En Hollywood. - Capítulo 23
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23: Capítulo 22 23: Capítulo 22 Capítulo 22: La Calma en Malibú Malibú, California – 28 de junio de 1994, 11:30 AM Mientras en las oficinas de Relish Productions el rugido del motor del autobús 2525 hacía vibrar las paredes de la sala de proyecciones frente a los hombres más poderosos de Hollywood, el ambiente en la residencia de Michael en Malibú no podría ser más distinto.
El sonido de las olas rompiendo contra la orilla era la única banda sonora en la amplia sala de estar.
Michael estaba recostado en un sofá de lino blanco, sintiendo por primera vez en meses que la tensión abandonaba sus hombros.
A su lado, Naomi Watts y Elizabeth Banks compartían un momento de relajación, disfrutando de la brisa marina que entraba por los ventanales abiertos.
—Por cierto, Michael —dijo Naomi, rompiendo el silencio mientras sostenía una taza de té—, tengo noticias sobre tu propiedad en Beverly Hills.
El agente inmobiliario llamó esta mañana.
Ya tenemos un cliente para el alquiler de la mansión.
Es un ejecutivo de una discográfica que acaba de mudarse de Nueva York.
Michael abrió un ojo, interesado.
—¿Y bien?
—Ha pagado un año por adelantado para asegurar el lugar —continuó Naomi con una sonrisa—.
El cheque ya está depositado.
Michael asintió con una calma imperturbable.
A estas alturas, con los millones fluyendo desde las taquillas de Lola y los contratos que Susan estaba a punto de cerrar, el alquiler de una casa era una cifra menor, pero simbólicamente importante.
—Escuchen —dijo Michael, sentándose y mirando a ambas—.
Tomen ese dinero.
Divídanlo entre las dos.
Úsenlo para lo que quieran: ahorros, inversiones, un viaje o simplemente para renovar sus guardarropas.
Es un regalo por haberme aguantado durante estas semanas de locura en la edición.
Elizabeth soltó una pequeña risa y se acercó a él.
—No tienes que hacer eso, Michael.
Al principio decidimos estar aquí por nuestras carreras, no se Naomi pero yo en todo este tiempo, me eh dado cuenta que me gusta estar contigo.
Claro me gusta ser protagonista, al estar este tiempo contigo es mejor tener algo real y no por el dinero.
—Lo sé —respondió él con sinceridad—.
Pero quiero que tengan su propia independencia financiera mientras sus carreras terminan de despegar.
Hablando de eso, ¿cómo van sus procesos?
Sé que han estado en movimiento mientras yo estaba encerrado con los editores.
El rostro de Naomi se ensombreció un poco, aunque mantenía el optimismo.
—Bueno, la valoración de ambas ha subido muchísimo.
El éxito de Lola te puso en el mapa a ti, Liz, y el “ruido” sobre Speed me está ayudando a mí.
Hemos tenido muchos castings en las últimas dos semanas.
—Pero…
—añadió Elizabeth, completando la frase—, siempre es para papeles secundarios.
“La mejor amiga de la protagonista”, “la hermana del héroe”.
Los estudios todavía tienen miedo de darnos el papel principal en un gran proyecto.
Nos ven como “actrices con potencial”, pero aún no como estrellas de cartelera.
Michael las miró fijamente.
Sabía que en la industria de 1994, el sexismo y la cautela de los estudios eran barreras reales.
Naomi Watts, en su vida pasada, tuvo que esperar años y sufrir mucho antes de Mulholland Drive.
Él no iba a permitir que eso pasara esta vez.
—No se desanimen —dijo Michael con una seguridad que las tranquilizó de inmediato—.
El estreno de Speed en julio va a cambiar la percepción de Naomi de la noche a la mañana.
Y para ti, Elizabeth, tengo planes que los estudios ni siquiera pueden imaginar todavía.
Disfruten este descanso.
Cuando llegue julio, sus teléfonos no dejarán de sonar y desearán tener un poco de este silencio de Malibú.
Naomi se apoyó en el hombro de Michael, mirando el horizonte.
—A veces me asusta lo mucho que confías en el futuro, Michael.
—Confío en lo que ya sé —susurró él, pensando en los artes de los cómics que vería el 1 de julio—.
Confío en el trabajo que hemos hecho.
Por un par de horas, el mundo de los contratos millonarios, los efectos de ILM y las guerras de estudios desapareció.
Solo eran tres jóvenes en una casa frente al mar, ignorando que, a pocos kilómetros de allí, la película de Michael estaba dejando a los jefes de Warner y Fox sin palabras.
Malibú, California – 29 de junio de 1994 A pesar de sus promesas de descanso, Michael no pudo evitarlo.
Mientras Naomi y Elizabeth dormían la siesta bajo el sol de la tarde, él se encontraba en su despacho privado frente al mar, rodeado de libretas y bocetos.
Para Michael, el cine era el presente, pero los cómics eran la base de un futuro que nadie más podía ver: un universo compartido.
En su vida pasada, las caricaturas de los 90 y 2000 eran joyas aisladas.
Ben 10 no conocía a Dexter, y las Chicas Superpoderosas vivían en su propio mundo.
Michael iba a cambiar eso, intentar que todo esté conectado como los cortos de CN.
—No pueden ser niños en la historia de comics —susurró Michael mientras escribía furiosamente—.
Tienen que crecer.
Tienen que enfrentar dilemas que evolucionen con la audiencia.
Michael estaba redactando las “Biblias de Personajes”.
En su versión que había dado a la empresa, Ben Tennyson no solo encontraba un reloj; era el heredero de una responsabilidad galáctica que lo obligaba a madurar más rápido que cualquier adolescente.
Dexter, por su parte, no era solo un niño genio con un laboratorio secreto; era un intelecto que rozaba la arrogancia, cuyos inventos a menudo cruzaban caminos con la tecnología alienígena que Ben intentaba contener.
Michael ya había tenido varias llamadas con los directores de arte de la editorial independiente que había contratado.
Les había dado instrucciones precisas: quería un estilo “Neo-Amester”, una mezcla entre el diseño clásico de los 90 y la idea de ponerle el realismo de los cómics modernos que Michael sabía.
—Quiero que el 1 de julio me entreguen los dos capítulo de ambas series—les había dicho por teléfono—.
No quiero solo la introducción preliminar.
Quiero ver el entintado, el color y la narrativa visual.
Quiero sentir que estos personajes pueden saltar de la página a la realidad.
Michael estaba diseñando los cómics como una precuela de lo que eventualmente serían las series animadas y, años después, las películas live-action.
Su idea era simple pero revolucionaria para 1994: usar los cómics para construir una base de fans leales y mitología compleja antes de gastar millones en animación.
Sobre su mesa, un mapa conectaba Bellwood (la ciudad de Ben cerca de nevada) con la metrópolis (cerca de Uta) donde Dexter vive.
Michael trazó una línea roja entre ambas.
En su guion, el primer gran evento “crossover” ocurriría tras los primeros doce números.
—Si logro que los niños y adolescentes de este año se obsesionen con el misterio del Omnitrix y la ciencia de Dexter —pensó Michael.
Michael dejó la pluma y miró por la ventana.
Mañana sería 30 de junio, el día en que Susan traería las ofertas de los estudios.
Pero hoy, en el silencio de su estudio, Michael era más que un director de cine; era un demiurgo dando forma a una nueva mitología para una nueva generación.
El 1 de julio no solo vería los dibujos animados que vio al crecer; vería el primer ladrillo de su imperio que duraría décadas.
La pluma de Michael se movía con una urgencia casi eléctrica sobre el papel.
Había decidido que los cómics de Relish no serían simples adaptaciones de lo que él recordaba; serían versiones mejoradas, más oscuras y conectadas.
En su escritorio, el esquema de Ben 10 tomaba una forma fascinante de lo que había explicado a la empresa de cómics y lo que seguirá más adelante.
“Ben Tennyson, 15 años.
Gwen Tennyson, 15 años”, leía Michael.
Al alejarse de la infancia, los dilemas se volvían más reales.
En este nuevo prólogo, las vacaciones de verano no eran solo un viaje por carretera, sino una iniciación.
Michael escribió la escena del bosque: el impacto del meteorito, el cráter humeante y el dispositivo —el Omnitrix— que se adhería al brazo derecho de Ben como un parásito tecnológico de origen desconocido.
Lo que realmente entusiasmaba a Michael era la figura del Abuelo.
Lo imaginó como un veterano que guardaba los secretos más sucios del gobierno.
La conversación en el camino hacia la casa de la abuela sería el ancla de todo el universo.
—”Ben, hace sesenta y cinco años el mundo cambió”, escribió Michael en el diálogo del Tío—.
“Surgieron personas con habilidades, pero la historia fue borrada por aquellos que temen lo que no pueden controlar”.
Michael conectó los puntos con una sonrisa.
Mencionó la guerra secreta de hace treinta años, un grupo de héroes olvidados y la mayor amenaza que la Tierra había enfrentado: un demonio primordial llamado Aku.
Al introducir a Aku como el gran villano de la era pasada, Michael estaba cimentando la base para que todos sus futuros personajes tuvieran un enemigo común en el tejido de la historia.
Tras llenar varias páginas con el trasfondo de esta guerra secreta y las implicaciones del reloj alienígena, Michael soltó la pluma.
Sus dedos estaban ligeramente manchados de tinta, pero su mente estaba en paz.
Había construido los cimientos.
Salió del despacho hacia la cocina para buscar un refrigerio ligero.
Al pasar por la sala, observó la escena doméstica que se había vuelto su ancla de realidad.
Elizabeth estaba sentada en un sillón individual, concentrada en un guion que subrayaba con un marcador amarillo.
Su dedicación era absoluta; Michael sabía que estaba preparándose para su papel coprotagonista con la misma intensidad que él ponía en sus películas.
Naomi, por otro lado, estaba frente al televisor, viendo un programa de noticias mientras descansaba las piernas sobre la mesa de centro.
—¿Cómo va el futuro del mundo, Michael?
—preguntó Elizabeth sin levantar la vista del guion, pero con una sonrisa en los labios.
—Lleno de monstruos y tecnología prohibida —respondió él, abriendo el refrigerador—.
Lo normal para un miércoles.
—Si esas historias de cómics del reloj que escribes pudiera adelantar el tiempo, lo usaría para ver cómo nos va en el estreno de julio —comentó Naomi, girándose hacia él—.
La tensión me está matando.
Michael mordió una manzana y las miró a ambas.
La calma de Malibú era el contraste perfecto para el caos épico que acababa de escribir.
Sabía que pronto, la ficción de sus cuadernos y la realidad de sus carreras se entrelazarían de una forma que Hollywood no olvidaría jamás.
—No necesitamos un reloj mágico para eso —dijo Michael con confianza—.
Solo necesitamos que llegue el 1 de julio.
Se quedó un momento allí, disfrutando del silencio, antes de que su mente volviera a saltar hacia el siguiente rompecabezas: El Laboratorio de Dexter.
Michael regresó a su escritorio con la energía renovada.
El universo que estaba plasmando en el papel empezaba a cobrar vida propia.
Si Ben Tennyson representaba el destino y el poder alienígena, su siguiente protagonista, Dexter, representaría la ambición humana y el intelecto puro.
“Dexter.
15 años.
El intelecto más grande de la historia moderna”, anotó Michael.
Visualizó la escena: un joven que, aburrido de la mediocridad escolar, pasaba sus tardes en chatarrerías industriales y cementerios de robots de combate.
En apenas tres meses, usando polímeros de construcción creados por él mismo y una inteligencia artificial incipiente, Dexter había excavado un imperio bajo su hogar suburbano.
Pero Michael no quería al Dexter caricaturesco que solo peleaba con su hermana; quería a un estratega que supiera que el mundo era un lugar oscuro.
El giro maestro de Michael fue la reconfiguración de Dee Dee.
A sus 19 años, ella no era la “rubia boba” que el había visto en la serie animada.
Michael escribió con entusiasmo su trasfondo: una estudiante universitaria que, movida por una curiosidad letal, se había unido a una red de espionaje juvenil conocida como Los Jovenes de los suburbios (chicos del barrio).
“Ella lo sabe todo”, escribió Michael.
Dee Dee observaba a su hermano menor no por diversión, sino por protección.
Como agente de campo, ella conocía la historia prohibida de la pelea catastrófica de hace treinta años, ademas que este mundo no es simple ahí héroes retirados, y sabía que el intelecto de Dexter, si caía en las manos equivocadas, era una amenaza de nivel global.
Michael trazó una línea en su mapa de los Estados Unidos que conectaba la ubicación de Dexter con un punto específico en el desierto de Nevada.
Mientras Dexter ajustaba sus sensores de largo alcance, sus monitores detectaron una anomalía atmosférica: un objeto no identificado, con una firma de energía que no correspondía a nada terrestre, impactando cerca de una carretera interestatal.
En ese mismo instante, a cientos de kilómetros, un joven llamado Ben Tennyson bajaba de una camioneta en esa misma ruta hacia la casa de su abuela.
—”El reloj ha llegado”, murmuró Michael mientras escribía el diálogo de Dexter frente a sus monitores—.
“Y quien sea que lo encuentre, cambiará el equilibrio de poder en este planeta”.
Michael dejó la pluma, sintiendo una satisfacción inmensa.
Había logrado que la magia y el misticismo de la historia de Ben chocaran directamente con la tecnología y el espionaje de Dexter y Dee Dee.
Todo estaba listo para el gran cruce.
Se frotó los ojos y miró por el ventanal de Malibú.
El sol se estaba ocultando, tiñendo el cielo de un naranja intenso que le recordaba al fuego del reingreso del Omnitrix.
El prólogo del universo Relish estaba terminado.
Ahora, solo quedaba conquistar la realidad.
+————————–+ La luz de la luna se reflejaba en el Pacífico, pero Michael solo tenía ojos para las páginas finales de su cuaderno.
Había llegado al tercer pilar de su imperio: las jóvenes superpoderosas.
Para ellas, quería algo que mezclara el drama médico con el descubrimiento de una herencia prohibida.
“Luna, Skye y Roxy.
16 años”, escribió.
No eran niñas de primaria; eran adolescentes lidiando con el abandono en el día de su cumpleaños.
Michael describió la escena con detalle: el sótano de la casa del Profesor Utonium en Townsville ( cerca de Nebraska).
Lo que comenzó como una travesura rebelde para encontrar un regalo o dinero, se convirtió en el descubrimiento de un pasaje secreto.
El laboratorio no era un lugar de colores brillantes, sino una instalación de investigación avanzada, fría y llena de secretos.
El momento clave llegó cuando Luna (Blossom), la líder nata, activó la terminal principal.
El video que Michael imaginó era desgarrador: el nacimiento de las trillizas, la muerte de su madre y la crisis médica inmediata.
Sus cuerpos ardían con una energía que la medicina convencional no podía explicar.
—”No tengo opción”, decía la voz de un Profesor más joven en la grabación—.
“La Fórmula X es inestable, pero es lo único que puede salvarlas”.
Michael sonrió al escribir la reacción de las chicas.
Roxy (Buttercup), la más impulsiva, no sintió gratitud, sino traición.
Al sentirse como experimentos vivientes, su rabia provocó la apertura accidental de la Celda de Seguridad Máxima.
La liberación del mono no fue un momento cómico.
Michael lo escribió como una escena de suspenso.
Skye kBubbles), siempre compasiva, ayudó a la criatura herida, pero una vez fuera, la naturaleza del simio cambió.
—”Gracias por salvarme”, escribió Michael para el diálogo de Mojo—.
“Por eso, vivirán un poco más”.
La revelación de que el Profesor había usado al mono como sujeto de prueba para medir los efectos psicóticos (el profesor no sabía que por descuidar al mono que tenía pensamientos propios y el mono lo veía como padre y el lo trataba como experimento) de la Sustancia X.
La Despertar en la Cámara de Gravedad Michael terminó el capítulo con la prueba de fuego.
Al entrar en el área de entrenamiento y activarse los protocolos de alta gravedad, los cuerpos de las jóvenes reaccionaron al estrés extremo.
El polímero de la Sustancia X en su sangre mutó, otorgándoles habilidades sobrehumanas: vuelo, invulnerabilidad y fuerza bruta.
—”No somos normales”, murmuró Michael, escribiendo la línea final de Luna—.
“Y el monstruo que dejamos salir tampoco lo es”.
Michael cerró el cuaderno y soltó un largo suspiro.
El universo estaba planteado: Ben 10: El destino alienígena y el pasado oculto de los héroes.
Dexter/Dee Dee: La tecnología, el espionaje y la vigilancia global.
Las Superpoderosas: La mutación genética y las consecuencias de la ciencia prohibida.
Miró el reloj.
Era tarde.
Caminó hacia la sala, donde el silencio de la noche solo era roto por el sonido del mar.
Michael todavía tenía la mente en Nevada, Townsville y el laboratorio de Dexter cuando sintió una mano suave en su hombro.
Era Naomi, quien lo miraba con una mezcla de admiración y curiosidad por los esquemas que llenaban su escritorio.
—Michael, despierta del mundo de los héroes —dijo ella con una sonrisa—.
Susan está al teléfono.
Dice que es urgente y, por el tono de su voz, parece que acaba de ganar la lotería.
Michael sacudió la cabeza para despejar las imágenes de las Chicas Superpoderosas y tomó el auricular del escritorio.
—¿Susan?
—preguntó Michael, recuperando su tono de director ejecutivo.
—¡Michael!
¡Tienes que haber estado ahí!
—la voz de Susan Wells vibraba con una energía que Michael rara vez le había escuchado—.
Acabo de salir de la sala de proyecciones y el ambiente era…
indescriptible.
He visto a hombres que controlan presupuestos de cientos de millones de dólares salir de esa sala con las manos temblando.
Michael se reclinó en su silla, dejando que la satisfacción lo invadiera.
—Cuéntame los detalles, Susan.
¿Cómo reaccionaron al corte final?
—Fue una carnicería diplomática —explicó Susan, soltando una carcajada—.
Cuando terminó la escena del salto del autobús, el silencio fue absoluto.
Nadie respiraba.
Y cuando aparecieron los créditos, Bill Mechanic de Fox se levantó de inmediato para ir al baño, pero todos sabíamos que iba a llamar a su junta directiva.
Terry Semel de Warner ni siquiera intentó ocultar su interés; se quedó mirando la pantalla negra como si hubiera visto un fantasma.
Susan hizo una pausa para tomar aire, claramente emocionada.
—Me dijeron que era poco tiempo, Michael.
Tal como lo planeamos.
Dijeron que necesitan hablar con sus superiores y sus departamentos financieros para estructurar las ofertas, pero todos aceptaron el ultimátum: el 1 de julio, mañana, tendremos las respuestas definitivas.
Saben que si quieren la película para mediados de julio, tienen que mover montañas hoy mismo.
—¿Crees que aceptarán el estreno inmediato?
—preguntó Michael.
—¡Lo harán!
—exclamó Susan—.
Michael, no lo entiendes.
Después de ver lo que hiciste con la acción y el ritmo de esta película, saben que tienen una mina de oro.
Me dijeron que es la película de acción más innovadora de la década.
Michael, eres un genio absoluto.
Sabes exactamente qué es lo que la gente quiere antes de que ellos mismos lo sepan.
Llevamos tres de tres: Scream, Corre Lola Corre y ahora esta obra maestra.
Relish Productions ya no es una productora independiente; es un fenómeno.
Michael sonrió, mirando sus notas sobre la “Trinidad” de cómics.
—Me alegra oír eso, Susan.
Mañana será un día largo.
Tenemos que cerrar el trato de distribución y además tengo la cita con la editorial para ver los primeros artes de Ben y Dexter.
—Lo sé, jefe.
Descanse hoy lo que pueda.
Pasado mañana, 1 de julio, es el día en que Relish Productions se apodera oficialmente de Hollywood —concluyó Susan antes de colgar.
Michael dejó el teléfono y miró a Naomi y a Elizabeth, que lo observaban desde la puerta.
—Parece que la película gustó —dijo él con modestia.
—”Gustó” es poco si Susan está así —rio Elizabeth—.
Vamos, Michael.
Si mañana es el gran día, hoy vamos a disfrutar de una última tarde de paz.
Michael asintió, pero en el fondo de su mente, ya estaba calculando.
Si los estudios estaban tan desesperados por Speed, su posición de poder para negociar el futuro de sus cómics sería inmejorable.
El 1 de julio no solo sería el fin de una negociación; sería el nacimiento de una era.
📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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