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En Hollywood. - Capítulo 21

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Capítulo 21: Capítulo 20

Capítulo 20: El Despertar de los Gigantes

Los Ángeles, Lunes 28 de febrero de 1994

Michael entró en su oficina de Relish Productions a las ocho de la mañana. Sobre su escritorio ya reposaba el fax de MGM. Las noticias eran mejores de lo que incluso él, con su conocimiento del futuro, había previsto.

En su segunda semana, MGM había expandido la película de 400 a 1000 pantallas. El resultado fue una explosión: $4.89 millones de dólares solo en el fin de semana. Sumado a los $3.61 millones de la semana de apertura y los días entre semana, Corre Lola Corre ya acumulaba un total nacional de $9.2 millones. Para una película de presupuesto ínfimo, era un milagro financiero.

Michael comparó los datos con la cartelera actual:

Ace Ventura: Pet Detective (Warner Bros.) seguía fuerte, pero empezaba a declinar.

On Deadly Ground (Warner Bros.), con Steven Seagal, estaba siendo un fracaso crítico.

Blue Chips (Paramount) no lograba despegar.

+————————–+

20th Century Fox – Century City

En las oficinas de Fox, el ambiente era tenso. Sus ejecutivos miraban con recelo los reportes de taquilla. Fox estaba apostando todo ese año con un gran proyecto: True Lies de James Cameron.

—¿Nueve millones en dos semanas con la primera con 400 salas y 1000 en esta segunda? —gritó un alto ejecutivo, lanzando el informe sobre la mesa—. ¡Eso es un promedio por pantalla más alto que el de nuestras últimas tres comedias juntas!

Fox estaba celoso. Sabían que dejaron escapar a Michael Relish cuando pudieron haberlo contratado tras Scream. Ahora, veían cómo MGM se llevaba los laureles y el dinero de una película que Michael filmó “por innovar” mientras ellos aún discutían contratos. El hecho de que Speed comenzara a rodarse mañana bajo el sello de Relish Productions aunque tenían orgullo tendrían que ganarse esa película.

+——————————-+

Warner Bros. – Burbank, la reacción era diferente. Había celos, sí, pero mezclados con una arrogancia corporativa. Warner se sentía intocable. Ese año tenían en la recámara lo que ellos consideraban “el cine de verdad”: Wyatt Earp con Kevin Costner, The Client y, sobre todo, su gran apuesta para el otoño, Interview with the Vampire.

—Es un fenómeno de nicho —comentó un vicepresidente de Warner, fumando un cigarro—. Relish ha tenido suerte con los jóvenes y los cinéfilos de Nueva York. Pero Lola no es cine de masas. Es un truco visual.

Warner no estaba preocupada por el dinero de Lola, pero sí por el “ruido”. Les molestaba que un chico de 23 años estuviera comenzando a estar en el boca de todos los críticos mientras ellos gastaban millones en campañas de marketing para películas que el público encontraba “pesadas”. Lo que no sabían era que, en ese preciso momento, los hermanos Wachowski estaban entrando en la oficina de ese “chico” para entregarles los derechos de la película que redefiniría su estudio en el futuro.

+—————————+

La Oficina de Relish Productions – 09:45 AM

Michael dejó los periódicos de lado. Los ataques de envidia de Fox y la indiferencia de Warner eran música para sus oídos. En este negocio, si no te envidian, es porque no eres nadie.

—Susan, ¿ya están aquí? —preguntó Michael por el intercomunicador.

—Acaban de llegar —respondió Susan—. Larry y Andy. Tienen ojeras, pero traen una carpeta bajo el brazo. Parece que no han dormido en todo un fin de semana.

Michael se enderezó la chaqueta. Sabía que los hermanos habían pasado los últimos días viendo cómo Lola se convertía en un fenómeno. Habían visto cómo Michael convertía una idea extraña en oro puro. Eso había terminado de romper cualquier resistencia que les quedara.

—Hazlos pasar —dijo Michael, con su mejor cara de póker—. Hoy es el día en que la Red se vuelve nuestra.

Mientras los números de taquilla de Corre Lola Corre seguían escalando en los monitores de los analistas, Michael iba a tener una negociación, el nombre de Michael Relish se convertía en un veneno para algunos y en un fantasma para otros.

+————————-+

En las oficinas de Miramax en Nueva York, el ambiente era tóxico. Harvey Weinstein miraba fijamente el reporte de Variety que destacaba el promedio por pantalla de la película de MGM. Un cenicero de cristal voló por la habitación, impactando contra la pared justo al lado de un póster de The Piano.

—¡Nueve millones! ¡Nueve malditos millones en dos semanas con una película que solo sabe ver a una chica correr! —rugió Harvey, su rostro adquiriendo un tono púrpura—. ¡Ese mocoso me dio la espalda en Sundance y ahora le está regalando una mina de oro a MGM!

Su secretaria, que acababa de entrar con más documentos, se quedó petrificada en la puerta, temblando. Harvey se giró hacia ella con los ojos inyectados en sangre.

—¡Lárgate! ¡Y no vuelvas hasta que tengas algo que no sea una noticia sobre Relish!

Su hermano, Bob Weinstein, entró en la oficina con la calma que lo caracterizaba, cerrando la puerta tras de sí. Miró los trozos de cristal en el suelo y suspiró.

—Cálmate, Harvey. Solo es suerte —dijo Bob, sentándose frente a él—. Relish tuvo suerte con Scream porque el género estaba muerto y tuvo suerte con Lola porque los críticos de Nueva York están aburridos. Es un fenómeno de una sola vez. En cuanto empiece a rodar esa película del autobús, se estrellará. Dirigir acción real no es lo mismo que editar videos rápidos de una chica corriendo.

Harvey respiró pesadamente, tratando de controlar su rabia. —No es solo la suerte, Bob. Es el ruido. Ahora todos los directores jóvenes van a querer ir a Relish Productions en lugar de venir a nosotros. Tenemos que aplastarlo antes de que Speed llegue a los cines.

+—————————-+

Punto de Vista: Parker Posey

En un café de Silver Lake, Parker Posey leía la sección de entretenimiento de los periódicos mientras jugueteaba con su cigarrillo. La foto de Elizabeth Banks, radiante y con el cabello rojo, dominaba la página.

Parker sintió una punzada de amargura que trató de tragar con un sorbo de café amargo.

“Primero fue Naomi… y ahora esta chica, Elizabeth,” pensó Parker con resentimiento. “Dos desconocidas que ahora son las favoritas de Hollywood porque Michael decidió ponerlas bajo su luz.”

Recordó la conversación que tuvo con Michael hace meses. Él le había ofrecido una oportunidad, un lugar en su visión, y ella lo había rechazado pensando que podía hacerlo mejor sola. Ahora, viendo el éxito masivo de Lola, se daba cuenta de que no solo había perdido una película; había perdido el tren que estaba redefiniendo el cine independiente.

—Maldita suerte —susurró para sí misma, aunque en el fondo sabía que era más que eso.

Se puso sus gafas de sol oscuras, ocultando su mirada. “No importa. No necesito a Relish. No necesito estar con un chico de 23 años y peor que me diga qué papel interpretar. Voy a seguir adelante por mi cuenta y demostraré que mi carrera no depende de su ‘toque de Midas’.”

Se levantó y dejó el periódico sobre la mesa, dejando que la imagen de Elizabeth Banks se manchara con una gota de café. Sin embargo, mientras caminaba hacia su coche, no podía evitar preguntarse qué habría pasado si estuviera con el, sería la protagonista de speed, En Hollywood, el orgullo era a menudo el precio de la soledad.

+————————–+

El Silencio antes de la Tormenta

A kilómetros de allí, Michael Relish no sentía ni la furia de los Weinstein ni el rencor de Parker. Estaba demasiado ocupado cerrando el trato con los Wachowski. El éxito de Lola ya era pasado para él; su mente estaba en el futuro, en el rodaje de mañana y en la construcción de una industria donde los “Grandes” del mundo ya no tendrían el control total. La era de la envidia había comenzado, pero Michael solo estaba calentando motores.

10:00 AM

El aire en la sala de juntas de Relish Productions era denso, cargado con la gravedad de una decisión que resonaría por décadas. Michael estaba sentado en la cabecera, flanqueado por Susan Davis y el equipo legal de la productora. Frente a él, Larry y Andy Wachowski parecían dos hombres que habían aceptado su destino, pero que aún conservaban una chispa de ambición en la mirada.

—Hemos tomado una decisión —dijo Larry, rompiendo el silencio. Su voz era firme ahora—. Aceptamos vender los derechos de propiedad intelectual de The Matrix a Relish Productions. Bajo una condición innegociable: nosotros somos los titulares del crédito del guion y seremos los directores de la película. No habrá sustitutos de último minuto.

Michael asintió con una calma que desarmó a los hermanos. No hubo una lucha de egos.

—Aceptado —respondió Michael—. De hecho, es exactamente lo que quiero. Pero deben entender mi visión del calendario. Esta película no se va a rodar el próximo año.

Los hermanos fruncieron el ceño. Andy intervino: —¿Por qué esperar? El guion está casi listo.

—Porque la tecnología para lo que quiero hacer aún no existe en su forma comercial —explicó Michael, inclinándose hacia adelante—. Quiero que The Matrix sea el estándar de oro de los efectos visuales. Necesitamos que el poder de procesamiento de las computadoras y el software de renderizado sigan mejorando. Mi plan es comenzar la filmación entre 1997 y 1998, para estrenar en 1999.

Larry y Andy intercambiaron una mirada de asombro. Nadie en Hollywood planeaba con cinco años de antelación a menos que fuera James Cameron o George Lucas.

—Tendrán todo este tiempo para pulir el guion —continuó Michael—. Tendrán una oficina aquí en Relish Productions. Yo les daré notas, ideas sobre la filosofía del sistema, la estética del código y las secuencias de acción. Ustedes tendrán la libertad de elegir qué integrar, pero siempre bajo mi supervisión como productor ejecutivo. Quiero que sea una obra maestra, no solo una película de acción.

Susan, actuando con la eficiencia que la caracterizaba, deslizó los documentos finales sobre la mesa. Eran carpetas gruesas que detallaban la transferencia de derechos de autor, las cláusulas de dirección y los honorarios.

—Abogados, verifiquen los puntos —dijo Susan—. Una vez que firmen, Relish Productions será la dueña legal de la IP de The Matrix en todos sus formatos: cine, televisión, cómics y videojuegos.

Tras una hora de revisión final por parte de los abogados de ambos lados, llegó el momento. Larry y Andy firmaron primero. Sus manos no temblaban; había una extraña sensación de alivio al saber que su visión ahora tenía el respaldo de un hombre que parecía no poder fallar.

Finalmente, Michael le pasó la pluma a Susan.

—Como Directora Ejecutiva de Relish Productions, Susan, hazlo oficial —dijo Michael.

Susan firmó con una caligrafía elegante y firme. El sello de la empresa se estampó sobre el papel con un golpe seco. En ese instante, The Matrix dejó de ser un sueño de dos hermanos para convertirse en el activo más valioso de Michael Relish.

—Bienvenidos a la familia —dijo Michael, levantándose para estrechar sus manos—. Mañana empiezo el rodaje de Speed. Susan les asignará su espacio de trabajo. Empiecen con el segundo borrador. Quiero que cuando el mundo llegue a 1999, no sepan qué los golpeó.

Cuando los hermanos salieron de la sala, Michael se quedó mirando el contrato. Había costado paciencia y una inversión estratégica, pero ahora poseía el futuro. Miró el reloj. Faltaban menos de 24 horas para que el bus 2525 empezara su viaje por la autopista de Santa Mónica.

El 1 de marzo estaba a la vuelta de la esquina. La era de los blockbusters de Michael Relish estaba a punto de dar su primer gran paso real.

+—————————–+

Autopista de Santa Mónica, 1 de marzo de 1994

El sol apenas comenzaba a calentar el asfalto cuando el equipo de producción de Relish Productions tomó control de un tramo de la autopista. El olor a diesel, café barato y pólvora llenaba el aire. En el centro de todo, Michael Relish vestía una chaqueta de aviador, con los auriculares puestos y la mirada fija en los monitores.

—¡Keanu! —llamó Michael por el megáfono.

Keanu Reeves, interpretando a Jack Traven, se acercó. Tenía el cabello corto, un look que Michael había insistido en mantener a pesar de las quejas de los estilistas que querían algo más “grungy”.

—Escucha, Jack —dijo Michael, usando el nombre del personaje para meter a Keanu en el papel—. En esta escena, el primer autobús explota frente a tus ojos. Es el momento en que te das cuenta de que esto no es un juego de rescate normal. No quiero que pongas cara de héroe de acción de los 80. No quiero una mirada de acero. Quiero que sientas la frustración. El malo te está llamando y te está diciendo que él tiene el control. Eres un policía brillante que acaba de ser superado. Muéstrame esa vulnerabilidad.

—¡Acción! —gritó Michael.

El primer autobús estalló en una bola de fuego controlada (un efecto práctico masivo que hizo temblar el suelo). Keanu corrió hacia la barandilla, pero al detenerse, su reacción fue demasiado exagerada, casi teatral. Se cubrió el rostro como si estuviera en una obra de Shakespeare.

—¡Corte! —Michael bajó de su silla y caminó hacia Keanu. El equipo se tensó, esperando un grito, pero Michael solo puso una mano en el hombro del actor—. Keanu, respira. No trates de “actuar” la sorpresa. La explosión fue real, el calor fue real. Úsalo. Jack Traven es un hombre de pocas palabras y mucha observación. Menos es más. Reorganícense.

Quince minutos después, con un nuevo autobús listo para la perspectiva de fondo y los pirotécnicos preparados:

—¡Acción!

Esta vez, Keanu estuvo perfecto. Su mirada reflejaba el horror contenido y la impotencia. Estaba a punto de sacar el teléfono cuando, de repente, un extra que interpretaba a un civil asustado tropezó con un cable de la cámara secundaria, haciendo que la imagen vibrara violentamente.

—¡Corte! —gritó el director de fotografía, maldiciendo.

El extra palideció, esperando ser despedido en el acto. Michael, sin embargo, simplemente levantó la mano para calmar los ánimos.

—Tranquilos todos —dijo Michael con voz serena—. Nadie se mueva. Tú —señaló al extra—, entiendo que estás tratando de mostrar pánico, pero mantén tu ruta dos metros a la derecha. Seguridad, aseguren esos cables con más cinta negra. Tenemos luz, tenemos energía. No nos estresemos, solo hagámoslo bien esta vez. Reposicionen el humo.

Mientras preparaban la toma 3, Dennis Hopper, quien interpretaba al villano Howard Payne, se acercó a Michael.

—¿Cómo quieres que suene en el teléfono, chico? —preguntó Hopper con su característica sonrisa maníaca.

Michael lo miró fijamente. —Dennis, no quiero que seas un loco que quiere dinero. Quiero que Payne se sienta como un empleado traicionado por el sistema. Un hombre que dio su vida y su salud por el departamento de policía y fue desechado con una pensión miserable. Cuando llames a Jack, no te rías de él. Habla con la calma de un maestro que le está dando una lección a un alumno lento. Tu motivación es la justicia poética, no solo los billetes. Dale esa profundidad de resentimiento.

Hopper asintió, sus ojos brillando. Le encantaba que el director no buscara una caricatura.

—¡A sus posiciones! —ordenó Michael—. ¡Toma 3! ¡Esta es la buena!

El ambiente cambió. El equipo, al ver que Michael no perdía los estribos y tenía una visión clara para cada personaje, trabajó con una precisión quirúrgica. Keanu se posicionó, Hopper se preparó con el auricular y la autopista de Santa Mónica se convirtió en el escenario del nacimiento de una leyenda de la acción.

—¡Fuego! ¡Acción!

+———————————-+

Estudios de Relish Productions – 15 de marzo de 1994

Habían pasado dos semanas desde que el primer escena d autobús que estalló en la autopista. El rodaje avanzaba a un ritmo frenético, pero Michael decidió hacer una pausa en la acción física para rodar lo que él llamaba “El Corazón de la Oscuridad”. En la versión original de la historia que Michael recordaba, el villano Howard Payne era simplemente un ex-policía resentido por una jubilación forzosa. Demasiado simple. Demasiado plano.

Michael quería que el público, aunque odiara los actos de Payne, entendiera su dolor.

—Dennis, prepárate —dijo Michael, acercándose al set que recreaba una oficina de asuntos internos de la policía hace diez años—. Vamos a rodar una escena que sera el flashback en la película está será su motivación. No es solo un recuerdo, es la herida que nunca cerró.

El Flashback: La Traición del Sistema

La escena mostraba a un Howard Payne más joven, recibiendo una medalla mientras, en paralelo, se le negaba el apoyo de una unidad de rescate para una emergencia en la que su propia familia estaba atrapada.

—Necesito que la cámara esté muy cerca de tu rostro, Dennis —instruyó Michael—. En este momento, te enteras de que el comando decidió no enviar refuerzos al autobús donde viajaban tu esposa y tu hija porque “estratégicamente” era una causa perdida. Prefirieron salvar un edificio gubernamental vacío.

Michael hizo una señal al equipo de efectos. En el fondo, a través de una ventana ficticia, se veía la proyección de un autobús escolar envuelto en llamas. El resplandor naranja bañaba el rostro de Dennis Hopper.

—Mira ese fuego, Dennis. Ese autobús incendiado es la razón por la que ahora usas autobuses como tu arma. Es tu forma de devolverle al departamento el fuego que ellos permitieron que consumiera tu vida. No eres un terrorista, eres un cobrador de deudas.

Rodando la Emoción.

—¡Acción! —gritó Michael.

Dennis Hopper realizó una actuación magistral. Sus ojos no mostraban locura, sino un vacío devastador. Mientras los oficiales superiores le daban una palmada en la espalda por su “heroísmo” en la misión oficial, él veía por la ventana el humo negro del autobús donde su familia acababa de morir. La cámara de Michael captó el momento exacto en que la luz en los ojos de Payne se apagó para siempre, reemplazada por un odio frío y calculado.

—¡Corte! ¡Perfecto! —Michael se acercó a los monitores. La toma era desgarradora.

La productora de la empresa, que observaba desde atrás, se acercó a Michael conmovida. —Eso cambia toda la película, Michael. Ahora Jack Traven no solo está persiguiendo a un loco, está persiguiendo a un hombre que es el resultado de la negligencia de los mismos jefes de Jack.

—Exacto Denisse—respondió Michael, secándose un poco de sudor de la frente—. El conflicto moral hará que la audiencia se muerda las uñas. Jack verá en Payne lo que él mismo podría llegar a ser si el sistema lo traiciona.

Michael se volvió hacia el equipo. —Mañana volvemos a la autopista. Ahora que tenemos el “por qué”, vamos a rodar el “cómo”. Necesito a Naomi lista para la escena del salto. Ella tiene que transmitir que no es una conductora profesional, sino una civil aterrorizada que, a pesar de todo, no va a soltar ese volante.

El rodaje de Speed estaba dejando de ser una simple película de acción para convertirse en un drama de alta tensión. Michael estaba moldeando a sus actores como arcilla, y el resultado estaba superando cualquier expectativa de los ejecutivos de Fox que visitaban el set de vez en cuando, quedándose mudos ante la intensidad de lo que estaban presenciando.

Autopista 105, Los Ángeles – 28 de marzo de 1994

El rodaje había llegado a uno de sus puntos más críticos: el primer encuentro real entre Jack Traven (Keanu) y Annie (Naomi) dentro del autobús en movimiento. Michael quería capturar la tensión cruda, el momento en que un policía de élite y una civil aterrorizada deben confiar el uno en el otro mientras el velocímetro marca 50 millas por hora.

—¡Cámaras listas! ¡Naomi, manos en el volante! ¡Keanu, entra con todo! —gritó Michael desde el vehículo de seguimiento.

—¡Acción!

Keanu saltó al autobús en marcha. La química con Naomi fue instantánea; el miedo en los ojos de ella y la determinación en los de él creaban una chispa eléctrica. Pero justo cuando Keanu gritaba su primera línea, un sonido ensordecedor como un disparo de cañón retumbó en toda la autopista.

¡PAM!

El neumático delantero izquierdo del autobús estalló. El pesado vehículo dio un bandazo violento hacia la izquierda, chirriando contra el pavimento y soltando una lluvia de chispas.

Michael se puso en pie en el vehículo de seguimiento antes de que el bus terminara de inclinarse. Gracias a su experiencia de vida pasada, sabía que estos accidentes eran comunes, pero también sabía que podían ser mortales.

—¡EQUIPO DE SEGURIDAD, ENTREN YA! —rugió Michael por la radio—. ¡Vehículos de contención, flanqueen el lado izquierdo! ¡No dejen que el bus se vuelque!

Debido a que Michael había invertido un presupuesto extra masivo en equipos de rescate y vehículos de escolta reforzados, dos camionetas de seguridad con barras de impacto laterales se colocaron instantáneamente bajo el costado inclinado del autobús, sirviendo como soporte físico para evitar el vuelco mientras el conductor del bus luchaba por frenar.

El autobús se detuvo finalmente entre una nube de humo de caucho quemado.

Michael saltó de su vehículo antes de que se detuviera por completo y corrió hacia el autobús.

—¡Keanu! ¡Naomi! ¿Están bien? —gritó entrando por la puerta delantera.

Naomi estaba pálida, aferrada al volante con nudillos blancos. Keanu había caído al suelo por el impacto, pero ya ayudaba a una extra que se había golpeado el hombro contra un asiento.

—Estamos bien, Michael… solo fue el susto —dijo Keanu, ayudando a levantarse a la chica.

Michael inspeccionó rápidamente. Algunos extras tenían rasguños y golpes superficiales, pero gracias a los refuerzos de seguridad que Michael instaló en el interior del bus (acolchados especiales que no se veían en cámara), no hubo huesos rotos ni tragedias.

La Consecuencia de la Negligencia

Diez minutos después, Michael estaba frente al neumático destrozado junto al jefe de mecánicos. El silencio de Michael era más aterrador que cualquier grito. Tras una revisión rápida, se dieron cuenta de que ese neumático específico era uno de los antiguos que debía haber sido reemplazado esa misma mañana.

Michael cerró los ojos y respiró hondo. Su filosofía era de oportunidades, pero no cuando se trataba de la vida humana.

—Eleonor —llamó Michael con voz gélida. Su asistente se acercó de inmediato—. El responsable de la verificación de neumáticos de esta mañana. Despídelo ahora mismo. Que se le pague el día completo, pero que recoja sus cosas y se vaya. No quiero negligencias que pongan en riesgo a mi reparto.

—Sí, Michael. Buscaré un reemplazo del sindicato de inmediato para no detener el ritmo —respondió Eleonor, sabiendo que Michael no aceptaría una segunda opinión.

Michael se volvió hacia Keanu y Naomi, quienes lo observaban con un nuevo nivel de respeto. En este Hollywood, muchos directores habrían gritado por el tiempo perdido; Michael solo se aseguró de que estuvieran vivos.

—Tómense treinta minutos —dijo Michael suavemente—. Revisaremos cada centímetro de este bus de nuevo. No volveremos a rodar hasta que yo mismo vea que cada perno está en su lugar. Mi película no vale la vida de ninguno de ustedes.

Esa tarde, el equipo trabajó con una lealtad renovada. Sabían que Michael Relish no solo era un genio creativo, sino un hombre que cumplía su palabra: en su set, la seguridad era la ley.

Él esperó a que el set se volviera tranquilo, un poco antes de acercarse. Naomi se había sentado en una silla de lona, con las manos entrelazadas con fuerza para ocultar el temblor. Michael se arrodilló frente a ella, bloqueando la vista de los técnicos que aún daban vueltas. Ya no era el director evaluando una escena; era el hombre que la amaba asegurándose de que su mundo siguiera intacto.

—Mírame, Naomi —pidió en voz baja, colocando sus manos sobre las rodillas de ella—. Estás aquí. Estás a salvo.

Michael la llevó con suavidad hacia su camerino privado, cerrando la puerta al ruido del exterior. El sonido del set era un murmullo lejano tras la puerta cerrada. Michael se sentó en el borde del sofá, de frente a Naomi, sin soltar sus manos. Ella miraba un punto fijo en el suelo, tratando de recomponerse.

—No tienes que fingir conmigo, Naomi —dijo Michael suavemente—. Aquí no hay cámaras, ni productores, ni técnicos esperando órdenes. Solo estamos tú y yo. Suéltalo.

Naomi suspiró, un sonido tembloroso que terminó en un amago de risa nerviosa.

—Es ridículo, ¿sabes? —dijo ella, finalmente encontrando sus ojos—. Como actriz, paso meses ensayando tragedias, fingiendo que el mundo se acaba, llorando por cosas que no existen. Pero cuando la llanta del carro se pincho…, Michael… fue tan real. No fue “de película”.

—Lo sé —asintió él, apretando sus manos con delicadeza—. El bus se movió mucho por la llanta oinchada.

—No es solo la llanta —continuó ella, las palabras empezando a fluir más rápido—. Fue la sensación de que, en un parpadeo, todo lo que estamos construyendo aquí podría haberse esfumado. Estaba ahí en el volante, pensando en la siguiente línea del guion, y de repente me di cuenta de lo frágil que es todo. Me asusté porque… porque sentí que no te había dicho lo suficiente cuánto te quiero hoy. Me sentí tonta por haberme quejado del desayuno o por haber estado tan concentrada en el trabajo que apenas te miré a los ojos en toda la mañana.

Michael guardó silencio un momento, dejando que las palabras de Naomi flotaran en el aire. No intentó interrumpirla con frases hechas como “todo está bien”. Simplemente la escuchó, absorbiendo su miedo.

—Me sentí pequeña, Michael —susurró ella, una lágrima rodando por su mejilla—. Tan pequeña y expuesta.

Michael se inclinó hacia adelante, acortando la distancia entre ellos.

—Escúchame —dijo con una voz profunda y firme—. Tienes todo el derecho de sentirte así. Lo que pasó fue un fallo de seguridad, algo que no debería haber ocurrido jamás, y no voy a pedirte que “seas profesional” y lo olvides. Lo que sentiste no es una debilidad, es tu humanidad. Y esa humanidad es la que te hace ser quien eres, y la razón por la que te amo.

Él llevó una de las manos de Naomi a su propio pecho, justo encima del corazón, que latía con fuerza.

—Dices que te sentiste pequeña, pero para mí, cuando la llanta exploto, el mundo entero se redujo a ese espacio donde tú estabas. Mi primer instinto no fue salvar la escena, fue salvar a todo el equipo y por eso llame rápido a la seguridad. Si te sirve de consuelo, yo también tuve miedo. Un miedo que no había sentido en toda mi vida.

Naomi lo miró, sorprendida por la confesión.

—¿Tú también? —preguntó ella en un susurro.

—Aterrado —confesó él con una sonrisa triste—. Porque eres la protagonista en esta película, pero también eres parte de mi vida fuera de ella. Así que, si necesitas llorar, llora. Si necesitas gritarle al equipo técnico, yo les gritaré por ti. Y si necesitas que nos quedemos aquí sentados en silencio por el resto del día, mandaré a todo el mundo a casa ahora mismo.

Naomi dejó escapar un suspiro largo, esta vez más relajado, y se inclinó para apoyar su cabeza en el hombro de Michael. El peso de su cuerpo finalmente se soltó, confiando plenamente en él.

—No los mandes a casa todavía —dijo ella con voz más firme—. Solo… quédate así un minuto más. Necesito recordar que el suelo no se va a mover.

—Aquí estoy —susurró Michael, besando su frente—. Soy tu ancla. No voy a soltarte.

El sol de la tarde caía sobre la autopista mientras el equipo de mecánicos, liderado por el nuevo reemplazo que Eleonor había conseguido en tiempo récord 1 hora después del accidente, trabajaba bajo la supervisión directa de Michael. No se movía un solo cable sin que el nuevo jefe técnico diera el visto bueno.

Michael estaba sentado en una caja de equipo, revisando el monitor de la última toma, cuando sintió que un grupo de personas se acercaba. Al levantar la vista, se encontró no solo con Keanu y Naomi, sino con los quince extras que interpretaban a los pasajeros del autobús.

—Michael —dijo Keanu, actuando como portavoz—. Queríamos decirte algo antes de seguir.

Michael se puso de pie, un poco sorprendido por la formalidad.

—He estado en muchos sets, Michael —continuó Keanu con sinceridad—. He visto directores que habrían gritado por el retraso o que habrían presionado para seguir rodando sin revisar. Pero lo que hiciste hoy… gastar esa parte del presupuesto en seguridad que no se ve en pantalla, y detenerlo todo para cuidarnos… ninguno de nosotros lo olvidará.

Naomi asintió, aún con un poco de adrenalina en el sistema. —Gracias por tratarnos como personas y no solo como herramientas para tu película, Michael.

Los extras murmuraron palabras de agradecimiento. Para muchos de ellos, actores que apenas empezaban, era la primera vez que un director de alto nivel se preocupaba por su integridad física por encima del metraje. Michael sintió un calor inusual en el pecho; en su vida pasada, Hollywood solía ser un lugar frío, pero aquí estaba logrando algo diferente.

—Somos un equipo —respondió Michael con sencillez—. Si ustedes no están seguros, no hay película. Ahora, el nuevo equipo técnico ha terminado la inspección. El bus 2525 está en perfectas condiciones. Vamos a darles a esos espectadores la mejor escena de sus vidas.

Mientras los actores regresaban a sus puestos, Eleonor se acercó a Michael con un informe de la oficina de Susan.

—Michael, los números de Corre Lola Corre del fin de semana —dijo ella, entregándole una hoja—. En Estados Unidos hemos llegado a los $15.2 millones en un mes y medio. Este fin de semana ha bajado el ritmo, recaudando unos $850,000, lo cual es normal después de seis semanas.

Michael leyó los datos mundiales. En el extranjero, la película ya sumaba $12 millones.

“Veintisiete millones de dólares en total hasta ahora”, pensó Michael. “En mi vida pasada, esta película fue un éxito, pero jamás alcanzó estas cifras tan rápido. La estrategia de distribución limitada y el marketing de que lo hizo el director joven Michael de Relish Productions han triplicado el impacto original.”

Por un segundo, Michael se permitió imaginar el tamaño de su cuenta bancaria que le dará speed y el poder que estaba acumulando. Con ese dinero, la Parte de los cómics y la preproducción de The Matrix estaban más que aseguradas. Pero rápidamente sacudió la cabeza y le devolvió el informe a Eleonor.

—Esos son números, Eleonor. Déjalo de lado igual ya no tenemos que ver con la película —dijo Michael, volviendo la vista al autobús—. Esos millones no es nuestro pero si el boba en boca, con eso Speed tendrá más oportunidades en las negociaciones.

Michael se puso los auriculares y se sentó en la silla de director.

—¡A sus posiciones! ¡Naomi, recuerda la tensión en el volante! ¡Keanu, entras después de la señal!

El motor del autobús rugió de nuevo, esta vez con un sonido mucho más sólido y seguro. El equipo trabajó con una energía renovada; ya no solo trabajaban por un sueldo, trabajaban para el hombre que los había protegido.

—¡Cámara! ¡Acción!

📝 +——————————–+

Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir. Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso. Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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