En Hollywood. - Capítulo 25
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25: Capítulo 24 25: Capítulo 24 Capítulo 24: La primera Grieta Relish Productions, Los Ángeles – Del 1 al 6 de julio de 1994 El aire en la oficina de Relish Productions estaba tan cargado de electricidad estática que Susan sentía que el cabello se le erizaba cada vez que pasaba cerca de un teléfono.
El 1 de julio debería haber sido el día de la victoria absoluta tras firmar con Fox, pero Michael había sido categórico: no permitiría que MGM retuviera los millones de dólares faltante que le correspondían por la liquidación final de Scream.
Lo que comenzó como una llamada de rutina para confirmar la transferencia se convirtió en una guerra de trincheras burocrática de seis días que puso a prueba la paciencia de Michael y la agresividad de Susan.
17:00 PM.
Susan marcó el número directo de Frank Mancuso Jr.
La respuesta fue inmediata, como si estuvieran esperando el ataque.
—Susan, qué placer saludarte —dijo Mancuso, aunque su voz no proyectaba calidez—.
Me enteré de lo de Fox.
Un movimiento interesante.
Pero hablemos de lo que nos importa: Scream 2.
La junta directiva está ansiosa por saber cuándo tendremos el primer borrador del guion y la fecha de inicio de producción.
Susan miró a Michael, quien estaba sentado frente a ella, escuchando por el altavoz.
—Frank, para hablar de la secuela primero tenemos que cerrar el ciclo de la primera —respondió Susan con tono gélido—.
El reporte de taquilla final está en vuestra mesa.
El saldo a favor de Michael es de 72.2 millones.
Esperábamos el depósito hoy.
—Bueno, Susan, ya sabes cómo son estas cosas —la voz de Mancuso se volvió evasiva—.
Estamos auditando los costos de distribución internacional.
Además, dado que Michael se llevó Speed a la competencia, tenemos que ser muy cautelosos con nuestras reservas.
Pero si mañana nos entregas un acuerdo firmado para que nosotros distribuyamos tres películas de Relish Productions aparte de la secuela de Scream, estoy seguro de que el departamento de finanzas encontrará una forma de acelerar ese pago.
Michael hizo una señal de “corta” con la mano.
Susan terminó la llamada con una cortesía mínima.
MGM estaba usando el dinero de la primera película para forzar el contrato de la segunda.
Durante los siguientes dos días, Susan se convirtió en un recepcionista, pegada al teléfono de la productora.
Llamó a contabilidad, a legal y a los vicepresidentes.
Las respuestas fueron una sinfonía de tácticas dilatorias: —”El responsable de las firmas internacionales está en un crucero por el Mediterráneo”.
—”Hemos encontrado una discrepancia en las ventas en Japón”.
—”El sistema informático de transferencias masivas está caído por mantenimiento”.
Cada excusa era más ridícula que la anterior.
MGM estaba intentando asfixiar el flujo de caja de Michael para que no pueda hacer ningún trámite.
Querían que Michael, desesperado por efectivo, cediera los derechos de la secuela de Scream bajo condiciones desfavorables.
5 de julio, 09:30 AM – Tras el feriado del 4 de julio, Michael decidió que la diplomacia había muerto.
Se sentó en el escritorio de Susan y marcó él mismo a la oficina de Mancuso.
—Frank, soy Michael.
Escúchame bien porque no voy a repetirlo.
—Michael, qué alegría…
—Disculpa por interrumpir, escucha —interrumpió Michael, y Susan notó que el tono del joven director era el de alguien que ya no tenía miedo—.
Estás reteniendo más de 70 millones de mi propiedad.
Crees que necesito ese dinero para sobrevivir, pero lo que no entiendes es que yo no te necesito a ti.
—Michael, estamos hablando de una relación a largo plazo, de Scream 2…
—No habrá Scream 2 con MGM si ese dinero no está en movimiento en la próxima hora —disparó Michael—.
El contrato original de Scream dice que tengo el control creativo y que la opción de distribución de la secuela es negociable si no se cumplen los términos del primer acuerdo.
Retener mis pagos es un incumplimiento de contrato flagrante, entonces puedo darle la distribución a otra productora.
Michael se inclinó hacia el teléfono, su voz era un susurro peligroso.
—Si no veo la transferencia ahora, mañana anuncio que la franquicia de Scream se muda a Dimension Films o a New Line Cinema.
Ellos me pagarán lo que tú me debes solo por el derecho de quitártela.
¿Quieres perder la franquicia de terror más exitosa de la década por 72 millones?
Piénsalo bien, Frank.
6 de julio, 11:00 AM La amenaza de perder la secuela fue el detonante.
MGM no podía permitirse perder a Ghostface; era su único activo seguro además de James Bond.
Susan recibió la llamada de vuelta.
No era Mancuso, sino el tesorero principal del estudio.
—Señora Davies, hemos logrado “acelerar” parte del proceso —dijo con voz tensa—.
Vamos a realizar una transferencia inmediata de 36 millones de dólares, exactamente la mitad del saldo pendiente.
Es todo lo que podemos liberar mientras se completan las auditorías de los mercados asiáticos.
Susan miró a Michael.
Él asintió lentamente.
—Aceptamos los 36 millones hoy como prueba de buena fe —dijo Susan—.
Pero que Frank lo sepa: la otra mitad debe estar aquí.
Si falta un solo centavo para mitad de mes, Michael se lleva el guion de la secuela a la oficina de Bob Weinstein.
Y no estamos bromeando.
Cuando Susan colgó, Michael suspiró y se recostó en la silla.
—Es un comienzo.
36 millones son suficientes para asegurar la nómina de los dibujantes y el depósito del nuevo edificio de Relish Studios.
—¿De verdad te llevarías la secuela a otro lado?
—preguntó Susan con curiosidad.
Michael sonrió, esa sonrisa que Susan ya conocía: la de alguien que siempre tiene un plan de respaldo.
—Susan, el contrato con MGM tiene grietas legales que yo mismo puse ahí.
Si no me pagan, no solo me llevo la secuela; les quito hasta el nombre del personaje.
MGM tiene que entender que el “León” ya no es el rey de esta selva.
A pesar de la victoria parcial, la tensión seguía en el aire.
MGM aún retenía 36.2 millones, y el viernes se perfilaba como el día del juicio final.
Pero Michael ya tenía lo que necesitaba para mover sus piezas.
La guerra continuaba, pero el primer golpe de gracia lo había dado él.
Sede de MGM, Santa Mónica – 7 al 9 de julio de 1994 El viernes 7 de julio amaneció con una niebla inusual sobre la costa, pero en la oficina de Michael el ambiente era de una claridad absoluta.
Susan se preparaba para su incursión en territorio enemigo.
En su maletín no solo llevaba las facturas pendientes de los últimos 36.2 millones de dólares; llevaba el arma más letal de Relish Productions: el borrador preliminar de Scream 2.
—No dejes que se queden con el guion, Susan —advirtió Michael mientras ella se dirigía a la puerta—.
Deja que lean las primeras cincuenta páginas frente a ti.
Que sientan el aroma del éxito y luego recuérdales que ese éxito tiene un precio de entrada: mi liquidación completa.
Susan llegó a la oficina de Frank Mancuso Jr.
sin cita previa, pero su presencia era tan imponente que nadie se atrevió a detenerla.
En la sala de juntas, tres ejecutivos de alto rango y el equipo legal de MGM la esperaban con sonrisas tensas.
—Traigo el futuro de su franquicia —dijo Susan, depositando el libreto sobre la mesa—.
Michael ha trabajado en esto durante las últimas noches.
Es más sangriento, más inteligente y subvierte todas las reglas de las secuelas.
Pero antes de que abran la primera página, hablemos del pago que falta.
Mancuso hizo un gesto de desdén.
—Susan, ya les dimos la mitad.
El resto llegará cuando verifiquemos las cifras de…
—Lean —interrumpió Susan, cruzando los brazos—.
Lean y decidan si esos 36 millones valen más que el fenómeno que tienen entre manos.
Durante los siguientes cuarenta minutos, el silencio en la sala solo se rompía por el sonido de las hojas al pasar.
Susan observaba las expresiones de los ejecutivos: el sudor en la frente de Mancuso, la sorpresa en los ojos del jefe de producción.
Michael lo había logrado de nuevo.
El guion mantenía la chispa satírica, el suspense insoportable y una apertura que dejaba a la primera película como un juego de niños.
Sabían que, aunque difícilmente superaría la recaudación de la original (algo común en las secuelas), los márgenes de beneficio serían astronómicos.
Era dinero seguro y daba en el plato otra posible secuela si es bien recibida.
Mientras los ejecutivos de MGM se hundían en el guion, Michael ponía en marcha la segunda parte del plan desde Malibú.
A través de Eleanor, se filtró una nota corta pero devastadora a Variety y The Hollywood Reporter: “FUENTES CERCANAS A RELISH PRODUCTIONS REPORTAN DESCONTENTO POR INCUMPLIMIENTO DE CONTRATO.
MICHAEL RELISH PODRÍA MUDAR SU PRIMERA FRANQUICIA DE TERROR TRAS RETENCIÓN DE FONDOS POR PARTE DE UN ESTUDIO MAYOR”.
La noticia corrió como pólvora.
Para el mediodía, el teléfono de Susan en Relish Productions no dejaba de sonar.
Warner Bros, New Line Cinema y hasta Dimension Films estaban dejando mensajes urgentes.
Todos querían una pieza del pastel de Scream y estaban dispuestos a darle casi la misma porción en la recaudación como MGM con tal de obtener el derecho de distribución.
+——————————-+ En Century City, Bill Mechanic de Fox vio la noticia y sonrió.
Él ya tenía el contrato de Speed, pero sabía que ayudar a Michael en este momento lo convertiría en su aliado de por vida.
Fox no quería cometer el mismo error que MGM; querían demostrar que ellos sí sabían cuidar a sus talentos.
Al día siguiente, el Los Angeles Times publicó una columna firmada por un portavoz de Fox: “20th Century Fox sigue entusiasmada con su colaboración con Michael Relish en ‘Speed’ y vería con ojos muy positivos expandir su relación con el cineasta a otras de sus propiedades intelectuales, incluyendo el género de terror, donde Michael ha demostrado ser insuperable”.
Era una declaración de guerra encubierta.
Fox le estaba diciendo a MGM: “Si no le pagas, nosotros podemos darle el mismo trato y nos quedaremos con todo”.
Al día siguiente de vuelta en la sala de juntas de MGM, Mancuso cerró el guion de la secuela con manos temblorosas.
Sus abogados entraron a la sala susurrando sobre la filtración de la prensa y las llamadas de la competencia.
El pánico empezaba a nublar la arrogancia inicial.
—Este guion…
es magnífico —admitió Mancuso, su voz ahora mucho menos segura—.
Pero esta táctica de la prensa, Susan…
es muy agresiva.
—La agresividad es proporcional a la deuda, Frank —respondió Susan, recogiendo el guion de la mesa y guardándolo en su maletín—.
Michael ya tiene ofertas sobre la mesa para pagar los 36 millones hoy mismo a cambio de los derechos de esta secuela.
Ustedes tienen hasta el 16 o 17 de julio para que el saldo esté en nuestra cuenta.
Si no, el día 18 por la tarde firmamos con Fox o cualquier productora.
Susan se levantó y salió de la oficina sin mirar atrás.
Había dejado a los leones de MGM hambrientos y aterrorizados.
Michael había ganado esta ronda; había demostrado que su talento era más fuerte que cualquier contrato y que en el nuevo Hollywood, la información y el contenido son los verdaderos reyes.
MGM se encontraba en una encrucijada: pagar lo que debían y asegurar su futuro, o ser tacaños y ver cómo Michael Relish construía su imperio con sus mayores rivales.
La cuenta atrás había comenzado.
Los Ángeles – 12 de julio de 1994 La presión de la prensa y la amenaza de perder la franquicia de Scream finalmente doblegaron la resistencia de MGM.
Frank Mancuso Jr., acorralado por sus propios inversores tras las filtraciones en Variety, envió un mensaje corto a través de sus abogados: “El proceso de auditoría concluirá este fin de semana.
El saldo restante de los millones de dólares será transferido el lunes a primera hora.
Consideren esto un gesto de buena voluntad para mantener nuestra relación de cara a la secuela”.
Michael leyó el mensaje en su oficina y se limitó a sonreír.
Había ganado.
MGM no se retiraba por amabilidad, sino porque tenían miedo de que el estreno de Speed este jueves los dejara en una posición de debilidad absoluta si la película resultaba ser el éxito que todos predecían.
El Cónclave en Fox: Estrategia de Choque Con el frente financiero estabilizado, Susan Wells se dirigió a Century City para una reunión de emergencia con Bill Mechanic y el equipo de marketing de 20th Century Fox.
Solo faltaban 48 horas para el jueves 14 de julio, la fecha elegida para el estreno mundial.
—Estamos haciendo algo que nunca se ha intentado en esta escala —dijo Mechanic, señalando un mapa de distribución—.
Hemos concentrado el 80% del presupuesto de marketing en las últimas 72 horas.
Es una “Campaña de Choque”.
Susan se sentó frente a la lluvia de ideas que los creativos de Fox tenían en la pizarra: El Gancho: “De los creadores de Scream y Corre Lola Corre”.
Usar el nombre de Michael como sello de calidad juvenil.
La Narrativa: No venderla como una película de policías, sino como un videojuego en la vida real.
“No bajes de las 50 millas o todo explota”.
Presencia en Radio: Comprar cada espacio publicitario en las emisoras alternativas y de rock que escuchan los adolescentes.
—Michael quiere que el tráiler se sienta como un videoclip —intervino Susan—.
Si la gente siente que puede parpadear, hemos fallado.
Esta película es para la generación que no quiere esperar.
Mientras tanto, en las calles de Los Ángeles, Nueva York y Chicago, la maquinaria de Relish Productions y Fox estaba causando un impacto sísmico.
A pesar de ser una campaña corta y “atrasada” por las negociaciones, su intensidad era abrumadora.
(Westwood, CA) Jason, un universitario que había visto Scream cuatro veces en el cine, caminaba por el campus cuando vio un póster gigante que no estaba allí ayer.
Era un autobús volando sobre un puente incompleto con el nombre de Michael Relish en letras grandes.
—¿Viste eso?
—le preguntó a su amigo—.
El tipo de Scream hizo una de acción.
Dicen que es como Lola, pero con explosiones de verdad.
Tenemos que ir el jueves.
Si él la hizo, no va a ser una basura aburrida de Stallone; va a tener estilo.
(New York City) En las redacciones de los periódicos, el murmullo era incesante.
Los críticos habían recibido pases de prensa de último minuto.
—Relish es un kamikaze —comentó un redactor del New York Post—.
Saltar del terror de bajo presupuesto a una superproducción de acción de 25 millones en menos de un año es un suicidio…
o un genio.
Pero los jóvenes están locos por él.
Hay filas en las taquillas solo preguntando si ya pueden comprar los boletos anticipados.
La combinación de la estética visual de Michael y la energía de Naomi Watts había creado un aura de “coolness” que Hollywood no veía desde hacía tiempo.
Los jóvenes no esperaban una película de acción tradicional donde el héroe es invencible; esperaban el ritmo frenético de Lola y el suspense de Scream.
Michael, desde su oficina, observaba los reportes de preventa.
Eran sólidos.
El público no estaba comprando una película sobre un autobús; estaban comprando una entrada al universo de Michael Relish.
—Dos días, Susan —dijo Michael, mirando el reloj—.
Dos días para que MGM se dé cuenta de que 72 millones era poco para lo que valgo, y para que Fox sepa que el 52% fue el mejor trato que han firmado en su vida.
El jueves 14 de julio estaba marcado en rojo en el calendario de toda la industria.
Michael Relish estaba a punto de demostrar que el cine de acción podía ser joven, inteligente y, sobre todo, increíblemente rentable.
La cuenta atrás había comenzado.
Mansión Relish, Malibú – 13 de julio de 1994 El sol de la tarde se filtraba por los grandes ventanales de la sala, bañando todo en un tono dorado.
Era la víspera del 14 de julio, el día en que Speed dejaría de ser un proyecto privado para pertenecer al mundo.
Sin embargo, dentro de la casa, el ambiente no era de celebración, sino de una tensa quietud.
Michael observaba desde la cocina a Naomi, quien estaba sentada en la terraza mirando el océano.
Elizabeth estaba a su lado, revisando algunos detalles de los vestidos que usarían al día siguiente, pero Naomi parecía estar a miles de kilómetros de distancia.
Michael se acercó con tres copas de vino ligero.
Al llegar a la terraza, notó que Naomi estaba jugando ansiosamente con el borde de su falda.
Sus ojos, generalmente brillantes y decididos, mostraban una vulnerabilidad que Michael solo había visto una vez antes: justo después del accidente en el rodaje.
—Mañana es el gran día —dijo Michael suavemente, entregándoles las copas.
Elizabeth suspiró, intentando aliviar el ambiente.
—El vestido de Naomi es increíble, Michael.
Va a ser la mujer más fotografiada de Hollywood mañana por la noche.
Naomi forzó una sonrisa, pero sus manos temblaban ligeramente.
Michael puso una mano sobre la de ella y sintió que estaba helada.
—¿Es por la alfombra roja, Naomi?
—preguntó Michael, bajando el tono.
Ella asintió, bajando la mirada.
—En Scream…
no tuvimos esto.
La película simplemente salió y se volvió un éxito mientras nosotros seguíamos trabajando.
No hubo flashes, no hubo miles de personas gritando mi nombre.
Mañana será la primera vez que camine como protagonista frente a todo el mundo.
Y tengo miedo, Michael.
Michael sabía que no era solo el miedo escénico.
Era el peso de saber que su rostro estaba pegado en cada autobús de la ciudad después de haber estado a punto de tener un accidente real durante la filmación.
—¿Sigues pensando en el accidente?
—le preguntó Michael con honestidad.
Naomi suspiró, dejando la copa sobre la mesa.
—Cada vez que cierro los ojos para imaginar el estreno, escucho el sonido del metal retorciéndose.
Me veo a mí misma en ese autobús.
Me pregunto si la gente verá a la actriz o si verán mi miedo real en la pantalla.
Siento que…
que si esta película falla, el accidente no habrá valido la pena.
Elizabeth abrazó a su amiga por los hombros, pero dejó que Michael hablara.
Él era el arquitecto de todo esto.
Michael se inclinó hacia adelante, buscando la mirada de Naomi.
—Escúchame bien, Naomi —dijo Michael con una convicción que no admitía dudas—.
Lo que pasó en esa autopista fue real, sí.
Y ese miedo que sientes es lo que hace que tu interpretación sea la mejor que he visto en una película de acción en años.
No estás fingiendo; estás viviendo.
Pero mañana no estarás en ese autobús.
Mañana estarás en el trono que te pertenece.
Naomi lo miró, sus ojos llenándose de lágrimas contenidas.
—Esta no será tu última alfombra roja —continuó Michael, dándole ánimos—.
Mañana es solo el inicio.
Cuando la gente vea cómo sostuviste esa película, cómo te enfrentaste a Dennis Hopper y cómo dominaste la pantalla, tu carrera se disparará.
No te verán como la chica de la película de terror, te verán como la nueva reina de Hollywood.
Michael sonrió y le apretó la mano con fuerza.
—Tranquila.
Yo estaré a tu lado todo el tiempo.
Susan estará allí.
Elizabeth estará allí.
Solo tienes que sonreír y dejar que el mundo vea lo que yo vi a través de mi lente: a una estrella.
Naomi respiró profundamente, dejando que las palabras de Michael calmaran su pulso.
El miedo no desapareció del todo, pero el apoyo de Michael le dio el ancla que necesitaba.
—Gracias, Michael —susurró ella—.
No sé qué habría hecho sin ti en este último año.
Pasaron el resto de la tarde conversando de temas triviales, evitando hablar de contratos, de MGM o de Fox.
West Hollywood, Los Ángeles – 13 de julio de 1994 Mientras el sol se ponía sobre las colinas de Hollywood, Keanu Reeves se encontraba en su modesto apartamento, terminando de preparar su traje para la premiere de mañana.
El silencio de su sala fue interrumpido por el timbre persistente de su teléfono.
Era Erwin Stoff, su agente y amigo cercano.
—Keanu, ¿tienes un momento?
—la voz de Erwin sonaba más aguda de lo normal, cargada de una energía eléctrica que Keanu reconoció de inmediato—.
Acabo de colgar con un contacto en Fox.
Han estado monitoreando las reacciones de las funciones de prueba y los niveles de preventa.
Keanu, esto no es solo un éxito…
es un incendio forestal.
Keanu, siempre reservado y humilde, se sentó en el borde de su sofá.
—Me alegra oírlo, Erwin.
Michael trabajó muy duro como director y en la sala de edición.
—Michael es un animal diferente, Keanu —respondió el agente con tono serio—.
Escúchame bien.
Mañana, cuando camines por esa alfombra roja, quiero que te asegures de estar cerca de él.
He hablado con gente de Warner, de Disney y de MGM.
Todos tienen fe en Speed.
Dicen que la película tiene un ritmo que hace que el resto de las cintas de acción de este año parezcan películas mudas.
Erwin hizo una pausa para enfatizar lo que iba a decir a continuación.
—¿Te das cuenta de lo que Michael Relish está a punto de lograr?
Si mañana los números confirman lo que esperamos, habrá dirigido tres éxitos masivos consecutivos.
Y no solo eso: terror con Scream, cine de arte con Lola y ahora acción pura con Speed.
Tres géneros distintos en menos de dos años.
Nadie en la historia de Hollywood ha hecho eso a su edad.
Ni Spielberg, ni Lucas.
Nadie.
—Tiene una visión muy clara —comentó Keanu, recordando cómo Michael lo dirigió en el set—.
No te pide que actúes, te pide que sientas la urgencia.
Es…
refrescante.
—Hazte amigo de él, Keanu.
Más allá del trabajo —aconsejó Erwin—.
El talento de Michael no es suerte, es una anomalía.
Es el tipo de director que va a construir una carrera muy buena y lo más importante tiene su propia productora, y querrás estar en su radar para lo que venga.
—Hablando de lo que viene —continuó Erwin—, el teléfono no ha dejado de sonar desde que Fox lanzó el tráiler final.
Tengo un par de guiones aquí que han llegado hoy mismo.
Saben que tu caché va a subir al doble el próximo lunes por la mañana.
Keanu escuchó mientras su agente hojeaba los papeles al otro lado de la línea.
—Hay uno de una comedia dramática llamada A Walk in the Clouds (Un paseo por las nubes).
Quieren ese toque romántico que tienes.
También ha llegado algo sobre un abogado del diablo, aunque está muy verde todavía.
Y…
—Erwin hizo una mueca— hay una oferta para algo llamado Johnny Mnemonic.
Ciencia ficción cyberpunk.
Keanu anotó los nombres en un trozo de papel.
Eran los guiones que el destino le enviaba en esta línea de tiempo, pero ahora, bajo la influencia de Michael, Keanu se sentía diferente.
Sabía que después de interpretar a Jack Traven con la intensidad que Michael le exigió, su estándar para elegir proyectos había cambiado.
—Los leeré, Erwin.
Pero mi prioridad es mañana.
Quiero que Michael sepa que estoy agradecido por la oportunidad.
Muchos en este pueblo me veían solo como el chico de Bill & Ted, pero él vio un héroe de acción.
—Él vio una estrella, Keanu.
Mañana por la noche, todo el mundo verá lo mismo.
Ve a descansar.
Mañana tu vida será muy diferente a la de hoy.
Keanu colgó el teléfono y miró por la ventana hacia las luces de la ciudad.
Mañana se enfrentaría a la prensa, a los flashes y al juicio del público.
Pero en el fondo de su mente, solo pensaba en la conversación que Michael tuvo con él el último día de rodaje sobre “cambiar el juego”.
Keanu se dio cuenta de que Michael no solo estaba haciendo películas; estaba seleccionando a las personas que lo acompañarían en la conquista de la industria.
Y Keanu Reeves estaba listo para el viaje.
Grauman’s Chinese Theatre, Hollywood – 14 de julio de 1994, 18:30 PM El icónico bulevar de Hollywood estaba cortado al tráfico.
Fox no había escatimado en gastos: una alfombra roja que se extendía casi una manzana entera, focos de xenón barriendo el cielo nocturno y una multitud de jóvenes que se agolpaba tras las vallas, muchos de ellos portando camisetas de Scream o carteles con la cara de Naomi Watts.
Los actores secundarios de Speed comenzaron a llegar primero.
Alan Ruck y Joe Morton caminaban con sonrisas profesionales, respondiendo preguntas sobre la intensidad del rodaje.
Luego llegó Keanu Reeves, bajando de una limusina negra con su característico estilo desgarbado pero elegante.
Los periodistas se abalanzaron sobre él.
—¡Keanu!
¿Es cierto que hiciste tus propias acrobacias?
—gritó un reportero de Entertainment Tonight.
—Michael nos empujó a ser auténticos —respondió Keanu con calma—.
Fue un viaje intenso.
Sin embargo, la dinámica de la alfombra roja cambió bruscamente cuando una limusina blanca se detuvo.
Fox, en un movimiento de marketing para elevar el perfil del evento, había invitado a pesos pesados de la industria.
Tom Cruise, que acababa de terminar Entrevista con el Vampiro, bajó del coche junto a Nicole Kidman.
El efecto fue instantáneo y brutal.
Los periodistas que estaban entrevistando a los actores de Speed simplemente les dieron la espalda, dejando sus frases a medias, para correr hacia la pareja dorada de Hollywood.
—¡Tom!
¡Nicole!
¿Qué los trae al estreno de un director tan joven?
—preguntaron a gritos.
—Sentimos mucha curiosidad por lo que Michael Relish está haciendo —respondió Cruise con su sonrisa de un millón de dólares—.
He oído que ha cambiado las reglas de la acción.
Queríamos verlo por nosotros mismos.
A unos metros de allí, Keanu y los demás actores de la película quedaron en un rincón sombrío de la alfombra roja, ignorados por un momento.
Hubo un cruce de miradas entre ellos; una mezcla de celos naturales y una punzada de amargura.
En Hollywood, el orden jerárquico era implacable.
Sin embargo, Keanu simplemente sonrió para sus adentros.
Sabía algo que Cruise y los periodistas aún no: dentro de dos horas, nadie estaría hablando de las estrellas invitadas, sino de la tormenta que acababan de presenciar en la pantalla.
De repente, el murmullo de la multitud en las vallas se convirtió en un rugido atronador.
No era el grito educado que se le da a una estrella consagrada, era el grito ferviente de una generación que se sentía representada.
Una limusina blindada de color gris mercurio se detuvo frente a la entrada principal.
La puerta se abrió y, por un segundo, todos los flashes de la prensa se coordinaron en un solo estallido de luz blanca.
Michael Relish bajó primero.
Vestía un traje negro hecho a medida, sin corbata, con un aire de confianza que hacía que sus 20 años parecieran una ilusión óptica.
A su lado, Naomi Watts apareció como una visión de puro glamour clásico de Hollywood, pero con una chispa moderna en su mirada que desafiaba a las cámaras.
Elizabeth, luciendo un vestido elegante y vanguardista que gritaba éxito, completaba el trío.
La llegada de Michael fue como un cambio de marea.
Los periodistas, al ver la reacción histérica de los fans y la presencia magnética de Michael, abandonaron incluso a Cruise para rodear al joven director.
Naomi, que minutos antes estaba temblando en Malibú, dio un paso al frente.
Michael le apretó la mano discretamente y ella le devolvió una sonrisa radiante.
—¡Michael!
¡Michael!
¿Es cierto que esta es la película más cara de tu carrera?
—Michael, ¿qué le dices a los que dicen que eres demasiado joven para la acción?
Michael se detuvo frente al muro de micrófonos, con Naomi a un lado y Elizabeth al otro.
Miró directamente a la cámara principal.
—Esta noche —dijo Michael, y su voz se escuchó en todo el bulevar a través de los altavoces—, el cine de acción deja de ser sobre el pasado.
Hoy, el autobús arranca y les aseguro que nadie en esta sala va a querer bajarse.
Los flashes se intensificaron hasta nublar la vista.
Michael, Naomi y Elizabeth caminaron hacia el interior del teatro bajo una lluvia de gritos y luces.
El estreno de Speed no era solo una premiere; era la coronación pública de un nuevo rey en Hollywood.
Y la función estaba a punto de comenzar.
📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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