En Hollywood. - Capítulo 20
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20: Capítulo 19 20: Capítulo 19 Capítulo 19: Sembrando la Semilla del futuro cinematográfico Los Ángeles, Martes 22 de febrero de 1994 El teléfono de la oficina de Michael sonó temprano.
Eran los hermanos Wachowski.
Su voz sonaba cansada, como si hubieran pasado la noche discutiendo en círculos.
Pidieron una prórroga: querían hasta el próximo lunes para dar una respuesta definitiva.
—No hay problema —respondió Michael con una calma glacial—.
Tómense su tiempo.
Como les dije, estaré muy ocupado con el inicio del rodaje de Speed.
La oferta sigue en pie hasta el lunes a las nueve de la mañana.
Al colgar, Michael no perdió un segundo.
Su mente ya estaba en el siguiente activo.
Si quería ser el dueño de Hollywood, tenía que seguir creando su propia biblioteca de Propiedad Intelectual.
—Eleonor, entra un momento —llamó por el intercomunicador.
Cuando su asistente entró, Michael fue directo al grano.
—¿Te acuerdas de la amiga que mencionaste?
La que trabaja en la librería y quería ser escritora.
—¿Maya?
Sí, todavía está como pasante en The Last Bookstore.
Es brillante, pero nadie le ha dado una oportunidad —respondió Eleonor.
—Llamala.
La quiero aquí en dos horas.
Dos horas después, una joven de unos 24 años, con gafas de pasta y una libreta desgastada bajo el brazo, entró tímidamente en la oficina de Relish Productions.
Se presentó como Maya Vance.
Michael notó que, a pesar de su nerviosismo inicial, sostenía la mirada.
—Siéntate, Maya —dijo Michael, observándola con seriedad—.
Eleonor dice que tienes talento.
Dime, ¿En qué has trabajado en tus pasantias?
Maya se aclaró la garganta.
—Para ser honesta, señor Relish, no he publicado nada propio todavía.
He estado trabajando como editora asistente para dos autores en la librería Matías Frest y Melinda Janos y actualmente corrijo manuscritos para una pequeña editorial independiente.
Estoy aprendiendo cómo se construye una estructura desde adentro.
Michael asintió.
No conocía los nombres de los autores que ella mencionó, pero no le importaba.
Lo que buscaba era la capacidad de ejecución y la discreción, no la fama.
Le hizo un par de preguntas técnicas sobre narrativa y notó que ella se desenvolvía con una pasión inteligente.
—Bien.
Te voy a contratar para un proyecto especial —dijo Michael, inclinándose hacia adelante—.
No quiero un guion.
Quiero una novela corta, intensa y visceral.
El título es “Gravity”.
Maya abrió su libreta, lista para anotar.
Michael comenzó a relatarle la historia que recordaba de su vida pasada, pero intentando traducirla a una estructura literaria.
—La premisa es simple: supervivencia absoluta en el vacío.
La doctora Ryan Stone está en su primera misión.
Un accidente con escombros espaciales destruye su nave y mata al resto de la tripulación, excepto a un veterano llamado Matt Kowalski.
Pero lo importante no es la ciencia, Maya, es el aislamiento.
Michael caminó por la oficina mientras describía las escenas que Alfonso Cuarón haría famosas décadas después.
—Quiero que describas el silencio absoluto del espacio como un personaje más.
Cada respiración en el traje debe sentirse como una cuenta regresiva.
Pero aquí está la clave: necesito que desarrolles profundamente el pasado de Ryan antes del accidente.
Quiero que el lector sienta que ella ya estaba “muerta” por dentro debido a una pérdida personal en la Tierra, y que el espacio es solo un espejo de su soledad.
Maya escribía frenéticamente, sus ojos brillando con la magnitud del concepto.
—Detalla el cansancio extremo, la desorientación progresiva y el miedo psicológico —continuó Michael—.
No quiero que sea una aventura espacial alegre.
Quiero que sea una lucha existencial por volver a casa.
Si escribes este libro bajo el sello de Relish Productions, yo tendré los derechos para la película, pero tú tendrás el crédito como autora de un best-seller garantizado.
Michael la miró fijamente.
—Tienes tres meses para un primer borrador sólido.
Te pagaré un adelanto ahora mismo que duplica lo que ganas en esa librería.
¿Aceptas?
Maya miró su libreta y luego a Michael.
Sabía que esta era la oportunidad que solo ocurre una vez en la vida.
—Acepto, señor Relish.
Empezaré hoy mismo.
Cuando Maya salió, Michael sintió una satisfacción profunda.
Estaba “plantando” los éxitos del futuro.
Mientras los Wachowski dudaban, él ya estaba creando el material que le daría su primer Óscar dentro de unos años.
Después de que Maya Vance saliera de la oficina con su adelanto y la misión de escribir Gravity, Michael se quedó un momento a solas con Susan.
Estaban revisando los presupuestos de producción para los efectos especiales de Speed, pero el ambiente en la oficina había cambiado.
Ya no era solo una pequeña productora de terror; se sentía como el epicentro de un terremoto creativo.
—Michael, lo de la novela…
es brillante —dijo Susan, cerrando su carpeta—.
Primero aseguras a los superhéroes de Marvel, guiones extraordinarios que será después.
No solo haces películas, estás fabricando cultura.
Michael asintió con una leve sonrisa.
—Si queremos sobrevivir a los grandes estudios, Susan, tenemos que ser los dueños de las historias antes de que ellos las tengan.
Susan lo observó en silencio por un momento.
Recordó cómo era su vida hace apenas un año.
Trabajaba en una productora en decadencia, viendo cómo los proyectos se tenían que cancelar después de un proyecto fallido y el miedo al desempleo la acechaba cada noche.
Cuando Michael compró la empresa y la renombró como Relish Productions, ella pensó que sería solo otro joven rico jugando a ser productor.
No podía estar más equivocada.
Cuando terminó la jornada laboral a las siete de la tarde, Susan condujo hacia su casa en un barrio modesto de las afueras.
Mientras el tráfico de Los Ángeles fluía lentamente, sus pensamientos se centraron en lo mucho que su realidad había dado un giro de 180 grados.
“Hace seis meses no sabía si podría pagar el alquiler de marzo,” pensó Susan, apretando el volante.
“Y hoy, estoy manejando presupuestos de millones de dólares y ayudando a planificar el futuro de una franquicia de acción y también de ciencia ficción.” Para ella, Michael no era solo un jefe; era la estabilidad que su familia necesitaba desesperadamente.
Sabía que trabajar para alguien con esa visión y ese “toque de Midas” era el seguro de vida más grande que podía tener.
Al llegar a casa, el olor a sopa caliente la recibió.
—¿Mamá?
Ya estoy aquí —anunció Susan al entrar.
En la sala, su madre, una mujer de rostro dulce pero marcado por la fatiga de una enfermedad crónica, descansaba en un sillón con una manta sobre las piernas.
A su lado, su hijo de diez años, Toby, estaba concentrado haciendo sus deberes escolares sobre la mesa del comedor.
—¡Mamá!
—Toby corrió a abrazarla—.
¿Viste a los actores hoy?
¿Viste algún famoso?
Susan se rió y besó la frente de su hijo.
—Aún no, cariño, pero pronto.
El trabajo va de maravilla.
Michael es…
es increíble.
Se acercó a su madre y le tomó la mano.
Notó que respiraba con un poco de dificultad, pero sus ojos estaban tranquilos.
—¿Cómo te sientes hoy, mamá?
—preguntó Susan con suavidad.
—Un poco cansada, hija, pero estoy bien.
No te preocupes por mí.
Susan sintió un nudo de gratitud en la garganta.
Gracias a los bonos que Michael le había entregado tras el éxito de Scream y el sueldo de productora ejecutiva que ahora percibía, las facturas médicas de su madre ya no eran una pesadilla nocturna.
“Voy a terminar de pagar las cuotas de la casa este año,” planeó Susan mentalmente mientras servía la cena.
“Y el mes que viene, contrataré a una enfermera titulada para que ayude a mamá durante el día mientras yo estoy en el set de ‘Speed’.
No quiero que Toby tenga que cuidarla solo cuando regrese de la escuela.” Esa noche, mientras arropaba a Toby, Susan sintió una paz que no conocía.
Sabía que Michael Relish tenía planes ambiciosos, a veces incluso un poco aterradores por lo precisos que eran, pero mientras ella estuviera en su equipo, su familia estaría a salvo.
Relish Productions no era solo un nombre en un edificio; era el cimiento sobre el cual ella estaba reconstruyendo su vida.
Mañana volvería al trabajo con más energía que nunca.
Porque si Michael quería conquistar el mundo, ella sería la general que se aseguraría de que cada detalle fuera perfecto.
Los Ángeles, Miércoles 23 de febrero de 1994 Susan no había dormido mucho, pero la adrenalina de trabajar para Michael Relish era mejor que cualquier café.
Mientras Michael terminaba de pulir los detalles técnicos del salto del bus para Speed, Susan se había sumergido en una misión secundaria que Michael le había confiado: encontrar el vehículo perfecto para sus ambiciones.
Michael ya tenía los derechos de las grandes propiedades de Marvel, pero su visión iba más allá de adaptar historias existentes; quería una infraestructura propia para crear nuevas mitologías.
Susan estacionó su coche frente a un edificio de oficinas algo descuidado en las afueras de la ciudad.
Era la sede de “Apex Comics”, una editorial independiente que, a principios de los 90, había intentado competir con los gigantes, pero que ahora, tras el estallido de la burbuja del coleccionismo de 1993, estaba al borde del abismo financiero.
Al entrar en la recepción, Susan notó el ambiente de derrota.
Cajas de mudanza a medio llenar, empleados con la mirada perdida y un silencio sepulcral.
“Es increíble cómo cambia el panorama,” pensó Susan.
“Hace dos años, estas personas se sentían los reyes del mundo.
Ahora, están a una firma de perderlo todo.
Michael tiene un instinto aterrador para oler la sangre en el agua justo antes de que el tiburón ataque.” Se anunció en la recepción y fue escoltada a la oficina del dueño, un hombre llamado Arthur Vance (sin relación con Maya), quien parecía haber envejecido diez años en los últimos meses.
—Señora Davis, gracias por venir —dijo Arthur, con voz cansada—.
Sé que Relish Productions está haciendo mucho ruido con Scream y Lola.
¿En qué puede ayudar una productora de cine a una editorial que se está hundiendo?
Susan se sentó, cruzando las piernas con elegancia y proyectando la seguridad que Michael le había contagiado.
—No vengo a ofrecerle ayuda caritativa, Arthur.
Vengo a ofrecerle una salida —dijo Susan, yendo directo al grano—.
Mi jefe, Michael Relish, tiene una visión para el futuro del entretenimiento que integra el cine, la literatura y los cómics como una sola narrativa.
Él tiene historias originales, conceptos que harían que sus ventas volvieran a los niveles de los 80.
Arthur soltó una risa amarga.
—Historias tenemos muchas.
Lo que no tenemos es papel, tinta ni forma de pagar la distribución.
—Nosotros tenemos el capital —replicó Susan con firmeza—.
Michael está dispuesto a inyectar fondos suficientes para salvar a Apex Comics de la bancarrota.
A cambio, él quiere el 60% de las acciones de la empresa y el control creativo sobre las nuevas líneas editoriales.
Ustedes conservan su trabajo, su equipo de artistas y su infraestructura de impresión, pero se convierten en el brazo editorial de Relish Productions.
Susan vio cómo la esperanza luchaba contra el orgullo en los ojos de Arthur.
—¿El 60%?
Eso es dársela por completo —susurró el hombre.
—Es eso, o cerrar la persiana el próximo mes —sentenció Susan—.
Piénselo.
Todos ganan: sus artistas mantienen su empleo, usted salva su legado y nosotros obtenemos el equipo especializado que Michael necesita para lanzar sus propios títulos.
Es una simbiosis perfecta.
Susan se levantó y dejó una tarjeta sobre el escritorio.
—Michael quiere una cita con usted este viernes a las diez de la mañana para explicarle su visión personalmente.
Si acepta, traeremos a los abogados con un cheque de gerencia.
Si no…
bueno, siempre puede intentar vender sus prensas como chatarra.
Mientras salía del edificio, Susan sintió una satisfacción profesional inmensa.
Se daba cuenta de que Michael estaba construyendo un imperio horizontal: tenía el cine, los libros con Maya y ahora estaba a punto de tener su propia “fábrica de mitos”.
“Michael es un genio, pero yo soy la que hace que sus engranajes giren,” pensó Susan con orgullo mientras subía a su coche.
Estaba decidida a que Relish Productions no solo fuera una productora, sino el nombre más importante de la industria del entretenimiento.
Y ella estaría allí, en primera fila, asegurándose de que su familia nunca volviera a pasar hambre.
Los Ángeles, Viernes 25 de febrero de 1994 Arthur Vance esperaba en la sala de juntas de Apex Comics con el corazón en un puño.
Había pasado la noche revisando sus libros contables, y la conclusión era la misma: o aceptaba a Michael Relish, o cerraba para siempre.
Cuando Michael entró, acompañado por una Susan Wells que proyectaba una autoridad implacable, Arthur supo que el juego había cambiado.
—Buenos días, Arthur —dijo Michael, tomando asiento sin esperar invitación.
No parecía un joven de 23 años; se movía con la seguridad de un veterano de la industria.
—Señor Relish.
La sra Susan me dijo que tiene una visión —respondió Arthur, tratando de mantener la compostura.
Michael le hizo una seña a Susan.
Ella abrió un maletín de cuero y comenzó a repartir carpetas negras entre Arthur y sus dos editores jefe.
En la primera página, en letras grandes y modernas, se leía: “PROYECTO: LEGADO JOVEN (Universo Alpha)”.
—Lo que quiero hacer es algo que Marvel y DC han olvidado: la conexión emocional con la juventud actual —comenzó Michael, cruzando las manos sobre la mesa—.
Quiero crear un universo compartido donde la ciencia ficción, la magia y el espionaje coexistan, pero visto desde los ojos de adolescentes que no pidieron ser héroes.
Arthur hojeó la primera página.
Vio un boceto de un reloj de aspecto alienígena.
—Ben Tennyson —explicó Michael—.
Un chico de 16 años en un viaje por carretera con su abuelo Max y su prima Gwendolyn.
El abuelo Max no es un jubilado normal; es parte de una organización secreta que vigila la actividad alienígena en la Tierra y una ves fue un héroe.
Ben encuentra el Omnitrix, un aparato que lo fusiona con ADN de diez razas distintas.
Es una historia sobre el peso de la identidad y la herencia de los secretos familiares.
Arthur asintió, intrigado.
El concepto de un niño que se convierte en monstruos era oro puro para el mercadeo.
Pero Michael pasó a la siguiente página.
—Luego tenemos a Dexter McPherson.
Imaginen a un Tony Stark de 16 años, pero con la paranoia de alguien que vive oculto.
Ha construido un laboratorio subterráneo masivo usando chatarra de depósitos de robots de combate.
Es un genio antisocial, pero su mayor obstáculo no es un villano, sino su hermana, Dee Dee.
Michael se inclinó hacia adelante, bajando el tono de voz para dar énfasis.
—Él cree que ella es solo una molestia.
Pero Dee Dee es, en secreto, una de las mejores agentes de campo de una organización juvenil de los espías.
Ella sabotea los experimentos de su hermano no por maldad, sino porque sabe que Dexter está jugando con fuerzas que aún no puede controlar.
Ella actúa como su guardiana silenciosa mientras él cree que ella es una tonta.
Arthur y sus editores estaban mudos.
La profundidad de los personajes era muy superior a lo que se publicaba en esa época.
—Y aquí es donde todo se une —concluyó Michael señalando la última hoja—.
Dee Dee pertenece a un grupo llamado “Los Jóvenes del Barrio”.
Son una red de espionaje juvenil que descubrió la Gran Mentira: hace 40 años, el mundo estaba lleno de superhéroes y magia, pero el gobierno borró la memoria colectiva para mantener el control.
Estos chicos están descubriendo que algunos de sus padres o abuelos fueron los héroes que el mundo olvidó.
Arthur cerró la carpeta y miró a Michael con una mezcla de miedo y admiración.
—Es…
es masivo.
Es un universo entero con mitología propia desde el día uno.
Pero, señor Relish, para dibujar esto, para darle este tono cinematográfico…
necesitamos a los mejores artistas de la industria.
Gente que no podemos pagar ahora mismo.
—Por eso estoy aquí —dijo Michael, mientras Susan sacaba un contrato y un cheque de gerencia—.
Voy a comprar el 60% de Apex Comics.
Este cheque cubre todas sus deudas y garantiza el presupuesto para los primeros doce números de cada serie.
Ustedes ponen la infraestructura y la tinta; yo pongo las historias y el marketing de Relish Productions.
Michael se levantó, mirando por la ventana hacia el horizonte de Hollywood.
—Una mañana, la gente verá cómics.
En cinco años, querrán ver estas películas.
Y nosotros seremos los únicos dueños de los derechos.
¿Firmamos, Arthur?
Arthur Vance no lo dudó.
Tomó la pluma y firmó, entregando el control de su empresa a cambio de ser parte del nacimiento de un imperio.
Michael acababa de adquirir su propia fábrica de sueños, y mientras Susan guardaba los documentos, él ya estaba pensando en el siguiente nombre de la lista: tres chicas jóvenes que se enteran que su padre es un científico y que es posible que ellas tengan superpoderes.
Arthur Vance y sus editores seguían procesando la magnitud de lo que acababan de escuchar.
El “Universo Alpha” no era solo una serie de historias; era un asalto frontal a la industria del entretenimiento.
Michael, manteniendo su postura relajada pero dominante, cerró la carpeta de los bocetos.
—No vamos a lanzar todo a la vez —dijo Michael, captando la ansiedad en los rostros de los editores—.
No quiero saturar el mercado.
Quiero que cada lanzamiento se sienta como el estreno de una película de verano.
Vamos a construir esto ladrillo por ladrillo.
Michael miró a Susan y le hizo un gesto con la cabeza.
Ella asintió y sacó una hoja con el cronograma financiero.
—Susan, procede con la transferencia —ordenó Michael—.
Deposita $8 millones de dólares en la cuenta operativa de la empresa.
Ese es el capital semilla para la Fase 1.
Arthur casi se cae de la silla.
En 1994, con ocho millones de dólares podías comprar prácticamente cualquier editorial independiente entera.
—¿Ocho millones?
—susurró Arthur—.
Con eso podemos contratar a los mejores artistas de DC y Marvel.
Podemos robarle a los mejores entintadores de Image.
—Exactamente —confirmó Michael—.
Quiero calidad cinematográfica en cada viñeta.
Este es el plan: Julio o agosto: Lanzamiento de “Dexter el protocolo silencioso”.
Quiero una campaña de marketing agresiva que juegue con el misterio del meteorito.
Septiembre: Lanzamiento de “Ben: despertar de monstruos alienígenas”.
Para este punto, ya debemos haber sembrado pistas en el cómic de Dexter sobre la existencia de superhéroes retirados y del meteorito que es la entrada de Ben.
Michael se levantó y caminó hacia la pizarra de la sala de juntas.
—Si el recibimiento de estos dos primeros títulos es el que espero, tendremos una nueva reunión.
Si los números de ventas y las críticas nos respaldan, daremos luz verde al siguiente nivel: tres chicas con superpoderes y alguna historia de magia.
Pero por ahora, el enfoque es total en Ben y Dexter.
Quiero que los niños de este país lleven el símbolo del Omnitrix en sus mochilas antes de que termine el año.
Susan intervino, marcando la pauta administrativa: —Arthur, cuando tengan el borrador, Relish Productions enviará a un equipo de auditores y un director de marketing para supervisar que el dinero se use exclusivamente en la producción de alto nivel.
Michael tiene las historias, ustedes tienen que asegurar que el dibujo sea revolucionario.
—Lo haremos —prometió Arthur, estrechando la mano de Michael con una fuerza renovada—.
Nadie en la industria ha tenido este nivel de respaldo financiero para una IP original.
Vamos a hacer historia.
Michael salió de la oficina de Apex Comics seguido por Susan.
Al subir al coche, el ambiente era de triunfo absoluto.
—Ocho millones es mucho dinero, Michael —comentó Susan mientras arrancaba el motor—.
Pero si Ben funciona la mitad de bien de lo que creo, recuperaremos esa inversión solo con el merchandising en menos de un año.
—No se trata solo de recuperar el dinero, Susan —respondió Michael, mirando por la ventana—.
Se trata de que, para cuando los estudios quieran reaccionar, nosotros ya tendremos el control de la nueva generación.
Ahora, olvida los cómics por un momento.
El lunes es el día clave con los Wachowski, y el miércoles…
el miércoles mi vida cambia de nuevo.
Empezamos a rodar Speed.
Michael cerró los ojos, sintiendo el peso del imperio que estaba construyendo.
Cada pieza estaba en su lugar: el cine con Lola y Scream, la literatura con Gravity, la ciencia ficción con Matrix y ahora el universo expandido con los cómics.
El 1 de marzo de 1994 no era solo el inicio de un rodaje; era el inicio de su reinado.
📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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