En Hollywood. - Capítulo 45
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Capítulo 45: Capítulo 44
Capítulo 44: La Locura en las Calles
El aire de la mañana del 6 de febrero de 1995 era un puñal helado que intentaba colarse por los bordes de su chaqueta de cuero, pero Marcos no lo sentía. Su sangre ardía con una expectativa febril. Hoy era el día. El día en que el universo de Osniciente cómics cerraba su primer arco argumental con el Número #6 de “Las Jóvenes Superpoderosas: Factor X”. No era solo un cómic; era el eslabón final de una cadena de narrativas interconectadas que lo habían mantenido en vilo a lo jóvenes desde que salio. Había consumido los últimos numeros de Ben y Dexter, y ahora, con este, el primer rompecabezas del final.
Marcos no era solo un lector, era un estudioso. Había llegado a “La Guarida del Cómic” media hora antes de que abrieran, el aliento empañando el cristal de la puerta. Cuando el dependiente, un tipo con gafas gruesas que ya lo conocía bien, abrió la persiana metálica con un chirrido, Marcos ya tenía los tres dólares listos. Agarró el cómic como si fuera un tesoro y se sentó de inmediato en la acera mojada por la escarcha nocturna, ignorando el apuro de los transeúntes que se dirigían al trabajo. Abrió el cómic, y el mundo exterior se desvaneció.
CÓMIC: FACTOR X #6 – “EL ECLIPSE DE LOS HÉROES”
Miro la portada un momento y le gustó eran las chicas, Blanche, bridge y Beatrix con Ben todo era simple, pero si revisan bien a lo lejos se veía a los malos.
El cómic arranca sin preámbulos, sumergiendo a Marcos directamente en el caos. La viñeta de apertura muestra el cielo de Townsville teñido de un verde tóxico, no por la contaminación, sino por una miasma biológica que exuda del Doctor Ánimo. Sus quimeras –seres grotescos que combinan lobos con escamas, halcones con garras de tigre y arañas con exoesqueletos de escarabajo– descienden sobre los suburbios. Casas que antes eran iconos de la perfección americana ahora se desmoronan bajo el impacto de estas bestias.
Ben no duda ni un instante. El Omnitrix, ahora un faro de determinación, brilla con una luz verde intensa. La transformación en Cuatro Brazos es fluida, casi natural. Marcos nota el cambio en el arte: Ben ya no lucha con torpeza. Sus golpes son precisos, sus rugidos son estratégicos. Lanza a un monstruo contra otro, usando la fuerza bruta calculada que ha aprendido en las peleas anteriores. La sangre alienígena lo ha convertido en un gladiador.
Sobrevolando el caos, como tres misiles de colores primarios, están Blanche, Bridge y Beatrix. Sus movimientos son sincronizados. Bridge abre el camino con ráfagas sónicas que hacen explotar las cabezas de las quimeras; Beatrix levanta coches para lanzarlos como proyectiles, y Blanche, con su visión láser, corta las extremidades de los monstruos, guiando a sus hermanas con una madurez forzada por la guerra.
En medio de la batalla, una sombra colosal se alza. Un sapo gigante, una abominación mutante con ojos inyectados en sangre y una lengua pegajosa y kilométrica, surge de la tierra, su objetivo claro: Gwen, Max y Utonio.
El Abuelo Max, a pesar de su edad, reacciona con la velocidad de un Plomero. Ve la lengua del sapo abalanzarse. Con un grito, empuja a Gwen lejos del impacto, salvándole la vida por instinto. Pero el caos es abrumador.
Cuando Ben y las Chicas logran derrotar a todos los monstruos con un ataque combinado (un puñetazo de Cuatro Brazos, un impacto sónico de Bridge y un rayo láser de Blanche que perfora el cráneo del monstruo), la criatura se desintegra. Pero no hay rastro del Doctor Ánimo ni del Profesor Utonio. La tierra se ha cerrado sobre ellos. Se los tragó.
El cómic cambia abruptamente, transportando a Marcos al búnker de la resistencia donde está Dexter. El ambiente es sombrío.
Dexter observa a Dee Dee en una cámara de recuperación, sus heridas curándose lentamente. Marcos ve la resolución en el rostro de Dexter. Ya no hay rastro de la frustración por “la hermana tonta”. La pelea en Illinois, el rescate por los agentes del K.N.D. (del 1 al 5) ha abierto los ojos del genio. Su hermana no es un estorbo; es una espía brillante, parte de una red de inteligencia que Michael R. ha ido tejiendo sutilmente en sus cómics.
“Hay cosas que debo arreglar con mi hermana”, piensa Dexter, un monólogo interno que Marcos lee con una punzada de emoción. “Pero la guerra no espera”.
Dexter se dirige a su casa, a su laboratorio el lugar de trabajo. Un flashback nos muestra cómo, en medio de la confusión en la granja de la abuela, logró recolectar una muestra de tejido de Cuatro Brazos.
La computadora muestra el Exoesqueleto personal de Dexter desensamblado. “Infundiendo ADN alienígena: Cuatro Brazos. Protocolo de velocidad y fuerza”. El cómic explica que Dexter está utilizando la increíble masa muscular y la resistencia genética de Cuatro Brazos para potenciar su propia armadura. Su objetivo: ser más rápido, más fuerte, y con una movilidad que no le permita ser superado de nuevo. El progreso es lento (“60% de actualización”), pero el objetivo es claro.
Dexter, sin esperar a que su traje y el de su hermana esté listo, se enfunda en un Exoesqueleto de emergencia, más voluminoso y menos avanzado (probablemente el que tenía preparado para su padre). Activa el comunicador encriptado para llamar al celular de Ben.
Ben contesta, su voz rasposa, el sonido de su respiración agitada llenando el cómic. Marcos imagina el polvo y el humo en la escena de Ben.
— “Dexter… necesito ayuda. Se llevaron a Utonio. Si preguntas quién es, es un científico de los buenos. No sé qué hacer…” —dice Ben, su vulnerabilidad palpable.
— “Yo iba a decirte lo mismo, Ben” —responde Dexter, su voz grave—. “Ese alienígena… capturó a mi hermana. Estamos en esto juntos”. El eco de “juntos” es un punto de inflexión. Es la primera vez que Dexter admite su necesidad.
Otra splash page épica. Dexter aterriza, su traje temporal chocando contra el suelo. Frente a él, el equipo de Ben: Ben (en forma humana, agotado), Gwen (con un aura rosa de mana) y Kevin (con su piel de absorción, endurecida). Y al lado, las chicas Superpoderosas. Marcos nota la curiosidad en los ojos de Dexter. Escanea a las chicas: lo primero que piensa es que esas chicas no son nada normal tienen ese aire de problemas, entonces su mente le dice, no pregunte nada todavía.
Ben las presenta, pero antes de que puedan procesar el momento histórico, el comunicador de Max (que había logrado salvarse) crepita.
— “¡Max! ¡La Base de los Plomeros ha caído! Mandark… ha irrumpido. ¡Ha robado el generador de firmas alienígenad!”
El cómic entra en su clímax con una serie de paneles frenéticos. Todas las pantallas, desde los televisores desechos en las ruinas de Townsville hasta el monitor del Exoesqueleto de Dexter, se encienden con una señal pirata.
La imagen de Mandark, ahora con una armadura que amplifica su aura púrpura, llena las pantallas. Su voz resuena con una arrogancia calculada: “Ciudadanos del mundo, he venido para liberarles. El reactor que he activado irradiará la Tierra con el Factor X refinado. Mañana, cada ser viviente será un dios. Permanezcan en sus hogares. La evolución está llegando”.
El Doctor Ánimo aparece al lado de Mandark, con Utonio atado a una silla detrás. Su voz es áspera, cruel: “Habrá efectos secundarios. Mutaciones. Deformaciones. Pero ¿qué importa el precio de la grandeza? Seremos un mundo de superpotencias. Los débiles serán fuertes. Y juntos, podremos viajar por el universo y saquear sus recursos”.
El Tercer al Mando de Vilgax, un coloso intimidante, se interpone entre los dos científicos. Su voz, un trueno alienígena, sentencia: “Esos recursos serán para mi señor. Conviértanse en los súbditos de Vilgax, y juntos conquistaremos el universo. La resistencia es irrelevante”.
Marcos cerró el cómic con un snap sordo. Su respiración era superficial, su mente zumbaba. Esto no era un final; era una declaración de guerra. Michael R. había tejido tres series aparentemente dispares en un tapiz de conspiración cósmica.
— Mandark… Ánimo… Vilgax… —murmuró Marcos, la voz apenas audible—. Un genio que quiere dioses, un loco que quiere monstruos, y un conquistador que quiere esclavos. Todo al mismo tiempo.
Se levantó de la acera. El frío de febrero ya no era una molestia. Sentía el calor de la batalla por venir. Ya no era un simple lector; era un espectador en la víspera de la apocalipsis. Tenía que llamar a sus amigos. No había tiempo para el miedo. Solo para el plan.
— Michael Relish. —dijo Marcos, mirando al cielo gris de Townsville—, eres un maldito genio. Y mañana, este mundo se va a la mierda.
El 7 de febrero de 1995.
El aire se sentía cargado, como si la electricidad de las viñetas hubiera saltado a la realidad. Joshua y Marlon estaban apostados en la entrada de la tienda antes de que el sol terminara de salir. En sus manos apretaban el número de ayer de las Chicas, pero lo que buscaban hoy era la segunda parte del rompecabezas final: “El Legado #12”.
Cuando finalmente tuvieron el ejemplar, no esperaron a llegar a casa. Se sentaron en el capó del viejo coche del hermano de Joshua y abrieron la primera página. El dibujo era sombrío, las líneas más gruesas, y el color predominante era un azul acero frío que presagiaba la tragedia.
EL LEGADO #12 – “EL PRECIO DE LA SANGRE” eso leyeron los chicos.
La historia no pierde un segundo. Estamos en el corazón de la base de los Plomeros. El lugar es un hervidero de actividad tecnológica y mística. Gwen intenta estabilizar sus manos temblorosas mientras Kevin absorbe el metal de una viga para mantenerse alerta. De pronto, un hombre de mandíbula cuadrada y uniforme táctico gris entra en la sala: es el Creador de la Red de Espionaje K.N.D., un héroe retirado que coordinaba a Dee Dee y a una docenas de grupos de agentes y se veía a los agentes del 1 al 5.
La Inteligencia: Sobre una mesa holográfica, proyectan el mapa de Illinois. “Sabemos dónde está el reactor”, dice el Comandante. “Mandark ha convertido una antigua central nuclear en su nido. Si enciende ese reactor, no habrá marcha atrás”.
Un estruendo metálico sacude el hangar. Dexter aterriza, pero no es el Dexter que conocían. Su nuevo exoesqueleto es una obra maestra de ingeniería agresiva; las placas de metal vibran con un tono rojo oscuro, infundidas con el ADN de Cuatro Brazos. Trae consigo un segundo traje, más estilizado, para Dee Dee.
“Mandark es una distracción”, dice Dexter con voz metálica a través del casco. “Sé dónde tienen a Utonio. Ánimo lo está usando como catalizador biológico. Si queremos detener esto, debemos dividirnos”.
Los pocos Plomeros veteranos que están en la tiera y la Resistencia asaltarán la base de Mandark para detener la irradiación global. Ben, Dexter y las Chicas tomarán un jet invisible de los Plomeros para una misión de rescate quirúrgica.
La secuencia del viaje es tensa. En el interior del avión invisible, el silencio es sepulcral. Blanche (Bombón) mira por la ventana, con el lazo rojo apretado en su mano. Sabe que esta es la última oportunidad de recuperar a su padre.
Al llegar a las coordenadas, el jet desciende sobre una fábrica química abandonada. Pero no hay sigilo que valga: el Tercer al Mando de Vilgax y el Doctor Ánimo los están esperando.
La pelea estalla con una violencia gráfica que los cómics de la historia nunca había mostrado antes.
Ben activa el Omnitrix, pero el Tercer al Mando suelta una carcajada gutural. Se arranca las placas de su armadura orgánica y su cuerpo comienza a crecer y deformarse. “¡Es un Vaxasauriano!”, grita Max por la radio. El alienígena mide ahora diez metros de altura y sus puños impactan como meteoritos. Ben, en su forma humana, esquiva por milímetros y toma la decisión más difícil copio rápido el ADN sin pensarlo mucho: “Si quieres un Vaxasauriano, te daré uno”. El flash verde ciega la página y Ben se transforma, por primera vez, en el coloso prehistórico.
Mientras los dos gigantes se muelen a golpes, destruyendo la estructura de la fábrica, las Chicas Superpoderosas se lanzan contra una marea de monstruos. Pero están distraídas. El Sapo Gigante de ayer está camuflado en el techo, esperando.
Aprovechando el caos, Dexter usa sus propulsores para infiltrarse en los niveles inferiores. Encuentra a Utonio, pero el Profesor está conectado a una máquina que bombea un reactivo púrpura directamente a sus venas. Dexter intenta desconectarlo, pero es golpeado por una ráfaga de energía de Ánimo. Blanche llega justo a tiempo para atrapar a Dexter en el aire antes de que se estrelle.
Ánimo intenta levantar a un Utonio debilitado y golpeado. El Profesor abre los ojos, pero no son sus ojos. Hay una chispa de locura y poder atómico en ellos. De repente, Utonio lanza un golpe que envía al Dr. Ánimo contra una pared de concreto, destrozándola. El Sapo Gigante reacciona rápido y atrapa a Ánimo con su lengua, llevándoselo a las alturas, pero el daño está hecho.
Utonio tiene una fuerza monstruosa, pero está fuera de control. El reactivo de Mandark ha activado un ADN alienígena cualquiera de forma inestable.
En el exterior, el Vaxasauriano sigue siendo superior a Ben, golpeándolo contra los silos de químicos. Ánimo, desde el lomo del sapo, presiona un botón en un control remoto. “¡Actívate, mi creación perfecta!”, grita.
Utonio se lleva las manos a la cabeza, gritando. Su cuerpo comienza a emitir una luz cegadora. Empieza a atacar a todos: a Ben, a Dexter, a sus propias hijas. Su mente se ha perdido en el torrente de energía.
La batalla se detiene cuando llega una transmisión de emergencia a los villanos: los Plomeros han tomado la base de Mandark. Ánimo y el alienígena saben que deben retirarse para salvar al “Cerebro” de su operación. “Déjenlos con su regalo de despedida”, ríe Ánimo mientras huyen en el sapo gigante.
Ben, Dexter y las Chicas logran someter a Utonio, pero es demasiado tarde. El cuerpo del Profesor comienza a deformarse, a hincharse con burbujas de energía púrpura. El reactivo lo está consumiendo desde adentro.
Marcos y Joshua pasaron la página lentamente. El ruido del tráfico desapareció. Las últimas cuatro páginas del cómic eran un lienzo de tristeza pura.
Utonio está en el suelo, rodeado de escombros. Su rostro vuelve a la normalidad por un momento, pero su piel brilla con una inestabilidad atómica. Las chicas están de rodillas a su lado. Beatrix llora desconsoladamente, su uniforme azul manchado de hollín.
— “No… no fui un buen padre” —susurra Utonio, su voz quebrándose—. “Les oculté la verdad… AtomiX… el sacrificio… solo quería que fueran normales”.
Bridge (Bellota) agarra su mano con fuerza, sus ojos verdes llenos de lágrimas que se niega a soltar. Blanche intenta usar su aliento de hielo para enfriar la fiebre de su padre, pero la energía es demasiado fuerte.
— “Tienen que irse” —dice Utonio, viendo cómo su mano empieza a desintegrarse en partículas de luz—. “Ben… llévatelos”.
Ben, de vuelta en su forma humana, herido y sangrando por la frente, mira a Dexter. Dexter baja la cabeza; sus sensores le dicen que la explosión es inminente. Ben rodea a las chicas con sus brazos, usando la fuerza que le queda. Dexter activa un escudo de energía temporal desde su exoesqueleto.
Una viñeta blanca pura ocupa toda la página. Solo se lee una palabra en el centro: “Papá…”.
La explosión no es de fuego, es de luz. Una onda expansiva de amor y arrepentimiento que pulveriza lo que queda de la fábrica.
El polvo se asienta. Se ve un cráter humeante. Ben está de pie, con la ropa hecha jirones, sosteniendo a una Beatrix que ha colapsado. Dexter está de rodillas, con su exoesqueleto echando chispas y el casco abierto, mostrando lágrimas rodando por sus mejillas de niño genio.
En el centro del cráter, solo queda el lazo rojo de Blanche, quemado en los bordes. Las tres hermanas se abrazaron, sus llantos rompiendo el silencio del desierto. Han ganado la batalla, pero han perdido su mundo. El sol comienza a salir, pero para ellas, la oscuridad acaba de empezar.
“El Legado no es lo que nos dan, sino lo que dejamos atrás. La Alianza ha nacido, pero el precio ha sido el corazón de Townsville”.
Joshua cerró el cómic. Sus manos temblaban. Marlon no decía nada, simplemente miraba el horizonte con los ojos humedecidos. En 1994, nadie esperaba que un cómic basado en personajes que solían ser “divertidos” terminara con una pérdida tan real y cruda.
— Se fue… —murmuró Marlon—. Utonio realmente se sacrificó por sus hijas.
— Michael es un salvaje —dijo Joshua con la voz entrecortada—. Nos hizo querer a las chicas para verlas sufrir de la forma más dolorosa posible.
— ¿Viste a las chicas? —preguntó Marlon—. Ya no son niñas. Ese panel donde Blanche mira el lazo quemado… Mañana no van a querer justicia, van a querer venganza.
— Y Ben —añadió Joshua—. Ahora él es el líder de facto. Tiene que mantener unido a un Dexter destrozado y a tres chicas que acaban de ver morir a su padre. Mandark y Ánimo no saben lo que han despertado.
Los dos amigos se quedaron en el coche, en silencio. La tienda de cómics seguía abierta, pero para ellos, el mundo de la fantasía se había vuelto demasiado real. Michael les había entregado el crossover más épico de los 90s, pero les había cobrado la entrada con el corazón.
El 8 de febrero de 1995
En la puerta de “La Guarida del Cómic”, Marcos no era el único con las manos temblorosas. Había una hermandad silenciosa entre los jóvenes que esperaban. El número 12 de Dexter no era solo un cierre de serie; era el cierre de todo el rompecabezas que hizo Michael Relish. Cuando Marcos finalmente tuvo el cómic en sus manos, la portada le devolvió el golpe: el lazo rojo de Bombón flotando en un charco de aceite negro, reflejando el rostro de Dexter.
El cómic no pierde ni un segundo en preámbulos. La primera página es una explosión de realidad: no hay tiempo para funerales. La muerte del Profesor Utonio todavía flota en el aire como el olor a ozono tras un rayo, pero la amenaza de Mandark es inmediata.
Vemos a los protagonistas en la base avanzada de los Plomeros. El arte es visceral. Ben está sentado en una caja de municiones, envolviendo su brazo izquierdo con una venda ensangrentada; su mirada ha perdido la inocencia del primer número. Kevin está a su lado, absorbiendo silenciosamente la energía de una batería de energía para estabilizarse. Las Chicas Superpoderosas están de pie, inmóviles como estatuas de mármol. Sus rostros están limpios de lágrimas, sustituidas por una determinación gélida que asusta incluso a los Plomeros veteranos.
— “Si no nos movemos ahora, el sacrificio de Utonio no habrá servido de nada”, dice Dexter. El joven genio está terminando de ajustar su nuevo exoesqueleto, una armadura agresiva que brilla con un tono verde esmeralda debido a la infusión de ADN de Cuatro Brazos. Dexter ya no habla como un joven; habla como un comandante.
La acción se traslada a la central nuclear ocupada por la tríada del mal. Es una página doble que quita el aliento: un campo de guerra total. Los Plomeros veteranos, armados con rifles de pulsos, están en una guerra de trincheras contra los mercenarios de Vilgax y las quimeras del Doctor Ánimo.
El plan de ataque se divide en tres frentes coordinados:
* El Frente de Poder (Ben y Kevin): Ben se transforma en Diamante, creando una cobertura de cristal para que los Plomeros avancen. Se dirigen directamente hacia el Vaxasauriano. La pelea es sísmica. Ben usa sus proyecciones de cristal para inmovilizar al coloso, mientras Kevin le propina golpes cargados de electricidad. El alienígena, al verse superado por la táctica y no solo por la fuerza, activa un dispositivo de emergencia. Con un rugido de frustración, se teletransporta en un haz de luz roja hacia la nave nodriza. Han ganado el terreno, pero el enemigo sigue vivo.
* El Frente de Venganza (Gwen y las Chicas): Gwen lidera este grupo. Ya no duda de sus hechizos. Con un movimiento circular, crea una cúpula de maná que protege a las chicas de las toxinas de Ánimo. Las Chicas Superpoderosas caen como meteoritos sobre el laboratorio móvil del Doctor. No pelean como niñas; pelean como una unidad de asalto. Blanche congela los pies de las quimeras, Bridge las destroza con su fuerza y Beatrix usa sus ondas sónicas para desorientar a Ánimo. En pocos minutos, el Doctor Ánimo está encadenado, temblando ante la mirada de las tres hermanas que él ayudó a dejar huérfanas.
* El Frente de Inteligencia (Dexter y Dee Dee): Mientras el caos reina afuera, Dexter, Dee Dee y los agentes del K.N.D. (1 al 5) se infiltran por los conductos de ventilación. Llegan a la sala del trono de Mandark. El villano está fuera de sí, intentando inyectarse una versión inestable del Factor X. Dexter no le da tiempo a mutar. Con un golpe de su brazo mecánico, lo estampa contra la consola de mando. Mandark está capturado, pero su sonrisa sigue ahí.
Aquí es donde el cómic se vuelve asfixiante. El reactor cuántico, una mole de cables y energía púrpura, empieza a emitir un zumbido que hace vibrar los dientes de los protagonistas.
— “Es demasiado tarde, joven Dexter”, ríe Mandark entre dientes, con la boca ensangrentada. “He sellado los protocolos con tecnología de ese alienígena que nos ayudaba. Ni mil años de tu intelecto podrían abrir esto antes de que explote”.
Dexter siente el frío del fracaso, hasta que recuerda el CD que el Profesor Utonio le confió en sus últimos momentos. Usando la interfaz de su casco, proyecta el contenido. Aparece un holograma póstumo de Utonio. Su voz es tranquila, pero urgente:
> “Dexter, si estás viendo esto, es porque la tecnología humana ha llegado a su límite. En este disco he guardado una secuencia genética comprimida de un Galvan, la especie más inteligente del universo. Esto me lo dió un compañero cuando todavía trabajaba para el gobierno puedes utilizarlo para mejorar tu inteligencia y ayudar a las chicas”.
Dexter le entrega el dispositivo a Ben, que acaba de llegar a la sala.
— “¡Hazlo ahora, Ben! ¡Es nuestra única oportunidad!”
Ben presiona el Omnitrix contra el dispositivo. La luz verde inunda la habitación y, por primera vez, aparece Materia Gris. El pequeño alienígena se sube a la consola. Sus ojos enormes escanean los millones de líneas de código en segundos.
— “Puedo hacerlo”, dice la vocecita de Ben, “pero el reactor tiene salvaguardas físicas. Los interruptores de emergencia están a tres metros de distancia entre sí y deben bajarse al mismo tiempo. Soy demasiado pequeño para moverlos y Dexter no tiene la precisión en ese traje”.
Es aquí donde el drama alcanza su punto de no retorno. Dexter, viendo que el tiempo se agota (quedan menos de 2 minutos), toma la decisión más difícil de su vida. Empieza a desensamblar su exoesqueleto de combate, su mayor creación.
— “¡Abuelo Max! Póngase esto”, grita Dexter. “El traje le dará la fuerza y la interfaz que Ben necesita para guiarlo. Yo me quedaré fuera para coordinar la evacuación”.
Max, con la seriedad de quien ha aceptado su destino hace mucho tiempo, se enfunda en el armazón verde. Materia Gris se mete en el compartimento del hombro del traje, conectándose directamente a los sensores de Max. El resto del equipo —Dexter, Dee Dee, las Chicas, Kevin y Gwen— reciben la orden de evacuar inmediatamente. El reactor está a punto de colapsar y la energía residual buscará una salida violenta.
Justo antes de empezar la desactivación, una pantalla masiva en el centro de la sala se enciende. No es Mandark. Es Vilgax. Su rostro, una pesadilla de músculos y tecnología, observa al abuelo y al niño.
— “Así que este es el famoso Max Tennyson”, dice Vilgax con una voz que suena como piedras chocando. “Disfruta tus últimos segundos. Guarda bien mi reloj, porque cuando llegue a la Tierra, no quedará nada de tu mundo para recordarte, solo hablarán del conquistador intergaláctico vilgax”.
Max aprieta los dientes. Reconoce ese rostro. Es idéntico al conquistador que enfrentó hace 35 años, pero hay una vitalidad y una fuerza en este Vilgax que sugieren que es un descendiente más joven y letal, o el mismo ser potenciado por siglos de guerra.
Marcos pasó la página del cómic con el corazón martilleando en sus oídos. El silencio en el banco de la plaza era absoluto, pero en su mente, el zumbido del reactor cuántico de Mandark era ensordecedor.
Dentro de la central nuclear, la atmósfera es de un color púrpura eléctrico. El Abuelo Max, embutido en el exoesqueleto de Dexter que le queda ligeramente grande y tosco, se posiciona frente a la consola central. Sobre su hombro, Materia Gris (Ben) tiene sus pequeños dedos metidos en los cables expuestos del casco.
— “¡Ahora, abuelo! ¡La palanca B-12 y el interruptor térmico al mismo tiempo!”, grita Ben.
Max gruñe. El traje de Dexter no está diseñado para un hombre de su edad; los servomotores chirrían mientras fuerzan los músculos del abuelo para alcanzar una velocidad sobrehumana. Cada movimiento de Max es una agonía de esfuerzo físico, pero la precisión de Ben lo guía.
En la pantalla, el conteo regresivo marca 00:45.
Afuera, la evacuación es un caos controlado. Dexter, sin su armadura y sintiéndose extrañamente vulnerable en su bata de laboratorio, corre junto a las Chicas Superpoderosas y Gwen.
— “¡Tenemos que alejarnos más!”, grita Dexter, mirando su reloj de pulsera. “Si el núcleo colapsa, la onda expansiva de antimateria desintegrará todo en un radio de dos kilómetros”.
Blanche (Bombón) se detiene un segundo, mirando hacia atrás, hacia la mole de cemento donde su abuelo adoptivo y su nuevo amigo están atrapados. Sus hermanas la arrastran. La cara de Beatrix (Burbuja) es un mar de lágrimas; ya ha perdido a un padre esta semana, y la idea de perder a Max es insoportable.
De vuelta en la sala de control, Ben está sudando frío. Sus manos de Galvan se mueven a una velocidad que el ojo humano no puede seguir, reconectando los circuitos que Mandark corrompió.
— “Casi está… ¡casi está!”, murmura Ben.
Pero entonces, la transmisión de Vilgax se vuelve más clara. La imagen del conquistador llena toda la sala.
— “Tennyson… el reloj emite una firma de energía que puedo rastrear desde el Vacío. No importa si salvas este planeta hoy. He enviado al Segundo al Mando. Él no es un guerrero bruto como el Tercero. Él es el silencio”.
Max no mira la pantalla. Su brazo derecho está entumecido por el esfuerzo del traje.
— “¡Cinco segundos, Ben! ¡Suéltalo todo!”, ruge Max.
Ben tira del último cable. El zumbido del reactor cambia de tono, de un agudo insoportable a un rugido sordo y profundo. La energía ya no tiene dónde ir. El núcleo se está volviendo blanco.
Max no espera. En un movimiento desesperado, agarra a Materia Gris con su mano izquierda y lo mete dentro de la placa pectoral reforzada del exoesqueleto, la zona más protegida. Luego, con un impulso que le rompe dos costillas, se lanza a través del ventanal de cristal reforzado, justo cuando el reactor alcanza el punto de no retorno.
La viñeta siguiente es una página doble en blanco puro, con finas líneas de color violeta que sugieren una expansión masiva. No hay sonido escrito. Es el silencio de la aniquilación.
Marcos sintió un escalofrío. Michael había decidido mostrar la explosión desde la perspectiva de los que estaban fuera. Vemos a Dexter, Gwen y las Chicas siendo arrojados al suelo por la onda expansiva. El bosque alrededor de la planta es arrancado de cuajo. El cielo de Illinois se ilumina como si hubiera nacido un segundo sol.
Cuando el color regresa a las páginas, lo que queda es un cráter humeante. La central nuclear ha desaparecido, reducida a polvo y metal retorcido.
Gwen es la primera en levantarse. Sus ojos buscan entre el humo.
— “¡Abuelo! ¡Ben!”, grita, su voz rompiéndose en el aire viciado.
Dexter se levanta, cojeando, con su bata quemada. Sus sensores han quedado inutilizados. Por un momento, el cómic sugiere lo peor. Las Chicas Superpoderosas aterrizan en el centro del cráter, sus capas hechas jirones, buscando desesperadamente cualquier rastro de vida.
Entonces, de entre una pila de escombros ardientes, emerge una figura. Es el exoesqueleto de Dexter, o lo que queda de él. El metal verde está ennegrecido y fundido. Camina con una cojera errática.
Gwen corre hacia la figura, pero se detiene en seco. El dibujo es crudo: el brazo derecho del exoesqueleto ha desaparecido, y con él, el brazo real del Abuelo Max. El muñón está cauterizado por el calor intenso, y Max tiene el rostro cubierto de sangre y hollín, con los ojos entrecerrados por el dolor extremo.
La placa pectoral se abre con un gemido de metal. Ben sale de allí, volviendo a su forma humana en medio de un destello rojo de error del Omnitrix. Ben cae de rodillas. Su propio brazo izquierdo —el que lleva el reloj— tiene quemaduras graves que suben hasta el codo. Ben jadea, agarrándose la extremidad herida, con los ojos fijos en lo que queda de su abuelo.
El ritmo del cómic baja drásticamente. Las últimas páginas son una sucesión de paneles lentos, melancólicos, bajo una lluvia persistente.
Estamos en el funeral del Profesor Utonio. Es una escena que rompe el corazón. Las tres Chicas Superpoderosas están vestidas de riguroso luto. Blanche (Bombón) sostiene el lazo rojo que rescataron de las ruinas, ahora guardado en una pequeña caja de cristal. No hay discursos heroicos. Solo el sonido de la lluvia golpeando los paraguas negros.
A un lado, vemos al Abuelo Max en una silla de ruedas. Su manga derecha está doblada y sujeta con un alfiler; el brazo que usó para salvar al mundo ya no está. Su rostro está lleno de cicatrices de guerra, pero su mirada está fija en Ben.
Ben tiene el brazo izquierdo totalmente vendado. El Omnitrix brilla con una luz roja intermitente, en modo de autoreparación. Dexter está detrás de ellos, con una mirada de culpa devorándole el rostro; ha perdido su laboratorio, su traje y casi pierde a su única familia.
— “La Fase Uno ha terminado”, dice la voz en off del narrador. “Pero no hay victoria en las cenizas”.
La última página nos lleva lejos de la Tierra. Estamos en una base de Vilgax en un asteroide desolado. El Vaxasauriano (Tercer al Mando) está arrodillado, temblando.
Se ve una pantalla gigante con el rostro de Vilgax, y a su lado, una silueta delgada que apenas se mueve.
— “Me has fallado, Tercero”, dice Vilgax. “Permitiste que un anciano y niños te detuvieron y no trajiste el Omnitrix”.
En un panel rápido, la silueta delgada se mueve. Es el Segundo al Mando, un ser de la raza de los Kineceleran pero modificado, con cuchillas de obsidiana saliendo de sus antebrazos. Con un movimiento que ni siquiera el lector puede ver bien, le cercena el brazo derecho al Vaxasauriano.
— “Aprende del dolor”, sisea el Segundo. “Yo no fallaré. La Tierra será un cementerio antes de que el sol vuelva a salir”.
El cómic termina con un primer plano del ojo de Ben Tennyson, reflejando la tumba de Utonio, mientras una sola palabra aparece en el fondo negro: VENGANZA.
Marcos cerró el cómic y se quedó mirando al vacío durante lo que parecieron horas. Sus manos temblaban tanto que tuvo que guardar el ejemplar con cuidado en su bolsa protectora para no romperlo.
— No puedo creerlo —susurró para sí mismo—. Max perdió el brazo. Utonio murió. Ben está herido. Michael ha destruido a los héroes.
El joven se levantó del banco. La ciudad a su alrededor seguía igual, pero para él, todo había cambiado. El crossover no había sido una aventura divertida; había sido una guerra. Y lo peor era que, según el final, el verdadero enemigo apenas estaba comenzando su movimiento.
— El Segundo al Mando… —pensó Marcos mientras caminaba hacia su casa—. Si el Tercero casi los mata, el Segundo va a ser el fin de todos.
Marcos sabía que la espera para la siguiente parte sería la más larga de su vida. Michael. había logrado lo imposible: hacer que todo un país se preocupara por el destino de unos personajes de tinta y papel como si fueran su propia familia.
El éxito no se medía solo en susurros, sino en cifras brutales. La estrategia de Michael Relish fue arriesgada: lanzar exactamente 1.5 millones de copias de cada número final (Factor X #6, Dexter #12 y Ben 10 #12). A pesar de la cifra masiva, para el viernes 12 de febrero, los estantes estaban vacíos.
En las puertas de las tiendas de cómics, se veían escenas que recordaban a los conciertos de rock. Jóvenes como Marcos, Joshua y Valeria formaban comunidades improvisadas en las aceras. Intercambiaban teorías mientras protegían sus ejemplares en fundas de plástico como si fueran lingotes de oro. Había nacido una nueva moneda de cambio: quien tuviera la trilogía completa del final de la Fase Uno, tenía el estatus de un historiador.
— “¡Nadie lo vio venir!”, gritaba un chico en una esquina de Nueva York, agitando el cómic de Dexter. “¿Vieron el brazo de Max? ¡Le arrancaron el brazo! ¡Esto no es para niños, es para nosotros!”
La conversación en los pasillos de los institutos era monotemática. Ya no se hablaba de la NBA o de las nuevas bandas de grunge; se hablaba de si el Segundo al Mando de Vilgax era un Kineceleran un Alienígena nuevo y si las Chicas Superpoderosas se volverían villanas por el trauma de perder al Profesor Utonio.
La Prensa: Entre el Asombro y el Escándalo
Mientras los jóvenes celebraban, los medios de comunicación intentaban entender qué acababa de pasar. Michael Relish había logrado que la juventud soltara los mandos de las consolas para devorar páginas impresas.
The Daily Chronicle (Sección de Negocios):
“El milagro de Relish: 4.5 millones de unidades vendidas en cuatro días. En una era donde los analistas predecían la muerte del papel frente al avance de los videojuegos, Michael ha demostrado que la narrativa visual sigue siendo la reina. Con unos ingresos estimados que desafían a las grandes editoriales, omnisciente cómics ha rescatado a una industria que se consideraba en degradación.”
The Townsville Gazette (Noticias Locales/Chismes):
“¿Demasiado oscuro para nuestros hijos? Padres de familia expresan su preocupación por las imágenes gráficas del último número de ‘Factor X’. La muerte del Profesor Utonio y la mutilación de un personaje principal en ‘Ben el legado’ han generado un debate nacional. Sin embargo, las librerías informan que las ventas no se detienen. Michael R. ha convertido la tragedia en arte, y la juventud parece estar pidiendo más realidad y menos cuentos de hadas.”
Revista ‘Pop Culture Weekly’:
“Michael Relish: El hombre que hizo que leer volviera a ser ‘cool’. Con el cierre de la Fase Uno, Relish ha creado una mitología interconectada que hace que Marvel y DC parezcan anticuados. El ‘Efecto Relish’ ha logrado que adolescentes de 15 años discutan sobre bioética y sacrificios heroicos. ¿Qué vendrá después? El mundo contiene el aliento ante la Fase Dos.”
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Teorías en el Sótano
En un café de Chicago, un grupo de estudiantes universitarios debatía sobre el simbolismo del final.
— “Lo que Michael Relish hizo con Dexter fue lo más brillante”, decía una chica llamada Elena. “Le quitó su laboratorio y su traje. Lo dejó desnudo, solo con su genio. Eso es desarrollo de personaje. Ahora Dexter tiene que reconstruirse desde cero, igual que Max tiene que aprender a vivir sin un brazo.”
— “Y Ben…”, intervenía su amigo. “Ben ya no es el niño que juega a ser héroe. El hecho de que el Omnitrix esté en modo de error y su brazo quemado es una metáfora de que el poder tiene un precio. La Fase Dos va a ser una guerra de guerrillas, estoy seguro. Van a estar huyendo de ese ‘Segundo al Mando’.”
— “¿Y qué hay de las Chicas?”, preguntó otro. “Ese panel final en el cementerio… no dijeron ni una palabra. El silencio fue más fuerte que cualquier diálogo. Ellas son el arma secreta ahora. Tienen la sangre de AtomiX y no tienen nada que perder.”
Michael Relish había hecho historia. En menos de una semana, había vendido un total de 4.5 millones de cómics de un crossover que nadie sabía que necesitaba. Había tomado a iconos infantiles y los había arrojado a un mundo de consecuencias permanentes.
La gente no solo esperaba “qué pasaría después”; la gente estaba experimentando un luto colectivo. Las cartas de los fans llegaban por miles a las oficinas de omnisciente cómics. Unas pedían que el Profesor Utonio regresara de alguna forma, otras felicitaban a Michael por el realismo del Abuelo Max. Pero todas terminaban con la misma pregunta: ¿Cuándo sale el primer número de la Fase Dos?
Relish, en una breve entrevista televisiva al final de esa semana, solo dijo una frase que quedó grabada en la memoria de todos:
“Las cicatrices de la Fase Uno son los cimientos de la Fase Dos. El sol se ha puesto para nuestros héroes, pero las estrellas brillan más en la oscuridad total.”
Esa noche, 1.5 millones de jóvenes miraron hacia el cielo, preguntándose si, en algún lugar entre esas estrellas, el Segundo al Mando de Vilgax ya los estaba observando.
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Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir. Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso. Like si te gusta y like si no 😂
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Tengo pensado dejar la historias del comics la primera temporada, ya que siento que me apure demasiado, y puede que me halla equivocado. Tengo otra historia “en 1993”, y una nueva idea sobre como haría mejor la historia del cómics. Ahí lo haré más corto más despacio e intentaré contar mejor las historias y darle coehrencia sin apresurarme, aunque tendrán que esperar. Aquí seguiré dando solo guiños, pero cuando se escuchen algunas historias de esas historia serán cuando el protagonista comience hacer las películas. (Claro todo depende si los que leen piensan que no me apresure y que intente arreglar y seguir la historia). Igual todo depende de los que le gustan y comenten sobre sus opiniones.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com