En Hollywood. - Capítulo 3
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3: Capítulo 2 3: Capítulo 2 Capítulo 2: La Noche del Sorteo (editado) Michael regresó a su casa con la adrenalina aún corriendo por sus venas.
La imagen de Naomi Watts, su determinación y su potencial, lo habían inspirado.
No perdió tiempo.
Abrió la caja de la nueva máquina de escribir, colocó los paquetes de hojas sobre el escritorio y preparó una taza de café fuerte.
Con el café en mano, se sentó frente a la máquina y comenzó a teclear.
Tenía claro su objetivo: plasmar en papel la esencia de “Scream”.
Las horas se desvanecieron mientras Michael se sumergía en la escritura, tecleando con rapidez y precisión.
Había pasado 30 horas desde esa noche que comenzó a escribir el guión, el tiempo paso muy rápido, Michael después de descansar un par de horas se levantó y se fue al baño, estaba exhausto pero satisfecho.
En este poco tiempo había completado más de un cuarto del guion, pero estaba muy bien detallado y lleno de la atmósfera que quería transmitir.
Salio del baño y se seco se estiró, sintiendo el cansancio se desvanecía un poco, luego miró el reloj.
Eran las 8 de la mañana del 3 de julio.
“¡El sorteo!”, exclamó, recordando el dia.
Tenía un poco más de cuatro horas antes de que comenzara la transmisión del sorteo en la televisión.
Se seco rápidamente, se puso ropa para salir, fue a la cocina y preparó un desayuno rápido pero sencillo: tocino crujiente y huevos revueltos, acompañados de una taza de café.
Mientras comía, murmuraba para sí mismo, repasando mentalmente los números de la lotería y las escenas del guion.
Con el tiempo justo, Michael salió de casa y se dirigió al Gremio de Guionistas.
Al llegar, se dirigió directamente al mostrador de registro.
“Buenos días”, dijo a la empleada, una mujer de mediana edad con gafas era otra diferente de la que tengo en mis recuerdos.
“Vengo a registrar un guion o mejor dicho la idea de la historia”.
“Claro”, respondió ella, tomando el guion de la mano de Michael.
“¿Cuál es el título?”.
“The Scream”, respondió Michael.
La empleada tecleó el título en la computadora y luego de unos 20 minutos suspiró cansada, ya que no quería tener una nueva discusión con nuevos guionistas por tener el mismo nombre de su futuro guión.
“No encuentro nada parecido con ese título”, dijo.
“Todo está bien, entonces puede entregarme el guión completo, si no lo tiene todavía sirve solo un resumen de la historia, pero este resumen tiene que estar bien detallado para que cuando otra historia parecida, usted tenga el derecho para demandarlo, pero si tienes el guión completo mejor”.
Michael sonrió.
“Excelente.
Aquí tengo un resumen del guión con los detalles completos de los personajes, la historia que sigue y su genero y aparte tengo un cuarto del guion detallado ya que necesito terminarlo”, dijo, entregándole los papeles.
“Quiero registrar ambos y me gustaría que verifique si se encuentra una idea igual con el resumen de mi historia ya que eso me dijeron que averigüe para no tener problemas con otras personas”.
La empleada leyó el resumen con atención y luego hojeó el guion.
“Es bastante detallado el resumen”, comentó.
“Pero estoy seguro que no encuentrare nada similar en nuestra base de datos.
Ya que yo soy la única en este puesto.
Tu historia original de terror es muy diferente como las demás que ya están registradas”.
“Excelente”, dijo Michael, sintiendo un alivio inmenso.
“El costo del registro es de 40 dólares”, dijo la empleada.
“Y el proceso tarda unos tres días hábiles para que le llegue el certifficado.
Pero como veo que ya estás registrado como miembro de nuestro gremio, es probable que esté listo en dos días como mucho, ahí se lo llamará”.
Michael pagó la tarifa y recibió un recibo.
“Gracias”, dijo.
“Estaré atento”.
De regreso en casa, Michael se sintió eufórico.
La primera pieza del rompecabezas estaba en su lugar.
Ahora, solo faltaba la lotería.
Con el tiempo justo, Michael encendió el televisor.
La transmisión del Powerball comenzaría pronto.
Colocó todos los boletos apioados que había comprado sobre la mesa, organizándolos cuidadosamente.
El boleto con los números ganadores estaba en el centro, rodeado por los boletos de “seguridad”, los que había comprado para cubrir posibles cambios en el destino.
La tensión crecía a medida que se acercaba la hora del sorteo.
Michael respiró hondo, tratando de calmar sus nervios.
Sabía que su vida estaba a punto de cambiar, para bien o seguiría igual.
La transmisión comenzó.
La voz del presentador resonó en la habitación, anunciando el sorteo.
Michael observó la pantalla con atención, sintiendo que su corazón latía con fuerza.
Las bolas comenzaron a salir del bombo, una a una.
Los números aparecían en la pantalla, y Michael los comparaba con los de su boleto, cada coincidencia un latido más fuerte en su pecho.
9…
14…
15…
30…
40…
Los primeros cinco números coincidían.
Michael sintió un escalofrío recorrer su espalda, una mezcla de emoción y incredulidad.
Solo faltaba el número rojo.
El presentador anunció el número final: 5.
El tiempo se detuvo.
Michael miró el boleto en su mano.
El número rojo era…
4.
Estaba confundido el número final no era del boleto ganador el que me dijo mi tío.
“¡Espera!
¡Espera!
¡Espera!, yo compré más boletos” Michael recogió los casi 12 boletos que estaban apilado, reviso uno por uno.
“Este no..
este tampoco..
no..
no..” se puso nervioso no creía que no lo comprara.
“Se que lo compre, compré del 1 al 10” murmuró ya que en su mano tenía dos boletos y estaban al revés, no lo quería revisar todavía estaba nervioso.
Michael los dejo en la mesa, camino al baño se tiró agua y después de secarse la cara regreso.
“Dios de la suerte no me abandones.” Reviso un boleto y no era, ” este no solo el primero está mal”.
Luego giro lentamente el boleto que quedaba y vio el 9 primero, reviso poco a poco y cuando vio que si terminaba en 4 y todo los demás estaban bien se emociono.
¡Había ganado!
Un grito de euforia escapó de su garganta.
Michael saltó al sofá, levantando los brazos en señal de victoria.
La adrenalina corría por sus venas, una mezcla de alegría y alivio.
¡Era millonario!
“Gracias a Dios no me abandono la suerte”.
La voz del presentador resonó en la habitación, llevándolo de nuevo a la realidad, anunciando las instrucciones para reclamar el premio mayor de la lotería.
“El ganador tiene hasta las 5 de la tarde de hoy para presentarse en la sede central de cada uno de las ciudades de la Lotería Estatal”, informó.
“Si el boleto no es reclamado, el premio será declarado nulo y se acumulara.
El ganador tiene la opción de recibir el premio en un solo pago en efectivo, que asciende a 39.6 millones de dólares ¡Felicitaciones al afortunado ganador!, nos vemos en tres días para otro Powerball”.
Michael saltó del sofá, la euforia mezclada con una sensación de urgencia.
No podía perder tiempo.
Tomó el boleto ganador, se puso una chaqueta y salió corriendo de casa.
Una hora después, llegó a la sede central de la Lotería Estatal.
El edificio era imponente, con una fachada de cristal y acero.
Michael se acercó al guardia de seguridad, un hombre corpulento con uniforme.
“Buenos días”, dijo Michael.
“Ganó algo de dinero en la lotería del Powerball y necesito saber a dónde ir para reclamarlo”.
El guardia lo miró con curiosidad.
“¿Tiene algunos de los boletos ganadores?”, preguntó.
“Sí, tengo algo de suerte”, respondió Michael, mostrando el reves del boleto.
El guardia asintió.
“Vaya a la puerta derecha al final del pasillo”, dijo.
“Ahí lo atenderán”.
Michael siguió las instrucciones y llamó a la puerta.
Una voz lo invitó a pasar.
En el interior, un hombre de traje lo esperaba detrás de un escritorio.
“Buenas tardes”, dijo el hombre.
“Soy el subdirector de la Lotería Estatal.
¿En qué puedo ayudarle?”.
“Buenas tardes, aquí tengo el boleto ganador del premio mayor”, dijo Michael, entregándole el boleto.
El director lo examinó con atención y luego levantó la vista, con una sonrisa de incredulidad.
“¡Es usted el ganador!”, exclamó.
“¡Felicidades!”.
“Gracias, tuve mucha suerte”, respondió Michael, tratando de mantener la compostura y pensando para si mismo “(si supieras)”.
“Necesitamos verificar el boleto y completar algunos trámites me puede entregar su documento de identidad y me puede decir en qué banco desea”, dijo el subdirector.
“Si tome, y no ahí problema el banco sería First Republic Bank” dice Michael “Por favor, espere un momento”.
Dice el director mientras se levantaba.
El subdirector salió de la oficina y regresó veinte minutos después con un cheque y un documento.
“Aquí tiene su cheque por 39.6 millones de dólares”, dijo.
“Y este documento certifica que ha reclamado el premio.
Puede llamar a su banco para verificar la autenticidad del cheque.
Ya se les ha notificado”.
Michael tomó el cheque y el documento, sintiendo el peso de la fortuna en sus manos.
“Gracias”, dijo.
Salió de la sede central de la lotería con el cheque doblado en el bolsillo, sintiendo una mezcla de alivio y emoción.
Se dirigió al banco, decidido a depositar el dinero a su cuenta lo antes posible.
Al llegar, se acercó a una de las cajeras.
“Necesito hablar con el gerente”, dijo.
“Tengo un asunto importante que tratar”.
Mientras le enseño por encima el cheque pero sin enseñar el monto total.
La cajera lo miró con curiosidad, pero asintió.
“Por favor, espere un momento”, dijo.
La cajera se levantó y entro por una puerta, después de unos minutos regreso y le dijo que tenía que esperar un momento.
Después de una hora de espera, Michael fue conducido a la oficina del gerente.
El hombre, de mediana edad y con una expresión profesional, lo invitó a sentarse.
“¿En qué puedo ayudarle, señor Relish?”, preguntó.
Michael le entregó el cheque.
El gerente lo examinó con atención y sus ojos se abrieron de par en par.
“¡Es el premio mayor de la lotería!”, exclamó.
“¡Felicidades!”.
“Gracias”, respondió Michael mientras le asentía con la cabeza.
“Quiero depositarlo en mi cuenta”.
“Por supuesto”, dijo el gerente.
“Este es un depósito importante.
Nos complace tenerlo como cliente”.
El gerente completó los trámites y le entregó un recibo.
“Su dinero está seguro”, dijo.
“Si necesita algo más, cuando quiera invertir en bolsa no dude en contactarnos”.
Dice el gerente mientras me da su tarjeta de presentación.
Michael recogió la tardeja le dió la mano y salió del banco, sintiendo que un peso enorme se había quitado de encima.
Ahora era millonario, y el futuro estaba lleno de posibilidades.
Con el cheque depositado y la sensación de seguridad financiera, Michael se dirigió a “Luxury Motors”, un concesionario de automóviles de alta gama.
Quería darse un capricho, un símbolo tangible de su nueva vida.
Al entrar, observó los vehículos relucientes, sintiendo la emoción de la posibilidad.
Una empleada se acercó, sonriendo amablemente.
No lo juzgó por su ropa, sino que lo trató con respeto.
“Buenos días, señor”, dijo.
“Mi nombre es Jennifer, ¿en qué puedo ayudarle?”.
“Quiero un coche de alta gama”, respondió Michael en voz baja, “el mejor que tengan en este momento.
El dinero no es problema”.
Jennifer lo miró con curiosidad, pero mantuvo la compostura.
“Por supuesto, señor”, dijo.
“Sígame, por favor”.
Lo llevó a la sección de vehículos de lujo, donde un elegante deportivo negro brillaba bajo las luces.
“Este es nuestro modelo estrella”, dijo.
“Un Porsche 911 Turbo: motor turboalimentado, tracción total, interior de cuero de primera calidad…”.
Michael examinó el coche, sintiendo la suavidad del cuero y la potencia del motor.
El precio era de 120.000 dólares, pero no le importó.
“Lo quiero”, dijo, entregando su tarjeta de crédito.
Jennifer se sorprendió, pero rápidamente procesó el pago.
Regresó con los documentos, las llaves y una sonrisa radiante.
“Aquí tiene todo, señor Relish”, dijo, leyendo el nombre de la tarjeta.
“Los documentos del vehículo, las llaves y una breve guía del coche.
Que disfrute de su nuevo Porsche”.
Michael firmó los papeles, tomó las llaves y salió del concesionario, sintiendo la emoción de conducir su nuevo vehículo.
Se dirigió a “Supermart”, un supermercado grande y bien surtido, donde compró provisiones para varios días: alimentos enlatados, pasta, salsas, café, agua embotellada y snacks.
No quería salir de casa hasta que terminara el guion.
También compró un teléfono móvil Nokia 1011, una novedad en 1993, para mantenerse en contacto con el mundo exterior.
De regreso en casa, Michael se sintió como un ermitaño en su guarida.
Con el Porsche 911 Turbo en el garaje, el dinero en el banco y el teléfono móvil a mano, se preparó para una sesión intensiva de escritura.
Tenía un guion que terminar y un futuro que construir.
******* Una semana entera.
Siete días y noches de inmersión total en el mundo de “Scream”.
Michael se levantó de la silla, sintiendo el crujir de sus huesos y la tensión en sus músculos.
El guion estaba terminado, completo y pulido.
Se estiró, sintiendo el alivio de haber cumplido su objetivo.
Necesitaba moverse, liberar la energía acumulada.
Hizo algunos ejercicios de estiramiento, sintiendo cómo la sangre fluía por su cuerpo.
Se duchó, sintiendo el agua caliente lavar el cansancio y la tensión.
Se vistió con ropa limpia, sintiéndose renovado.
Tomó el teléfono móvil y buscó el papel donde había anotado el número de Naomi.
Marcó el número, sintiendo una mezcla de anticipación y nerviosismo.
“¿Hola?”, respondió una voz femenina.
“Naomi, soy Michael Relish”, dijo.
“He terminado el guion.
Necesito que lo leas”.
“Michael…”, respondió ella, con un tono de sorpresa.
“Pensé que nunca volvería a saber de ti.
Creí que eras un farsante más en Hollywood”.
“No lo soy”, respondió Michael con firmeza.
“Te prometí un guion, y aquí está.
¿Podemos vernos?”.
“¿Cuándo?”, preguntó ella, con curiosidad.
“En dos horas”, dijo Michael.
“Dónde nos conocimos, ahí queda un restaurante donde podemos comer y charlar”.
“Está bien”, respondió Naomi.
“Te veré allí”.
Michael colgó el teléfono, sintiendo una mezcla de alivio y emoción.
Había cumplido su promesa.
Ahora, solo faltaba la opinión de Naomi.
(Punto de Vista de Naomi) Colgué el teléfono, sintiendo una mezcla de incredulidad y curiosidad.
¿Michael Relish realmente había terminado el guion?
No esperaba mucho de él, un joven desconocido que se autoproclamaba director.
Pero la verdad, una pequeña chispa de esperanza se encendió en mi interior.
“No lo puedo creer”, murmuré, caminando de un lado a otro por mi pequeño departamento.
“Tal vez no sea un farsante y pueda ayudarme en mi carrera y darme a conocer al mundo en la pantalla grande”.
Me vestí rápidamente, eligiendo un atuendo que me hiciera sentir segura y profesional.
Estaba a punto de salir cuando mi agente, David, entró sin previo aviso.
“Naomi, cariño”, dijo con una sonrisa forzada.
“Tengo buenas noticias.
Te conseguí una audición para un papel en una película de cinco millones de dólares”.
“¿Qué tipo de papel?”, pregunté, cruzando los brazos.
“Una chica de secundaria”, respondió David.
“Dónde tú personaje es la actriz secundaris, pero con mucho potencial”.
“¿Secundario?”, exclamé, sintiendo la frustración acumulándose en mi interior.
“¿Cuándo entenderás que necesito un papel principal?
¡Quiero impulsar mi carrera, no estancarla!”.
“Naomi, por favor, sé razonable”, dijo David, con un tono condescendiente.
“Es una buena oportunidad.
No puedes darte el lujo de rechazarla”.
“¡Claro que puedo!”, grité.
“Estoy cansada de los papeles secundarios, de las audiciones que no llevan a nada.
Quiero un papel que me permita demostrar mi talento, que me haga brillar”.
David suspiró, frustrado.
“Estás siendo irracional”, dijo.
“No puedes esperar que te ofrezcan papeles protagónicos de la noche a la mañana.
Tienes que empezar desde abajo”.
“¡Ya llevo años “empezando desde abajo”!”, respondí, con lágrimas de rabia en los ojos.
“¡Me merezco algo mejor!”.
Vi la hora y me di cuenta de que todavía tenía media hora antes de mi encuentro con Michael.
“Tengo que irme”, dije, tomando mi bolso.
“¿A dónde vas?”, preguntó David, con curiosidad.
“A una oportunidad”, respondí, sin darle más detalles.
Salí de mi departamento, sintiendo la adrenalina corriendo por mis venas.
Estaba harta de las promesas vacías, de los papeles mediocres.
Quería algo más, algo grande.
Caminé hacia el restaurante, sintiendo la brisa fresca en mi rostro.
Al llegar, vi un Porsche 911 Turbo negro estacionado afuera.
“¿Será de él?”, pensé.
Entré al restaurante y pregunté al camarero por Michael Relish.
Me condujo a una mesa en la esquina, donde un joven atractivo me esperaba.
“Naomi”, dijo Michael, levantándose para saludarme.
“Michael”, respondí, sintiéndome aliviada de que no me hubiera plantado.
Nos sentamos, y la conversación comenzó a fluir con facilidad.
(Punto de vista Michael) Cuando Naomi llegó, la saludé con una sonrisa y la invité a sentarse.
Me sentí aliviado de verla, de que hubiera aceptado mi invitación.
Había estado nervioso, preguntándome si realmente vendría.
“¿Cómo estás?”, pregunté, tratando de sonar casual.
“Bien”, respondió ella, con una sonrisa tímida.
“Un poco sorprendida, para ser honesta.
Pensé que me habías olvidado”.
“Nunca lo haría”, respondí con sinceridad.
“Tengo el guion para ti”.
Saqué el guion de mi portafolio y se lo entregué.
“Aquí está”, dije.
“Léelo y dime qué te parece”.
“Gracias”, dijo ella, tomando el guion con curiosidad.
“Pediré algo mientras lo leo”.
Ella pidió un postre y una bebida, y yo hice lo mismo.
Sabía que la lectura llevaría tiempo, así que también pedí una comida para mí.
Mientras esperaba, observé a Naomi, concentrada en el guion.
Su expresión cambiaba a medida que avanzaba en la lectura, pasando de la sorpresa a la intriga, del miedo a la emoción.
Mientras comía lentamente, comencé a pensar en mis próximos pasos.
Tenía el dinero, el guion y la actriz principal.
Ahora necesitaba el equipo y la infraestructura.
“Necesito una productora, ya que dónde el cuerpo original trabajaba no tenía distribuidora ya sea local o internacional”, pensé.
“Una productora que sea solo mía, donde pueda controlar cada aspecto de la producción y que tenga algún contrato ya establecido con distribuidoras”.
Sabía que en 1993, la tecnología cinematográfica era muy diferente de la que conocía del futuro.
Necesitaba invertir en equipos de última generación, cámaras de alta definición, sistemas de sonido envolvente, efectos especiales digitales.
“Tengo que modernizar la industria”, pensé.
“Traer el futuro al presente”.
Sabía que sería un desafío, pero estaba seguro de que podía hacerlo.
Tenía la visión, los recursos y la determinación.
Y con Naomi a mi lado, sabía que “The Scream” sería un éxito.
Mientras Michael divagaba sobre sus posibles planes futuros, Naomi terminó de leer el guion.
Sus ojos brillaban con emoción y entusiasmo.
La historia de terror, con su mezcla de suspense, humor y referencias al género, le había encantado.
“Michael, esto es increíble”, dijo, interrumpiendo sus pensamientos.
“Me encanta.
Es algo nuevo, fresco.
Y el papel de Sidney Prescott…
¡es perfecto!”.
Michael sonrió, aliviado de que a Naomi le gustara el guion.
“Me alegra que te guste”, dijo.
“Sabía que desde que te conocí eras la indicada para el papel Sidney”.
“Estoy ansiosa por empezar a trabajar”, dijo Naomi, con entusiasmo.
“Pero, ¿cuándo empezaremos a rodar?”.
“Aún tenemos que esperar un poco”, respondió Michael.
“Tengo que ocuparme de algunos asuntos primero”.
“¿Qué tipo de asuntos?”, preguntó Naomi, con curiosidad.
“Tengo pensado comprar una productora mediana, pero nada es seguro”, explicó Michael.
“Y no me gustaría trabajar para nadie.
Quiero ser mi propio jefe ya que no quiero cambiar nada del guión si no es mi propia idea”.
“¿Quieres comprar una productora?”, preguntó Naomi, sorprendida.
“Sí”, respondió Michael.
“Tengo pensado contratar a un bufete de abogados para que me ayuden a encontrar una productora mediana, que esté en problemas pero sin mucha deuda o una que este casi en quiebra.
Necesito tener el control total, para asegurarme de que mi visión se mantenga intacta”.
“Entiendo”, dijo Naomi, asintiendo.
“Es importante tener libertad creativa”.
“Exacto”, dijo Michael.
“No quiero que nadie cambie mi guion, ni que me imponga a quién contratar.
Quiero tener la última palabra en todo”.
“¿Y qué hay de mí?”, preguntó Naomi.
“¿Cuándo empezaremos a trabajar juntos?”.
“Pronto”, respondió Michael, con una sonrisa.
“Contigo como protagonista, Naomi, podemos hacer grandes cosas.
Podemos revolucionar el cine de terror.
Podemos hacer historia”.
“Naomi, necesito que estés disponible”, le dije, “pero no te preocupes, te contactaré en cuanto tenga noticias.
Primero, necesito cerrar el trato de la productora.
Alguien de mi futuro equipo se pondrá en contacto contigo para el contrato, pero necesito que te mantengas libre, ya que si no, tendré que buscar a otra persona”.
“Entiendo”, respondió Naomi, asintiendo.
“Estaré disponible.
Confío en ti”.
“Gracias”, dije.
“Te llevaría a casa, pero tengo una reunión importante con el buffet de abogados”.
“No te preocupes”, dijo Naomi, levantándose.
“Tomaré un taxi.
Suerte con tu reunión”.
Nos despedimos y vi cómo Naomi se alejaba, con su figura elegante y su paso decidido.
Luego, me dirigí a mi coche, sintiendo la adrenalina de las negociaciones inminentes.
Conduje hasta las oficinas de Latham & Watkins, uno de los bufetes de abogados más prestigiosos de Los Ángeles.
Al llegar, me anuncié y fui conducido a la oficina de un socio principal, el Sr.
Robert Maxwell.
“Señor Relish”, dijo el Sr.
Maxwell, estrechando mi mano.
“Un placer conocerlo.
¿En qué puedo ayudarle?”.
“Necesito su ayuda para adquirir una productora de cine”, respondí.
“Una productora mediana, independiente, que esté a punto de quebrar o casi en quiebra.
El dinero no es problema.
Estoy dispuesto a invertir entre 10 y 15 millones de dólares”.
El Sr.
Maxwell asintió, con una expresión de interés.
“Entiendo”, dijo.
“Es una inversión considerable.
Le aseguro que encontraremos la productora adecuada para usted.
Pero esto llevará tiempo.
Le pido que nos dé una semana para investigar y presentarle algunas opciones”.
“Perfecto”, dije.
“Los espero”.
Me despedí del Sr.
Maxwell y regresé a casa, sintiendo una mezcla de alivio y anticipación.
La adquisición de la productora estaba en marcha.
Ahora tenía tiempo libre para concentrarme en otros proyectos.
“Es hora de empezar a trabajar en el siguiente guion”, pensé.
“Run Lola Run”.
Sabía que la historia original era alemana, así que tendría que adaptarla al público estadounidense.
“Tengo que aprovechar la creatividad de Michael original”, pensé.
“Él era un experto en adaptar historias y crear personajes memorables”.
Me senté frente a la máquina de escribir, sintiendo la emoción de crear algo nuevo.
Tenía una semana para trabajar en el guion.
Y estaba decidido a aprovecharla al máximo.
📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir un capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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Está es una obra de ficción creada por un fan.
los personajes pertenecen a sus respectivos creadores y no tengo afiliación con ellos.
Este Fanfiction es solo para el disfrute de fans.
Las historias, personajes y situaciones en esta obra son producto de la imaginación del autor.
Cualquier similitud con personas reales, vivas o muertas, o eventos reales, es mera coincidencia.
está obra es un Fanfiction.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com