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En Hollywood. - Capítulo 28

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Capítulo 28: Capítulo 27

Capítulo 27: El Lunes de los Gigantes

Sede de 20th Century Fox, Century City – Lunes, 18 de julio de 1994, 07:30 AM

Antes de que saliera el sol por completo sobre las colinas de Westwood, las oficinas del cuarto piso del edificio administrativo de Fox ya estaban a plena capacidad. Los analistas de datos, con ojeras por haber trabajado durante la madrugada procesando los reportes de los teatros de todo el país, tenían finalmente la hoja de cálculo definitiva. No había errores. No había inflado de cifras. El fenómeno era real.

Bill Mechanic, el presidente de Fox, entró en la sala de conferencias donde los principales ejecutivos de distribución y marketing lo esperaban en un silencio reverencial. Sobre la mesa principal, el informe detallado desglosaba el comportamiento del público durante las últimas 96 horas:

Jueves (Preestreno – 500 salas): Una ocupación asombrosa del 96%. El “Efecto juventud de Michael” había llenado las salas de fans incondicionales y prensa, generando una recaudación de 2.1 millones de dólares.

Viernes (Estreno Nacional – 2500 salas): La ocupación se mantuvo en un 90%. El público general respondió al llamado, sumando 13.2 millones.

Sábado (2500 salas): Contra toda lógica de mercado, la caída fue mínima, manteniendo un 86% de salas llenas. La gente no solo fue, sino que llevó a sus amigos. Recaudación: 12.8 millones.

Domingo (2500 salas): A pesar de ser el día de “regreso a la calma”, la película se mantuvo firme con un 84% de ocupación, cerrando con 11.4 millones.

—Caballeros —dijo Mechanic, mirando la cifra total que brillaba en la parte inferior de la página—, hemos cerrado el fin de semana con 39.5 millones de dólares.

Hubo un estallido de aplausos y vítores. En 1994, superar los 35 millones en un estreno de una propiedad original era algo que solo directores como Spielberg o Cameron lograban tras décadas de carrera. Michael Relish lo había hecho a los veinti tantos años con su segunda película de gran presupuesto.

Mechanic levantó la mano para pedir silencio. Sabía que el éxito podía ser efímero si no se gestionaba correctamente. Llamó de inmediato a Peter Rice, el jefe de marketing.

—Peter, quiero que movilices a toda la división —ordenó Mechanic con voz firme—. El boca a boca de esta película es nuestro activo más valioso. No quiero que se enfríe. Quiero a Keanu Reeves y Naomi Watts en cada programa matutino desde Nueva York hasta Miami. Quiero que los anuncios de televisión cambien su enfoque: ya no vendemos “una película de acción”, vendemos “el evento del que todo el mundo habla”. Usen los testimonios de la gente saliendo de los cines. Usen ese 80% de calificación A+.

Peter Rice asintió, tomando notas rápidas. —Vamos a lanzar una segunda ola de pósters centrados en la química de Jack y Annie. Hemos detectado que las mujeres están yendo en grupos solo para ver a Naomi y la tensión con Keanu. También vamos a organizar una gira de prensa relámpago por Londres y Tokio para la próxima semana. Michael ha creado un producto global.

Minutos después, Mechanic se dirigió a la oficina del Director Ejecutivo de News Corp (propietaria de Fox), Rupert Murdoch, quien estaba en línea desde Nueva York.

—Rupert, tenemos los números —dijo Mechanic con una mezcla de orgullo y alivio—. Speed es oficialmente un hito. Michael Relish ha superado nuestras proyecciones en un 40%. La asistencia fue del 90% el viernes y se mantuvo por encima del 80% todo el fin de semana.

—¿Y el chico? —preguntó la voz seca al otro lado de la línea—. ¿Sigue siendo dueño de los derechos de autor de su marca?

—Lo es —admitió Mechanic—. Pero el trato de distribución que tenemos es de hierro. Estamos ganando dinero como nunca. Michael ha demostrado que es uno de los nuevos director más rentable de la década. Sugiero que le demos lo que quiera para su próximo proyecto. Otros estudios ya están empezaran a llamar a su oficina.

—Haz lo que sea necesario para mantenerlo cerca, Bill —respondió Murdoch—. Pero primero, asegúrate de que esa película siga llenando salas hasta agosto. No dejes que la competencia respire.

De vuelta en su oficina, Mechanic suspiró y tomó el teléfono. Sabía que la persona clave en todo esto, además de Michael, era Susan Davies. El pensaba que ella había sido la arquitecta financiera y la protectora de Michael.

En las oficinas de Relish Productions, el teléfono de Susan sonó exactamente a las 09:00 AM. Michael estaba sentado frente a ella, bebiendo un té con Elizabeth, mientras Naomi revisaba las críticas en el periódico. Susan puso el altavoz.

—Susan, soy Bill Mechanic —la voz del ejecutivo sonaba casi jovial—. Felicitaciones. Los números finales son de 39.5 millones. Es el mayor estreno de una película de acción original en la historia de Fox. Díselo a Michael: el mundo es suyo hoy. El departamento de marketing ya está preparando la expansión internacional y queremos que Keanu y Naomi encabecen la gira nacional esta tarde

.

Susan miró a Michael con una sonrisa triunfante. Michael no saltó de alegría; simplemente asintió con una mirada de satisfacción profunda.

—Gracias, Bill —dijo Michael, tomando el teléfono—. Pero recuerda lo que hablamos. El éxito de taquilla es solo la mitad del trabajo. Quiero asegurarme de que los reportes de los cines extranjeros se manejen con la misma transparencia.

—Lo sé, Michael, lo sé —rió Mechanic—. Disfruta el momento, muchacho. Has hecho historia.

Cuando colgaron, el silencio en la oficina de Michael fue roto por el grito de alegría de Naomi, quien saltó a los brazos de Michael. Elizabeth sonreía, sabiendo que el capital de la empresa acababa de multiplicarse por diez. Michael, sin embargo, ya estaba mirando el calendario. El éxito de Speed le había dado el arma que necesitaba. Hoy era el día de ir a MGM, no a pedir favores, sino a recoger los despojos de una batalla que ya había ganado en las calles. El imperio Relish estaba oficialmente en marcha.

Sede de MGM, Beverly Hills – Lunes, 18 de julio de 1994, 10:00 AM

Si en Fox el ambiente era de carnaval, en el edificio de Metro-Goldwyn-Mayer el aire se podía cortar con un cuchillo. La sala de juntas, usualmente un lugar de arrogancia y poder, parecía hoy un búnker tras una derrota militar. Sobre la mesa principal, una copia de Variety mostraba un titular que les escocía los ojos: “RELISH EXPLOTA LA TAQUILLA: SPEED ROZA LOS 40 MILLONES EN SU DEBUT”.

Frank Mancuso, el alto ejecutivo de MGM, golpeó la mesa con un informe de distribución. Sus ojos inyectados en sangre recorrieron a los hombres que, semanas atrás, le habían aconsejado “apretar” a Michael Relish para bajarle el porcentaje de beneficios.

—Hace un mes —dijo Mancuso con una voz peligrosamente baja—, me dijeron que Michael Relish era un chico que seguía por abajo de nosotros. Me dijeron que podíamos obligarlo a aceptar un trato miserable porque no tenía a dónde ir. Ahora, ese “chico” acaba de firmar el segundo mejor estreno del año, compitiendo cara a cara con las cifras de Jurassic Park. Spielberg necesitó treinta años para esos números; Relish lo hizo en su tercera películas.

El silencio fue sepulcral. Sabían que Jurassic Park había abierto con 47 millones, y ver a Speed llegando a los 39.5 millones era una humillación técnica para MGM, que solo actuaba como un socio menor debido a sus propias maniobras legales fallidas.

—Fue una decisión de comité, Frank —balbuceó uno de los vicepresidentes de finanzas—. Pensamos que el presupuesto de Speed era demasiado alto para una propiedad original…

—¡Tú! —Mancuso señaló al jefe de asuntos legales—. Tú fuiste el que insistió en que podíamos retener el pago de los 36 millones basándote en la cláusula de “gastos imprevistos”. Gracias a tu brillantez, Relish se fue con Fox para la distribución internacional y ahora ellos se están quedando con el 60% de la tarta global. ¡Estás despedido! Quiero tu oficina vacía antes del almuerzo.

El hombre palideció y salió de la sala sin decir una palabra. Todos sabían que era un chivo expiatorio; todos en esa sala habían estado de acuerdo en intentar estafar a Michael, pero alguien tenía que pagar por el error y ese sería él.

Mancuso respiró hondo, tratando de recuperar la compostura. MGM estaba al borde de la quiebra técnica y no podían permitirse perder a Michael por completo.

—Escuchen bien —ordenó Mancuso—. No quiero más juegos con Relish Productions. Ese chico tiene el toque de Midas. Si estornuda, quiero que MGM le ofrezca un pañuelo de seda. Preparen el cheque de los 36.2 millones de dólares de inmediato. No quiero ni una hora de retraso. Susan Davies está esperando en la línea y no quiero que tenga ninguna excusa para llevarnos a juicio.

—¿Y qué hay de Scream 2? —preguntó el jefe de producción—. El guion ya está listo y Michael quería empezar la preproducción este otoño.

—Haremos lo que él diga —sentenció Mancuso—. Si quiere filmar en la Luna, le compraremos un cohete. Tenemos que estar en su lado bueno. Si logramos que Scream 2 sea la mitad de exitosa que Speed, MGM volverá a ser un estudio de verdad. Envíen el cheque con una nota de felicitación personal de mi parte. Díganle que estamos ansiosos por ver su visión para la secuela de terror.

Mientras tanto, en las oficinas de Relish Productions, Susan colgaba el teléfono con una sonrisa gélida.

—MGM acaba de capitular, Michael —dijo Susan, mirando a Michael, quien estaba revisando unos bocetos de arte para lo que parecía ser un nuevo personaje de cómic—. El mensajero viene en camino con el cheque completo por los 36.2 millones. Además, Mancuso quiere una reunión para “reafirmar nuestra alianza” de cara a Scream 2.

Michael dejó el lápiz sobre el escritorio. Su expresión era de una calma absoluta.

—Es tarde para alianzas, Susan —respondió Michael—. Aceptaremos el dinero porque es nuestro, y cumpliremos el contrato de Scream 2 porque soy un hombre de palabra. Pero que les quede claro: Relish Productions ya no necesita a MGM para existir. Ellos nos necesitan a nosotros.

Naomi, que estaba sentada en el sofá celebrando con una copa de zumo, intervino con una sonrisa. —Eso significa que ya podemos empezar a contratar al equipo para la secuela, ¿verdad?

—Exacto —asintió Michael—. Pero esta vez, el casting y la producción serán 100% bajo nuestras reglas. MGM si quiere tiene que pagar la mitad del presupuesto, poner el logo, la oficina de correos y sobre todo las negociaciones de un 50% en la recaudación lo máximo que podemos bajar es un 45%. Nuestra verdadera energía ahora se divide en dos: convertir a Scream 2 en la mejor secuela de terror de la historia y empezar a construir los cimientos de nuestra editorial de cómics.

El lunes de cobro había terminado en victoria total. Con casi 40 millones y una taquilla que no parará de crecer, Michael Relish no solo era un director; era el nuevo poder fáctico de Hollywood. El imperio estaba listo para expandirse.

Oficinas de Relish Productions, Hollywood – Lunes, 18 de julio de 1994, 11:30 AM

El ambiente en la oficina principal de Relish Productions era de una calma productiva. Michael estaba sentado frente a Laura, su guionista de confianza, quien sostenía una carpeta con el primer borrador de un nuevo proyecto secreto. Michael pasaba las páginas con rapidez, pero con una atención al detalle que hacía que Laura contuviera el aliento.

Susan entró en la habitación con una carpeta roja bajo el brazo. Al ver que Michael estaba en medio de una revisión, se detuvo cerca de la puerta, respetando el proceso creativo.

—Está muy bien, Laura —dijo Michael, devolviéndole el manuscrito con varias anotaciones en los márgenes—. Pero necesito que refuerces estas partes que marqué. Usa las ideas que discutimos sobre el ritmo de los diálogos; quiero que el espectador sienta que no hay tiempo para respirar, incluso cuando no hay explosiones.

Laura asintió con determinación, guardando el guion en su bolso. —Entiendo perfectamente, Michael. Para el próximo mes tendré el borrador final listo y registrado en el Sindicato de Guionistas.

Laura se levantó, saludó a Susan con un gesto amable y salió de la oficina. Michael soltó un suspiro, se recostó en su silla y miró a su socia financiera.

—Susan. Pasa. ¿Ya tenemos los datos finales? —preguntó Michael, aunque su tono era tranquilo, había una chispa de anticipación en sus ojos.

Susan no pudo evitar una sonrisa radiante mientras dejaba los documentos sobre el escritorio de Michael. —No solo son buenos, Michael. Son históricos. Treinta y nueve millones de dólares solo en el fin de semana de estreno ya está confirmado y es correcto. Aquí tienes el desglose sala por sala y los informes de CinemaScore.

Michael tomó los papeles. Mientras leía las cifras, un brillo fugaz cruzó sus pupilas. En su vida pasada, Speed había sido un éxito sólido, pero aquí, con sus cambios en el casting de Naomi Watts, la edición acelerada y la mejora en el villano, la película se había convertido en un fenómeno cultural masivo. Estaba superando su propio recuerdo de la historia.

—Impresionante —murmuró Michael, dejando los papeles a un lado—. ¿MGM ya envió lo que falta?

—Todavía no —respondió Susan—, pero sus abogados confirmaron que el cheque de los 36.2 millones está en camino mediante mensajería privada. Debería estar aquí antes del cierre del banco.

Michael asintió, mirando por la ventana hacia el horizonte de Los Ángeles. Su mente ya estaba tres pasos por delante de la industria del cine.

—Susan, en cuanto llegue el dinero, quiero que hagas algo —dijo Michael con voz firme—. Calcula exactamente cuánto tendremos que pagar de impuestos por ese ingreso y sepáralo de inmediato. No quiero sorpresas con el fisco el próximo año.

—Hecho. ¿Y con el resto? —preguntó ella, esperando que Michael dijera “preproducción” o “compra de equipo”.

—Quiero invertir en la bolsa —sentenció Michael.

Susan parpadeó, sorprendida por el cambio repentino de dirección. —Michael, somos una productora de cine, no un fondo de inversión. La bolsa puede ser volátil.

—Confía en mí —respondió Michael con una seguridad que no dejaba lugar a dudas—. Quiero invertir en el NASDAQ 100 y en el S&P 500. He estado analizando el mercado y la tecnología está a punto de explotar. Si el ciclo se mantiene, tendremos hasta los próximos años para ver cómo ese capital se multiplica varias veces.

Susan guardó silencio por un momento. Michael no solía equivocarse en sus corazonadas. Sabía que si perdían ese dinero, los ingresos residuales de Speed y el futuro éxito de Scream 2 los mantendrían a flote, pero la idea de Michael de diversificar hacia la tecnología era audaz.

—Está bien, Michael. Haré los cálculos y prepararé las cuentas de corretaje —dijo Susan antes de salir.

Michael se quedó solo en la oficina. En su mente, visualizaba las gráficas del futuro: el auge de las “dot-com”, el crecimiento de Apple y Microsoft. Sabía que el cine le daría fama y poder, pero la bolsa le daría la riqueza necesaria para comprar su propio estudio y, eventualmente, adquirir propiedades intelectuales que otros consideraban basura. Para el año 2000, no solo sería el mejor director del mundo; sería uno de los hombres más ricos de la industria, y nadie vería venir ese movimiento.

Sede de MGM, Beverly Hills – Jueves, 21 de julio de 1994

La atmósfera en la sala de juntas de Metro-Goldwyn-Mayer era eléctrica, cargada con el olor a café caro y el perfume del éxito reciente. Michael Relish se sentó al final de la mesa de caoba, observando a los ejecutivos de la “Leona” con una frialdad que contrastaba con sus veintiún años. Frente a él, los reportes de taquilla de Speed indicaban una trayectoria ascendente que no se veía en el estudio desde hacía años. Frank Mancuso, el presidente, carraspeó antes de hablar, tratando de mantener una posición de autoridad que el joven director ya le había arrebatado de facto.

—Michael, los números de Speed no son solo buenos, son históricos para una película de acción de este presupuesto —comenzó Mancuso, entrelazando sus dedos—. El estudio está listo para poner la alfombra roja. Queremos que Scream 2 sea tu próxima prioridad absoluta. Tenemos el presupuesto, tenemos el interés del público y queremos que tú estés detrás del visor.

Michael dejó que el silencio se prolongara unos segundos, un truco que había aprendido para desestabilizar a los veteranos. Miró por la ventana hacia el horizonte de Los Ángeles antes de fijar su vista en Mancuso.

—No voy a dirigir la secuela —soltó con una voz monótona pero firme.

El impacto de sus palabras fue físico. Un ejecutivo de marketing dejó caer su bolígrafo; otro se inclinó hacia adelante como si no hubiera oído bien. La negativa de Michael no era solo un desplante creativo, era una amenaza financiera para ellos. En Hollywood, la regla de oro era: “si algo funciona, hazlo exactamente igual”.

—Michael, por favor, seamos razonables —intervino el jefe de producción—. Tú creaste ese lenguaje visual. El “meta-terror” es tu marca. Si ponemos a un artesano cualquiera, el público lo notará. La franquicia depende de tu visión.

—Mi visión no depende de que yo sostenga la cámara —replicó Michael, abriendo una carpeta que contenía el plan de delegación estratégica—. Relish Productions mantendrá el control creativo total. Yo supervisaré el montaje final, aprobaré el casting y el guion de Laura ya está en su versión final. Pero para que esta empresa y este estudio crezcan, no puedo quedarme atrapado en un ciclo de secuelas perpetuas. Necesito expandir el catálogo. Para Scream 2, quiero a Wes Craven.

Los ejecutivos se miraron entre sí, incrédulos. —Wes es un gran nombre, pero viene de fracasos comerciales. ¿Por qué él?

—Porque Wes es el único que entiende el terror como una herramienta sociológica —explicó Michael, detallando su lógica—. El guion de Laura disecciona las reglas de las secuelas. Es una película dentro de una película. Wes tiene la madurez para manejar esa ironía sin convertirla en una parodia. Si él acepta, la película tendrá una legitimidad que un director joven no podría darle. Además, eso me libera a mí para preparar el rodaje de enero.

—¿Enero? ¿Ya tienes otro proyecto? —Mancuso arqueó una ceja, impresionado por la velocidad del joven.

—The Shallows —respondió Michael—. Una película de supervivencia pura. Minimalista, intensa y con un potencial de retorno de inversión masivo. MGM tendrá la primera opción de distribución si cerramos el trato de Wes hoy mismo. Mi propuesta es simple: yo me convierto en el Productor Ejecutivo con poder de veto, Wes dirige y ustedes obtienen una secuela que recaudará el doble que la primera por el simple hecho de tener a dos maestros del género en los créditos.

Michael detalló minuciosamente el presupuesto de la secuela, demostrando que su conocimiento de la logística de producción superaba al de muchos en esa sala. Habló sobre el uso de la cinematografía anamórfica para darle un aire de “evento” a la secuela y cómo la campaña de marketing debía enfocarse en la muerte de personajes importantes para romper las expectativas. Tras una hora de exposición técnica y creativa, los ejecutivos no solo estaban convencidos, estaban asustados de su eficiencia. Michael se levantó, cerrando su carpeta. Había logrado lo imposible: delegar una mina de oro para ir en busca de una nueva joya, manteniendo el control total de ambas.

Oficinas de Relish Productions – Una hora después

Al cruzar la puerta de su propia productora, Michael sintió el cambio de energía. Aquí no tenía que convencer a nadie; aquí él era la ley. Susan lo esperaba en la oficina principal, rodeada de documentos financieros y una calculadora que parecía haber estado trabajando a máxima capacidad. El rostro de Susan reflejaba una mezcla de euforia y profunda preocupación administrativa.

—Cierra la puerta, Michael —dijo ella sin levantar la vista de los papeles—. Tenemos que hablar de números reales. Y cuando digo reales, me refiero a cantidades que atraerían la atención de un comité del Senado.

Michael se sentó frente a ella, cruzando las piernas con elegancia. —Dime la cifra total, Susan. Sin rodeos.

Susan suspiró y giró un papel hacia él. —Acabamos de recibir la segunda gran transferencia de MGM por los bonos de rendimiento y el porcentaje de preventas internacionales de Speed. Son otros 36.2 millones de dólares. Sumados a los 36.2 millones que ya teníamos de la primera fase de pagos y el capital inicial, tenemos un total bruto en las cuentas de Relish Productions de 72.4 millones de dólares.

Michael miró la cifra. 72.4 millones. Era más dinero del que la mayoría de los directores de Hollywood verían en toda su carrera, y él lo había conseguido eso y mas en un solo año de actividad intensa.

—Es una cifra hermosa, Susan. ¿Por qué esa cara de funeral?

—Porque el Tío Sam no es un fan del cine, Michael, es un fan de los ingresos —respondió ella con severidad—. Ya hicimos el cálculo de ingreso anterior y con este no lo hemos calculado los impuestos de la primera transferencia ni de esta. Al ser ingresos corporativos de una productora con sede en California, estamos sujetos a una tasa combinada federal y estatal que es brutal. Entre el impuesto de sociedades federal, el impuesto estatal de California y las retenciones obligatorias, tenemos que reservar aproximadamente el 35% de ese total para estar cubiertos.

Michael sacó mentalmente las cuentas. —Eso son unos 25.34 millones de dólares solo para impuestos.

—Exacto —confirmó Susan, anotando la cifra con fuerza—. Si restamos eso, nos quedan unos 47.06 millones netos. Es una fortuna, sí, pero se a quitado casi un tercio en el extracto bancario.

Michael se levantó y empezó a caminar por la oficina. El espacio le quedaba pequeño para la magnitud de sus pensamientos. —Cuarenta y siete millones netos… Susan, eso es perfecto. Es exactamente lo que necesito para el siguiente paso.

Susan lo miró con sospecha. —¿Qué paso, Michael? Espero que la próxima inversión salga bien y podamos comprar una isla.

—Olvida las islas —dijo Michael, mientras se reía del chiste de Susan, entonces se volvió hacia ella con una intensidad en los ojos que Susan nunca había visto—. Mañana quiero que me programes una cita con el vicepresidente de banca privada de Chase.

Susan se quedó helada, pero asintio. —Entiendo enseguida llamo para la cita.

Michael, inclinándose sobre el escritorio explicó para que Susan se sienta segura—. Estamos en 1994. El sector tecnológico y las comunicaciones están a punto de explotar. El NASDAQ está infravalorado. Si invertimos millones de dólares ahora, con el apalancamiento, y el mercado si llega a subir apenas un 20%, habremos duplicado nuestro capital neto en menos de un año. No quiero ser solo un director que cobra un sueldo. Quiero tener el capital suficiente para comprar mi propio estudio de distribución antes del año 2000. Quiero que Disney y Warner tengan que negociar conmigo de igual a igual porque mi capacidad financiera sea tan grande como la de ellos, intentar comprar una productora como MGM para tener nuestra propia distribución y no depender de nadie.

Susan se quitó las gafas, frotándose el puente de la nariz. —Michael… eres un genio dirigiendo actores y moviendo la cámara. Pero eso es Wall Street. Los tiburones allí son mucho más reales que el que quieres construir para tu nueva pelicula The Shallows.

—Yo soy el tiburón, Susan —sentenció Michael con una calma aterradora—. He demostrado que puedo predecir lo que el público quiere ver antes de que ellos lo sepan. El mercado financiero se mueve por psicología, igual que el cine. Solo necesito que prepares los estados financieros auditados de la taquilla de Speed. Cuando los banqueros vean que un joven de veinti tanto años generó un tercio de millones en un semestre, no verán riesgo, verán una máquina de imprimir dinero. Me darán el apalancamiento y nos sentaremos a ver cómo el mundo cambia a nuestro favor.

Susan guardó silencio durante un largo minuto. Miró a Michael, buscando alguna señal de duda, pero solo encontró una determinación absoluta. Sabía que no podía detenerlo, y en el fondo, una parte de ella quería ver si realmente era capaz de caminar sobre el agua.

—Está bien —cedió Susan finalmente—. Prepararé los libros. Dividiré los 72.4 millones: 25.34 millones a una cuenta de depósito para impuestos y dejaremos los 47 millones restantes listos para el movimiento bancario. Pero Michael… si esto sale mal, volverás a filmar comerciales de detergente para pagar las deudas.

Michael sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos, llenos ya de gráficos y proyecciones futuras. —Prepara también el contrato para Cameron Díaz. Quiero que lea The Shallows este fin de semana. Si vamos a ser dueños de Hollywood, necesitamos que la estrella más brillante del momento esté en nuestra nómina desde ahora.

Susan asintió, recogiendo sus papeles. La conversación había terminado, pero el destino de Relish Productions acababa de cambiar para siempre. Ya no eran solo una productora de cine; se habían convertido en un fondo de inversión agresivo con una cámara de 35mm como fachada.

Sede de Banca Privada, Beverly Hills – Jueves, 21 de julio de 1994, 15:30 PM

El edificio del banco era un bastión de granito y cristal blindado, un lugar donde el silencio era tan espeso que se podía sentir el peso del dinero en el aire. Michael Relish entró en el vestíbulo vistiendo un traje sencillo pero impecable, con una confianza que no correspondía a su edad, sino a su cuenta bancaria. Tras el éxito de Speed, su nombre ya no era desconocido en estos pasillos; era el cliente más codiciado del mes.

Fue escoltado de inmediato a una oficina privada en el piso superior, donde lo esperaba el Sr. Henderson, un analista de inversiones senior con décadas de experiencia moviendo fortunas en Wall Street. Henderson se puso de pie, estrechando la mano de Michael con una sonrisa profesional que ocultaba una curiosidad genuina. Había visto a muchos jóvenes ganar dinero rápido en Hollywood y perderlo igual de rápido en fiestas y divorcios, pero Michael Relish tenía una mirada distinta: una mirada analítica.

—Señor Relish, es un honor. He visto los reportes de taquilla de esta mañana. Treinta y nueve millones de dólares en tres días… es una hazaña que incluso aquí, en el mundo de las finanzas, nos ha dejado impresionados —comenzó Henderson, invitando a Michael a sentarse en un sillón de cuero—. He preparado una presentación sobre cómo diversificar su capital. Susan Wells me adelantó que busca algo más que una cuenta de ahorros tradicional.

Michael asintió, manteniendo una expresión neutra. —Dígame qué tiene en mente, Sr. Henderson. Quiero escuchar su perspectiva sobre el mercado actual.

Henderson abrió una carpeta y desplegó varios gráficos. —Mire, señor Relish, lo ideal para un perfil joven como el suyo es la preservación de capital. Normalmente recomendamos un “Mix Conservador”: un 40% en bonos del tesoro, que son ultra seguros; un 30% en bienes raíces comerciales aquí en California, que siempre mantienen su valor; y quizás un 30% en acciones de “Blue Chips” como Coca-Cola o General Electric. Esto le daría un rendimiento anual del 7 u 8% sin riesgo de perder su patrimonio.

El analista hizo una pausa, observando la reacción de Michael, pero el director permanecía impasible. Henderson continuó:

—Lo que no es bueno en este momento, o al menos lo que consideramos “especulativo”, son las nuevas empresas de tecnología y biotecnología. El NASDAQ ha tenido un movimiento interesante, pero es volátil. Muchos dicen que es una burbuja. Invertir allí es como filmar una película de gran presupuesto sin guion: puede ser un éxito o puede arruinarlo. Por eso, para alguien que comienza, siempre sugerimos que cualquier cosa que quiera invertir sería un apalancamiento de X1. Es decir, usted invierte lo que tiene. Si quiere ser un poco más agresivo, podemos llegar a un X2, donde el banco le presta un dólar por cada dólar suyo, duplicando su poder de compra pero también su riesgo.

Michael se inclinó hacia adelante, entrelazando las manos. Había escuchado con calma, procesando cada término. Henderson estaba dando el consejo estándar de 1994, pero Henderson no sabía que Michael conocía el futuro.

—Sr. Henderson, entiendo sus puntos —dijo Michael con voz pausada—. Entiendo que el X1 es lo prudente y el X2 es lo arrevatado. Pero también sé que este banco permite, bajo garantías de activos líquidos como los míos, un apalancamiento de X3.

Henderson arqueó las cejas, sorprendido. —Técnicamente es posible, señor Relish. Pero el X3 significa que por cada dólar suyo, usted mueve tres dólares del banco. Si el mercado baja un 15% o 20%, su capital entero se evapora en minutos para cubrir la deuda con el banco. Es una maniobra de alto riesgo que solo usan los fondos de cobertura más agresivos. Para un individuo… es casi suicida.

—Si el banco es seguro, mi inversión también lo será —respondió Michael con una media sonrisa—. Tengo 47 millones de dólares netos listos para moverse. Y quiero usar el apalancamiento X3 sobre el total.

El analista tragó saliva, ajustándose la corbata. Estaba hablando de una operación que movería más de 141 millones de dólares en el mercado.

—Está bien —dijo Henderson, tomando una pluma—. Si está decidido, procederemos. ¿Dónde quiere colocar ese capital?

—Quiero dividirlo en dos frentes —explicó Michael, señalando el gráfico del NASDAQ—. Quiero colocar 22 millones de dólares de mi capital en el NASDAQ 100. Con el apalancamiento X3, eso significa una posición real de 66 millones de dólares en tecnología. Los otros 25 millones los quiero en el S&P 500, que con el X3 se convierten en 75 millones de dólares.

Henderson anotó las cifras con manos rápidas. —Es una posición masiva en el sector tecnológico y en las 500 empresas más grandes. ¿Por cuánto tiempo desea mantener esta posición abierta?

—Hasta el 1 de septiembre del próximo año —sentenció Michael—. Es una ventana de poco más de un año.

El analista frunció el ceño. —¿Más de un año?. ¿Puedo preguntar por qué esa fecha?

—Para septiembre del próximo año—respondió Michael, levantándose de su asiento— Necesitaré una liquidez masiva para ese momento si quiero comprar infraestructura propia, como un estudio de efectos visuales o una distribuidora, estaré en plena preproducción de mi próxima película ese es el calendario que tengo ( Feliz día de tu muerte) . Es posible que necesite liquidez inmediata para efectos especiales y logística internacional, aunque todavía no estoy seguro de cuánto retiraré. Quiero que el dinero trabaje duro este verano mientras yo me concentro en el guion.

Henderson se puso de pie, asimilando la magnitud de lo que acababa de firmar. El banco ganaría una fortuna en comisiones, pero el riesgo para Michael era absoluto.

—Entiendo perfectamente, señor Relish —dijo el banquero con un tono de respeto renovado—. En estos momentos el mercado ya está cerrando su sesión de hoy. Sin embargo, tengo su autorización firmada. Mañana, a primera hora, en cuanto suene la campana de apertura en Wall Street, realizaremos las órdenes de compra. Su posición de 141 millones estará activa. Descanse tranquilo; este banco tiene los protocolos de seguridad más altos. Sus 47 millones son el colateral, y nosotros cubriremos el resto.

Michael asintió, estrechando la mano de Henderson. —Sé que es seguro. No estaría aquí si no lo fuera. Nos vemos en septiembre para ver los resultados.

Michael salió del banco y caminó hacia su coche. Mientras el sol de la tarde bañaba Beverly Hills, él sabía algo que Henderson ignoraba: 1994 era el año en que empresas como Microsoft, Intel y Cisco estaban empezando a escalar la montaña que definiría la década. Al apalancarse X3, Michael no solo estaba invirtiendo; estaba multiplicando su victoria en el cine por tres en el mundo financiero. Si el NASDAQ subía apenas un 10% en ese mes, él ganaría 30% sobre su capital real.

Se subió a su coche y encendió la radio. Una canción de rock alternativo sonaba, pero en su cabeza solo escuchaba el rugido de un motor y el sonido de una bolsa de valores subiendo. Michael Relish ya no solo estaba haciendo películas; estaba financiando su propio imperio. Para cuando llegara septiembre, tendría el capital suficiente para no volver a pedirle permiso a ningún ejecutivo de estudio en su vida.

📝 +——————————–+

Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir. Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso. Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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