía que el éxito de Lola era la mejor campaña publicitaria para Speed.

—Susan —dijo Michael, sin apartar la vista de los informes financieros—, MGM está ganando mucho dinero con nuestra “película pequeña”.

Asegúrate de que la prensa sepa que el mismo cerebro detrás de ese éxito está ahora dirigiendo su primera película de accion.

Quiero que la expectativa por Speed se vuelva insoportable antes de que siquiera filmemos la primera escena el 1 de marzo.

Michael se recostó en su silla.

El 75% de ocupación en 400 salas era solo el principio.

Estaba construyendo una marca, y en Hollywood, una marca de éxito constante era más poderosa que cualquier contrato firmado con sangre.

El tablero estaba listo para el siguiente movimiento: el encuentro con las mentes detrás de Matrix.

+————————+ Los Ángeles, Sábado 19 de febrero de 1994 Michael estaba sentado en su oficina, con la mirada perdida en los ventanales que daban a Sunset Boulevard.

En su escritorio descansaba el reporte matutino de las recaudaciones de Corre Lola Corre.

Aunque técnicamente ya no era su película, su mente de regresor no podía evitar calcular: si la versión alemana estaba rompiendo récords en 400 salas, una versión estadounidense bien producida —que él sabía que es mejor que la original y más estadounidense— sería una mina de oro.

Pero eso era ruido.

El verdadero negocio estaba a punto de entrar por la puerta.

—Michael, ya están aquí —dijo Eleonor, asomando la cabeza.

—Los hermanos Wachowski.

—Hazlos pasar, Eleonor.

Y tráenos café.

Esto va a ser largo —respondió Michael, cerrando la carpeta de MGM.

Larry y Andy Wachowski entraron en la oficina con una mezcla de fascinación y desconfianza.

En 1994, los hermanos tenían un aspecto desaliñado, con chaquetas de cuero gastadas y el aire de dos artistas que pasaban más tiempo en bibliotecas de cómics que en gimnasios.

Larry, el más comunicativo, miraba los pósteres de Scream y Lola con una ceja levantada, reconociendo el éxito comercial de su anfitrión.

Michael no se levantó de inmediato.

Mantuvo una cara de póker, dejando que el silencio llenara la habitación durante unos segundos antes de señalar las sillas frente a él.

—Tomen asiento.

Sé por qué están aquí, así que vamos a saltarnos los preámbulos —dijo Michael, con una voz tranquila pero autoritaria.

—Vienen a hablar de la coincidencia entre mi “Proyecto Simulación” y su “Plano Invertido”.

El mundo digital, la red, la idea de que la realidad es una construcción.

Larry se aclaró la garganta, tratando de recuperar la iniciativa.

—Señor Relish, nuestra premisa fue registrada antes.

Pero tenemos que admitir que su tratamiento tiene detalles que…

bueno, son inquietantemente específicos.

No sabemos cómo llegó a las mismas conclusiones sobre el funcionamiento de la red y la estética visual.

—La sincronicidad existe en este negocio, pero eh estado leyendo mucho sobre investigación sobre la red ya que eso me gusta mucho, yo creo en la próximo que es la era del internet —mintió Michael con elegancia.

—Pero el problema es legal.

Ahora mismo, ninguno de nosotros puede vender esta idea a un gran estudio sin que el otro bloquee el trato.

Andy intervino, su tono más directo: —Queremos hacer esta película.

Estamos terminando el borrador del guion y nuestra condición es innegociable: nosotros dirigimos y nosotros escribimos.

Solo entonces consideraríamos ceder los derechos de autor a su productora.

Michael entrelazó sus dedos sobre el escritorio.

Sabía que ellos eran los únicos que podían capturar la esencia visual de lo que él recordaba, pero como nuevo empresario, necesitaba el control total de la IP (Propiedad Intelectual).

—Acepto que ustedes dirijan.

De hecho, después de leer lo que tenían registrado me gustó mucho y veo que tienen lo que se necesita, creo que son los únicos capaces —dijo Michael, sorprendiéndolos.

—Pero respecto al guion…

mi tratamiento tiene conceptos que ustedes no tienen.

Las pastillas, el origen de la cosecha de energía, el Bullet Time.

Mi propuesta es que nos sentemos a discutir cada escena.

Quiero que cuando tengan el norrado poder mejorar el borrador con ustedes.

Larry y Andy intercambiaron una mirada de duda.

Comenzaron a explicar su visión: una historia oscura, densa, llena de filosofía existencialista.

Michael escuchaba, asintiendo a ratos, pero cuando intervenía, soltaba perlas de información que los dejaba mudos: hablaba de “puertos neuronales”, de la “necesidad de una ciudad de máquinas” y de “programas que actúan como agentes del sistema”.

La reunión se extendió por horas.

Los hermanos intentaban proteger su “bebé” creativo, tanteando hasta dónde Michael estaba dispuesto a ceder y cuánto dinero pondría sobre la mesa.

No sabían que a Michael no le importaba el dinero en este momento; le importaba que el nombre de Relish Productions estuviera pegado legalmente a la marca The Matrix para siempre.

—Miren —dijo Michael finalmente, viendo que el sol empezaba a ponerse.

—Hoy no nos pondremos de acuerdo en todo el contrato.

Ustedes quieren proteger su visión y yo quiero proteger mi inversión y mi propiedad intelectual.

—Necesitamos pensarlo —dijo Larry, levantándose.

—Suena a que quiere comprar nuestra alma creativa a plazos.

—Al contrario —dijo Michael, levantándose también.

—Quiero darles el presupuesto que cualquier productora grande les negará cuando vean lo complejo que es su guion.

Piénsenlo.

Mañana nos reuniremos aquí mismo a la misma hora.

Traigan sus notas.

Si logramos unificar el guion, firmaremos el acuerdo de derechos.

Cuando los hermanos salieron, Michael se quedó mirando la puerta.

Sabía que estaban asustados por su falta de recursos para una demanda, pero también emocionados por encontrar a alguien que hablaba su mismo “idioma” tecnológico.

—Eleonor —llamó Michael por el intercomunicador.

—Mañana vendrán de nuevo.

Ten listos los documentos de cesión de derechos de autor para una franquicia múltiple.

Si aceptan que yo sea el dueño de la IP a cambio ellos toman la dirección y si la recaudación es buena darle 1% de la recaudación nacional, habremos asegurado la piedra angular de la ciencia ficción del siglo XXI.

Michael volvió a su libreta.

Una reunión más.

Solo necesitaba una reunión más para que The Matrix fuera suya.

Los Ángeles, Domingo 20 de febrero de 1994 La luz del domingo por la tarde entraba de forma oblicua en la oficina de Michael, creando sombras alargadas que acentuaban el ambiente solemne de la reunión.

Larry y Andy Wachowski regresaron puntuales, con el aspecto de quienes no han dormido mucho, debatiendo entre la ambición y el miedo a perder su obra más preciada.

Michael los recibió sin café esta vez.

Sobre la mesa descansaban dos carpetas negras de cuero.

—Sé que ayer se fueron con muchas dudas —comenzó Michael, deslizando las carpetas hacia ellos—.

Así que decidí mostrarles exactamente con qué estamos compitiendo.

Lo que tienen ahí es el resumen extendido que registré y, lo más importante, el storyboard técnico de la secuencia de acción principal de lo que yo tengo en mente de como sería.

Los hermanos se inclinaron sobre los documentos.

A medida que Larry pasaba las páginas del resumen detallado, su rostro, normalmente pálido, se tornó de un tono grisáceo.

No era solo la premisa; Michael había escrito sobre la “Arquitectura del Sistema”, la “Simulación Neurológica” y conceptos de codificación que ellos apenas estaban empezando a esbozar en sus notas privadas.

—Esto…

esto es casi el borrador que nos tomo mucho tiempo, pero está mas completo —susurró Andy, con la voz temblorosa mientras abría la segunda carpeta.

Fue entonces cuando vieron el storyboard.

Michael había dibujado (o mandado a dibujar bajo sus precisas instrucciones de su vida pasada) la secuencia de la azotea.

Los dibujos mostraban a Neo esquivando balas en una curva imposible, mientras la cámara trazaba un círculo de 360 grados alrededor de él.

Estaba anotado con especificaciones técnicas sobre colocación de cámaras en anillo y disparos secuenciales de milisegundos.

Larry y Andy intercambiaron una mirada cargada de una derrota silenciosa.

Sus pensamientos eran un torbellino de inseguridad.

En su mente, ellos eran los visionarios que iban a asombrar al mundo, pero frente a ellos, un joven director de 23 años ya había descifrado el código visual de su mayor sueño.

“Estamos fuera de nuestra liga”, pensó Larry, sintiendo el peso de la productora de Michael y su capital infinito.

“Él tiene una productora, el dinero y la idea más clara que nosotros mismos.

Si peleamos, nos borrará legalmente antes de que lleguemos a preproducción.” Se sintieron pequeños, como intrusos en su propia historia.

La realización de que no eran “indispensables” para que el proyecto existiera fue un golpe brutal a su ego artístico.

Michael leyó sus expresiones como un libro abierto.

Vio el momento exacto en que sus hombros se desplomaron y decidieron rendirse.

—Escuchen —dijo Michael, rompiendo el silencio opresivo—.

No quiero que esto sea una ejecución.

Quiero que sea una colaboración, pero bajo mis términos.

Los hermanos levantaron la vista, esperando el golpe de gracia.

—Quiero todos los derechos de autor de la franquicia de Matrix.

La IP pertenecerá a Relish Productions en su totalidad.

A cambio, les permitiré terminar el guion conmigo.

Fusionaremos sus ideas filosóficas con mi estructura técnica para crear el borrador definitivo.

Michael hizo una pausa deliberada.

—Ustedes serán los directores.

Pero seré honesto: se les pagará como directores novatos, con una tarifa fija y si es bien recibida les doy 1% en los beneficios de taquilla nacional.

Es su oportunidad de demostrar que pueden manejar una producción de este calibre.

Larry tragó saliva.

La oferta era generosa en prestigio, pero dura en lo económico.

Era un contrato de aprendizaje disfrazado de oportunidad de oro.

—Necesitamos…

necesitamos un par de días más —dijo Andy, con la voz apenas audible—.

Es mucho que procesar.

Los derechos totales son…

es todo lo que tenemos.

Michael asintió con una calma imperturbable.

—Tómense el tiempo que necesiten.

No espero una respuesta rápida.

De hecho, a partir de mañana estaré totalmente absorbido por las preparaciones finales de mi nueva película, Speed.

No estaré disponible para reuniones largas en las próximas semanas.

Michael se puso de pie, indicando que la sesión había terminado.

—Piénsenlo tranquilamente.

La puerta de Relish Productions está abierta si quieren ser parte de la historia.

Si no, bueno…

el registro legal seguirá su curso.

Cuando los hermanos salieron de la oficina, caminando con paso lento y cabizbajo, Michael se recostó en su silla.

Sabía que volverían.

No tenían otra opción.

Había plantado la semilla de la duda y la maravilla al mismo tiempo.

Ahora, mientras ellos lidiaban con su crisis de identidad, él se preparaba para subir al autobús que lo consagraría como el rey de la acción de los 90.

Los Ángeles, Lunes 21 de febrero de 1994 La mañana del lunes comenzó con una calma inusual en la residencia de Michael.

Antes de salir hacia las oficinas de Relish Productions, Michael se despidió de Naomi Watts y Elizabeth Banks.

Naomi estaba en un estado de expectación contenida, repasando mentalmente el guion de Speed a pesar de que el rodaje principal no empezaría hasta marzo.

Elizabeth, por su parte, estaba ansiosa; sabía que el fin de semana de estreno de Lola definiría su carrera.

—Tranquila, Elizabeth —le dijo Michael con una sonrisa de confianza antes de subir a su coche—.

Hoy recibirás noticias que cambiarán tu vida.

Disfruta el momento.

Michael condujo hacia su oficina, preparándose para saber la decisión de los hermanos Wachowski y los últimos toques de la preproducción de Speed.

Pero mientras él mantenía su habitual calma de quien ya conoce el futuro, al otro lado de la ciudad, el ambiente era eléctrico.

+——————————+ La Sala de Guerra de MGM – 09:30 AM En el edificio de MGM, el aire estaba cargado de humo y nerviosismo.

El Gerente General de Distribución y varios ejecutivos de alto rango estaban reunidos en la sala de juntas, rodeados de tazas de café vacías y ceniceros llenos.

La secretaria de gerencia permanecía junto al fax, esperando el informe consolidado de la primera ventana de estreno.

Eran las 09:35 AM.

El silencio era denso.

Todos sabían que habían apostado fuerte por una película experimental.

Si fallaba, sus cabezas rodarían.

A las 09:45 AM, el chirrido agudo del fax rompió la tensión.

La secretaria recogió las hojas y, al leer las primeras líneas, se quedó paralizada.

Sus manos temblaban y su rostro palideció.

—Señor…

—tartamudeó ella— ha llegado el informe de taquilla.

El Gerente General, al notar el asombro y el tartamudeo, sintió una punzada de pánico en el estómago.

“Es un desastre”, pensó.

“Las calificaciones eran buenas pero nadie fue al cine”.

Se levantó de golpe, caminó hacia ella y le arrebató el documento de las manos.

Sus ojos recorrieron los números.

Su expresión de terror se transformó instantáneamente en una de absoluta incredulidad.

Se quedó sin habla, mirando el papel como si fuera un mensaje de otro planeta.

—¿Estás segura de que lo que estoy leyendo es lo correcto?

—preguntó con voz ronca.

—Yo…

señor, puedo llamar y confirmar ahora mismo si esa es la recaudación real —respondió la secretaria, aún sin recuperarse del impacto.

Un ejecutivo impaciente se levantó de su asiento.

—¿Qué dice?

¿Tan malo es?

El Gerente General le pasó el papel, incapaz de articular palabra.

El ejecutivo leyó en voz alta para que todos en la sala escucharan, su tono pasando de la duda al asombro: —”Corre Lola Corre”.

Recaudación total acumulada desde el jueves (estreno limitado en 400 pantallas): $3.61 millones de dólares.

Hubo un segundo de silencio absoluto mientras los cerebros de los ejecutivos hacían la matemática.

$3.61 millones en solo 400 salas significaba un promedio de más de $9,000 dólares por pantalla.

Para una película experimental tipo videojuego, en su primer fin de semana, eso no era solo “bueno”; era una cifra astronómica, propia de un blockbuster de estudio.

La secretaria, que ya estaba al teléfono confirmando, asintió vigorosamente.

—¡Confirmado!

Los datos son correctos.

$3.61 millones.

Las salas en Nueva York y L.A.

reportaron llenos totales en casi todas las funciones.

—¡SÍ!

—el grito de júbilo estalló en la oficina.

Los ejecutivos comenzaron a abrazarse y a celebrar.

Habían recuperado la mitad de lo que pagaron por la película en solo cuatro días.

—¡Doblen las pantallas para la próxima semana!

—ordenó el Gerente General, con una sonrisa de oreja a oreja—.

¡Quiero 800 pantallas para el viernes!

¡No, 1,000!

Se volvió hacia su secretaria, recuperando la compostura profesional pero con un brillo de respeto en los ojos.

—Envía este informe inmediatamente a Relish Productions.

Pon una nota personal: “Estamos eufóricos.

Michael Relish es un genio.

Díganle que MGM está lista para ser el hogar de su próxima película.

Queremos ser los primeros en ver Speed”.

+——————————+ Oficina de Relish Productions, media hora después, Michael recibió el fax.

Susan entró con el documento en la mano, radiante.

—Michael, MGM acaba de enviar esto.

Tres punto seis millones en cuatro días.

Elizabeth está a punto de convertirse en la chica más famosa de América y tú acabas de demostrarle a Hollywood que puedes vender hasta arena en el desierto.

Michael tomó el papel y lo leyó.

Sabía que los números serían buenos, pero ver la confirmación oficial siempre era satisfactorio.

—Es un buen comienzo, Susan.

Llama a Elizabeth y dale la noticia.

Se lo ha ganado.

Michael dejó el informe sobre su escritorio.

Mientras MGM celebraba, él sabía que esto era solo el aperitivo.

El plato principal era el autobús que estaba a punto de arrancar en marzo, y la red digital de los Wachowski que ya casi tenía en sus manos.

El poder de Michael Relish ya no era una promesa; era una realidad estadística.

📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.

Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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