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En Hollywood. - Capítulo 41

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Capítulo 41: Capítulo 40

Capítulo 40: Nueva historia

El cuarto de Valeria estaba decorado con recortes de revistas de moda alternativa y posters de películas de terror. Las cuatro amigas estaban sentadas en círculo sobre una alfombra de felpa negra. En el centro, los tres números publicados de “Las Jóvenes Superpoderosas: Factor X”. A diferencia de los chicos del sótano, ellas no buscaban solo la tecnología, buscaban la psicología de las tres hermanas atrapadas en un mundo que las prodian querer usar como armas.

— No puedo creer que Sedusa sea tan… retorcida —dijo Sofía, ajustándose el collar de cuero—. Antes de abrir el 3, hablemos de lo que pasó en el 2. Fue increíble ver a Blanche, Bridge y Beatrix, sin saber volar ni usar su fuerza, destrozar a esos mercenarios de élite solo con instinto.

— Lo que me dio miedo fue lo de Mojo Jojo —añadió Clara, que siempre se fijaba en el fondo de las viñetas—. Mientras las chicas estaban ocupadas defendiendo su casa de los mercenarios, se veía a Mojo en segundo plano, robando un banco central con una calma aterradora. El tipo no solo es inteligente, es un genio financiero. Está construyendo su propio imperio mientras las chicas apenas intentan procesar que su padre desapareció.

— ¡Y cómo Sedusa las miraba! —exclamó Lucía—. Estaba obsesionada. No las veía como personas, las veía como “viales de sangre con piernas”. Ese realismo del cómic es lo que me engancha. Michael Relish. realmente sabe cómo escribir villanos que dan asco de verdad.

Apertura del Número #3: La Trampa de la “Amiga”

Valeria abrió el número 3. La primera página era inquietante: Sedusa, con su cabello oscuro y su mirada hipnótica, llamando a la puerta de la mansión Utonio.

Sedusa se presenta como una antigua colega del Profesor. Les dice que está preocupada por la desaparición de Utonio y que quiere protegerlas.

* La Reacción de las Chicas: — Miren la cara de Beatrix —señaló Sofía—. Ella quiere creerle. Necesita una figura materna desesperadamente ahora que su padre no está. Blanche sospecha, pero Sedusa es tan buena manipuladora que las convence para ir a una cafetería a “hablar de negocios”.

El grupo de amigas se quedó en silencio al pasar a la página central. La cafetería “The Daily Bean” se convierte en una zona de guerra.

Sedusa revela sus verdaderas intenciones. No quiere ayudarlas, quiere su médula ósea para perfeccionar la Fórmula X.

En medio del caos, Sedusa saca un arma de aire comprimido con un dardo de tungsteno. Bridge (la rebelde de verde) se lanza para proteger a Beatrix, pero el proyectil la alcanza directamente en el estómago.

La viñeta es cruda. No hay sangre de dibujos animados, es un impacto real. Bridge cae al suelo, pálida, mientras sus hermanas entran en pánico.

— ¡No! ¡Bridge no! —gritó Clara—. Pensé que eran invulnerables.

— Lo son a las balas normales —explicó Lucía, analizando el texto—, pero Sedusa usó tecnología de perforación molecular de Mandark. ¡Esa mujer es un demonio!

Lo que sucedió después hizo que las cuatro amigas saltaran de emoción.

Al ver a su hermana herida, Beatrix deja de llorar. Sus ojos brillan con una luz azul eléctrica.

El cómic dedica una página entera, sin diálogos, a mostrar cómo la gravedad deja de afectar a Blanche y Beatrix. Sus pies se separan del suelo. Es un vuelo errático, violento, nacido de la necesidad de salvar a su hermana.

— ¡Miren cómo agarran a Bridge y la elevan hacia el techo! —dijo Valeria con los ojos brillantes—. Sedusa se queda en el suelo, gritando a sus cazarrecompensas que disparen, pero las chicas son demasiado rápidas. Por primera vez, no son víctimas. Son depredadoras.

Blanche usa su visión de calor para crear una cortina de humo y fuego, obligando a Sedusa y a su culto a retirarse. Las chicas escapan por el cielo nocturno de Townsville, dejando una estela de colores tras de ellas.

El cómic termina en un refugio temporal, un almacén abandonado donde las chicas curan a Bridge.

Se quita el lazo rojo, lo usa para vendar la herida de Bridge y mira a sus hermanas con una madurez aterradora.

— “Escúchenme bien”, dice Blanche en la última viñeta. “Sedusa es solo el principio. Si el mundo sabe lo que tenemos en la sangre, vendrán por nosotras como buitres. Si no aprendemos a usar esto como armas, no sobreviviremos para encontrar a papá. A partir de mañana, entrenamos hasta que los huesos nos duelan. Nadie nos va a ayudar… así que nos ayudaremos nosotras” —leyó Sofía con un escalofrío.

— ¡Eso es! —exclamó Valeria—. Blanche finalmente tomó el liderazgo. Ya no son solo “las hijas del profesor”, son una unidad de combate.

— Me encanta que el capítulo termine así —comentó Lucía—. Es un mensaje muy fuerte para 1994. Nos están diciendo que no necesitamos que un chico como Ben o Dexter venga a salvarnos. Ellas mismas van a aprender a pelear su propia guerra.

— ¿Vieron el detalle en la mesa de la cafetería? —preguntó Clara—. Había un periódico. El titular decía: “AVISTAMIENTO EN NEVADA: HUMANOIDE ROJO DE CUATRO BRAZO DERROTA A MUTANTE”. ¡Es Ben! Las chicas están leyendo sobre Ben mientras ellas mismas están siendo cazadas.

— Mi teoría para el número 4 —propuso Sofía— es que las chicas van a buscar a ese “al humanoide” para ver si él sabe algo del Proyecto X. Si Ben tiene el reloj y ellas tienen la sangre… ¡imaginen la combinación!

— Yo creo —dijo Valeria— que Mojo Jojo va a aparecer en el número 4 para ofrecerles una “alianza”. Él también odia a Sedusa y a Mandark. Sería un giro épico que las chicas tuvieran que trabajar con el mono que liberaron para sobrevivir.

Lucía cerró el cómic y miró a sus amigas.

— Michael R. es un genio. Está haciendo que nos sintamos identificadas con chicas que pueden volar y levantar camiones, porque el dolor que sienten por la traición es real. No puedo esperar al próximo mes. Necesito ver a Bellota recuperada y repartiendo golpes.

El grupo se quedó debatiendo hasta tarde. En este 1994 alternativo, el cómic de las “Jóvenes Superpoderosas” se estaba convirtiendo en un manifiesto de fuerza femenina. Ya no eran dibujos animados para niños; eran la historia de tres hermanas contra el resto del mundo.

Malibú, California – 27 de Diciembre de 1994

La brisa marina de Malibú solía ser relajante para la mayoría de los residentes de la costa, pero para Michael Relish, era simplemente el ruido de fondo de una maquinaria mental que nunca se detenía. El sol apenas comenzaba a calentar la terraza de su mansión cuando los informes de cierre de Omnisciente Comics terminaron de imprimirse. Michael no necesitaba una calculadora para saber que había dado en el clavo; los números gritaban éxito.

Caminó hacia la mesa de cristal, donde Susan ya lo esperaba con una expresión de absoluto respeto. Ella había visto a muchos hombres ricos en Hollywood, pero ninguno con la frialdad analítica de un joven de veinte años que acababa de generar trece millones de dólares líquidos en un solo trimestre de publicaciones impresas.

—Mira esto, Susan —dijo Michael, señalando una columna específica del informe—. La demografía femenina entre los 8 y los 16 años ha crecido un 400% desde el lanzamiento de Las Jóvenes Superpoderosas. Los chicos están comprando a Ben y Dexter como si fueran religión, pero las chicas… ellas están creando una comunidad. Están dibujando a Blanche, Beatrix y Bridge en sus cuadernos escolares. Han convertido a estas heroínas en sus modelos a seguir.

Susan asintió, tomando un sorbo de café. —Es un mercado que Marvel y DC han ignorado por décadas, Michael. Siempre pensaron que las niñas solo querían muñecas de té o ponis. Tú les diste puños de hierro y superpoderes con estilo.

—Exacto. Y por eso no vamos a detenernos en el papel —sentenció Michael, sentándose frente a ella—. Susan, quiero que empieces hoy mismo la búsqueda de una empresa de figuras de acción. Pero escúchame bien: no quiero a Mattel ni a Hasbro. No quiero gigantes que intenten absorber mis licencias o imponer sus criterios de diseño mediocres. Busca una empresa con capacidad de producción de alta gama, quizás alguna firma independiente en Asia o una fábrica boutique en Europa que pueda esculpir detalles reales.

Michael se puso de pie, su mirada se endureció. —Necesitamos figuras de acción de Ben, con sus transformaciones alienígenas intercambiables; de Dexter, con accesorios de su laboratorio; y por supuesto, de las tres Superpoderosas. Pero aquí está el punto clave: todo se registrará bajo mi nombre personal. Relish Productions ya no es completamente mía desde el acuerdo con Fox, y no pienso darles ni un centavo de los beneficios del merchandising. El éxito de estos juguetes será solo mío. Fox tiene mis películas, pero yo me quedo con el cuarto de juegos de cada niño en América.

Tras despachar a Susan con una lista de tareas que mantendría a cualquier ejecutiva ocupada por un mes, Michael tomó el teléfono. —Laura, necesito que vengas a mi casa está es la dirección x.x.x.x. Trae tu computadora y café cargado. Tenemos una nueva historia que parir.

Laura Sinclair llegó cuarenta minutos después. Había estado trabajando en la mayoría de los guiones de la empresa con las ideas de Michael, pero sabía que cuando Michael llamaba con esa urgencia, se trataba de algo completamente nuevo. Lo encontró en su despacho, rodeado de pizarras blancas donde ya había trazado círculos, flechas y nombres.

—Siéntate, Laura —dijo Michael sin preámbulos—. El éxito de los cómics me ha dado una perspectiva clara: el público tiene hambre de historias de mujeres fuertes, pero también de misterios que desafíen su percepción de la realidad. Vamos a escribir un guion nuevo. Olvida los tiburones y las casas encantadas por un momento. Esto es thriller psicológico puro con tintes de ciencia ficción conspirativa. Lo llamaremos: Fragmentos del Olvido.

Michael comenzó a caminar, gesticulando mientras las palabras fluían como un río desbordado. Laura abría un documento nuevo, sus dedos listos sobre el teclado.

—La historia se centra en Elena —comenzó Michael—. Tiene 25 años. A los 15 llegó a la ciudad de Los Ángeles huyendo de algo que ni ella misma entiende. Durante diez años ha construido una vida normal, pero últimamente, sus recuerdos están fallando. Cuando intenta recordar a su madre, la imagen se rompe. Un día recuerda que murió en un choque de trenes; al día siguiente, está convencida de que fue un asalto. Los fragmentos no encajan, Laura. Son como archivos dañados en un disco duro. Siente que se está volviendo loca, así que, contra todo instinto de preservación, regresa a su pueblo natal, un sitio gris y neblinoso llamado Gray’s Peak.

Laura escribía a toda velocidad. —Regreso al origen. Es un tropo clásico, pero efectivo. ¿Qué encuentra allí?

—Encuentra a su hermana menor, Sofía, que nunca se fue —continuó Michael—. Sofía vive en un estado de apatía constante, como si estuviera sedada por la vida misma. Cuando Elena empieza a preguntar, Sofía confiesa que ella tampoco recuerda bien el funeral de su madre. Es como si el pueblo entero tuviera una neblina mental. Pero Elena no está sola. Se reúne con sus dos mejores amigas de la infancia: Claire y Sarah.

Michael hizo una pausa, dándole importancia al siguiente punto. —Claire es ahora policía de criminalística. Es brillante, meticulosa, pero está frustrada. Le confiesa a Elena que intentó investigar la muerte de la madre de ellas hace dos años, y descubrió que el acta de defunción, los informes forenses y hasta las fotos de la escena del crimen habían sido borrados de la base de datos nacional. No solo del pueblo, Laura. De todo el sistema. Como si esa mujer nunca hubiera muerto… o nunca hubiera existido.

—Aquí entra el elemento de terror corporativo —dijo Michael, dibujando un logo en la pizarra—. La otra amiga, Sarah, es la clave emocional. Sarah es una sombra de lo que era. Apenas habla, tiene tics nerviosos y muestra un miedo visceral cada vez que Elena menciona el pasado. Elena y Claire descubren que el pueblo está siendo financiado secretamente por Neural-Tech Industries, una empresa de biotecnología que oficialmente investiga el Alzheimer, pero que en realidad ha convertido al pueblo en un laboratorio viviente.

Laura se detuvo un segundo. —¿Están experimentando con la memoria de la gente?

—Exactamente —confirmó Michael con un brillo de excitación en los ojos—. Descubren que la madre de Elena y Sofía era una alta ejecutiva de Neural-Tech que se arrepintió. Ella descubrió que la empresa estaba probando un suero de “reconfiguración sináptica” para borrar traumas y crear soldados o ciudadanos obedientes. Cuando intentó escapar con sus hijas, la mataron. Pero antes de morir, inyectó a Elena y Sofía con un estabilizador químico que es lo que causa que sus recuerdos estén fragmentados en lugar de borrados. Sus mentes están luchando contra la programación de la empresa.

Michael detalló la escena final con una precisión visual asombrosa. —Las cuatro mujeres, lideradas por la tenacidad de Elena y el equipo táctico de Claire, irrumpen en las instalaciones subterráneas de Neural-Tech, ocultas bajo una vieja fábrica de textiles. Allí encuentran el horror puro: tres chicas adolescentes, en estado catatónico, conectadas a máquinas que están “formateando” sus cerebros. Estas chicas son el éxito de la empresa; no tienen recuerdos, no tienen nombre, solo son recipientes vacíos.

—Elena se da cuenta de que esas chicas habrían sido ella y su hermana si su madre no se hubiera sacrificado —añadió Laura, emocionada por el peso dramático.

—Exacto. La batalla final no es solo a tiros, es una lucha por la información. Claire logra hackear los servidores principales mientras Elena y Sofía liberan a las chicas. El laboratorio estalla en alarmas, pero ellas logran salir. La película no termina con una explosión, sino con algo más poderoso: las cuatro mujeres frente a una cámara de televisión de una cadena nacional, entregando los discos con los nombres de todos los involucrados y las grabaciones de los experimentos. Vemos los rostros de los ejecutivos de Neural-Tech siendo arrestados en vivo. La última toma es Elena abrazando a las chicas rescatadas, mientras un pequeño recuerdo real de su madre, uno tierno y sin interferencias, finalmente se asienta en su mente.

Laura se reclinó en su silla, exhausta solo de escuchar la trama. —Michael, es increíble. Es complejo, es comercial y tiene un mensaje muy fuerte sobre la identidad. ¿Quieres que lo presente a Fox?

—No todavía —dijo Michael con una sonrisa tajante—. Este guión será después de The shallows dejemos en suspenso por ahora. Lo produciremos cuando esté pagado todo. No quiero interferencias creativas. Quiero que el mundo sepa que Michael Relish no solo sabe asustar con tiburones, sino que puede desmoronar la psique humana y reconstruirla.

Susan regresó a la habitación en ese momento, con el teléfono en la mano. —Michael, tengo a tres fabricantes de juguetes interesados en una reunión privada. Dicen que los diseños de Blanche y Ben son lo más innovador que han visto en una década.

Michael miró a sus dos colaboradoras. Tenía doce millones de dólares, un imperio de juguetes en marcha y un guion que rompería las taquillas. 1994 se despedía, pero el 1995 de Michael Relish estaba destinado a ser el año en que el joven director se convertiría en un soberano absoluto del entretenimiento mundial.

—Manos a la obra —concluyó Michael—. Tenemos un imperio que terminar de construir.

Malibú, California – 28 de Diciembre de 1994

La casa de huéspedes donde se alojaba Cameron Diaz tenía una vista privilegiada al océano, pero esa mañana, el azul infinito del Pacífico no lograba calmar el torbellino que sacudía su mente. Sentada en la terraza, con una taza de café que ya se había enfriado entre sus manos, Cameron observaba el horizonte mientras los eventos de la última semana se repetían en su cabeza como una cinta de película en un bucle infinito.

Desde la reunión privada con Naomi Watts y Elizabeth Banks, el mundo de Cameron se había fracturado. Ya no era la ingenua modelo que buscaba una oportunidad en Hollywood; ahora era la protagonista de la película más esperada de 1995, dirigida por un hombre que parecía sostener los hilos de la realidad misma.

“No tienes que competir con nosotras, Cameron. Tienes que decidir si quieres ser parte de esto”, las palabras de Elizabeth resonaban en su memoria con una claridad aterradora.

Cameron cerró los ojos y recordó la imagen de las dos mujeres juntas, la elegancia felina de Naomi y la sofisticación magnética de Elizabeth, ambas rindiendo una especie de lealtad absoluta a Michael. Al principio, su instinto fue de rechazo. Ella venía de un mundo donde el amor era posesivo, donde las relaciones eran de dos. La idea de una “trinidad”, de un círculo compartido donde Michael era el sol y ellas los planetas que orbitaban a su alrededor, le parecía una locura digna de un guion de culto.

—¿Qué es lo que realmente siento? —se preguntó en voz alta, dejando que la brisa marina le despeinara el cabello rubio.

Sentía una atracción innegable por Michael. No era solo su físico, aunque admitía que el aura de poder y confianza que emanaba a sus veinte años era intoxicante. Era su mente. Michael la desafiaba. Él no la trataba como a una “cara bonita” más; la trataba como a una herramienta de precisión que él mismo estaba puliendo. Bajo su dirección, ella había descubierto una capacidad actoral que ni siquiera sabía que poseía. Él la hacía mejor. Él la hacía… grande.

Sin embargo, el miedo seguía allí. Cameron temía perderse a sí misma en el proceso. Sabía que entrar en la vida de Michael no era como entrar en la vida de cualquier otro hombre. Era entrar en un imperio. Había visto los informes de prensa, los rumores sobre sus cómics que se vendían por millones, su capacidad para manipular a los estudios y su control absoluto sobre cada detalle de The Shallows.

“Si acepto esto, ya no habrá vuelta atrás”, pensó. “No seré solo Cameron Diaz, la actriz. Seré parte del círculo de Relish”.

Se levantó y caminó hacia el interior de la habitación, donde un ejemplar de Gravity, la novela de Michael, descansaba sobre la mesa. Lo hojeó, deteniéndose en las descripciones técnicas y la frialdad con la que el autor trataba la supervivencia. Michael era así: un superviviente, un estratega. Y ella, de alguna manera, se sentía atraída por esa oscuridad eficiente.

Había pasado la Navidad sola, reflexionando, rechazando invitaciones a fiestas de otros actores y productores. Necesitaba este silencio para escucharse a sí misma. Recordó los momentos en el set, la forma en que Michael la miraba a través del monitor, con una mezcla de exigencia y una chispa de algo que ella quería creer que era afecto real.

Tras horas de introspección, Cameron llegó a una conclusión que le dio un poco de paz, aunque fuera una paz armada. No iba a rendirse de inmediato, pero tampoco iba a huir.

—Voy a intentarlo —susurró para sí misma, mirando su reflejo en el espejo—. Voy a ver si puedo encajar en ese mundo que ellos han construido.

Pero su naturaleza precavida le impuso una condición. No se entregaría por completo hasta que el rodaje de The Shallows terminara. Necesitaba esa distancia profesional para evaluar si lo que sentía era amor real o simplemente el “síndrome de Estocolmo” de una actriz bajo el mando de un director brillante. Quería ver si, una vez que las luces se apagaran y las cámaras dejaran de rodar, Michael seguía siendo el hombre que ella deseaba, o si solo era la imagen de poder que proyectaba en el set.

“Si al final del rodaje sigo sintiendo este fuego, si sigo queriendo estar en su órbita a pesar de Naomi y Elizabeth… entonces aceptaré sus reglas”, decidió Cameron. “Pero por ahora, mantendré mi distancia emocional. Seré la actriz perfecta, la sirena que él quiere para su película, y observaré”.

Cameron sintió que un peso se levantaba de sus hombros. La decisión de “posponer” la entrega total le daba el control que sentía que había perdido. El 1 de enero regresaría al set con una nueva máscara. Ya no sería la chica confundida por la reunión navideña; sería una mujer que sabe lo que quiere y que está dispuesta a jugar el juego de Michael Relish, pero bajo sus propios términos de tiempo.

Se imaginó a sí misma trabajando junto a él, viendo cómo construía su imperio de juguetes y su nueva editorial. Se imaginó compartiendo cenas con Naomi y Elizabeth, aprendiendo de ellas, entendiendo cómo habían logrado mantener su individualidad dentro de esa estructura compartida.

“Él quiere el mundo”, pensó Cameron con una sonrisa melancólica. “Y yo quiero estar allí cuando lo conquiste. Pero quiero estar allí porque yo lo elegí, no porque él me obligó”.

Con esa resolución firme, Cameron se preparó para los últimos días del año. El 1994 se iba, y con él, la Cameron que creía que la vida era simple. El 1995 la esperaba con agua salada, tiburones mecánicos y un hombre que prometía convertirla en leyenda. Estaba lista para el desafío. Estaba lista para ver si Michael Relish era realmente el hombre de su vida o simplemente el sueño más hermoso y peligroso que jamás había tenido.

Caminó hacia la cama y se acostó, cerrando los ojos con una determinación que no tenía por la mañana. La cuenta atrás para el reinicio del rodaje había comenzado, y esta vez, la sirena estaba lista para morder.

Beverly Hills, California – 29 de Diciembre de 1994

En las oficinas de la William Morris Agency (WMA), el aire acondicionado parecía incapaz de enfriar el ambiente cargado de ambición. Dylan, el representante y aliado estratégico de Michael Relish, se encontraba rodeado de carpetas de cuero, informes financieros y mapas de densidad de salas de cine en los Estados Unidos. Para el mundo exterior, el año estaba terminando en un suspenso festivo, pero para Dylan, las vacaciones no eran más que una distracción en la carrera por construir un imperio.

Michael ya había dado el primer golpe con la deuda de Orion Pictures, pero Dylan sabía que Orion era solo una pieza —una muy prestigiosa, con Oscars y legado—, pero Michael necesitaba algo más tangible: capacidad de distribución nacional inmediata. Necesitaba salas. Necesitaba el control del “último kilómetro” antes de que la película llegara a los ojos del público.

Dylan se reclinó en su silla, observando los números que sus investigadores habían recopilado. La meta era clara: encontrar una infraestructura que permitiera a Michael lanzar sus propios cómics, películas y productos de merchandising sin tener que arrodillarse ante Fox o Warner Bros.

—Michael no quiere ser solo un director —susurró Dylan para sí mismo, repasando una lista de empresas—. Él quiere ser el dueño del sistema.

En su investigación, Dylan había descartado a las empresas demasiado grandes para ser absorbidas y a las demasiado pequeñas para ser útiles. Se quedó con dos nombres que brillaban con una luz estratégica particular: Trimark Pictures y October Films.

La carpeta de Trimark estaba llena de notas en rojo. Fundada por Mark Amin, Trimark no era solo una productora; era una máquina de distribución de nicho que estaba empezando a expandirse agresivamente.

—Trimark es el objetivo ideal si Michael busca volumen —analizó Dylan en su informe—. Tienen una red de distribución que oscila entre las 800 y las 1,500 salas dependiendo de la temporada y el acuerdo. Son los dueños de franquicias de culto y tienen una infraestructura de video doméstico que es una mina de oro.

Dylan detalló la valoración. Trimark estaba valorada en aproximadamente 75 millones de dólares. Para cualquier otro joven de veinte años, esa cifra sería astronómica, pero Dylan sabía que con los 12 millones de dólares líquidos que Michael acababa de extraer de los cómics en un solo trimestre, y con la proyección de ingresos de The Shallows, esa cifra era totalmente alcanzable en el corto plazo.

—Si compramos Trimark —anotó Dylan—, Michael tendría el control total sobre el mercado del cine de género. Podría lanzar sus películas de terror y sus adaptaciones de cómics directamente a 1,500 pantallas sin pedir permiso a nadie.

Por otro lado, estaba October Films. Si Trimark era el músculo, October era el cerebro. Con una valoración de 57 millones de dólares, era una opción más económica pero estratégicamente diferente.

—October Films tiene una red de 1,000 salas fijas para distribución nacional —leyó Dylan—. Su fuerte es el cine independiente de alta calidad, el tipo de películas que ganan festivales. Si Michael quiere que su nombre sea sinónimo de arte y prestigio, October es la llave.

Dylan comparó ambas. Trimark ofrecía la infraestructura masiva para el merchandising y los cómics, mientras que October ofrecía el respeto de la crítica. Pero había algo más: ambas empresas estaban en un momento de vulnerabilidad financiera. En el Hollywood de finales de 1994, las independientes estaban sufriendo por la consolidación de los grandes estudios, y Michael tenía lo que a ellas les faltaba: liquidez inmediata y una marca personal explosiva.

Dylan comenzó a trazar el plan en su pizarra personal. Ya habían comprado un porcentaje significativo de la deuda de Orion Pictures a través de Marcus Goldman. Orion les daba el catálogo (IP) y los estudios de sonido. Pero Orion no tenía salas.

—El plan debe ser secuencial —escribió Dylan—. Primero, consolidar Orion. Segundo, absorber Trimark o October para la distribución.

Si Michael lograba unir el legado de Orion con la red de 1,500 salas de Trimark, se convertiría automáticamente en el “Octavo Mayor”. No sería una productora independiente más; sería un estudio integrado verticalmente. Producción, Distribución y Exhibición.

—75 millones por Trimark —murmuró Dylan—. Es una ganga si consideramos que solo los derechos de distribución de una película taquillera pueden costar 20 millones. Michael recuperaría la inversión en tres estrenos.

Dylan admiraba la voracidad de Michael. Otros directores pedían un coche nuevo o una casa en las colinas después de un éxito. Michael pedía estados financieros de empresas de distribución.

—Él sabe que Fox va a intentar asfixiarlo —pensó Dylan—. Saben que él es demasiado inteligente para ser un empleado. Por eso necesita su propia red de distribución nacional. Si mañana Fox decide no estrenar una de sus películas por una disputa contractual, Michael simplemente la estrenará a través de su propia red. Es el seguro de vida más caro y brillante de la historia de Hollywood.

Dylan cerró la carpeta de October Films. El precio de 57 millones era tentador, pero sabía que Michael preferiría los 75 millones de Trimark por esas 500 salas extra de capacidad máxima. Michael nunca elegía la opción pequeña; siempre elegía la que le daba más poder de fuego.

Esa noche, Dylan preparó el fax para Michael. Sabía que su cliente estaba en Malibú, probablemente planeando su próximo guion o revisando prototipos de juguetes.

“Michael,” escribió Dylan en la nota de cobertura. “He encontrado los canales. Orion es el pasado y el prestigio. Trimark (75M) u October (57M) son el futuro y el control. Con la red de salas de Trimark, podrías distribuir no solo tus películas, sino las de otros directores, cobrando tú las comisiones que ahora le pagas a Fox. Es hora de dejar de ser el talento y empezar a ser el sistema.”

Dylan envió el fax y se quedó mirando las luces de Beverly Hills. El 1995 iba a ser el año en que las piezas del tablero finalmente se moverían. Michael Relish no solo iba a dirigir películas; iba a ser el dueño de los cines donde se proyectaban. Y con la WMA y Dylan cubriéndole las espaldas, el asalto al trono de Hollywood era solo cuestión de tiempo y de unos cuantos millones más que los cómics proveerían sin falta.

Malibú, California – 30 de Diciembre de 1994

El silencio en el pequeño estudio que Laura Sinclair utilizaba dentro de la propiedad de Michael solo era interrumpido por el rítmico y casi musical tecleo de su computadora. Fuera, el sol de California empezaba a descender, tiñendo el cielo de un violeta que recordaba a las portadas de los cómics de las Jóvenes Superpoderosas. Pero dentro, la luz de la lámpara de escritorio se centraba en un solo objetivo: las páginas en blanco que poco a poco se llenaban con la historia de Elena, Sofía, Claire y Sarah.

Laura nunca se había sentido así. Había trabajado en guiones antes, proyectos menores, correcciones para otros escritores, pero trabajar con Michael Relish era como estar conectada a una toma de corriente de alto voltaje. Sus ideas no eran simples sugerencias; eran semillas de mundos enteros que crecían con una velocidad aterradora.

“Fragmentos del Olvido” no era solo un encargo. Para Laura, se había convertido en una misión. Mientras sus dedos volaban sobre el teclado, sentía una descarga de adrenalina cada vez que terminaba una escena.

—Esto es —susurró Laura, releyendo un diálogo entre Elena y su hermana Sofía—. Esto es lo que Hollywood ha tenido miedo de hacer durante décadas.

Lo que más la emocionaba era la pureza de la propuesta. No había un “héroe” masculino que llegara en el tercer acto para explicarles el misterio o salvarlas de la corporación.

Michael había sido muy específico: “Ellas son las que descubren la verdad, ellas son las que hackean el sistema, y ellas son las que deciden cómo exponerlo”.

Para una mujer en la industria del cine de 1994, donde las actrices solían ser reducidas a intereses románticos o víctimas que gritaban, escribir este guion era como respirar oxígeno puro después de años bajo el agua. Elena era inteligente, Claire era una estratega táctica, Sarah representaba el trauma emocional profundo y Sofía era la conexión con el pasado. Juntas, formaban un equipo que no necesitaba validación externa.

Laura se detuvo un momento para mirar la pizarra donde había esquematizado la estructura del segundo acto. Estaba trabajando en la escena donde Claire, usando su conocimiento en criminalística, le muestra a Elena que la base de datos de la policía ha sido alterada.

ESCENA 45. INTERIOR. OFICINA DE CLAIRE – NOCHE.

El monitor de fósforo verde proyecta una luz fantasmal sobre los rostros de ELENA y CLAIRE.

CLAIRE: (Señalando la pantalla) Mira aquí. El código de error 404 no es un fallo del sistema. Es una eliminación manual programada. Alguien entró en el registro estatal hace tres años y borró el informe de autopsia de tu madre.

ELENA: ¿Cómo puedes estar segura?

CLAIRE: Porque yo escribí el algoritmo de búsqueda, Elena. En este pueblo, la gente cree que soy solo una policía de tráfico con uniforme bonito. No saben que pasé tres años estudiando sistemas en el MIT antes de volver para cuidar a mi padre. No se borra algo de este sistema sin dejar una huella fantasma… y yo acabo de encontrarla.

Laura sonrió al escribir eso. Le encantaba dotar a Claire de esa inteligencia técnica oculta. Era un guiño a la idea de Michael de que las mujeres en posiciones comunes a menudo esconden capacidades extraordinarias que el mundo ignora.

Mientras avanzaba hacia el clímax en el laboratorio de Neural-Tech, Laura sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos. Estaba escribiendo la escena donde encuentran a las tres chicas adolescentes en estado catatónico.

No era solo una escena de acción; era una escena de horror psicológico y empatía. Elena, al ver a esas chicas, se veía a sí misma en una línea de tiempo alternativa donde su madre no se sacrificaba. La inteligencia de la historia no residía solo en los gadgets o la conspiración, sino en cómo Michael y ella habían decidido que el arma final contra la corporación no era una bomba, sino la verdad comunicada al mundo.

—Es sobre la identidad —pensó Laura, apoyando la espalda en la silla—. Michael quiere que el público se pregunte quiénes somos si nos quitan nuestros recuerdos. Y quiere que vean que las mujeres son las guardianas de esa memoria.

Escribir a Sarah, la amiga que muestra miedo y silencio, fue lo más difícil pero lo más gratificante. Laura quería retratar el trauma de forma realista. Sarah no era débil; era una superviviente de una violación mental perpetrada por una empresa. Verla recuperar su voz en el acto final, ayudando a las protagonistas a identificar a los responsables, era el tipo de arco narrativo que ganaba premios y, lo más importante, cambiaba mentalidades.

Laura a menudo se preguntaba de dónde sacaba Michael estas ideas. A veces sospechaba que él veía el futuro, o que tenía una comprensión del comportamiento humano que no correspondía a sus veinte años. Pero no importaba el origen; lo que importaba era el resultado.

“Él me da el mármol, pero me deja ser la escultora”, pensaba ella. Michael confiaba en su voz femenina para darle autenticidad a los diálogos. Él sabía que un hombre escribiendo sobre la relación entre dos hermanas que han perdido a su madre podría caer en clichés. Por eso la buscaba a ella. Michael tenía la visión comercial y el concepto macro, pero Laura le ponía el corazón y los matices que hacían que la historia fuera real.

V. El Final de una Jornada, el Inicio de una Era

A medianoche, Laura terminó la página 110. Estaba cerca del final. El guion ya tenía peso, tenía ritmo y, sobre todo, tenía alma. Se imaginaba a Cameron Diaz interpretando a Elena, o quizás a alguna otra actriz joven que Michael tuviera en mente. Se imaginaba a miles de chicas jóvenes y mujeres adultas saliendo del cine sintiéndose capaces de enfrentar a cualquier “Neural-Tech” en sus propias vidas.

Cerró la laptop y caminó hacia la ventana. La mansión de Michael estaba en silencio, pero ella sabía que él probablemente seguía despierto, planeando el siguiente movimiento de su imperio.

—Mañana le entregaré las primeras 100 páginas —dijo Laura, sintiendo una chispa de orgullo—. Se va a volver loco cuando lea la escena del enfrentamiento en las noticias.

Laura Sinclair se fue a dormir esa noche con la satisfacción de quien sabe que está participando en algo más que una película. Estaba ayudando a Michael Relish a redefinir el heroísmo. En su guion, las heroínas no necesitaban capas ni superpoderes; solo necesitaban su inteligencia, su memoria y la voluntad inquebrantable de no permitir que nadie más escribiera su historia. 1995 no solo sería el año de los cómics y los juguetes; sería el año en que las mujeres de Michael Relish tomarían por asalto la pantalla grande.

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Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir. Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso. Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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