Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En Hollywood. - Capítulo 46

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En Hollywood.
  4. Capítulo 46 - Capítulo 46: capítulo 45
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 46: capítulo 45

Capítulo 45: El Peso de la Corona de Papel

Santa Mónica, California – 9 de Febrero de 1995

El aire dentro de la suite de edición de Relish Productions estaba viciado, cargado con el olor de café frío y el zumbido constante de las máquinas de montaje. Michael Relish se pasó las manos por el rostro, sintiendo la aspereza de una barba de varios días. Durante la última semana, el mundo exterior había dejado de existir para él. Se había encerrado con Paul y el equipo de editores, revisando fotograma por fotograma cada escena de The Shallows.

Michael no era un director que simplemente entregaba el material y esperaba el resultado. Él guiaba la mano del editor, marcando el ritmo de la respiración de Cameron Diaz en pantalla, exigiendo que los cortes fueran tan afilados como los dientes del tiburón que acechaba en el celuloide. Había planteado una dirección clara: quería un “minimalismo asfixiante”. Menos cortes, más tensión sostenida, el ya había visto la película original, y ahora quería hacer algo mejor con sus ideas.

—Si el público puede respirar, hemos fallado —había repetido Michael durante siete días seguidos.

Finalmente, esa mañana, el primer cuarto del montaje sólido estaba terminado. Ahora el equipo de edición necesitaba tiempo para pulir este primer cuarto y seguir con la dirección que necesita la película, para luego agregar los efectos visuales y la corrección de color antes de que Michael volviera a intervenir. No van a tener respiró hasta finales de marzo o principios de abril.

Michael salió de la sala de edición y caminó hacia la zona de oficinas principales. Allí lo esperaba Eleanor, impecable como siempre, con una carpeta de cuero negro que contenía el informe que el mundo de los negocios estaba esperando con ansias.

—Michael —dijo Eleanor con una inclinación de cabeza—. Los datos finales de la “Trilogía del Destino” han llegado. Es… sin precedentes.

Michael tomó la carpeta y entró en su oficina privada, cerrando la puerta tras de sí. Se dejó caer en su silla de cuero y abrió el informe. Los números saltaban a la vista, impresos en negro sobre blanco, fríos pero devastadores:

Las Jóvenes Superpoderosas #6 (5 de febrero): 1,050,000 copias vendidas.

Ben: El Legado #12 (6 de febrero): 1,200,000 copias vendidas.

El Laboratorio de Dexter #12 (7 de febrero): 1,150,000 copias vendidas.

Un total de más de tres millones de ejemplares en solo tres días. A un precio promedio de 2.50 dólares por cómic, y con los márgenes de beneficio que Michael había asegurado al controlar su propia cadena de suministros, la recaudación neta era astronómica. Había generado casi 8 millones de dólares en ingresos brutos solo en preventas y ventas directas en 72 horas. Si se sumaban las variantes de coleccionista y el merchandising asociado, la cifra era mareante.

Sin embargo, mientras Michael revisaba las gráficas de retención de lectores, una sensación de incomodidad se instaló en su pecho. Michael no era solo un hombre de negocios; era un narrador.

“Me fui muy rápido”, pensó, recorriendo las páginas del número de Dexter.

Al analizar la historia completa del crossover, se dio cuenta de que su ambición por crear un evento masivo lo había llevado a acelerar ciertos arcos de personajes que podrían haber durado meses más. Había quemado tramas que eran minas de oro en favor de un clímax explosivo. En su cálculo por dominar el mercado de febrero, había sacrificado un poco de la “combustión lenta” que tanto le gustaba.

—He quemado demasiada pólvora —susurró para sí mismo—. Si sigo a este ritmo, me quedaré sin misterios para 1996.

Pero Michael no era hombre de lamentarse. Rápidamente, tomó un bloc de notas y empezó a bosquejar la “Fase 2”. Dejaría que los guionistas de planta —a quienes él mismo había entrenado— se encargaran de los números de “relleno” y de construcción de mundo durante los próximos seis meses. Él ya les había dado los IPs, la estructura y el final. Ahora, ellos escribirían mientras él se enfocaba en el cine y en adquisiciones más grandes. Michael necesitaba que su mente estuviera libre para la guerra que se avecinaba en Hollywood.

Salió de su oficina y encontró a Eleanor organizando su agenda.

—Eleanor, gracias por los datos —dijo Michael, devolviéndole la carpeta—. Dile al equipo editorial que estoy satisfecho con los números, pero quiero una reunión con los guionistas jefe mañana. Voy a entregarles las líneas maestras de los próximos números. A partir de ahora, ellos llevan el timón del día a día. Solo intervendré en los grandes giros.

Eleanor anotó rápidamente. —¿Algo más, Michael?

—Sí. Cancela cualquier reunión con Fox para esta semana. Si llaman, diles que estoy “en proceso creativo inaccesible”. No quiero que piensen que estoy desesperado por su dinero ahora que saben cuánto hemos recaudado.

Michael sabía que el poder se medía en la capacidad de decir “no”. Con esos millones de todos los números de cómics vendidos, él tenía la liquidez para comprar una empresa para crear sus propios muñecos sin pedirle permiso a nadie.

Michael regresó a su oficina y cerró la puerta con llave. El silencio era absoluto. Se acercó a la ventana y miró el horizonte de Los Ángeles. Por primera vez en semanas, no estaba pensando en la película, ni en alienígenas, ni en ejecutivos de Warner que querían robarle su IP.

Pensó en Cameron.

Recordó la última toma en el set, el abrazo bajo la lluvia artificial y la mirada de ella cuando se despidieron. Durante el montaje, había visto su rostro miles de veces en la pantalla de edición, analizando cada lágrima y cada gesto, pero eso solo había aumentado su deseo de ver a la mujer real, no al personaje.

Tomó el teléfono y marcó el número privado de Cameron. Ella contestó al tercer tono.

—¿Diga? —Su voz sonaba un poco somnolienta, pero se animó al instante—. ¿Michael?

—Hola, Cameron —dijo él, y sintió que una tensión que ni siquiera sabía que tenía se disolvía—. Perdona por la desaparición. He estado enterrado en la sala de edición durante una semana.

—He oído que los cómics están rompiendo récords, Michael. Estás en todas las noticias —dijo ella con una risa suave—. Pensé que ya te habrías olvidado de los mortales.

—Es difícil olvidar cuando veo tu cara en una pantalla gigante diez horas al día —respondió Michael con una sonrisa—. La edición va muy bien, Cameron. Vas a estar increíble. Pero… ahora que tengo unos días de respiro antes de que los editores terminen más del corte final, me preguntaba si aún te apetece esa cita que dejamos pendiente.

Hubo un pequeño silencio al otro lado de la línea, un silencio cargado de anticipación.

—Pensé que nunca lo pedirías —dijo Cameron, y Michael pudo jurar que la veía sonreír—. Sí, me encantaría. ¿Cuándo tienes en mente?

—¿Qué te parece el sábado? —propuso Michael—. Conozco un lugar tranquilo, lejos de los paparazzi y de la gente de la industria. Solo comida, vino y nada de hablar de películas ni de negocios.

—Es una promesa, Michael Relish —aceptó ella—. El sábado. Pásame los detalles luego. Tengo muchas ganas de verte… al Michael que no grita “¡acción!”.

Michael colgó el teléfono y soltó un largo suspiro. Por primera vez en mucho tiempo, la agenda estaba vacía para las próximas horas.

Había logrado lo imposible: vender millones de cómics en un mercado que todos decían que estaba en declive. Había terminado el rodaje de su cuarta película y el montaje estaba en camino. Tenía a los gigantes de Hollywood temblando y a los bancos ofreciéndole alfombras rojas.

Pero mientras se preparaba para salir de la oficina, Michael no pensaba en el dinero ni en el poder. Pensaba en el sábado. Pensaba en que, a pesar de ser el “Arquitecto” del nuevo entretenimiento, todavía era un joven de veinte cuatro años que solo quería disfrutar de una noche con la mujer que había capturado su atención en medio del caos.

El dia terminaba con una nota de victoria silenciosa. El imperio estaba a salvo, los guionistas estaban trabajando y el tiburón estaba en la jaula de la edición. Ahora, por fin, Michael Relish se permitía vivir su propia historia.

Santa Mónica, California – 10 de Febrero de 1995

El día amaneció con una brisa marina que refrescaba las oficinas de Relish Productions. Michael, a pesar de haber dormido apenas unas horas tras su maratón de edición, se sentía revigorizado. La llamada con Cameron del día anterior había dejado un eco agradable en su mente, una distracción necesaria de las hojas de cálculo y los reportes de Fox.

A sus 24 años, Michael Relish no solo era el director más joven del momento; era el más astuto. Mientras desayunaba un café cona compañía de Naomi y elizabeth, revisó el contrato con 20th Century Fox. El acuerdo era claro: tras la presentación del primer corte —esa dirección estructural que acababa de dejar lista para los editores—, Fox debía liberar el 50% del primer pago.

—Ellos creen que me están comprando —murmuró Michael, trazando una línea sobre el logo de Fox en el papel—. Creen que soy un activo de su estudio.

Michael sabía que los ejecutivos de Fox, encabezados por Joe Roth, estaban eufóricos. Los rumores sobre la calidad de las escenas de Cameron Diaz en la roca habían llegado a los niveles más altos. Para Fox, Michael era la “gallina de los huevos de oro” que les entregaría un éxito de taquilla en abril por una fracción de lo que costaría una producción de James Cameron.

Michael llamó a Dylan, su abogado y mano derecha en los asuntos legales.

—Dylan, prepara la documentación para la reunión del lunes con Fox —ordenó Michael—. El primer corte estructural estara listo dos semanas antes del esteno. Los editores seguirán puliendo bajo mi guía, pero la “visión” ya está ahí. Quiero que el cheque se libere al día siguiente que se vea el primer corte. No aceptaré retrasos bajo la excusa de “revisión técnica”.

—Están ansiosos por pagarte, Michael —respondió Dylan a través del manos libres—. Pero ten cuidado. He oído que quieren ofrecerte un contrato de exclusividad por cinco películas más después de la que estás produciendo con el guion de Laura. Quieren amarrarte antes de que The Shallows se estrene y tu precio suba al espacio.

Michael sonrió con frialdad. —Déjalos que sueñen. Usaremos su dinero para pagar los impuestos y capitalizar nuestra propia distribuidora. Fox nos está financiando involuntariamente nuestra independencia.

+———————-+

Mientras Michael orquestaba su dominio mundial, en el otro lado de la industria, la vida seguía un ritmo diferente. Parker Posey, quien en otro tiempo pudo haber sido la musa de esta nueva ola, se encontraba en una cafetería en Greenwich Village, Nueva York.

Parker acababa de terminar una audición para una película independiente de bajo presupuesto. Suspiró mientras leía un titular en el New York Post: “Michael Relish y Cameron Diaz: ¿El nuevo Power Couple de Hollywood?”.

Se sentía extraña. Había elegido el camino del “arte puro”, el cine de autor que no se vendía a las corporaciones, pero ver a Michael —un hombre que conocía, un hombre con una visión tan clara que asustaba— triunfar de esa manera, le generaba una punzada de algo que no quería llamar arrepentimiento. Michael le había ofrecido un lugar en su órbita, pero ella no estuvo allí para tomarlo. Ahora, mientras ella peleaba por papeles de tres mil dólares, Michael estaba vendiendo millones de cómics y editando la película que prometía cambiar el cine de terror.

—Buena suerte, Michael —susurró Parker, cerrando el periódico—. Espero que sepas lo que haces con todos esos tiburones.

+———————+

Michael dejó de lado los negocios a media tarde. Tenía que prepararse para el sábado. No quería una cita típica de Hollywood en The Ivy o Spago, donde cada camarero era un actor frustrado y cada comensal un informante de los tabloides.

Llamó a un contacto que le había dado Dylan, un chef privado que regentaba un pequeño restaurante escondido en una cala privada, accesible solo con invitación.

—Mesa para dos, mañana por la noche —dijo Michael—. Privacidad total. Sin prensa, sin fotos. Solo la mejor comida de mar que tengas.

Después, se miró en el espejo del baño de su oficina. Había pasado tanto tiempo concentrado en ser “El Arquitecto” que casi había olvidado cómo ser Michael. Su cumpleaños en noviembre había pasado desapercibido para el mundo, una fecha que él mismo ignoró para terminar el rodaje. A sus 24 años, tenía la riqueza de un patriarca y las responsabilidades de un general, pero frente al espejo, solo veía a un hombre que quería impresionar a una mujer.

Antes de salir, Michael revisó una última carpeta: Proyecto Fénix. Era su plan para adquirir Orion Pictures y Trimark. Sabía que Orion tenía una biblioteca de clásicos increíble pero no le iba bien y sabía que si seguía así como en su vida pasada será comprada en dos años como mucho, y Trimark tenía la red de distribución de video que él necesitaba para sus futuras películas de género, como Feliz Día de tu Muerte y Get out.

—Para abril ya tendría todo el dinero completo —calculó Michael mentalmente—, y sumamos las regalías de los cómics de marzo y mayo… tendré suficiente para hacer la primera oferta seria .

Michael no quería simplemente “presentar” una oferta. Quería que para cuando Orion y Trimark se dieran cuenta de quién los estaba comprando, él ya tuviera el 30% de sus deudas en su bolsillo. Pero eso sería después del estreno. Primero, tenía que asegurarse de que The Shallows fuera el éxito que todos esperaban.

Michael salió del edificio de Relish Productions a las 7:00 PM. El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo de un naranja intenso que le recordaba a los amaneceres en el set. Por una vez, no encendió la radio para escuchar las noticias financieras. Solo condujo su coche hacia su casa en Malibú, dejando que el sonido del motor fuera su única compañía.

Mañana no habría cómics. No habría Fox. No habría editores pidiendo cambios. Solo él y Cameron.

Michael sabía que muchos en la industria, desde los ejecutivos de Warner hasta el propio Harvey Weinstein, estaban esperando que cometiera un error. Esperaban que su juventud lo traicionara, que se distrajera con la fama o con una mujer hermosa. Lo que no sabían era que Michael Relish podía amar y planear una conquista global al mismo tiempo.

—Que sigan pensando que tienen el control —pensó Michael mientras llegaba a su casa—. El tiburón todavía no ha salido a la superficie.

Malibú, California – 11 de Febrero de 1995

El sábado llegó con una calma inusual. Michael había pasado la mañana lejos de cualquier dispositivo electrónico, algo impensable para un hombre que gestionaba millones de dólares en activos. Se puso unos vaqueros oscuros, una camisa de lino azul marino y se miró al espejo. A sus 24 años, sus ojos reflejaban la experiencia de alguien que ha vivido tres vidas, pero hoy, quería que solo reflejaran interés por la mujer que iba a recoger.

Condujo hacia la residencia de Cameron. Cuando ella salió, el tiempo pareció ralentizarse. No llevaba el maquillaje pesado de la alfombra roja que la había vistoa primera vez, ni el aspecto demacrado de Nancy en la película. Vestía un vestido sencillo, veraniego, y su sonrisa iluminaba la entrada de la casa.

—Te ves… diferente sin una cámara entre nosotros —dijo Cameron, subiendo al coche y dejando un ligero aroma a perfume cítrico en el aire.

—Es el efecto de no tener a Michael Relish gritando sobre el encuadre —bromeó él, arrancando el motor—. ¿Lista para una noche de paz?

El restaurante era una pequeña joya oculta en una cala de Malibú llamada El Nido del Pescador. No había letreros de neón ni aparcacoches con uniforme. Era una terraza de madera construida casi sobre la arena, iluminada por antorchas y velas. El dueño, un viejo amigo de la familia de Dylan, los recibió personalmente y los condujo a la mesa más aislada, justo donde el sonido de las olas rompía suavemente.

Durante la primera hora, la conversación fue fluida y ligera. Hablaron de sus infancias, de los sueños que tenían antes de que Hollywood los absorbiera. Michael se sorprendió a sí mismo contando historias de su familia (la familia de este mundo) que rara vez compartía, y Cameron habló de su transición del modelaje a la actuación con una honestidad brutal.

—A veces siento que todos esperan que falle —confesó Cameron, mirando hacia el océano oscuro—. Especialmente después de The Mask. Piensan que soy solo una cara bonita que tuvo suerte.

—Bueno, yo he visto lo que hiciste en esa roca durante semanas —respondió Michael, tomando su mano sobre la mesa—. Y te aseguro que después de abril, nadie volverá a usar la palabra “suerte” contigo. Eres una actriz de raza, Cameron. Lo que entregaste en esa película es algo que la mayoría de las estrellas no se atreven ni a intentar.

Michael se dio cuenta de que, por primera vez en meses, no estaba pensando en la recaudación de los cómics ni en las maniobras de Fox. Estaba disfrutando del brillo en los ojos de Cameron y de su risa contagiosa.

—¿Y tú, Michael? —preguntó ella—. ¿Cuándo dejas de ser “El Arquitecto”? Siempre pareces tener un plan para los próximos diez años. ¿Alguna vez vives el hoy?

Michael se quedó en silencio un momento. —Hoy lo estoy haciendo. Es extraño. Siento que tengo que construir este muro alrededor de mí para que nadie me detenga, pero aquí, contigo… el muro parece innecesario.

La cena transcurrió entre risas y confesiones. Michael descubrió que Cameron tenía un sentido del humor mucho más afilado de lo que la prensa había dicho en su vida pasada, y ella descubrió que el joven magnate de los cómics tenía una vulnerabilidad que lo hacía mucho más atractivo que su estatus de millonario.

Sin embargo, Hollywood siempre encuentra una forma de entrometerse. A lo lejos, en la entrada del local, Michael divisó a un par de personas con cámaras. Eran paparazzi que probablemente habían seguido el coche de Cameron o el suyo. No habían entrado al recinto privado, pero estaban esperando en el perímetro.

Michael suspiró, pero antes de que pudiera molestarse, Cameron le apretó la mano.

—No dejes que lo arruinen —susurró ella—. Que esperen fuera. Esta noche es nuestra.

Michael asintió, admirando su fortaleza. —Tienes razón. No son más que ruido de fondo.

Antes de irse, caminaron un momento por la arena húmeda, lejos de las luces del restaurante. El aire frío del mar les obligó a acercarse.

—La película se estrena en abril —dijo Michael—. Fox ya está preparando la maquinaria. Va a ser una locura, Cameron. Tu vida seguirá cambiando ya no será la chica bonita de Mask, serás Nancy.

—Lo sé —respondió ella, deteniéndose y mirándolo a los ojos—. Pero pase lo que pase con la taquilla o con las críticas, me alegra que hayamos hecho esto. Y no me refiero solo a la película. Me refiero a esto.

Michael se acercó y la besó. Fue un beso lento, cargado de la tensión acumulada durante meses de rodaje y noches de edición. No era el beso de un director y su actriz, era el de dos personas que habían encontrado un refugio en medio de la tormenta de Hollywood.

Al dejar a Cameron en su casa, Michael se sintió en paz. Condujo de regreso a su oficina por un momento, solo para recoger unos papeles, pero se quedó mirando el edificio en silencio.

Sabía que el lunes volvería a ser el hombre que peleaba con Fox por millones de dólares. Volvería a ser el jefe que revisaba los guiones de Ben 10 y el estratega que planeaba la caída de Orion y Trimark. Pero ahora tenía algo más. Tenía una razón para terminar el trabajo rápido y bien.

Miró su reloj. Ya era la madrugada del 12 de febrero. El éxito de los cómics era un hecho, la película estaba en camino, y su vida personal, por primera vez, no se sentía como un desierto.

—El 1995 va a ser un año muy corto —murmuró Michael para sí mismo mientras subía a su coche—. Pero estoy listo.

Michael cerró el capítulo de su cita con una sonrisa, sabiendo que para abril Fox vería el primer corte de The Shallows y su imperio daría el siguiente paso lógico hacia la dominación total. El Arquitecto había vuelto, pero esta vez, con el corazón más ligero.

Burbank, California – 17 de Marzo de 1995

El restaurante The Smoke House, justo enfrente de los estudios de Disney y Warner, era un lugar cargado de historia cinematográfica. Michael Relish lo había elegido para su reunión con el equipo de guionistas jefes de Omnisciente Comics no por la comida, sino por el mensaje: estaban en el epicentro de la industria, y lo que ellos escribieran en las próximas horas dictaría el futuro del entretenimiento juvenil.

Michael se sentó a la cabecera de una mesa privada. Frente a él, tres hombres y dos mujeres, los mejores guionistas que su dinero y su prestigio habían podido atraer, mantenían sus libretas abiertas. Michael les había entregado meses atrás un “manual de estilo” basado en sus recuerdos de su vida pasada, pero con un giro: quería que estas versiones de Ben 10, Dexter y las Superpoderosas fueran más crudas, más serias, orientadas a un público que crecía con ellas.

—Muy bien —dijo Michael, dejando que el camarero sirviera el agua—. Habéis tenido un mes para digerir las consecuencias del crossover. Quiero saber cómo vamos a mantener el interés sin quemar la pólvora. El público está hambriento, pero no quiero que se harten.

El guionista jefe de Ben, un veterano que venía de escribir thrillers de ciencia ficción, tomó la palabra.

—Michael, hemos tomado tu idea de introducir amenazas que Ben no puede simplemente golpear hasta que se rindan. Vamos a introducir a “Él”. No es solo un demonio, es una entidad que manipula la realidad. Ben intentará detenerlo con sus Alienígena, pero “Él” se aburrirá de su falta de experiencia.

Michael asintió. Recordaba a “Él” de las Superpoderosas, pero aquí, en este universo interconectado, su presencia era mucho más inquietante.

—”Él” es un catalizador —añadió el guionista—. Al no encontrar un desafío en Ben, se marchará, pero dejará una brecha abierta. Ahí es donde entra el Hechicero Hex. Hex no quiere destruir el mundo, quiere las reliquias que Ben aún no sabe que existen. Ben tendrá que madurar rápido, porque ahora sabe que hay cosas allá afuera que simplemente lo ignoran por ser “demasiado débil”. Eso lo va a carcomer.

La guionista encargada de las chicas tomó el relevo. —Las chicas están en un lugar oscuro después de la pérdida de su padre, el Profesor Utonio. Hemos planteado que Mojo Jojo y su trío han sido derrotados, pero el vacío que dejaron ha sido llenado por algo más patético y peligroso: la Princesa Másplatano.

—¿La Princesa? —preguntó Michael, arqueando una ceja.

—Sí —respondió la guionista—. Es una joven rica que intentó ser superheroína usando tecnología robada y falló. Su resentimiento es el de alguien que cree que el heroísmo se puede comprar. Además, “Él” llegará a Townsville después de abandonar a Ben. Las chicas, en su duelo, son mucho más susceptibles a sus juegos mentales. El arco se centrará en cómo ellas deben mejorar como equipo sin la guía de su padre, apoyándose en nuevas amistades que estamos introduciendo en la escuela secundaria. Es un drama sobre crecer sin red de seguridad.

Finalmente, el equipo de Dexter presentó su visión. Michael quería que Dexter fuera el “cerebro” del universo, pero uno que a menudo se sentía aislado por su propia inteligencia.

—En Dexter introduciremos a Quackerjack, pero reimaginado —dijo el guionista—. Un payaso que utiliza gases químicos. No es solo un gas de la risa; es una toxina que provoca zombificación temporal. Dexter tendrá que lidiar con la logística de una ciudad que se vuelve loca por culpa de este gas.

Michael sonrió. Era un guiño al Guasón, pero con el toque de ciencia ficción de Dexter.

—Pero lo más importante —continuó el guionista— es la alianza con los Chicos del Barrio (KND). Número 1 y su equipo se han enterado de que dentro del gobierno sigue habiendo una facción, el sector “Adulto”, que está haciendo experimentos ilegales con tecnología que Dexter ha desechado. Dexter se da cuenta de que su laboratorio no es tan secreto como creía. Los KND y Dee Dee le ayudarán a infiltrarse en las esferas de poder. Estamos pasando de la ciencia ficción de habitación a la conspiración política juvenil.

Michael escuchó cada detalle durante casi tres horas. Tomó notas sobre el ritmo de los personajes, asegurándose de que hubiera suficiente “relleno” de calidad. No quería que cada número fuera una batalla épica; quería ver a Dexter frustrado por no entender una emoción simple, o a Ben intentando equilibrar una cita con su deber, o a las chicas llorando en privado por su padre.

—Me gusta —sentenció Michael, cerrando su cuaderno—. El desarrollo de personajes es sólido. Esa sensación de que Ben es ignorado por un villano superior es perfecta para su ego. Y la zombificación en Dexter le dará ese toque de horror que tanto me gusta.

Los guionistas suspiraron aliviados. Michael era un jefe exigente, pero siempre sabía recompensar la buena narrativa.

—Aquí está el plan de lanzamiento —continuó Michael—. Quiero que preparéis 12 números para cada serie. Un año completo de contenido. Pero no los sacaremos todavía. Vamos a dejar que el mercado respire. El crossover ha dejado a la gente satisfecha, pero quiero que esa satisfacción se convierta en hambre de nuevo. Las “nuevas temporadas” de los cómics no saldrán hasta julio.

—¿Julio? —preguntó uno de los guionistas—. Es mucho tiempo de espera.

—Es el tiempo perfecto —dijo Michael con seguridad—. En abril estreno The Shallows. En mayo y junio todo el mundo estará hablando de mi película y de cómo soy el nuevo genio de Hollywood. La marca “Michael Relish” estará en su punto más alto. Cuando lancemos los nuevos números en julio, no solo los leerán los fans de los cómics, los leerá todo aquel que haya ido al cine a ver mi película. Vamos a cruzar los públicos.

Michael pagó la cuenta y se despidió de sus guionistas con un apretón de manos. Mientras caminaba hacia su coche bajo el sol de marzo, se sentía satisfecho. Había logrado delegar la creatividad sin perder el control. Sus IPs estaban en buenas manos y la historia estaba evolucionando hacia algo más complejo y maduro, tal como él quería.

A sus 24 años, Michael entendía algo que las grandes editoriales como DC o Marvel a menudo olvidaban: el valor de la espera. Al no saturar el mercado inmediatamente después del crossover, estaba elevando sus cómics a la categoría de “evento”.

—Julio será el mes de la consolidación —pensó Michael—. Pero primero, abril tiene que ser el mes del tiburón.

Con el visto bueno dado, la maquinaria de Omnisciente Comics se puso en marcha silenciosamente en las sombras. Mientras el mundo pensaba que Michael estaba distraído con la edición de su película, él ya había diseñado el próximo año de mitología para una generación entera. El Arquitecto no solo estaba construyendo un edificio; estaba diseñando una ciudad que nunca dormiría.

Santa Mónica, California – 2 de Abril de 1995

La sala de proyección privada de Relish Productions era el lugar más silencioso del planeta en ese momento. El proyector de 35mm ronroneaba suavemente desde la cabina, lanzando un haz de luz cargado de partículas de polvo sobre la pantalla de terciopelo. El aire estaba saturado de una tensión eléctrica, una mezcla de anticipación profesional y nerviosismo personal.

Michael estaba sentado en la fila central, con Cameron Diaz a su derecha con Naomi y Elizabeth. A su lado izquierdo, Dylan y Eleanor observaban con atención clínica. En la esquina de la sala, Susan, la jefa de operaciones, mantenía una libreta lista para anotar reacciones. Pero el invitado de honor era Tom Sherak, en aquel entonces presidente de distribución y marketing de 20th Century Fox, un hombre cuya opinión podía hundir o elevar una película antes de que tocara el primer cine.

Durante la siguiente hora y media, nadie habló. The Shallows se desplegó ante ellos no como una película, sino como una pesadilla bellamente orquestada. El montaje final que Michael había supervisado era una lección de economía narrativa. La cámara de Michael capturaba la inmensidad del océano de una manera que hacía que el espectador se sintiera tan atrapado como Nancy en su pequeña roca.

El sonido del tiburón golpeando el metal de la boya, los silencios cargados de agonía de Cameron y la banda sonora minimalista crearon un ambiente de asfixia que hizo que incluso Tom Sherak se removiera incómodo en su asiento de cuero. Cuando los créditos finales comenzaron a rodar sobre un plano cenital del océano en calma, el silencio persistió durante varios segundos más.

Tom Sherak fue el primero en levantarse. Se giró hacia Michael, con una expresión que mezclaba la incredulidad y la euforia del hombre de negocios que sabe que acaba de encontrar petróleo.

—Michael… —Sherak dejó escapar un suspiro largo—. No sé cómo lo has hecho con este presupuesto, pero acabas de reinventar el thriller de supervivencia. Es visceral, es moderna y, sobre todo, es malditamente comercial. Los jóvenes van a ir en masa a ver esto solo para ver si son capaces de aguantar la respiración tanto tiempo como la protagonista.

Sherak se acercó a Michael, ignorando por un momento al resto de la sala, centrado totalmente en el director de 24 años que tenía enfrente.

—He visto muchas películas en mi vida, Michael, pero esta tiene algo que el cine de estudio tradicional ha perdido: audacia. Ya he dado la orden. El primer pago por la entrega del largometraje completo será transferido a tu cuenta de Relish Productions mañana mismo. No necesitamos esperar a las revisiones del comité.

Michael asintió con una calma que descolocó un poco al ejecutivo. —Me alegra que te guste, Tom. Sabíamos lo que teníamos entre manos desde el primer día de rodaje en el tanque.

—Mira, Michael —Sherak bajó la voz, adoptando un tono más confidencial—. Dame una copia de este corte hoy mismo. Quiero presentarla al consejo de administración de Fox en Los Ángeles el lunes. Si reaccionan la mitad de bien que yo, voy a proponerles que liquidemos el contrato completo de inmediato. No quiero esperar al estreno del 28 de abril para pagarte la otra mitad. Quiero que te sientas lo suficientemente cómodo con nosotros como para que no pienses en llevar tus próximos proyectos a otro sitio.

Michael esbozó una sonrisa sutil. Sabía exactamente lo que Sherak estaba haciendo: intentar “comprar” su lealtad con prontitud financiera.

—No tengo prisa por el dinero, Tom —respondió Michael con una tranquilidad glacial—. El contrato dice que la segunda mitad se paga tras el estreno, y no tengo problema en esperar. Confío en mi producto. Pero si Fox quiere adelantar los pagos para limpiar sus libros contables, no voy a ser yo quien los detenga. Lleva la copia. Que vean lo que hemos construido.

Sherak palmeó el hombro de Michael. —Eres un tipo raro, Relish. La mayoría de los directores estarían rogando por ese dinero. Nos vemos en el estreno. Prepárate, porque después del 28 de abril, tu vida puede convertirse en un circo ya que está sería tu cuarta película y si va bien todo mundo te buscará para preguntarte cómo lo haces.

Una vez que el ejecutivo de Fox abandonó la sala, el ambiente se relajó. Cameron abrazó a Michael con fuerza, todavía emocionada por verse a sí misma en una actuación tan cruda. Naomi y Elizabeth se acercaron también, felicitándolo con una mezcla de orgullo y asombro. Habían visto a Michael trabajar hasta el agotamiento, y ver el resultado final las dejaba sin palabras.

—Has hecho algo increíble, Michael —susurró Elizabeth—. Da miedo pensar en lo que serás capaz de hacer cuando tengas tu propio estudio.

Michael agradeció a cada una, manteniendo ese equilibrio delicado que había construido en su vida personal. Las tres mujeres sabían que este era el momento de Michael, y por esa noche, no había celos ni agendas, solo la celebración de un éxito compartido.

Cuando las chicas se alejaron un poco para comentar escenas específicas con Dylan, Michael aprovechó para acercarse a Susan, quien seguía revisando sus notas de producción.

—Susan, ¿cómo va lo nuestro? —preguntó Michael, cambiando instantáneamente al modo “Arquitecto”.

Susan cerró su libreta y miró a su jefe con seriedad. —Tal como pediste, Michael. La adquisición de la planta de manufactura en Ohio ya está cerrada. Ahora somos dueños de Relish Toys & Apparel. No más contratos de licencia con terceros que se quedan con el 40%. A partir de julio, cuando salgan los nuevos números de los cómics que aprobaste con los guionistas, toda la mercancía —muñecos de Ben, figuras de acción de Dexter y las camisetas de las Superpoderosas— saldrá de nuestras propias fábricas.

Michael asintió, satisfecho. —Excelente. El dinero de Fox que entrará mañana puedes agarrar unos $20 millones dónde irá directo a cubrir la operación de la fábrica y a preparar el stock. Quiero que para cuando la gente salga de ver The Shallows, ya encuentren en las tiendas los primeros productos oficiales de Omnisciente con una calidad que supere a cualquier cosa de Mattel o Hasbro.

—Estamos listos, Michael —aseguró Susan—. Solo necesitamos que el estreno sea el éxito que Tom Sherak predice.

—Lo será —sentenció Michael, mirando la pantalla ahora oscura—. El 28 de abril no solo estrenamos una película. Estrenamos la nueva fase de mi imperio.

La noche terminó con una cena tranquila entre amigos, pero la mente de Michael ya estaba volando meses hacia adelante. Mientras escuchaba a Cameron reírse de una anécdota del rodaje, él calculaba los intereses de los préstamos puente y la logística de distribución de Orion y Trimark.

A sus 24 años, tenía la película, tenía el dinero de Fox en camino, tenía su propia fábrica de juguetes y tiene a tres mujeres hermosas como sus novias, nunca hubiera pensado que renacería y tendría suerte.

—Abril es nuestro —pensó Michael mientras brindaba con su círculo—. Y después de abril, el mundo entero.

Con el primer corte entregado y la bendición de Fox, Michael se retiró a descansar, sabiendo que la cuenta atrás para el 28 de abril había comenzado, y con ella, el inicio del fin del viejo Hollywood.

📝 +——————————–+

Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir. Intentaré subir tres capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso. Like si te gusta y like si no 😂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo