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En Hollywood. - Capítulo 32

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Capítulo 32: Capítulo 31

Capítulo 31: El Cambio de Guardia en las Viñetas

West Hollywood, Tienda de Cómics “Golden Apple” – 5 de Septiembre de 1994

Kevin entró en la tienda con un objetivo claro: el número 415 de The Amazing Spider-Man. Como fiel seguidor de Marvel, necesitaba su dosis semanal de Peter Parker. Caminó con paso decidido hacia la sección de los “Dos Grandes”, pasando de largo las novedades independientes. Estaba a punto de tomar el ejemplar de DC de Batman: Shadow of the Bat cuando algo, un brillo inusual en el estante de lanzamientos especiales, detuvo su mano.

Al lado de las portadas coloridas y musculosas de Superman y los X-Men, había un cómic con un lomo negro mate y un papel de una calidad notablemente superior. El título, en letras blancas minimalistas con un diseño técnico, decía: “El Laboratorio de Dexter #1”. En la esquina inferior, un sello pequeño pero imponente: Omniscience Comics, “historia de Relish”

—¿Laboratorio de Dexter? —murmuró Kevin, intrigado por el tono oscuro de la portada. A diferencia de los héroes de Marvel que lucían triunfantes, este chico pelirrojo estaba envuelto en sombras, mirando una pantalla de fósforo verde que iluminaba sus gafas—. Relish… ¿Cómo el director Michael Relish hizo esto?

La curiosidad venció a la lealtad. Dejó a Spider-Man en el estante y tomó el ejemplar de Dexter. Al abrir la primera página, el olor a tinta fresca y la densidad del papel lo transportaron a un mundo que no se parecía en nada a lo que DC o Marvel estaban ofreciendo ese mes.

El Laboratorio de Dexter: Capítulo 1 – “Cimientos de Silencio”

La historia no comienza con una explosión, sino con un reloj de pared en una preparatoria pública de Estados Unidos. Dexter, un joven de 15 años, tiene una expresión de fatiga intelectual absoluta. Su profesor explica las leyes de la termodinámica con errores básicos; Dexter suspira, corrige el error en su cuaderno con una caligrafía perfecta y sigue mirando por la ventana.

“El mundo es un lugar lento”, narra Dexter en primera persona. “Mis padres creen que la madurez se mide en años escolares, pero mi mente ya ha recorrido siglos”.

Al salir de clase, Dexter evita a los matones habituales de una forma casi sobrenatural, prediciendo sus movimientos como si leyera un código de programación. Se desvía hacia una chatarrería industrial en las afueras. Allí, en un montaje visual cinemático, Dexter comienza a recolectar piezas de maquinaria pesada desechada. No está buscando juguetes; está buscando componentes.

De vuelta en su casa, el cómic detalla su ingenio. Dexter construye una excavadora sónica que vibra a una frecuencia que desintegra la tierra sin hacer ruido. Durante semanas, excava bajo su propia casa, reforzando el búnker con una aleación de polímeros que él mismo sintetiza en su habitación. La entrada es magistral: al mover un libro específico en su estantería, la parte trasera de su computadora se desliza, revelando un ascensor neumático.

El punto de vista cambia bruscamente. Desde un ángulo oscuro en el callejón trasero de la casa, vemos a una figura femenina de 19 años. Es Dee Dee, su hermana. Lleva ropa táctica oscura y unos binoculares de visión nocturna.

—Sujeto en posición —susurra para ella mismo, como si tuviera un comunicador oculto en su cuello—. Porque le habrá dado ganas de crear algo en la casa.

Dexter, ya en su laboratorio, enciende una supercomputadora futurista hecha de piezas recicladas. Decide intentar lo imposible: hackear el servidor central del Departamento de Defensa. Lo que encuentra cambia el tono del cómic de “ciencia ficción” a “conspiración global”.

Descubre documentos sobre la Gran Guerra de 1959. Hace 35 años, héroes reales —seres con habilidades que desafiaban la física— lucharon contra un demonio ancestral que casi devora el sol. Los héroes ganaron, pero el gobierno, liderado por un grupo en las sombras, decidió que los “supers” eran una variable que no podían controlar. Aplicaron la “Ley de Amnesia Colectiva”: retiraron a los héroes por la fuerza, ejecutaron a los rebeldes y borraron cada rastro de ellos de los libros de historia. El mundo actual, con su 1% de delincuencia, es una paz artificial impuesta por el miedo gubernamental.

Mientras Dexter lee esto, la cámara muestra a Dee Dee en un rincón del laboratorio, oculta por un sistema de camuflaje óptico. Ella escucha todo, y su rostro permanece impasible. Ella ya sabía todo eso, el grupo que le enseño ser una espía, ahí un documento que al principio nos detqllan como el gobierno está contaminado.

Al salir a la sala, Dexter ve a Dee Dee viendo la televisión. Un anuncio invita a jóvenes genios a un “Simposio de Innovación”.

Dee Dee ve que su hermano se engancho, pero ella sabe lo que ya era pensando.

—No vayas, Dexter —dice Dee Dee con una frialdad que lo deja helado—. Eres un genio, pero no sabes nada de la gente. No tienes amigos. Te comerán vivo, eres muy orgulloso.

Dexter, desafiante, asiste al evento. Allí presenta su “Pistola de Estasis Temporal”. El jurado, liderado por un hombre con una risa mecánica llamado Mandark, lo humilla públicamente diciendo que su idea es “fantasía infantil”. Dexter sale del edificio enojado, jurando que nunca volverá a confiar en los demás el mismo tiene que hacer las cosas.

Sin embargo, en la oficina privada de Mandark, vemos al científico riendo mientras descarga los planos que su sistema de escaneo oculto le robó la premisa y las ideas de la pistola de Dexter.

—Este chico es el eslabón perdido —dice Mandark, activando el prototipo de la pistola—. Con esto, el ataque al Sector 4 será pan comido.

El cómic termina con Dee Dee llegando a un almacén abandonado en los suburbios. Entra en un pasadizo secreto que se abre a una base llena de jóvenes de entre 16 y 24 años. Hay pantallas, armas futuristas y un ambiente como si estuvieran preparados para una guerra inminente.

—Dee Dee reportándose —dice ella ante un líder de rango superior—. El reclutamiento de Mandark, se ve muy falso.

Y en la otra parte de la página se ve a Dexter en su laboratorio viendo su computadora viendo que se acercaba un meteorito por nevada.

Kevin terminó de leer la última página y se quedó mirando el mostrador de la tienda. El ejemplar de Spider-Man seguía allí, pero ahora le parecía… infantil.

—Esto es increíble —le dijo al dependiente mientras sacaba su billetera—. Es como si Michael Relish tuviera mostrando una película pero en comics. ¿Quién será el grupo que esta Dee Dee? ¡Y la pistola de Dexter en manos de ese loco de Mandark!

El dependiente asintió mientras cobraba el cómic. —Se están vendiendo como pan caliente, chico. Marvel y DC van a tener que despertar, porque este “Omniscience” va a cambiarlo todo.

Kevin salió de la tienda con el cómic de Dexter bajo el brazo, ignorando por completo el número de Spider-Man que había ido a buscar.

Chicago, Illinois – 5 de Septiembre de 1994

Un joven llamado Marcus caminaba por la sección de DC de su tienda local. Su mano buscaba el último número de Green Lantern, la historia de Kyle Rayner que estaba intentando revivir la franquicia de los anillos de poder. Sin embargo, justo al lado, en la sección de “Novedades Recomendadas”, un título le devolvió la mirada con una intensidad eléctrica: “Omniscience: El Portador del Legado #1”.

La portada era hipnótica. No mostraba a un héroe musculoso, sino a un chico de unos 16 años, Ben, con una expresión de pánico mientras su brazo era envuelto por una luz verde esmeralda y una sustancia líquida metálica. En el fondo, la silueta de un hombre mayor, su abuelo Max, se alzaba con una sombra que no parecía la de un humano normal.

—Michael Relish no descansa —murmuró Marcus, comprando ambos cómics. Al salir a la acera, ignoró al Linterna Verde y abrió la obra de Omniscience cómics.

El Portador del Legado: Capítulo 1 – “Sangre y Silicio”

La historia nos presenta a Ben y su prima Gwen, ambos de 16 años. No son niños en un campamento de verano; son adolescentes en medio de unas vacaciones forzadas por su Abuelo Max, quien insiste en llevarlos a la casa de su abuela. El ambiente es tenso; Ben es el típico rebelde sin causa, y Gwen es una joven brillante pero reservada.

—Necesito que entiendan —dice Max mientras conduce su vieja autocaravana, La Casita, a través de los bosques de Oregón— que el mundo que ven no es el mundo real. Su abuela los espera porque es hora de que sepan quiénes son realmente. Ya son lo suficientemente mayores para cargar con la verdad.

Esa noche, mientras acampan en un claro solitario por nevada, Ben se aleja buscando señal para su celular. Mira al cielo y ve una estrella fugaz. Con el cinismo propio de su edad, pide un deseo: “Sácame de esta vida aburrida”. Pero la estrella no desaparece; se agranda. Segundos después, un impacto brutal a quince metros de él lo lanza por los aires.

Adolorido y con los oídos zumbando, Ben se acerca al cráter. En el centro hay una cápsula futurista, de una aleación negra que parece absorber la luz. Al acercarse, la cápsula se abre con un siseo hidráulico. Un objeto de metal líquido salta hacia su muñeca. Ben grita mientras la sustancia se materializa, soldándose a su piel en forma de un reloj de diseño imposible.

Al regresar al campamento, pálido y con el extraño aparato en la muñeca, Max lo intercepta. Su rostro, usualmente amable, se vuelve de piedra cuando ve la muñeca de Ben con un objeto que se nota que no es de la tierra.

—Ben… ¿qué has hecho? —pregunta Max.

—¡No hice nada! Esta cosa saltó hacia mí —responde Ben, tratando de arrancárselo.

Max suspira, cerrando los ojos. —Quería que su abuela se los dijera en la seguridad de su hogar, pero el destino tiene otros planes. Ben, Gwen… ustedes no son normales.

Para demostrarlo, Max camina hacia un pino centenario. Con un movimiento fluido y una fuerza que desafía su edad, golpea el tronco, atravesándolo de lado a lado. Ben y Gwen se quedan en shock.

—Hace 45 años —explica Max en un flashback con tonos sepia—, el mundo estaba lleno de nosotros. Fue la Era de los Héroes. Pero el gobierno, los hombres en las sombras, decidieron que el poder debía ser centralizado. Nos sellaron, nos borraron de la historia. Yo fui un “Plomero”, un agente de élite encargado de los asuntos que no eran de este mundo.

Gwen, con la voz temblorosa, pregunta: —¿La abuela también tiene poderes?

Max guarda un silencio sepulcral por un segundo. —Ella tiene algo más… pero esa es una historia que ella misma debe contarles.

Al amanecer, la tranquilidad se rompe cuando un platillo volador desciende sobre el bosque. De él emerge un guerrero alienígena, una masa de músculos azul y verde de dos metros de altura.

—¡Entreguen el dispositivo del Vigilante! —ruge el alienígena.

Max no duda. A pesar de su edad, se lanza al combate con una técnica de combate que Ben nunca había visto. Pero el alienígena es demasiado fuerte. Ben ve a su abuelo ser lanzado contra una roca. Intenta activar el reloj de todas las formas posibles, gritándole, golpeándolo, pero nada sucede.

En ese momento, detrás de Gwen, el aire comienza a vibrar con una luz rosada tenue, una energía que parece emanar de su propio miedo, pero Ben ni ella lo notan. En un acto de pura desesperación, Ben presiona el núcleo del reloj cuando una silueta de un humanoide de cristal aparece en el dial.

¡Flash verde!

El cuerpo de Ben se desgarra y se reconstruye en segundos. Donde antes estaba el adolescente, ahora hay un ser de diamante orgánico, brillante y letal. La pelea es brutal. Ben (Diamondhead) tiene la ventaja física, pero su falta de experiencia lo hace jugar con su oponente.

—¡No juegues con él, Ben! —grita Max, levantándose con dificultad.

Justo cuando Ben va a dar el golpe de gracia, el reloj emite un pitido rojo. En un instante, vuelve a ser humano. El alienígena se ríe, levantándose para aplastar el cuello de Ben, pero una sombra aparece detrás de él. Max, empapado en sudor y con una mirada gélida, golpea un punto de presión en la nuca del alienígena, dejándolo inconsciente en el acto.

—En el campo de batalla, Ben, nunca se juega —dice Max con severidad.

Max se acerca a la consola de La Casa rodante y presiona un botón oculto con el emblema de una llave inglesa cruzada. —Aquí el Agente Tennyson. Código Plomero 001. Necesito una unidad de contención en la Ruta 66. Tenemos un visitante.

Minutos después, una unidad táctica sin marcas llega y se lleva al alienígena. Antes de ser encerrado, el guerrero escupe unas últimas palabras:

—No importa cuántos de nosotros atrapen… Vilgax vendrá por el reloj. Y esta vez, terminará lo que su padre empezó en la Gran Guerra.

Max se queda mirando el horizonte, con la mandíbula apretada. Sabe que el nombre de Vilgax no es solo una amenaza espacial; es el nombre del conquistador que ayudó a un demonio para intentar purgar a los héroes hace décadas. El hijo del carnicero de la Gran Guerra venía a reclamar el premio final.

Marcus cerró el cómic mientras caminaba por la avenida. Ya no le importaba el anillo de Green Lantern.

—¡Es increíble! —pensó Marcus—. El abuelo Max tiene superfuerza, Ben es un cambiaformas de diamante y Gwen parece tener algún tipo de poder rosa.

Marcus corrió de regreso a la tienda. Tenía que apartar el número dos antes de que se agotaran. El mundo de los cómics acababa de recibir un impacto de meteorito, y su nombre era Michael Relish.

Nueva York y Los Ángeles – 19 de Septiembre de 1994

El mes de septiembre de 1994 no será recordado en la industria editorial por el relanzamiento de un gran evento de Marvel o DC, sino por el nacimiento de un nuevo culto. La segunda semanas, los estantes de las tiendas de cómics se vaciaban en cuestión de horas. El logotipo plateado de Omniscience cómics, se había convertido en un sello de calidad que los jóvenes buscaban con desesperación. No eran solo historias de héroes; era una mitología conspiranoica que conectaba con el sentimiento de desconfianza de la “Generación X”.

El Campus Universitario (NYU)

En el patio central de la Universidad de Nueva York, un grupo de estudiantes de cine y literatura se amontonaba alrededor de una mesa de madera. En el centro, los dos primeros números de “Omniscience: El Laboratorio de Dexter”.

—Lo que no entienden es la profundidad de la subversión —decía un joven con una chaqueta de cuero desgastada—. Dexter no es solo un niño listo. Es la representación del genio atrapado en un sistema mediocre. ¿Vieron el final del número dos? Dee Dee no solo lo vigila, ella interceptó la señal de Mandark antes de que Dexter siquiera se diera cuenta de que le habían robado la pistola de estasis, hoy sale el próximo capitulo.

—A mí lo que me vuela la cabeza es la “Era Olvidada” —respondió una chica, pasando las páginas del cómic—. Michael Relish está diciendo que el gobierno nos ha estado mintiendo durante décadas. El arte es sucio, realista, se siente como una película de David Fincher pero en papel. No hay colores brillantes, solo sombras y tecnología que parece que podrías construir en tu sótano.

—Y las ventas lo dicen todo —terció otro—. Fui a tres tiendas en Brooklyn y el segundl número están agotados. El dueño de Forbidden Planet dice que ha vendido más copias de Dexter que del último número de X-Men. Relish Productions no solo está invirtiendo en cómics, está haciendo que los cómics vuelvan a ser peligrosos.

La Tienda de Cómics de Culto (L.A.)

En el otro lado del país, en una tienda de Los Ángeles, el ambiente era igual de eléctrico, pero la conversación se centraba en el otro pilar de la editorial: “El Portador del Legado” (Ben).

—Es el realismo lo que te atrapa —comentaba un cliente habitual al cajero—. Ben tiene 16 años, está asustado y no sabe usar el reloj. En el segundo número, cuando intenta transformarse y el reloj falla, dejándolo como una criatura pequeña y débil en medio de un ataque, sientes su vulnerabilidad. No es el típico héroe que lo sabe todo desde el minuto uno.

—Y el abuelo Max es lo mejor de la serie —añadió el cajero mientras organizaba una nueva caja de pedidos—. Esa escena donde revela que fue un “Plomero” y que el todavía está en contacto con su grupo de superhéroes… eso conecta directamente con los documentos que Dexter encontró en su propio cómic. Es un universo compartido, pero sin las tonterías de los crossovers forzados.

—Lo que me gusta es que Relish Comics no trata al lector como un tonto —dijo un joven que sostenía ambos números—. Las historias salen cada dos semanas, el ritmo es frenético. Michael Relish entendió que en los 90 no podemos esperar un mes por una historia de veinte páginas. Queremos contenido, y lo queremos con esta calidad cinematográfica.

Un grupo de tres adolescentes corre hacia un kiosco antes de que cierre. Uno de ellos sostiene el primer número, ya desgastado de tanto leerlo.

Harry: “¡Rápido! El dueño dijo que el es el último número 2. Dicen que Dexter está por construir lo que dijeron que era una tontería”.

Lucas: “Oí que sale una agencia secreta. ¡Mira! Ya lo tienen”.

Abren el cómic y la primera página nos sumerge en el mundo oscuro de la historia.

Escena 1: El Cuartel de los jóvenes del suburbios

El dibujo es sombrío, con sombras marcadas. Dee Dee no está saltando; está de pie, con uniforme táctico oscuro, hablando con un contacto de la agencia.

Dee Dee: “Mandark está moviendo piezas. Está organizando eventos de caridad y simposios científicos, pero no hay resultados públicos. Está ocultando algo… y es grande”.

Espía (Contacto): “Nuestros informantes en el Gobierno dicen que su oficina es están utilizando mucha energía algo muy explosivo. Clasificación Triple A. Sabemos que construyen algo, pero no qué”.

Dee Dee (Pensando para sí misma): “Una pistola de plasma. Mi hermano se la mencionó a ese infeliz en una feria científica. Mandark se está robando la idea Dexter… y si Dexter la termina primero, el Gobierno detectará el rastro de calor desde el espacio”.

El Taller de Dexter (Sótano)

La estética cambia a una luz azul neón. Dexter está sudando, trabajando con herramientas de precisión.

Dexter (Monólogo interno): “Si no me escucharon en la convención, me escucharán ahora. Esta pistola de plasma no es solo un arma; y este es el motor para mi Satélite de Vigilancia Global dónde me haré famoso dando una conferencia de mi pistola de plasma”.

Acción: Dexter inserta un Chip de Seguridad en la recámara. Es su “seguro de vida”: si la pistola se sobrecalienta o es robada, el chip la fríe instantáneamente.

Dexter: “Incluso en los cómics que leo, el héroe siempre tiene un plan de respaldo. Mi familia no puede pagar por mis ambiciones si algo sale mal… pero este núcleo de energía es la clave”.

El Sabotaje “Accidental”

Dexter está conectando el Núcleo de Poder (una esfera brillante de energía pura) a la estación de carga. Está al 85%. De repente, se oye una música tarareada.

Dexter: “¡¿Qué?! ¡¿Cómo entraste?!”

Dee Dee (Actuando como la “tonta”): “¡Dex-ter! ¡Mira mi nuevo paso de baile! ¡Soy una mariposa de cristal!”

Acción: Dee Dee tropieza torpemente. Su bebida (un batido espeso) vuela por el aire y cae directamente sobre los circuitos abiertos del Núcleo de Poder.

¡ZAP! ¡BOOM! El núcleo chisporrotea, suelta humo negro y se apaga. La carga cae a 0%.

Dexter (Rojo de furia): “¡FUERA! ¡FUERA DE MI LABORATORIO, IDIOTA! ¡Has arruinado meses de trabajo! ¡Ese núcleo era único! ¡¿Tienes idea de lo difícil que es conseguir esos componentes en la chatarrería?!”

Dee Dee: “Upsie… solo quería mostrarte mi baile. Eres un amargado, Dexter”.

Dexter la saca a empujones y cierra la escotilla. Se sienta en el suelo, derrotado, mirando los restos del núcleo. Está demasiado enojado para preguntarse cómo Dee Dee siempre sabe cuándo entrar.

La escena es cálida y tranquila. La madre de Dexter está cocinando al fondo. Dee Dee se sienta en el sofá con una expresión que Dexter nunca ve: una mirada fría, analítica y de alivio.

Dee Dee (Pensando): “Lo siento, hermanito. Pero si lanzabas ese satélite, Mandark te habría localizado en segundos. La pistola de plasma es demasiado para este mundo… al menos por ahora. Prefiero que me odies a que termines en una celda de alta seguridad”.

Escena Final: Complejo Científico “Sector Omega”

La página se tiñe de tonos rojos y sombras industriales pesadas. No estamos en un sótano, sino en una instalación militar subterránea llena de científicos con trajes de protección.

Al fondo, dominando la habitación, se encuentra una estructura masiva.

El Núcleo: A diferencia de la esfera elegante y compacta de 50 cm de Dexter, el núcleo de Mandark es una monstruosidad de 2 metros de radio. Está rodeado de cables gruesos, tanques de refrigerante que sueltan vapor y un zumbido eléctrico que parece hacer vibrar el papel del cómic. Se ve inestable, peligroso y “tosco”.

El Arma: Sobre una mesa de metal reforzado descansa la versión de Mandark de la pistola de plasma. La de Dexter era pequeña, ergonómica, diseñada para el futuro; esta parece una metralleta pesada, llena de remaches, piezas expuestas y un cañón que parece que podría explotar en cualquier momento.

Mandark aparece en primer plano. Sus gafas reflejan el brillo violento del núcleo. Tiene una sonrisa de superioridad, pero sus ojeras muestran una obsesión enfermiza.

Mandark: “Creen que el diseño original es necesario… pero en la guerra, solo importa el impacto. Mi prototipo es diez veces más grande porque la victoria requiere escala”.

Científico del Gobierno (al fondo): “Señor, los niveles de radiación están en el límite. Si lo disparamos sin el chip estabilizador que mencionó…”

Mandark (interrumpiendo con desprecio): “¡Silencio! No necesitamos sutilezas. Ya falta poco para activar el prototipo. Cuando este núcleo alcance su punto máximo, lanzaremos el ataque y veremos de qué es capaz el verdadero progreso. El mundo conocerá el nombre de Mandark… y los viejos héroes temblarán en sus escondites”.

Panel Final: Un primer plano del ojo de Mandark, donde se ve reflejado el núcleo volviéndose de un color naranja amenazante.

Texto de cierre: CONTINUARÁ EN EL NÚMERO #3…

Para el 20 de septiembre, las cifras eran asombrosas para una editorial independiente. Cada número de las series de Michael Relish estaba vendiendo una media de 250,000 ejemplares por número, cifras que rivalizaban con los títulos secundarios de los “Dos Grandes”. Pero lo más importante no era el volumen, sino quién los compraba. El demográfico de 16 a 30 años, el que más gasta en cine y merchandising, estaba obsesionado.

En las oficinas de Relish Productions, Susan Wells revisaba los informes de beneficios.

—Michael, el boca a boca está fuera de control —le dijo a Michael durante una breve llamada—. No solo estamos ganando dinero con las ventas de papel. Las empresas de juguetes ya están llamando para preguntar por los derechos de la tecnología de Dexter y las transformaciones de Ben. Pero lo más interesante es el rumor en Hollywood: dicen que los ejecutivos de Warner Bros. están aterrorizados porque estamos construyendo una franquicia de héroes más coherente que la suya sin haber estrenado una sola serie de televisión todavía.

Michael, desde su set de pre-producción, sonreía. Sabía que el éxito de los cómics era el cimiento perfecto. El público ya no solo conocía a Naomi Watts; ahora conocían a Dexter, a Ben, a Dee Dee y al Abuelo Max. Había creado una necesidad.

El “Buzz” de septiembre fue el sonido de una industria dándose cuenta de que Michael Relish no era un visitante en su mundo; era el nuevo arquitecto. Mientras los jóvenes en las calles debatían sobre si Vilgax era realmente el hijo de un conquistador o si Dexter lograría hackear el sistema de seguridad de Dee Dee, Michael sabía que el siguiente paso —el salto a la pantalla— sería el golpe definitivo.

Universidad de Columbia, Nueva York – Una tarde lluviosa de Septiembre de 1994

En el tercer piso de la biblioteca Butler, lejos del silencio sepulcral de las salas de estudio de derecho, cinco amigos se habían apoderado de una mesa redonda en la cafetería. Sobre el laminado de madera, los dos números publicados de Omniscience: El Laboratorio de Dexter y El Portador del Legado (Ben) estaban desplegados como planos de una invasión.

El grupo no era el típico de lectores casuales. Eran estudiantes de ingeniería, sociología y artes visuales, el tipo de mentes que Michael Relish buscaba estimular con su narrativa densa.

—Miren las fechas de los documentos —dijo Leo, un estudiante de física con el cabello revuelto, señalando una viñeta del segundo número de Dexter con una lupa de joyero—. En el archivo que Dexter hackea del Departamento de Defensa, se menciona que la “Incidencia de Nevada” ocurrió en 1959. Ahora, miren la página doce de Ben. El abuelo Max dice que su era dorada como Plomero terminó hace aproximadamente 35 años. La matemática es exacta. Estamos ante el mismo evento

.

—Es más que una coincidencia cronológica, Leo —intervino Sarah, que estudiaba sociología y devoraba cada diálogo buscando subtexto—. Es un ecosistema de control. Relish está planteando que vivimos en un mundo de “paz obligatoria”. En el cómic de Ben, los alienígenas como el que atacó a Max vienen a reclamar tecnología que se perdió en esa Gran Guerra. Y en Dexter, Mandark está usando el reclutamiento para armar a un gobierno que tiene pánico de que la nueva generación despierte.

—Lo que me fascina es la diferencia de tono —dijo Marcus, el artista del grupo, mientras trazaba un boceto rápido de la silueta de Diamondhead—. DC tiene a la Liga de la Justicia, que son básicamente dioses en un Olimpo de cristal. Marvel tiene a los X-Men, que son parias sociales. Pero Relish nos está dando algo más crudo. Estos chicos no son elegidos por el destino en un sentido místico; son piezas de un tablero que ya existía antes de que ellos nacieran. Ben y Dexter son como los Jóvenes Titanes, pero sin la supervisión de un Batman que les diga qué es moralmente correcto.

—Exacto —asintió Javier, el más escéptico de los cinco hasta ese momento—. Lo que me convenció fue el giro de Dee Dee. En cualquier otro cómic, la hermana mayor sería el alivio cómico o el interés romántico de alguien. Aquí, ella es el puente entre los dos mundos. Si ella es una espía del gobierno encargada de vigilar a Dexter, ¿quién nos asegura que no hay alguien vigilando a Ben?

—Tal vez el abuelo Max —sugirió Elena, una estudiante de ingeniería electrónica—. Él es demasiado eficiente. La forma en que golpeó al alienígena en el número uno no fue solo fuerza bruta; fue conocimiento anatómico. Michael Relish está construyendo un universo donde los espías, los demonios de la guerra antigua y los alienígenas son parte de la misma red conspirativa. Es como si The X-Files tuviera superpoderes reales.

Leo se inclinó hacia adelante, bajando la voz. —Imaginen que se juntan. Dexter tiene el intelecto para descifrar el código del reloj de Ben. El reloj no es magia, es nanotecnología líquida, según lo que vimos cuando se unió a su muñeca. Si Dexter hackea ese reloj, y Ben aporta la fuerza bruta, el gobierno de la “Era Olvidada” está en problemas.

—Lo mejor de todo —continuó Sarah apasionada— es que no son “niños buenos”. Son serios porque el mundo es peligroso. Si nosotros tuviéramos ese poder a nuestra edad, no estaríamos haciendo chistes cada cinco minutos como Spider-Man. Estaríamos aterrados y escondiéndonos del gobierno, tal como ellos lo hacen. Relish ha capturado esa angustia de los 90. No queremos capas brillantes; queremos respuestas a por qué el mundo se siente tan vacío.

—Es una jugada maestra de Michael Relish —concluyó Javier, mirando la calidad del papel—. Él sabe que somos una generación que creció con caricaturas, pero que ahora queremos algo que nos respete la inteligencia. Unir a un genio paranoico con un chico que tiene una legión alienígena en su muñeca, todo bajo la sombra de una guerra secreta… es mejor que Marvel y DC juntos porque aquí las acciones tienen consecuencias permanentes. En el número dos de Dexter, él pierde su prototipo. No se recupera mágicamente al final del capítulo. Está en manos de un villano que planea un ataque real.

—¿Se dan cuenta de lo que significa que esto salga cada dos semanas? —preguntó Marcus con entusiasmo—. La velocidad del boca a boca es tal que para cuando salga el número cuatro en octubre, toda la universidad va a estar hablando de esto. He oído que los de la facultad de derecho están debatiendo la legalidad del “Acta de Retiro Forzoso” de los héroes mencionada en el cómic de Ben.

—Relish nos ha dado un juguete nuevo —dijo Leo, cerrando los cómics con cuidado—. Y no es solo entretenimiento. Es un rompecabezas sociopolítico disfrazado de viñetas. Si yo fuera ejecutivo de DC, estaría sudando frío ahora mismo. Porque estos cinco chicos de la mesa de al lado acaban de comprar el número de Dexter en lugar de Batman.

Leo dice,— solo pude conseguir el número dos de el portador de legado—.

Lecciones de Polvo y Sangre (Número #2)

El camper “El Gatuno” avanza por una carretera solitaria en Nevada. De repente, una ráfaga de cristales orgánicos revienta los neumáticos. El vehículo patina hasta detenerse. De entre el calor del asfalto surge Tetrax Shard, con su armadura de combate impecable y una presencia imponente.

Ben (15 años): “¡¿Qué es esa cosa?! No importa… ¡es hora de probar esto!”

Acción: Ben activa el reloj y se transforma en Diamante (Tetrax y él se ven similares, lo que crea un contraste visual genial). Ben ataca con arrogancia, lanzando cristales sin control.

Tetrax no se inmuta. Con movimientos precisos y fluidos, esquiva cada ataque de Ben.

Tetrax: “Tienes una de las armas más poderosas del universo… y la usas como un niño con un palo”.

Acción: El Abuelo Max interviene con una escopeta de energía de Plomero, pero “falla” los disparos a propósito y se deja someter por Tetrax tras un breve intercambio de golpes.

El Cierre del Combate: Tetrax derrota a Ben con un solo golpe de presión, revirtiéndolo a su forma humana.

Tetrax: “No me llevaré el reloj. No hoy. Solo busco oponentes fuertes, y ustedes son patéticos. Enviaré a un subordinado para que recoja la basura”. Se marcha, dejando a Ben humillado en el polvo.

Bajo el sol abrasador, Max comienza a enseñar a Ben. No le enseña a usar el reloj, sino a usar su cuerpo.

Max: “Ben, el reloj es solo una herramienta. Si no sabes pelear sin él, morirás con él”.

Entrenamiento: Vemos un montaje de Ben aprendiendo artes marciales básicas (agarres, equilibrio y defensa). Ben está frustrado pero empieza a entender que ser un héroe no es solo “presionar un botón”.

En un cañón cercano, un científico que trabaja para Mandark localiza a Tetrax. El científico, buscando gloria personal, se acerca con un maletín de tecnología.

Científico: “Señor alienígena, represento al nuevo orden mundial. Queremos comprar su tecnología para erradicar a los héroes retirados que aún se esconden. Si me ayuda, el Gobierno le dará el reconocimiento que merece”.

Tetrax (Frío): “¿Alguien más sabe que estás aquí? ¿O que me has encontrado?”

Científico (Orgulloso): “Nadie. Borré mis rastros para que el crédito de esta alianza sea solo mío”.

Acción: Tetrax sonríe bajo su casco, lo atrapa por el cuello y lo noquea. “Perfecto. Los Plomeros necesitan saber qué está planeando el gobierno con este tal Mandark”. Lo arrastra hacia una base oculta en una mina abandonada.

Por la noche, cerca del camper, Max se aleja de la fogata mientras Ben y Gwen duermen. Se encuentra con Tetrax en las sombras.

Tetrax: “Ese científico de Mandark es peligroso, Max. El gobierno está jugando con fuerzas que no entienden”.

Max: “Lo sé. Por eso necesito que regreses mañana. Ben ha aprendido lo básico de defensa hoy, pero necesita otra lección de humildad para despertar su verdadero instinto. Dale una pelea real”.

Tetrax: “Como desees, viejo amigo. Pero si no mejora, la próxima vez que Vilgax envíe a alguien, no será una lección… será una ejecución”.

La conversación continuó durante horas, con los amigos analizando cada sombra, cada línea de código ficticia y cada mención a la “Gran Guerra”. En su mente, el universo ya estaba unido. Solo esperaban el momento en que Michael Relish, el arquitecto de esta nueva realidad, decidiera cruzar los caminos del genio y del portador del reloj en una sola historia que, sabían, cambiaría la industria para siempre.

Para estos cinco amigos, Michael Relish no era solo un director de cine exitoso; era el hombre que les había devuelto la capacidad de teorizar, de emocionarse y de sentir que, en algún rincón oscuro de los suburbios, la verdadera historia del mundo estaba esperando ser descubierta detrás de un laboratorio secreto o bajo un reloj alienígena.

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Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir. Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso. Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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