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En Hollywood. - Capítulo 26

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26: Capítulo 25 26: Capítulo 25 Capítulo 25: Miradas de Máscara y Susurros de Celos Grauman’s Chinese Theatre, Interiores – 14 de julio de 1994, 19:15 PM El interior del teatro era un monumento a la opulencia de la época dorada de Hollywood.

El olor a palomitas de maíz frescas se mezclaba con los perfumes caros de la élite de la industria.

Michael, escoltado por Naomi y Elizabeth, avanzaba hacia los asientos reservados en el centro de la sala, el lugar donde la acústica y la visión eran perfectas.

Antes de sentarse, Bill Mechanic y un grupo de altos ejecutivos de Fox se acercaron.

Ellos no habían pasado por la alfombra roja, prefiriendo entrar por la puerta lateral para evitar el circo mediático, pero sus rostros irradiaban una satisfacción que no podían ocultar.

—Michael, las cifras de las funciones de medianoche en la costa este se dicen que está casi repleto—susurró Mechanic al oído de Michael—.

Estamos superando las expectativas en un veinte por ciento.

La gente está haciendo cola bajo la lluvia.

Michael asintió con una calma profesional.

—Espera a que termine la función de hoy, Bill.

Mañana el teléfono no dejará de sonar.

Mientras Michael se despedía de los ejecutivos y se disponía a sentarse entre sus dos compañeras, su mirada barrió la sala y se detuvo en seco.

A unas pocas filas de distancia, iluminada por las luces tenues del teatro, se encontraba una joven de cabello rubio platino, una sonrisa radiante y ojos azules que parecían captar toda la luz del lugar.

Era Cameron Díaz.

Michael se quedó paralizado un segundo de más.

Su mente viajó rápidamente al “futuro”.

Sabía que en apenas dos semanas se estrenaría La Máscara y ella se convertiría en el sueño de todo adolescente en el planeta, bueno también era mi sueño adolescente.

Se preguntó qué hacía allí; quizás Fox la había invitado como parte de un nuevo proyecto o su agente estaba moviendo hilos para posicionarla en el radar de los directores de éxito.

—¿Michael?

—la voz de Naomi lo devolvió a la realidad.

Él no pudo evitar seguir mirando a Cameron por un instante extra, apreciando la energía natural que emanaba.

Era exactamente el tipo de mujer que le gustaba, no podia dejar de verla.

Elizabeth, que siempre tenía un ojo puesto en las reacciones de Michael, se inclinó hacia su oído izquierdo mientras Naomi se acercaba al derecho.

—¿Ya pusiste el ojo en otra “estrella en ascenso”, Michael?

—susurró Elizabeth con un tono juguetón pero cargado de una advertencia velada.

—Parece que dos no son suficientes para el gran director Relish —añadió Naomi al otro oído, con una sonrisa traviesa que ocultaba un pequeño pinchazo de celos—.

Ella es bonita, pero recuerda quiénes estuvieron contigo desde el principio.

Michael sintió un escalofrío, no de miedo, sino por la cercanía de ambas.

Sonrió para sus adentros, dándose cuenta de que ellas, aunque bromeaban, marcaban su territorio.

—Solo estoy analizando el “talento”, chicas —susurró Michael, intentando mantener la compostura mientras se sentaba—.

Ella tiene algo que la cámara amará.

—Sí, claro, “talento” —replicó Elizabeth con una risita, dándole un suave codazo en las costillas—.

Solo asegúrate de que ese talento no te distraiga de la película que estamos a punto de ver.

Michael se acomodó en su asiento, sintiendo a Naomi a su izquierda y a Elizabeth a su derecha.

El aroma de ambas lo rodeaba, recordándole que, a pesar de sus ambiciones de expansión y su interés por Cameron Díaz, ellas eran los pilares de su éxito actual.

Se preguntó brevemente cómo invitaría a Cameron a una reunión sin que pareciera un movimiento puramente personal, o cómo reaccionaría ella al saber que el director de moda ya tiene planes para su carrera antes de que su mayor éxito siquiera se estrene.

Pero no hubo tiempo para más cavilaciones.

Las luces del teatro comenzaron a atenuarse lentamente.

El murmullo de la sala se convirtió en un silencio expectante.

El logo de la 20th Century Fox apareció en la pantalla gigante, acompañado de la famosa fanfarria de metales.

La pantalla permanece oscura.

Un silencio absoluto llena la habitación, y el aire parece cargado de tensión.

De repente, una luz diminuta aparece en la esquina inferior de la pantalla.

Es un destello tenue, parpadeando suavemente en la oscuridad, como una pequeña luciérnaga perdida en la noche.

La cámara se acerca lentamente a esa chispa, siguiendo su danza errante en el vacío.

La luz titila, vacilante, a medida que la luciérnaga se mueve con una fragilidad cautelosa, como si estuviera buscando algo.

Hay algo misterioso en su movimiento, como si estuviera guiada por un propósito, un camino que aún no entiende completamente.

Se acerca a una flama solitaria, que brilla en el centro de la pantalla.

Un fuego calido, misterioso, pero con una belleza inalcanzable, casi como una promesa de algo más grande.

La luciérnaga, en un suspiro final de determinación, se lanza hacia la llama.

La pantalla se ilumina con un resplandor cegador, y el delicado cuerpo de la luciérnaga se disuelve en cenizas.

Un suave soplo de viento parece barrerlas, mientras la cámara se aleja, dejando atrás solo una pequeña nube de humo.

Un segundo de silencio sigue, como si todo el mundo contuviera la respiración, esperando el siguiente acto.

Y entonces, de las cenizas surge una figura flameante.

Un destello de luz dorada y roja comienza a tomar forma.

Es el fénix, un ser imponente, de alas abiertas, en fuego, que emerge del vacío.

Sus plumas arden con la intensidad del sol, deshaciéndose en chispas que iluminan toda la pantalla con una explosión de luz.

A medida que el fénix se eleva, sus alas se despliegan majestuosamente, dejando una estela de luz brillante detrás de él.

En el aire, parece que el tiempo se detiene mientras el ave mítica asciende lentamente, renaciendo de la nada, resplandeciendo con una energía primordial.

El fénix se eleva con una gracia sobrehumana, como un ser que ha superado todas las adversidades, representando la fuerza y la renovación.

En el centro de la pantalla, las alas del fénix se desvanecen poco a poco, formando una especie de círculo que se abre lentamente, dando paso a las primeras letras de la productora.

Las letras parecen surgir de las mismas llamas del fénix, fundidas con el fuego.

Son fuertes y futuristas, pero con un toque retro, como si llevaran en ellas la huella de una nueva era cinematográfica.

La música, hasta ahora suave y melancólica, se eleva en un crescendo épico, con cuerdas y metales que acompañan la ascensión del fénix, marcando la gloria del momento.

El logo de la productora se completa y aparece Relish Productions, reflejando la simbiosis perfecta entre la renovación y el futuro.

En el espacio vacío que queda a su alrededor, el nombre de la productora se destaca con un resplandor dorado, evocando la promesa de nuevas historias por contar.

El fénix, ahora con su figura plenamente formada, alza la vista hacia el horizonte antes de desaparecer lentamente en la noche, dejando atrás solo un rastro de luz que se disuelve con el viento.

La pantalla se oscurece una vez más, solo esos 40 segundos de intro dejo emocionados a la gente antes de la película.

Michael sintió que Naomi le apretaba la mano con fuerza en la oscuridad.

Él le devolvió el apretón.

Tras el rugido del logo de Relish Productions, la pantalla se sumergió en una toma cenital que hizo que varios espectadores se aferraran a sus asientos.

La cámara de Michael bajaba por el hueco del ascensor con una fluidez técnica que recordaba a sus mejores planos en Lola.

Sobre el abismo, aparecieron los créditos con una tipografía industrial: DIRIGIDA POR Michael Relish PRODUCIDA POR Laura Devouh – Steven Janis KEANU REEVES – NAOMI WATTS – DENNIS HOPPER El título SPEED apareció en un amarillo vibrante sobre la imagen del mecanismo de los cables, y la sala quedó en silencio absoluto.

Michael había modificado el diseño sonoro; el chirrido del metal se sentía en los huesos.

La película comenzó con el guardia de seguridad haciendo su ronda.

Michael enfatizó el suspense; no se veía a Howard Payne (Dennis Hopper) de inmediato, sino solo su sombra y sus manos meticulosas colocando los explosivos.

Cuando Payne mata al guardia, no fue una muerte rápida de acción de los 80; fue seca, realista y brutal.

La escena de la reunión de ejecutivos terminando y entrando al ascensor sirvió para que Michael luciera su ojo para el detalle.

Planos detalle de los números del panel, el alambre trenzado del ascensor que Michael había mencionado en pre-producción —brillando bajo la luz fluorescente— y la sensación de claustrofobia.

Entonces, el primer gran momento: el plano de la mano de Payne presionando el detonador.

La explosión no solo fue visual; el sistema de sonido que Michael exigió a Fox hizo que el teatro retumbara.

Los alambres de seguridad saltaron como látigos.

Michael añadió una toma que el original no tenía: en la caída libre inicial del ascensor, un pasajero joven que no llegó a sujetarse salió despedido hacia el techo, golpeándose la cabeza de forma violenta.

Se escuchó un jadeo colectivo en la sala.

El peligro era real.

La transición al exterior fue pura adrenalina.

Michael filmó la entrada de Jack Traven (Keanu Reeves) de forma icónica: su coche saltando una loma en las calles de L.A., aterrizando con un impacto que hizo saltar chispas.

—Esa entrada es mejor que la de James Bond —susurró Elizabeth, viendo cómo Keanu bajaba del coche y se ponía el equipo de rescate con una precisión militar.

Michael mostró el caos del edificio con un realismo documental: gente corriendo, el equipo de Policía y Anti bombas entrando en formación y la toma de la víctima con sangre en la cabeza dentro del ascensor, aumentando la urgencia.

El clímax del primer acto llegó cuando Jack y Harry (Jeff Daniels) subieron por las escaleras de emergencia y descubrieron las bombas.

Aquí, Michael introdujo su primera “semilla” para el futuro.

—Este modus operandi…

es de Mark el pirómano —dijo Jack, examinando el cableado con linterna—.

El tipo de los ataques en Phoenix hace más de 10 años.

—Harry lo miró confundido—.

Si cuando éramos aprendices, Jack.

Esto es algo nuevo.

Alguien que lo estudió.

Esta breve mención hizo que varios ejecutivos de otros estudios se inclinaran hacia adelante.

Estaban acostumbrados a villanos sin nombre, pero Michael estaba dándole un contexto, un mundo donde los criminales tenían historia.

La tensión subió al máximo cuando el ascensor quedó colgando de un solo freno.

El rescate fue frenético.

Michael utilizó planos cortos de los rostros de terror de los pasajeros, haciendo que el público sintiera que ellos también estaban atrapados.

Luego, el enfrentamiento en el parking.

Aquí es diferente Jack y Harry, cuando vieron a Payne al principio fue como un deja vu, ya que parece que lo habían visto antes, pero siguió la secuencia de disparo y golpes, en lugar de la famosa frase de “disparar al rehén” en la pierna, Michael cambió el juego.

Jack, viendo que Payne no soltaba a Harry, apuntó con una calma aterradora y disparó a Harry en el hombro/brazo.

Harry gritó, cayendo al suelo, y Payne, sorprendido por la audacia de Jack, se vio obligado a soltarlo y correr hacia afuera.

La explosión que siguió dejó a Jack y Harry medio inconscientes en el suelo, pero vivos.

La escena final del capítulo fue la condecoración.

Jack y Harry, con el brazo de este último en cabestrillo, recibiendo medallas mientras los aplausos de la policía se fundían con los aplausos de la audiencia en el teatro.

Pero Michael cerró con un plano que heló la sangre: Howard Payne, sentado en su casa, mirando la televisión mientras se curaba el antebrazo ya que el disparo a harry le rozo, una sonrisa de satisfacción mientras veía a Jack.

—Esa mirada de Hopper va a dar pesadillas —murmuró Naomi, apretando la mano de Michael.

Michael solo asintió.

El prólogo había terminado.

El público estaba enganchado, y los cambios que había hecho —el realismo de las lesiones y la conexión con otros criminales— habían elevado la película de un simple “blockbuster” a una obra con peso cinematográfico.

Ahora, el autobús estaba a punto de entrar en escena.

El silencio en la sala era tan denso que se podía escuchar la respiración de los espectadores.

Habían pasado veinticinco minutos y nadie se había movido para comprar palomitas.

En las filas VIP, Tom Cruise se inclinó hacia Nicole Kidman y le susurró: —El ritmo es perfecto.

No hay grasa en este guion—.

Bill Mechanic, de Fox, veía el reflejo de la pantalla en las caras hipnotizadas del público y sabía que tenía entre manos el éxito del siglo.

La película continuó con la escena de la fiesta tras la condecoración.

Harry (Jeff Daniels) y Jack (Keanu) compartían una cerveza, pero el tono era melancólico.

Michael añadió un diálogo que no existía en la versión original: —No siempre puedes ser el héroe, Jack —dijo Harry, mirando su brazo vendado—.

Ese tipo…

sabía exactamente cómo íbamos a entrar.

Se sentía como si estuviéramos peleando contra nuestro propia gente.

—Lo sé —respondió Jack, con la mirada perdida—.

Ese diseño de cables, la forma de ocultar el detonador térmico…

es lo que nos enseñó nuestra instructora antes de que todo se fuera al infierno.

Estamos persiguiendo a una persona que nos recuerda a la sobra de ella.

Esta revelación causó un murmullo de sorpresa en el teatro.

El villano no era un loco al azar; era alguien familiar de los protagonistas, ya que ellos habían dicho que parece que lo conocía pero no saben de dónde.

La transición al siguiente día fue brutal.

Michael mostró a un conductor de autobús desayunando tranquilamente, una escena cotidiana que se rompió mil pedazos cuando el vehículo explotó en una bola de fuego naranja.

Jack llegó al lugar, pero Michael decidió mostrar la crudeza: Jack viendo los restos del conductor, dándose cuenta de que la “suerte” no existía contra Payne.

Entonces, el teléfono público sonó.

La voz de Dennis Hopper llenó el teatro, pero esta vez con una carga emocional distinta.

—¿Crees que esto es solo por dinero, Jack?

—preguntó Payne a través del auricular—.

Lo hago porque los de arriba eligen a quién salvar basándose en presupuestos.

En ese momento, Michael introdujo un flashback estilizado: Se vio a un Payne de mediana edad casi por jubilarse, viendo a su hija siendo instructora del equipo anti bombas.

Un recluso (el mencionado Mark el pirómano) había puesto dos bombas.

Payne recibió la orden del gobierno de salvar el edificio federal.

Mientras lo hacía, se había enterado que había una segunda bomba, los de arriba no le habían contado que había una segunda bomba, entonces no pudo alcanzar la ya que cuando explotó se dió cuenta que era la casa de su hija, matando a ella y a su familia.

La cámara se cerró en el rostro de un Payne destrozado por el dolor y la traición de sus superiores.

—Ese flashback le da una profundidad increíble —susurró Elizabeth en la oscuridad—.

Ahora la gente entiende por qué está tan loco.

De vuelta al presente, Payne dio sus condiciones y colgó.

La cámara de Michael voló por las calles de Los Ángeles hasta encontrar el autobús 2525.

Fue entonces cuando apareció ella.

Naomi Watts, como Annie, irrumpió en pantalla corriendo para alcanzar el autobús.

Se veía fresca, natural y llena de energía.

El público joven en el teatro silbó y aplaudió al verla.

Mientras tanto, Michael mostró la persecución de Jack por las calles, utilizando cortes rápidos y planos desde el asfalto que hacían sentir la velocidad real del coche.

La tensión escaló cuando Jack logró saltar al autobús en movimiento.

Tras el incidente del disparo accidental al conductor, Annie tomó el volante.

La conversación entre Jack y ella, reescrita por Michael, arrancó las primeras risas nerviosas de la noche.

—¡Soy policía!

—gritó Jack, tratando de estabilizar la situación.

Annie, con las manos firmes en el volante y el sudor perlado en la frente, lo miró de reojo.

—Genial.

Tengo que decirte que mi licencia está suspendida.

Jack parpadeó, confundido entre tanto caos.

—Está bien…

¿y?

—Y que si chocamos, todo será tu culpa legalmente —replicó Annie con una sonrisa sarcástica—.

Al menos no me podrán poner otra multa.

¡Sujétate!

La química entre Keanu y Naomi electrificó la sala.

Michael cerró el capítulo con una toma aérea del autobús rodeado por patrullas de policía y helicópteros de noticias, mientras en una habitación oscura, Howard Payne observaba las pantallas de televisión, acariciando su antebrazo donde estaba la herida.

—Esto acaba de empezar —murmuró Payne en la pantalla.

La atmósfera en el teatro era eléctrica.

El público apenas parpadeaba, atrapado en una coreografía de metal, velocidad y sudor.

Michael, sentado entre Naomi y Elizabeth, sentía la vibración del sistema de sonido cada vez que el autobús 2525 esquivaba un obstáculo.

Había pasado la primera hora y la película no daba respiro.

En la pantalla, Harry (Jeff Daniels) estaba en el centro de mando, rodeado de expedientes viejos con el sello de “Confidencial”.

Michael enfatizó este momento para que el público entendiera el nivel de peligro.

—Payne no está improvisando —dijo Harry, señalando una foto de un antiguo manual de entrenamiento—.

Está usando el “Plan Delta”, el mismo que nuestra instructora diseñó para el entrenamiento antiterrorista hace diez años.

Conoce todos nuestros protocolos de desactivación.

Esta conexión hacía que cada movimiento de Jack dentro del bus se sintiera como una partida de ajedrez contra un maestro que sabe lo que vas a mover antes que tú.

La tensión explotó cuando una de las pasajeras, presa del pánico, intentó bajar del autobús mientras este iba a 50 millas por hora.

Michael filmó la explosión de la puerta delantera con una crudeza desgarradora.

El silencio que siguió en el autobús, con los pasajeros llorando y discutiendo entre ellos por el miedo, humanizó el conflicto.

Michael no quería solo acción; quería que el espectador sintiera el peso de las vidas en juego.

Entonces, llegó el momento que todos estaban esperando.

La autopista elevada de Santa Mónica se cortaba bruscamente.

Una sección de 18 metros simplemente no existía.

—¡Jack!

¡Ahí está!

¡Falta un pedazo de carretera!

—gritó Annie (Naomi Watts) en la pantalla, con los ojos desencajados.

Michael utilizó aquí una técnica de edición que aprendió en Lola: el tiempo se dilató.

Planos detalle del velocímetro rozando las 70 millas, las manos de Annie apretando el volante hasta que los nudillos se pusieron blancos, y el rostro de Jack, que tras un segundo de duda, gritó con toda su alma: —¡Acelera, Annie!

¡No lo pienses, solo pisa a fondo!

La cámara de Michael se situó en ángulos imposibles: desde el asfalto viendo el vacío, desde el lateral del bus mostrando la suspensión tensándose.

El autobús saltó.

Fue una toma de cuatro segundos que se sintió como un minuto.

El estruendo cuando las ruedas traseras golpearon el otro lado de la pista hizo que media sala en el teatro saltara de sus asientos.

Annie recuperó el control, pero Michael mostró un detalle realista: ella se llevó la mano a la frente, que sangraba ligeramente por un golpe contra el volante durante el aterrizaje.

El realismo de ver a una heroína herida y asustada, pero firme, arrancó una ovación espontánea en el teatro.

En las sombras, Bill Mechanic enviaba un mensaje rápido a través de su busca: “Éxito total.

El salto es el momento del año.

Michael es un maldito genio”.

Cerca de allí, Cameron Díaz no podía quitar la vista de la pantalla.

Estaba analizando cada movimiento de Naomi, dándose cuenta de que esa era la clase de actuación que elevaba una película comercial.

Pensaba en su propio estreno, La Máscara, deseando que el público respondiera con la misma pasión.

La película entró en el tramo del aeropuerto de LAX.

Mientras el autobús recorría las pistas infinitas, Jack observaba el techo del vehículo.

Michael introdujo un plano cenital que seguía al helicóptero de noticias.

—Harry, me escucha…

—susurró Jack por el radio—.

El tipo tiene que haber estado trabajando en la policía ya encontrastes algo de quién puede ser, siempre siento que lo eh visto en alguna parte.

Michael cerró el plano con el rostro de Payne en su monitor, sonriendo mientras veía a Annie limpiar la sangre de su frente.

La cacería estaba llegando a su punto más crítico.

El público estaba tan enganchado que el tiempo ya no existía para ellos; solo existía la velocidad.

La recta final de la película comenzó con un silencio sepulcral en la sala.

El plan de Jack de Jack de entrar en la pista del aeropuerto, pero Michael decidió golpear emocionalmente al público.

Cuando Harry busco en la oficina sobre quien puede ser se dieron cuenta de que Payne era el padre de su instructora, entonces el y su equipo llegaron a la casa de Payne, la tensión era insoportable.

Michael mostró a Harry entrando en una habitación llena de fotos de su propio pasado.

De repente, Harry vio a lado de la foto de su instructora una bomba, la casa explotó en una bola de fuego masiva.

En el teatro, el público dio un respingo, pero Michael insertó un plano de apenas doce fotogramas: entre el humo y los escombros, un cuerpo salía despedido por una ventana lateral; le faltaba un brazo, pero se veía un movimiento espasmódico en sus piernas antes de que la cámara regresara al autobús.

Fue tan rápido que casi nadie lo notó, pero la semilla estaba plantada.

La noticia de la muerte de Harry golpeó a Jack con una furia fría.

Michael mostró a un Keanu Reeves contenido, con los ojos inyectados en sangre.

Fue Naomi (Annie) quien rompió la tensión con el diálogo que Michael reescribió: —Cuando salgamos de aquí, me voy a comprar un coche nuevo —dijo ella, con una sonrisa trémula mientras esquivaba un camión en la pista del aeropuerto—.

Uno que no explote si bajo de 50.

Jack soltó una risa seca, la primera en toda la película.

—Está bien.

Yo tendré que vender el mío para pagar los destrozos de hoy.

Creo que me tocará ir contigo en el autobús.

La química entre ambos hizo que el público soltara una carcajada de alivio.

La idea de Jack con el jefe de policía para hacer una grabación y poder evacuar a los pasajeros, gracias a que Jack por fin se dió cuenta que había una cámara en el bus que le enviaba todo a Payne, toda la evacuación iba bien pero para que la gente siga enganchada quedaba Jack y Annie todavía en el bus, dónde se le pincho una llanta, aquí Jack y Annie por debajo del autobús escaparon, pero mientras este rodaba sin nadie, fue directo a un avión de carga, fue una proeza de efectos prácticos que culminó con la explosión masiva del bus contra el avión.

La sala estalló en aplausos.

El clímax en el tren subterráneo cambió las reglas.

Payne, dándose cuenta del engaño de la cámara, capturó a Annie que estaba en la acera cuando intentaba escapar.

Cuando Jack vio que se llevaban a Annie, corrió y saltó al vagón del tren que ya se estaba moviendo, Michael presentó una coreografía de combate mucho más cruda.

Un pasajero armado intentó intervenir, pero fue abatido por Payne tras lograr herirlo en el hombro derecho dónde también tenía la herida que le hizo Jack anteriormente.

—¡Se acabó el entrenamiento, Jack!

—gritó Payne, manchado de sangre y pintura tras abrir la bolsa trampa con el dinero.

La pelea no fue arriba del tren, sino dentro.

Michael utilizó técnicas de artes marciales realistas: golpes de corto alcance, agarres y una lucha brutal en el suelo.

Jack, usando la rabia por la muerte de Harry, logró desarmar al padre de su instructora.

En lugar de decapitarlo, Jack le disparó en ambas piernas con su propia metralleta, dejándolo incapacitado en el suelo mientras recuperaba el control de la bomba.

—¡Esto no se detiene!

—reía Payne como un maníaco mientras se desangraba—.

¡Todos vamos a morir en este túnel!

El tren descarriló y salió a la superficie en Hollywood Blvd, justo frente al teatro donde se estaba proyectando la película en la vida real.

El público en la sala gritó al ver la coincidencia geográfica.

Jack ayudó a Annie a levantarse de entre los escombros.

Payne estaba inconsciente al fondo del vagón, vivo pero derrotado.

—Annie…

—dijo Jack, con el rostro cubierto de polvo y hollín—.

Sé que no es el mejor momento, pero…

¿te gustaría tener una cita?

Una de verdad.

Nada de bombas, nada de autobuses.

Algo serio.

Annie lo miró, sonrió y le dio un beso en la mejilla antes de tomar su mano con fuerza.

—Solo si tú conduces, Jack.

La cámara se elevó en un plano cenital sobre el caos de Hollywood mientras la música de Mark Mancina alcanzaba su punto álgido.

Los créditos finales comenzaron a rodar y, por primera vez en la noche, las luces del Grauman’s Chinese Theatre se encendieron.

Nadie se movió.

Durante casi diez segundos, el silencio fue total.

Luego, como un trueno, comenzó la ovación.

La gente se puso de pie, gritando el nombre de Michael y Naomi.

Michael sintió que Naomi lo abrazaba con lágrimas en los ojos; la vulnerabilidad de la tarde había desaparecido.

Elizabeth le dio un beso en la otra mejilla, radiante.

Michael miró hacia adelante y vio a Tom Cruise aplaudiendo con entusiasmo, y más a la derecha dos filas atrás, a Cameron Díaz, que tenía los ojos brillantes de emoción.

📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.

Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.

Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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