En Hollywood. - Capítulo 24
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24: Capítulo 23 24: Capítulo 23 Capítulo 23: La Ofensiva de Fox Century City, Los Ángeles – 30 de junio de 1994 En la planta más alta del cuartel general de 20th Century Fox, el aire estaba cargado de una urgencia eléctrica.
Bill Mechanic, el presidente del estudio, caminaba de un lado a otro frente a su junta directiva y el equipo de finanzas.
Nadie hablaba; el impacto de la función de prueba de Speed seguía fresco en sus retinas.
—Señores, lo que vimos ayer no es una película de acción común —rompió el silencio Mechanic, señalando una pizarra con los datos de Michael Relish—.
Es la evolución del género.
Ese chico, Michael, ha editado la película con un ritmo que hace que Die Hard parezca cine contemplativo.
Los analistas de Fox abrieron sus carpetas.
Habían pasado la noche procesando datos y comparando la trayectoria de Michael.
—Si analizamos el historial de Relish Productions —empezó el jefe de analistas—, vemos un patrón infalible.
Scream revivió el terror con $100 millones.
Corre Lola Corre acaba de cerrar con $36 millones siendo una película con un presupuesto de medio millon.
Michael tiene el control total del público joven, el sector demográfico que más gasta en palomitas y merchandising.
—¿Cuáles son las proyecciones para Speed?
—preguntó un inversor.
—Conservadoramente, estamos proyectando $100 millones en territorio doméstico y otros $100 millones en el mercado internacional —respondió el analista—.
Un total de $200 millones de dólares.
Pero eso es si la tratamos como una película normal.
Si le damos el empuje que Michael exige para julio, podría superar los $250 millones fácilmente y eso es lo mínimo que creemos.
Bill Mechanic se detuvo y miró a sus abogados.
Sabía que Susan Davies no aceptaría una oferta estándar.
Michael quería respeto y una parte justa del pastel que él mismo había horneado.
—Michael Relish sabe que tiene el poder —dijo Mechanic—.
Él puso los $25 millones para producirla.
No necesita nuestro dinero para terminarla, necesita nuestra maquinaria para inundar los cines.
La junta comenzó a debatir los términos de la oferta que enviarían a Michael y Susan mañana, 1 de julio: Distribución Masiva: Un lanzamiento garantizado en más de 2,500 pantallas en Estados Unidos.
Reparto de Beneficios (The Back-end Deal): Fox estaba dispuesta a ofrecer un reparto por igual.
Después de recuperar los costos de distribución y marketing, los beneficios se dividirían 50/50 entre el estudio y Relish Productions.
Era una oferta casi inaudita para un director tan joven, pero sabían que MGM había ganado millones con Scream bajo un esquema similar.
Prioridad de Verano: Moverían el estreno de otras producciones menores para asegurar que Speed fuera el evento cinematográfico de julio.
—No podemos permitir que Warner ni otra productora se la lleve —concluyó Mechanic—.
Michael Relish tiene el “toque de Midas” para el público moderno.
Si firmamos este trato, Fox se posicionará como el estudio que entiende a la nueva generación.
Mañana iremos a esa oficina no a negociar, sino a ganar.
Mientras los ejecutivos de Fox cerraban su estrategia, sabían que en algún lugar de Burbank, la gente de Warner Bros estaba haciendo exactamente lo mismo.
La guerra por el autobús de Michael Relish estaba en su punto más álgido.
Burbank, California – Mientras Fox preparaba su oferta de 50/50, en los cuarteles de Warner Bros la conversación había escalado a un nivel mucho más ambicioso.
Terry Semel y su equipo no solo querían Speed; querían el cerebro de Michael Relish para sus propiedades intelectuales más valiosas.
—Olvíden las proyecciones de $200 millones.
Si Michael Relish puede hacer que un autobús se vea así de bien, imaginen lo que haría con un hombre volando o un detective en las sombras —dijo Semel, lanzando un ejemplar de un cómic de DC sobre la mesa de juntas.
El equipo de Warner estaba impresionado.
Tras ver el corte final de Speed, se dieron cuenta de que el lenguaje visual de Michael era “comiquero” por naturaleza: dinámico, agresivo y visualmente icónico.
—Nuestra oferta para mañana debe incluir un incentivo que Fox no puede igualar —continuó Semel—.
Ofreceremos el mismo trato de beneficios compartidos por Speed, pero añadiremos una cláusula de “Primera Opción” (First Look Deal) para nuestras franquicias de DC.
Queremos invitarlo formalmente a desarrollar una nueva visión para Superman o Batman.
Si acepta distribuir con nosotros, le daremos las llaves del reino de los superhéroes.
Para Warner, Michael era la pieza que faltaba para modernizar a sus héroes clásicos y atraer a la esquiva Generación X que tanto lo seguía.
A unos kilómetros de allí, en el Team Disney Building, el ambiente era mucho más frío.
Michael Eisner y Joe Roth debatían con una cautela que rozaba el escepticismo.
A pesar de haber enviado representantes a la función, la mentalidad de Disney seguía siendo muy rígida respecto al contenido “R-Rated”.
—Es una buena película, no hay duda —admitió uno de los ejecutivos financieros de Disney—.
Pero no es una película de Disney.
Es demasiado violenta, demasiado frenética.
—Nuestros analistas dicen que no superará los $180 millones de dólares —sentenció otro ejecutivo—.
Fox y Warner están sobreestimando el mercado.
Creeran que llegará a los $200 millones, pero nosotros creemos que el público de verano se saturará pronto.
Es un riesgo que no necesitamos tomar con un reparto de beneficios tan alto.
La decisión en Disney fue unánime pero arriesgada: enviarían una oferta de contrato normal.
Un pago fijo por la distribución, un porcentaje menor de taquilla y el control total del marketing por parte del estudio.
—Si Michael Relish quiere trabajar con los grandes, debe aceptar nuestras reglas —concluyó el equipo de Disney—.
No vamos a romper nuestra estructura de negocios por un director de 20 años, por muy bueno que sea su autobús.
+————————-+ Susan ya estaba recibiendo los primeros “sondeos” de estas reuniones.
Sabía que Warner vendría con promesas de capas y superpoderes, mientras que Disney intentaría imponer su peso corporativo.
Lo que Warner no sabía era que Michael ya estaba escribiendo sus propios personajes en Malibú, ya tenía a varios personajes de Marvel.
Sede de MGM, Santa Mónica – En las oficinas de Metro-Goldwyn-Mayer, el ambiente era de una extraña suficiencia.
A diferencia del pánico estratégico de Fox o la ambición de Warner, la directiva de MGM se sentía cómoda.
Habían sido los primeros en apostar por Michael Relish con Scream, y esa confianza les hacía creer que tenían un derecho de propiedad implícito sobre su carrera.
Frank Mancuso Jr.
se sentó a la cabeza de la mesa, mirando los gráficos de beneficios de la empresa.
—Hemos ganado mucho dinero con Scream —dijo Mancuso—, pero el departamento financiero se queja de que el reparto de beneficios fue demasiado generoso para una productora pequeña como Relish.
Michael era un desconocido entonces; ahora que es “alguien”, cree que puede seguir exigiendo más.
Pero se olvida de quién le abrió las puertas de Hollywood.
La directiva de MGM, desconectada del fervor que Speed había causado en los otros estudios, decidió que era hora de “reajustar” la relación con Michael.
—Queremos Speed —continuó un ejecutivo de finanzas—, pero no vamos a darles otro cheque en blanco.
Michael ya tiene dinero de Lola.
Nuestra oferta será un “trato de agradecimiento”.
Les daremos una distribución sólida, pero el porcentaje de taquilla para Relish Productions bajará del 50% al 40%.
Nosotros ponemos la marca del León, nosotros corremos con el riesgo del marketing de verano.
MGM operaba en una burbuja.
No habían escuchado los rumores sobre la oferta de superhéroes de Warner ni el pánico de Fox por recuperar terreno.
Para ellos, Michael seguía siendo el “chico de la casa” que no tendría a dónde ir.
—Michael es leal —afirmó Mancuso—.
Susan Davies vendrá mañana esperando que firmemos, y le diremos que, por ser ellos, les daremos un contrato “mejorcito” que el estándar de la industria, pero nada de repartos igualitarios.
Ellos necesitan nuestra estabilidad más de lo que nosotros necesitamos su película.
Tenemos la biblioteca de Bond, no dependemos de un autobús.
Mientras los abogados de MGM redactaban un contrato que ellos consideraban “justo” —pero que en realidad era insultante comparado con lo que se cocinaba en Burbank—, no se daban cuenta de que estaban cavando su propia tumba en la relación con Relish Productions.
—Envíen la propuesta mañana a primera hora —concluyó Mancuso con una sonrisa condescendiente—.
Díganles que es nuestra oferta final “por los viejos tiempos”.
Estoy seguro de que Michael firmará antes del almuerzo.
MGM entró en la batalla del 1 de julio armada con un cuchillo de mantequilla, sin saber que sus competidores llevaban artillería pesada.
La arrogancia del viejo Hollywood estaba a punto de chocar de frente con la nueva realidad de Michael Relish.
Relish Productions, Los Ángeles – 1 de julio de 1994, 09:00 AM El aire en la sala de juntas de Relish Productions era denso y cargado de una anticipación casi eléctrica.
Michael, vestido con un traje casual pero impecable que ocultaba su cansancio tras las noches de escritura en Malibú, se sentó junto a Susan.
Frente a ellos, Bill Mechanic y su equipo legal de 20th Century Fox desplegaron una serie de carpetas con el logo del reflector dorado.
—Michael, Susan —empezó Mechanic con una seriedad que denotaba respeto—.
Hemos visto muchas películas en este estudio, pero lo que ustedes han logrado con Speed es algo que solo ocurre una vez por década.
No estamos aquí para regatear.
Estamos aquí para asegurar que esta película sea el mayor éxito del verano.
Susan tomó la propuesta y la leyó en voz alta mientras Michael observaba las reacciones de los ejecutivos.
Fox no estaba bromeando: Garantía de Pantallas: Un estreno nacional masivo en 2,000 salas y 2,800 para la tercera semana de julio.
Esto superaba cualquier expectativa previa y garantizaba que la película estuviera en cada rincón de EE.
UU.
Presupuesto de Marketing: Fox se comprometía a invertir $20 millones de dólares solo en publicidad para las próximas tres semanas.
Una cifra astronómica para 1994, destinada a inundar la TV y las vallas publicitarias.
El Reparto 50/50: Aquí estaba el núcleo del trato.
Fox aceptaba un reparto de beneficios netos del 50% para Relish Productions después de recuperar los costos de distribución.
Michael mantendría la propiedad intelectual y el control sobre posibles secuelas.
Proyecciones de Recaudación: El contrato incluía dos cláusulas una que si ahí secuela ellos invertirán la mitad del presupuesto y segundo era una bonificación si la película superaba los $200 millones en la taquilla global, algo que Fox ahora veía como una posibilidad muy real.
—Es una oferta muy sólida, Bill —dijo Michael, manteniendo su rostro impasible—.
Veo que han entendido el valor del público joven que atraemos.
—Lo entendemos perfectamente, Michael —respondió Mechanic—.
Sabemos que tu forma de editar ha cambiado el lenguaje de la acción.
Estamos dispuestos a mover el estreno de nuestra otra gran apuesta de verano si es necesario.
Queremos que Speed sea la cara de Fox este julio.
Susan anotó unos puntos clave y miró a Michael.
Aunque la oferta era tentadora y el trato de respeto era evidente, ambos sabían que esta era solo la primera visita del día.
—Apreciamos la agresividad de la oferta, Bill —concluyó Susan con elegancia—.
Como acordamos, daremos nuestra respuesta final antes de que termine el día.
Tenemos otras citas programadas, por respeto a la transparencia de la subasta.
Mechanic asintió, aunque se notaba que quería cerrar el trato ahí mismo.
Se levantó, estrechó la mano de Michael y salió de la sala.
—Fox ha puesto el listón muy alto —susurró Susan una vez que se cerró la puerta—.
Están apostando fuerte por esos $200 millones.
Michael miró por la ventana, pensando el la cifra, ellos dicen 200 pero no saben que en su vida pasada fueron $350 millones.
—Es un buen comienzo, Susan.
Pero quiero ver qué tan desesperado está Warner por su “Superman” antes de firmar nada.
El 1 de julio acababa de empezar, y la primera oferta ya había puesto millones sobre la mesa.
La presión ahora pasaba al siguiente estudio en la lista.
Relish Productions, Los Ángeles – 1 de julio de 1994, 11:30 AM Tras la salida de Fox, el desfile de ejecutivos continuó.
Michael y Susan mantuvieron una disciplina de hierro; cada palabra era calculada y cada gesto era neutral.
Entraron en “modo de guerra”, donde la cara de póker era su mejor arma.
Terry Semel entró con la confianza de quien cree que tiene el as bajo la manga.
Su propuesta igualaba el presupuesto de marketing de Fox, pero titubeaba en el reparto de beneficios, ofreciendo un 44% para Relish con la promesa de “compensarlo” en el futuro.
—Michael, lo importante aquí no es solo el porcentaje de Speed —dijo Semel, inclinándose hacia adelante—.
Es el acceso a la biblioteca de DC.
Queremos que seas el arquitecto del nuevo Batman.
Si firmas con nosotros, no solo distribuyes una película, heredas una mitología.
Michael asintió lentamente, sin mostrar una pizca de la emoción que sentía por los cómics.
No dijo que ya estaba creando su propia mitología y tenía una en espera.
—Es una propuesta interesante, Terry.
La tendremos en cuenta para nuestra decisión final —respondió Michael con una voz plana que dejó a Semel desconcertado.
Se levantó y se fue sin decir nada.
+————————+ Disney fue el siguiente.
Su oferta era decepcionante: un contrato de distribución estándar, $10 millones en marketing y apenas un 25% de participación en los beneficios.
—Consideren el prestigio de nuestra marca —dijo el ejecutivo de Disney—.
Estar bajo el ala de la familia Disney vale más que cualquier punto porcentual.
Michael ni siquiera parpadeó.
Susan tomó el documento con la misma cortesía que si le hubieran entregado un volante de pizzería.
Finalmente, entró MGM.
Frank Mancuso Jr.
ni siquiera traía una presentación elegante.
Se sentó como si estuviera en su propia casa.
—Michael, hijo, vamos a ser directos.
Te daremos el 40%.
Es más de lo que cualquier otro director de tu edad recibiría en la industria.
Somos familia, ¿no?
No dejes que la ambición te ciegue.
Una vez que la puerta se cerró tras el último ejecutivo, el silencio en la sala de juntas fue absoluto.
Susan se dejó caer en su silla y soltó un suspiro largo, mientras Michael caminaba hacia el ventanal, mirando hacia Hollywood Hills.
—Es increíble —dijo Susan, rompiendo el silencio—.
Pensé que después de ver la película, habría sangre en el agua.
Esperaba una contienda feroz donde nos costaría elegir entre ofertas casi idénticas de excelencia.
Michael se giró, con una media sonrisa amarga.
—Yo también, Susan.
Esperaba que todos pelearan con el mismo hambre que nosotros.
Pero mira esto: Disney nos trata como un experimento de bajo riesgo, MGM intenta apelara a una “lealtad” que ellos mismos rompieron al querernos pagar menos, y Warner…
Warner quiere comprar mi talento para arreglar sus propios problemas a cambio de darnos menos dinero del que generamos.
—Solo Fox parece haber entendido el juego —continuó Susan, revisando los papeles—.
Bill Mechanic fue el único que entró aquí con respeto, con el 50% por delante y con la intención de reventar la taquilla en julio.
Los demás están estancados en el viejo Hollywood.
Michael asintió, cruzando los brazos.
—Es decepcionante, Susan.
Pensé que los grandes tiburones tenían mejor olfato.
Solo Fox se ha dado cuenta de que Speed no es solo una película, es un cambio de paradigma.
Los otros están viendo un autobús y explosión; Fox está viendo una mina de oro.
Michael miró el reloj.
Casi era hora de su reunión con la editorial de cómics.
Michael se levantó de su silla y miró a Susan con una determinación gélida.
La decepción por las otras ofertas se había transformado en una oportunidad táctica.
—Llama a Bill Mechanic —ordenó Michael—.
Dile que regrese ahora mismo.
Si Fox quiere ser el estudio de Michael Relish, van a tener que pagar un poco más por el privilegio de exclusividad este verano.
Susan no necesitó que se lo dijeran dos veces.
Veinte minutos después, el equipo de Fox estaba de vuelta en la sala, con una mezcla de nerviosismo y esperanza.
Michael no se anduvo con rodeos.
—Bill, tu oferta es la única que respeta el trabajo que hemos hecho —comenzó Michael, cruzando las manos sobre la mesa—.
Pero para cerrar este trato hoy mismo y cancelar cualquier conversación con Warner, quiero un ajuste.
Relish Productions no aceptará el 50% de los beneficios netos.
Queremos el 55% de los beneficios netos y un 5% de los ingresos brutos (First Dollar Gross) desde el primer día.
Mechanic tragó saliva.
Pedir puntos del “bruto” era algo reservado para leyendas como Spielberg o Cruise.
Pero tras un breve intercambio de miradas con su financiero, asintió.
Sabía que perder esta película sería el fin de su carrera si terminaba en manos de otra empresa.
—Aceptamos un aumento, Michael.
Pero te puedo dar al menos un 52% neto y el 5% del bruto.
Firma aquí.
Michael se puso a pensar, pero ya tenía lo que quería, así que asintió y dijo —Está bien.— El contrato final quedó estipulado bajo las siguientes premisas de recaudación: Presupuesto de Producción: $24.8 millones (ya cubiertos por Michael).
Marketing y Distribución (P&A): $25 millones (cubiertos por Fox).
Punto de Equilibrio (Breakeven): Aproximadamente $100-110 millones nacional.
Reparto Relish Productions: 52% de cada dólar que entre después de gastos y 5% de cada dólar que entre en taquilla antes de gastos.
Mientras deslizaba la pluma estilográfica sobre el papel, Michael realizaba cálculos mentales basados en su conocimiento de la línea de tiempo original.
En su vida pasada, Speed recaudó $350 millones.
Pero esta versión era superior.
Tenía a una Naomi Watts magnética, una edición más agresiva y un villano que no era solo un loco, sino un antagonista tridimensional que elevaba la tensión.
“Si la original hizo 350…”, pensó Michael, “con las mejoras en el mercado internacional que he impulsado y la narrativa más sólida, podemos aspirar a un crecimiento masivo”.
Sus proyecciones internas eran: Doméstico (EE.UU.): $130 millones (+$30M sobre la original).
Internacional: $280 millones (+$40M sobre la original).
Total Estimado: $410 – $420 millones de dólares.
Con un total de $410 millones, el beneficio neto tras gastos de marketing y cines sería de unos $180 millones aproximadamente.
El 52% de eso significaba casi $93 millones para Relish Productions, sumado al 5% del bruto (otros $20 millones).
Michael firmó el documento.
Acababa de asegurar, en un solo movimiento, una entrada de más de $105 a $110 millones de dólares para su empresa en los próximos meses.
—Felicidades, Bill —dijo Michael estrechando la mano de Mechanic—.
Acabas de comprar el éxito del año.
Susan, prepara el comunicado de prensa.
Y ahora…
—Michael sonrió de lado—, cuando estén lo de la editorial lo haces pasar.
El contrato estaba sellado.
Fox tenía la película, y Michael tenía el capital necesario para financiar no solo una, sino tres películas si quisiera.
El 1 de julio estaba cumpliendo todas sus promesas.
Relish Productions, Los Ángeles – 1 de julio de 1994, 15:30 PM Apenas diez minutos después de que los ejecutivos de Fox abandonaran el edificio con el contrato del siglo bajo el brazo, el ambiente en la oficina de Michael cambió drásticamente.
El aroma a café corporativo fue reemplazado por el olor a tinta fresca y papel satinado.
Susan hizo pasar a los directivos de Apex Comics, la pequeña editorial independiente que Michael había contratado para dar vida a sus visiones.
Traían consigo dos carpetas de cuero que contenían los folios originales del “Capítulo Cero” de Ben ‘El Alienígena’ y El Laboratorio de Dexter.
—Michael, hemos seguido tus instrucciones al pie de la letra —dijo el editor jefe, depositando las carpetas sobre la mesa—.
El tono es más oscuro, el arte es cinemático y los personajes reflejan esa madurez de 15 años que pediste.
Michael abrió la primera carpeta: Ben.
Sus ojos se iluminaron.
El diseño de Ben Tennyson era perfecto; no era un niño pequeño, sino un adolescente con una chaqueta verde de forma militar, una mirada rebelde y el cabello ligeramente despeinado.
La primera página mostraba el impacto del meteorito en el desierto de Nevada.
El dibujo era visceral; se podía sentir el calor del cráter.
En la última viñeta, el Omnitrix no parecía un juguete, sino una pieza de tecnología alienígena aterradora y biomecánica que se incrustaba en el brazo de Ben mientras este gritaba de dolor y asombro.
—Esto es exactamente lo que quería —murmuró Michael, trazando con el dedo la línea del dibujo—.
No es para niños pequeños.
Es para adolescentes que quieren ver algo real.
Luego pasó a Dexter.
El estilo aquí era más estilizado, casi neo-noir.
Dexter aparecía en una chatarrería industrial, rodeado de chatarra de robots pequeños y medianos destrozads.
Su laboratorio no era una habitación de juegos; era una instalación subterránea que recordaba a un búnker de la Guerra Fría, lleno de pantallas de radar y planos complejos, todo antes de parecer una habitación futurista.
La sorpresa llegó al ver a Dee Dee.
Los artistas la habían dibujado como una joven de 19 años atlética, con ropa de espía oculta bajo una sudadera normal.
Se veía la inteligencia en sus ojos mientras observaba a Dexter a través de una cámara oculta.
Michael sacó de su maleta las libretas que había estado llenando en Malibú durante los últimos dos días: la mitología de las Chicas Superpoderosas, el pasado del demonio Aku y la conexión de los Jóvenes del suburbio (Chicos del Barrio).
—Tomen esto —dijo Michael, entregándoles el fajo de papeles—.
Aquí está la estructura de los próximos doce números.
Quiero que mejoren este primer vistazo basándose en estas nuevas revelaciones.
La conexión entre el meteorito de Ben y los sensores de Dexter debe ser sutil pero evidente.
El editor jefe hojeó las notas de Michael, abriendo los ojos de par en par al leer sobre la “Sustancia X” y el pasado oculto de los superhéroes.
—Michael…
esto es enorme.
Si publicamos esto así, vamos a sacudir la industria del cómic, nosotros pensábamos que ibas hacer historia separadas de diferente gente.
—Esa es la idea —respondió Michael con una sonrisa—.
Tienen todo el mes de julio para pulir el arte y preparar la primera tirada.
Quiero que los primeros números lleguen a las estanterías en agosto o a más tardar septiembre, justo cuando la fiebre por Speed esté en su punto más alto.
Usaremos la película para promocionar los cómics.
Susan, que observaba desde un lado, se dio cuenta de que Michael acababa de conectar dos industrias diferentes en un solo día.
Mientras el mundo esperaba una película de acción, él ya estaba construyendo un universo literario que los atraparía después.
—Agosto será el mes de Relish —sentenció Susan—.
Primero conquistamos la taquilla, luego las librerías.
Michael asintió, mirando una vez más el dibujo de Ben contemplando el reloj alienígena.
Relish Productions, Los Ángeles – 1 de julio de 1994, 16:30 PM Michael examinó los bocetos de los dibujantes con la precisión de un cirujano.
El estilo de dibujo no era el “cartoon” simplista que se veía en la televisión de esa época; era algo mucho más cercano al estilo de Jim Lee o Todd McFarlane, pero con una narrativa visual moderna.
Para Dexter, el dibujo recordaba a una mezcla entre la tecnología pesada de Iron Man y la intriga militar del Capitán América.
Los paneles mostraban maquinaria hidráulica, luces de neón en búnkeres oscuros y a una Dee Dee que, en sus escenas de espionaje, recordaba a la Viuda Negra.
Era una combinación de ciencia ficción “hard” y suspenso gubernamental.
En el caso de Ben 10, el arte capturaba la esencia de un Spider-Man adolescente.
Ben no era un héroe perfecto; sus posturas en combate eran dinámicas, casi acrobáticas, inspiradas en los Jóvenes Titanes.
Los alienígenas del Omnitrix no se veían como disfraces, sino como transformaciones biológicas dolorosas y detalladas.
—Ustedes han captado la esencia —dijo Michael a los dibujantes—.
Otros estudios intentan unir sus historias después de años de éxito individual.
Nosotros no.
Nosotros estamos sembrando las semillas del encuentro desde la página uno.
El lector debe sentir que Ben y Dexter respiran el mismo aire contaminado por las conspiraciones del gobierno, el ataque puedes hacer que llegue Vilgas ya que es un conquistador intergaláctico, el es hermano del anterior conquistador intergaláctico que el abuelo de Ben derrotó hace más de 40 años.
Los artistas estaban atónitos.
Michael no solo les daba ideas; les entregaba una arquitectura narrativa completa.
Se despidieron con la promesa de tener los números listos para agosto, sabiendo que estaban trabajando para el hombre con la visión más clara de todo Hollywood.
Una vez que los editores salieron, Michael se quedó a solas con Susan.
—Esto es solo el comienzo, Susan —dijo Michael, guardando los bocetos—.
Después del año 2000, cuando la tecnología CGI sea lo suficientemente barata, estos cómics se convertirán en las películas que definan el nuevo siglo.
En ese momento, la puerta se abrió de par en par.
Eleanor entró con una sonrisa que iluminaba toda la habitación, agitando unos documentos legales.
—¡Michael!
¡Lo logramos!
—exclamó Eleanor, recuperando el aliento—.
Ha sido una batalla legal de semanas, pero Marvel ha cedido.
Tenemos los derechos de los personajes que pediste.
Michael se levantó de un salto, con el corazón acelerado.
—¿Todos?
—Casi todos los principales —respondió Eleanor—.
El contrato es por 12 años.
Si no producimos algo para entonces, regresan a ellos, pero por ahora…
son nuestros y si lo hacemos ya no serán 12 años, si no 5 años.
Michael sintió una descarga de adrenalina.
En su vida pasada, Marvel estuvo a punto de quebrar en los 90 y vendió sus derechos a trozos (Sony, Fox, Universal).
Pero ahora, Michael tenía una década entera para tratar a los personajes de Marvel con el respeto que merecían, integrándolos quizás en su propio universo o manteniéndolos como una fuente inagotable de ingresos.
—Doce años es más que suficiente —dijo Michael, mirando a Susan y Eleanor con una chispa de ambición pura en los ojos—.
Tenemos nuestra propia mitología naciendo en agosto y ahora tenemos a mayorías de los héroes de Marvel en el banquillo.
Michael caminó hacia la pizarra de su oficina y escribió un número: 2000.
—Susan, Eleanor…
lo que Fox pagó hoy por Speed es calderilla comparado con lo que vamos a construir.
Hoy hemos comprado el futuro.
La oficina de Relish Productions ya no era solo un lugar donde se hacían películas; se había convertido en el centro de mando de una revolución cultural.
Michael Relish no solo iba a ganar dinero; iba a ser el dueño de la imaginación de toda una generación.
📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com