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En Hollywood. - Capítulo 48

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Capítulo 48: Capítulo 47

Capítulo 47: El Efecto Dominó

Santa Mónica y Pasadena, California – 28 de Abril de 1995

El viernes por la tarde, el aire en el sur de California estaba cargado de una expectación que no se sentía desde el estreno de Jurassic Park. Pero esta vez, el público era diferente. No eran solo familias; eran jóvenes universitarios, lectores de cómics y adolescentes que veían en el nombre “Michael Relish” un sello de calidad que entendía su lenguaje.

Punto de Vista: Mark y Sarah (UCLA)

Mark y Sarah, ambos estudiantes de segundo año en la UCLA, habían pasado la mañana en clase de Teoría de la Comunicación, pero sus mentes estaban a kilómetros de distancia. En la mochila de Mark, asomaba el número especial de Ben el legado que Michael había lanzado el mes anterior.

—Si Relish dirige como escribe sus cómics, esto no va a ser una película de terror normal —dijo Mark mientras caminaban hacia el cine AMC de Santa Mónica—. En los cómics de Ben, él nunca te da la solución fácil. Siempre hay un costo emocional.

—He oído que Cameron Diaz está irreconocible —respondió Sarah—. Mi hermana dice que es solo una película de “chica en bikini”, pero yo vi el tráiler y esa mirada que tiene al final… no es la mirada de una damisela en apuros.

Cuando entraron a la sala, que estaba al 90% de su capacidad para una función de las 4:00 PM, el silencio se apoderó del lugar en cuanto las luces se atenuaron. Mark y Sarah se quedaron petrificados durante la secuencia de la marea alta.

—¿Viste eso? —susurró Sarah durante una escena clave—. No es solo que el tiburón la esté acechando. Es que ella está usando la foto de su madre para cronometrar la luz del sol sobre la roca. Está usando su memoria para sobrevivir.

Lo que más impactó a Mark fue la escena donde Nancy, herida y agotada, tiene un breve delirio provocado por la fiebre y la pérdida de sangre. Nancy ve a su madre no como un fantasma triste, sino como una mujer fuerte que le sonríe desde la orilla. Michael había estructurado la película para que Nancy entendiera que su madre no querría que ella se hundiera con su recuerdo, sino que nadara hacia el futuro.

—Es el arco de superación más real que he visto —comentó Mark al salir—. Se salva porque decide que el pasado ya no es un ancla, sino una razón para luchar. Michael Relish es un genio, tío. Ha convertido una película de tiburones en una terapia de choque.

Punto de Vista: David (Caltech)

En Pasadena, David y su grupo de amigos de Caltech, todos fanáticos acérrimos de El Laboratorio de Dexter, habían reservado una fila entera. Para ellos, la atracción era la ingeniería del suspenso que Michael había prometido.

—Fíjate en el uso del espacio —decía David antes de que empezara la función—. El tipo ha limitado la acción a una roca de apenas tres metros cuadrados. Eso es pura geometría narrativa. Si logra mantenernos tensos ahí, es un maestro.

Durante la película, el grupo de David no dejó de analizar la táctica de Nancy. Les encantó cómo Michael mejoró la lógica de la película original. En lugar de golpes de suerte, Nancy utilizaba su conocimiento de medicina y biología marina —habilidades que Michael reforzó en los diálogos iniciales— para crear trampas.

—¡La escena del aceite y las medusas! —exclamó uno de los amigos de David cuando salieron al vestíbulo—. Michael hizo que ella recordara un viejo consejo de su madre sobre las corrientes y los bancos de medusas. No fue un accidente; ella las usó como un escudo biológico. Eso es algo que solo un escritor de cómics de ciencia ficción como Relish pensaría.

David asintió, visiblemente impresionado. —Lo que me voló la cabeza fue el final. Cuando ella deja de mirar la foto de su madre con tristeza y la guarda con firmeza en su bolsillo antes de lanzarse al agua. Es el momento en que deja de ser una víctima del pasado. La emoción de Nancy no era miedo al tiburón, era miedo a vivir sin su madre. Una vez que superó eso, el tiburón solo era un pez grande.

Lo que Michael había logrado con The Shallows era conectar el trauma con la acción. Los jóvenes universitarios, que vivían en una era de cinismo y cambio, encontraron en la Nancy de Cameron Diaz un reflejo de sus propias luchas.

—No me esperaba llorar en una película de thriller —confesó una chica llamada Elena a la salida del cine en Long Beach—. Pero cuando ella finalmente llega a la orilla y se ha salvado, sientes que por fin ha dejado ir ese peso que llevaba… fue increíble. Cameron Diaz se merece todas las nominaciones del mundo. Ya no es “la chica de la máscara”, ahora es la cara de la nueva generación.

Inmediatamente después de las funciones de la tarde, el tráfico en las tiendas de cómics cercanas a los cines se disparó. Los fans que acababan de ver la película querían más de “la marca Michael Relish”.

—¿Tienes el número de las Superpoderosas donde pierden al Profesor? —preguntaba un joven en una tienda de Sunset Blvd—. Después de ver The Shallows, quiero releer cómo Michael maneja el duelo en los cómics. El tipo tiene una forma de escribir sobre la pérdida que se siente muy real.

Al caer la noche del viernes 28 de abril, el boca a boca era un incendio forestal. Michael Relish había entregado algo que nadie esperaba: una película de suspenso comercial con el alma de un poco de drama de autor.

Los jóvenes no solo hablaban de los sustos o del tiburón (que se veía aterrador gracias a la mezcla de efectos mecánicos y sombras de Michael), sino de cómo Nancy se había convertido en un símbolo de resiliencia. Habían ido a ver a una mujer contra un tiburón, pero salieron habiendo visto a una mujer ganando su derecho a ser feliz de nuevo.

Michael, desde su oficina en Relish Productions, recibía los primeros informes de las funciones de la tarde. Las salas estaban vendiendo todo. Los jóvenes de la universidad, los lectores de cómics y los cinéfilos casuales estaban de acuerdo: Michael Relish no solo sabía contar historias, sabía cómo hacer que te importaran los personajes.

El primer día del estreno mundial terminaba con una certeza: el “Efecto Relish” era real, y The Shallows no solo iba a ser un éxito de taquilla, sino un pilar cultural para la juventud de 1995. Mientras tanto, en las oficinas de Miramax, el silencio empezaba a ser ensordecedor ante los reportes de salas vacías para su propia competencia. El tiburón de Michael no solo estaba cazando en la pantalla; estaba devorando a la competencia en el mundo real.

Chicago y Miami – 28 de Abril de 1995

Mientras en Los Ángeles el sol aún bañaba las colinas, en el resto de Estados Unidos la noche del viernes ya estaba en pleno apogeo. En el icónico Music Box Theatre de Chicago y en las modernas salas de AMC en Miami, las colas serpenteaban por las aceras. La expectativa era palpable: Michael Relish no solo estaba estrenando una película; estaba sometiendo su nueva fortuna y su prestigio al juicio más implacable del mundo: el espectador de a pie.

A la salida de un multicine en el centro de Chicago, un equipo de encuestadores de CinemaScore, contratados indirectamente por Fox, interceptaba a los espectadores que salían de la función de las 7:00 PM. Llevaban sus tablas de madera y las tarjetas de cartulina que definirían la “nota” de la película.

—¿Qué tal le pareció, caballero? —preguntó un joven encuestador a un hombre de unos 35 años que salía con su esposa.

—Increíble. Ponle una A —respondió el hombre sin dudar—. Hacía años que no sentía esa tensión. Y esa chica, Cameron Diaz… me dejó sin palabras. No es la típica rubia que grita; es una mujer que piensa.

El encuestador anotó la calificación con una sonrisa. Llevaba dos horas haciendo lo mismo y casi todas las tarjetas marcaban A o, como mínimo, B+. Para un trabajador de Fox, estos datos eran música para sus oídos. Una nota de “A” en el primer viernes solía predecir un multiplicador de taquilla masivo.

+———————-+

Dentro del vestíbulo, un grupo de oficinistas discutía la película mientras se quitaban sus gabardinas. La conversación giraba en torno a la autenticidad de la supervivencia de Nancy.

—Lo que más me gustó fue que no hubo trucos tecnológicos —comentó Susan, una abogada penalista—. En estas películas de ahora siempre intentan meter cosas raras, pero aquí… verla sacar esa vieja foto de su madre de la billetera de cuero para darse ánimos fue real. Me recordó a cuando yo perdí a mi madre el año pasado. Michael Relish capturó perfectamente ese sentimiento de querer estar en un lugar que ella amó para sentirse cerca.

—Y la logística, Susan —añadió su acompañante—. ¿Viste cómo usó el reloj de pulsera? Ese cronómetro analógico para medir el tiempo de la marea. Fue desesperante ver la aguja moverse mientras el agua subía hacia la roca. Si hubiera tenido un teléfono o algo así, se habría roto el encanto. Relish entendió que ahora en esta era, tu mejor arma es tu reloj y tu cerebro.

En Miami, donde el océano es parte de la vida cotidiana, la película tuvo un impacto diferente. En un cine cerca de South Beach, un grupo de surfistas locales salió de la sala con una mezcla de respeto y temor.

—Tío, nunca volveré a ver una boya de la misma manera —dijo uno de ellos, todavía sudoroso—. La escena donde ella usa el metal de la boya para reflejar la luz del sol y tratar de llamar la atención del barco… eso es lo que harías tú. Michael hico una película con muchs lógica. No fue solo suerte; fue pura voluntad.

Una pareja de jubilados, que inicialmente pensó que vería una “película de monstruos”, estaba gratamente sorprendida.

—Pensé que sería aburrida por ser una sola actriz en una roca —dijo el señor—. Pero esos flashbacks de la madre… fueron breves, pero necesarios. Entendí por qué estaba tan asustada al principio y cómo, al final, el recuerdo de su madre ya no era una carga triste, sino el motor que la sacó del agua. Es una película sobre dejar ir el pasado para poder nadar hacia el futuro.

Cerca de la medianoche, dos empleados de marketing de Fox se reunieron en la oficina del gerente del cine en Miami para revisar los primeros resultados brutos de las encuestas.

—Es un fenómeno, Jim —dijo uno de ellos, revisando las pilas de tarjetas—. Los jóvenes le dan un 10 por el suspenso y el tiburón. Los adultos le están dando notas altas por el trasfondo emocional del duelo de Nancy. Tenemos un “cuatro cuadrantes” entre manos.

—Michael Relish es oro puro —respondió el otro—. He hablado con el gerente de este cine y dice que las funciones de mañana sábado ya están agotadas. Incluso la gente que odia las películas de terror está viniendo porque han oído que el final es increíblemente emotivo. Dicen que cuando Cameron Diaz finalmente llega a la arena después del barco que la salva, suelta ese suspiro… toda la sala aplaude.

Lo que los encuestados mencionaban con más frecuencia era la escena de la “limpieza de la herida”. En 1995, sin efectos digitales excesivos, Michael optó por efectos prácticos crudos. El público de Chicago mencionó que se sintió “demasiado real” ver a Nancy usar sus propios pendientes para grapar la herida.

—Fue horrible de ver, pero no podías apartar la mirada —comentó un estudiante de medicina en la salida—. Relish hizo que cada centímetro de esa roca se sintiera como un personaje más. Y la forma en que ella hablaba con la gaviota… no se sentía como un monólogo forzado, se sentía como la locura de alguien que no quiere morir sola.

Mientras las encuestas de The Shallows volaban con notas de B+, los reportes de las pocas salas que proyectaban la película de Miramax en esas ciudades eran desoladores. Los encuestadores allí estaban aburridos; la gente salía de The Passion of Darkly Noon confundida o directamente bostezando.

—La película de Weinstein tiene un C- en las primeras encuestas —le susurró un colega al encuestador de Fox—. Dicen que es “pretenciosa” y “lenta”. Nadie quiere ver un drama religioso deprimente cuando pueden ver a Michael Relish reinventando el cine de supervivencia.

Al final de este primer viernes, Michael Relish no solo era un millonario en el papel; era el dueño de la conversación nacional. Las encuestas confirmaban lo que él ya sabía: el público no es tonto. Si les das una historia con corazón, inteligencia y un suspenso que no les deje respirar, te darán su lealtad.

Michael, desde su despacho, recibió el primer fax con los resultados de CinemaScore a las 11:30 PM.

—Una A casi sólida en todo el país, Michael —dijo Susan, dejando el papel frente a él—. Fox dice que no han visto una recepción así para una película de este presupuesto en años.

Michael miró el reporte y sonrió. No era arrogancia, era la validación de una persona que sabe lo que busca la gente, el había diseñado cada plano para provocar exactamente esa reacción.

—Mañana sábado será aún mejor —sentenció Michael—. Una vez que el boca a boca de estas encuestas se extienda, ya no habrá quien nos detenga. El imperio de los Weinstein se está hundiendo, Susan. Y nosotros estamos en la superficie, nadando con fuerza.

El primer viernes terminaba con una victoria total. El público de 1995 había hablado, y su mensaje era claro: Michael Relish era el director que el nuevo siglo estaba esperando, incluso antes de que el siglo llegara.

Los Ángeles, California – Sábado 29 de Abril de 1995

A las ocho de la mañana, las oficinas de Relish Productions ya estaban en pleno funcionamiento. No había resaca de fiesta; había una intensidad eléctrica. Susan entró en el despacho de Michael con una carpeta de cuero negro que contenía los faxes enviados por el departamento de contabilidad de 20th Century Fox apenas unos minutos antes.

Michael estaba sentado frente a su escritorio, revisando unos guiones preliminares para la segunda temporada de los cómics de Ben el Legado, pero levantó la vista en cuanto Susan cerró la puerta.

—Los números finales del viernes han llegado, Michael —dijo Susan, con una chispa de triunfo en sus ojos que rara vez dejaba ver—. Es mejor de lo que las proyecciones más optimistas que vos había dicho y lo que Fox sugerían.

Michael tomó la hoja y leyó la cifra impresa en negrita: $15,523,412 USD.

Esa era la recaudación oficial de solo el viernes 28 de abril en el mercado doméstico (Estados Unidos y Canadá). Para una película que no era una secuela y que no contaba con un elenco de diez estrellas de acción, era un debut estratosférico en 1995.

—Quince millones y medio en un solo día —murmuró Michael, dejando el papel sobre la mesa—. Eso significa que el fin de semana de tres días cerrará cómodamente por encima de los 40 o 45 millones. Fox debe estar celebrando en sus yates.

—Están eufóricos —confirmó Susan—. Joe Roth llamó hace cinco minutos. Dice que, con este ritmo de boca a boca y las calificaciones de CinemaScore que vimos anoche, la película superará los $100 millones de dólares solo en la taquilla nacional en menos de tres semanas. Para una producción de este presupuesto, los márgenes de beneficio van a ser históricos, incluso después de pagarte los bonos por rendimiento que estipulamos.

Michael asintió. Ese dinero no solo era ganancia para Fox; era la validación de su “Toque de Midas”. Cada dólar que entraba en la taquilla tenía un porcentaje que subía un gramo más de peso en su mesa de negociaciones para la futura adquisición de Orion Pictures.

Michael y Susan se pusieron a revisar el reporte de las otras películas que compartían cartelera ese fin de semana. En el Hollywood de 1995, la competencia era feroz, pero The Shallows las había dejado a todas en la sombra.

—Mira esto —señaló Susan—. The Village of the Damned (El pueblo de los malditos) de John Carpenter también se estrenó ayer. Universal esperaba mucho de ella, pero solo ha recaudado $1.8 millones el viernes. La crítica la está destrozando.

Michael revisó los otros títulos. A Goofy Movie (Goofy e hijo) seguía fuerte en su tercera semana para el público infantil, pero no era competencia directa. El verdadero interés de Michael estaba en la apuesta de Miramax.

—¿Y qué hay de la “obra maestra” de los hermanos Weinstein? —preguntó Michael con una sonrisa ladeada.

Susan buscó en la parte inferior de la lista. Ahí estaba: The Passion of Darkly Noon. La película que Harvey Weinstein había comprado en Sundance con la intención de humillar a Michael.

—Es un desastre total, Michael —dijo Susan—. Miramax la lanzó en un número limitado de salas importantes para intentar robarte el público de “prestigio”, pero solo ha recaudado $42,000 dólares en su primer día. Los pocos críticos que la vieron dicen que es confusa, pretenciosa y que Brendan Fraser está desperdiciado en un papel que no tiene sentido. Harvey intentó vender “arte” contra tu “entretenimiento”, y el público simplemente lo ignoró.

Michael se reclinó en su silla. Conocía bien esa película de su vida pasada; sabía que Philip Ridley era un director demasiado experimental para el gran público. Harvey Weinstein, cegado por su ego y su odio hacia Michael, había cometido el error de principiante de creer que su influencia sobre los críticos de Nueva York se traduciría automáticamente en entradas vendidas.

—Harvey no entiende que el público quiere sentir algo real —comentó Michael—. Él les dio un drama religioso oscuro y deprimente. Yo les di a una mujer luchando por su vida con la que pueden empatizar. Él les dio confusión; yo les di suspenso puro.

—Lo peor para ellos es que gastaron una fortuna en publicidad comparativa —añadió Susan—. En los periódicos de hoy, los anuncios de Miramax parecen ridículos al lado de las noticias de que The Shallows tiene funciones agotadas en todo el país. Fox ya está enviando comunicados de prensa celebrando que eres el director más joven en tener cuatro buenas películas seguidas.

+————————+

En Century City, las oficinas de Fox eran una fiesta. Tom Sherak y Joe Roth estaban revisando los datos de las “ventas nocturnas”.

—¡Es un monstruo! —gritaba Sherak por teléfono a sus socios—. Hemos superado a Disney y a Warner este viernes por un margen del 300%. Michael Relish no solo nos ha dado una película; nos ha dado una franquicia de un solo hombre.

Los ejecutivos de Fox sabían que, según el contrato, Michael recibiría una parte importante de estos beneficios, pero no les importaba. El éxito de The Shallows elevaba el valor de las acciones del estudio y les daba una posición de dominio total para el resto de la temporada de primavera. Ya estaban planeando cómo convencer a Michael para que su “película de mujeres” fuera también con ellos, aunque seguían teniendo miedo de ese cambio de género.

—Si puede hacer que la gente se interese por una mujer en una roca, tal vez sí pueda hacer que se interesen por cuatro mujeres en una habitación —comentó un ejecutivo de Fox de forma pragmática—. Cuando termine se le paga el porcentaje que le debemos. Igual el dinero que se le da parece que está pensando en invertir no perdemos nada.

De vuelta en Relish Productions, Michael no se dejó llevar por la euforia de los números. Para él, los 15.5 millones eran simplemente la confirmación de que el plan funcionaba.

—Susan, llama a Dylan —ordenó Michael—. Quiero que para el lunes, cuando los bancos abran y Fox tenga que procesar los informes del fin de semana, nuestra oferta por las acciones de Trimark esté sobre la mesa de sus acreedores. Usaremos el éxito de este viernes como garantía de nuestra solvencia.

—¿No vas a esperar a ver los números del domingo? —preguntó Susan, sorprendida por la agresividad del movimiento.

—No es necesario —sentenció Michael—. El sábado será más grande que el viernes. El boca a boca está funcionando. La gente está yendo a ver la película porque sus amigos les dijeron que lloraron al final y que Cameron Diaz es una heroína de verdad. Harvey Weinstein está acabado este mes, y yo voy a aprovechar ese vacío de poder para comprar mi propia distribución.

Michael miró de nuevo la lista de recaudación. Ver a películas como The Passion of Darkly Noon hundirse mientras la suya brillaba era una lección de humildad corporativa. El cine seguía siendo un evento social. La falta de internet masivo significaba que si no lograbas capturar la imaginación del público en las primeras 24 horas, tu película moría.

Harvey Weinstein había apostado por el elitismo y había perdido. Michael había apostado por la emoción humana, el duelo de una madre y el instinto de supervivencia, y había ganado el corazón (y el bolsillo) de Estados Unidos.

El sábado 29 de abril de 1995 apenas comenzaba, y mientras las colas en los cines se hacían más largas que las del viernes, Michael Relish ya estaba cerrando su cuaderno de guiones para las historias de cómics. Su mente ya no estaba en el tiburón; estaba en el imperio que ese tiburón acababa de financiar.

—Diles a los guionistas de los cómics que vengan a las once —dijo Michael antes de que Susan saliera—. Si vamos a ser dueños de un estudio, necesito que la próxima ola de historias de Omnisciente sea perfecta. El mundo está mirando ahora, y no pienso darles nada menos que la excelencia.

Susan salió de la oficina, dejando a Michael con sus números y sus sueños. El joven de 24 años era ahora el epicentro de Hollywood, y el rugido de la taquilla era la música que acompañaba su ascenso definitivo al trono.

Nueva York, Oficinas de Miramax – Sábado 29 de Abril de 1995

El silencio en el piso de los ejecutivos de Miramax era tan denso que resultaba doloroso. Los empleados caminaban de puntillas, evitando pasar cerca de la puerta de roble de la oficina principal. Desde el interior, el sonido de objetos estrellándose contra la pared y gritos guturales indicaban que el “Huracán Harvey” estaba en plena categoría cinco.

Harvey Weinstein estaba de pie frente a su escritorio, con la cara roja como un tomate y la camisa sudada. En sus manos estrujaba el reporte matutino de recaudación que su asistente le había entregado hacía diez minutos.

—¡Cuarenta y dos mil dólares! —rugió Harvey, lanzando el reporte hacia la chimenea apagada—. ¡Es un insulto! ¡Es una maldita broma de mal gusto! ¡He gastado tres millones en publicidad para este fin de semana y me devuelven cuarenta y dos mil dólares!

Harvey no podía procesar los datos. Para él, The Passion of Darkly Noon era una elección intelectual superior. Tenía a Brendan Fraser, tenía simbolismo, tenía la atmósfera de Sundance. En su mente, el público debería estar haciendo fila para descifrar los misterios de su película, no para ver a una “chica de calendario” luchando contra un pez mecánico.

—¡Nadie sabe lo que es el maldito cine en este país! —gritó a las paredes vacías—. Somos los reyes de esta industria. Nosotros ganamos los Óscars. Nosotros descubrimos el talento. ¡Ellos deberían estar agradecidos de que les demos estas películas! ¡Son unos cerdos ignorantes que prefieren comer basura de Fox antes que caviar de Miramax!

Se dejó caer en su silla de cuero, que crujió bajo su peso. La realidad era insoportable. Michael Relish, un chico de 24 años al que Harvey consideraba un “error del sistema”, acababa de recaudar 15.5 millones en un solo viernes. La diferencia era tan abismal que ni siquiera podía considerarse una competencia; era una ejecución pública.

Con las manos temblorosas, Harvey tomó el teléfono y marcó el número privado de su hermano, Bob Weinstein. No esperó a que saludara.

—¿Has visto los números, Bob? ¡Dime que los has visto y que hay un error de imprenta! —ladró Harvey.

—No hay errores, Harvey —la voz de Bob sonaba inusualmente apagada—. Los datos de las cadenas de cines son consistentes. La gente está ignorando nuestra película. Los comentarios a la salida son terribles. Dicen que es “deprimente” y “aburrida”. Mientras tanto, en las salas de The Shallows, la gente sale llorando de emoción o gritando de adrenalina. Fox ha ganado esta ronda.

—¡Me importa un carajo Fox! —gritó Harvey, golpeando el escritorio—. ¡No podemos permitir que esto siga así! Disney nos está observando, Bob. Michael Eisner no nos compró Miramax para que perdiéramos dinero de forma tan humillante. Si esto sigue así el domingo, van a empezar a cuestionar nuestra autonomía. ¡Van a querer meternos mano en la producción!

Harvey se levantó y empezó a caminar en círculos, como un animal enjaulado. Su mente, acostumbrada a manipular la percepción de la industria, empezó a buscar formas de “arreglar” la realidad.

—Escúchame bien, Bob —dijo Harvey, bajando la voz a un susurro sibilante—. Quiero que empieces a llamar a todos nuestros contactos en la prensa. Llama a los críticos de Nueva York, a los del Village Voice, a los del Times. Recuérdales quién les da acceso a las fiestas de los Óscar. Recuérdales quién les filtra las exclusivas de los proyectos de Tarantino.

—¿Qué quieres que haga, Harvey? Las reseñas ya han salido y no son buenas.

—¡Me da igual! —bramó—. ¡Diles que escriban nuevas columnas de opinión! Que digan que nuestra película es una “obra de arte incomprendida” que requiere una segunda visión. Y más importante… quiero que empiecen a atacar la película de Relish. Buscad algo. ¡Lo que sea! Decid que es una copia barata de Spielberg, decid que es misógina porque pone a una mujer en peligro constante, decid que los efectos especiales son mediocres. ¡Inventad algo, maldita sea!

—Harvey, no hay rumores malos —respondió Bob con frustración—. La película es impecable técnicamente y el mensaje emocional sobre la madre es tan fuerte que incluso las asociaciones de mujeres la están alabando. Relish es un búnker. No hay por dónde entrarle.

Harvey sintió una punzada de dolor en el pecho. La envidia lo estaba consumiendo. Lo que más le dolía no era el dinero perdido —que era mucho—, sino que no podía encontrar una debilidad en el joven director. Michael Relish no tenía escándalos grandes, se sabía que estaba con Elizabeth Banks y Naomi Watts pero esos escándalos ya pasaron y a nadie le interesaba, no tenía vicios públicos, y sus cuentas estaban más limpias que las de un banco suizo gracias a Susan.

—¡Ese chico es un robot! —gritó Harvey, tirando un cenicero de cristal—. ¡Nadie tiene tanta suerte! ¡Mañana quiero que todas nuestras salas en Nueva York tengan pósters más grandes de Brendan Fraser! ¡Si tenemos que regalar entradas para que la gente entre, las regalamos! ¡Pero no voy a dejar que los periódicos del lunes digan que un mocoso hundió a Miramax!

—Estamos perdiendo dinero, Harvey —advirtió Bob—. Disney no va a estar feliz si usamos el presupuesto de marketing para comprar reseñas que nadie va a creer. Quizás deberíamos aceptar que esta vez nos ganó y esperar a que se equivoque con su película de las cuatro mujeres.

Harvey se quedó en silencio, respirando con dificultad. Miró por la ventana hacia el horizonte de Manhattan. En su mente, Michael Relish no era un cineasta; era un virus que estaba alterando las reglas que él mismo había ayudado a crear.

—No voy a esperar, Bob —dijo Harvey con una frialdad gélida—. Relish cree que el éxito de taquilla lo hace intocable. Cree que porque Fox le paga millones ya es uno de nosotros. Pero no lo es. Es un extraño. Un intruso que cree que el cine se trata de “conectar con la gente”. El cine se trata de poder, Bob. Y yo todavía tengo el poder de hacerle la vida imposible en esta ciudad.

Colgó el teléfono con violencia. Se sentó en su silla y miró el póster de su película de fracaso. Por un momento, sintió una sombra de duda, pero su ego la aplastó de inmediato. En su mente, él seguía siendo el rey de Hollywood, y Michael Relish solo era un tiburón que pronto se quedaría sin agua.

—Disfruta de tu fin de semana, Michael —susurró Harvey a la oficina vacía—. Pero recuerda que los imperios no se caen por un solo golpe. Se caen desde adentro. Y yo voy a encontrar la grieta en el tuyo, aunque sea lo último que haga.

Mientras Harvey se consumía en su propia bilis en Nueva York, las noticias del éxito de Michael ya estaban cruzando el Atlántico. La industria entera estaba recibiendo el mensaje: el poder estaba cambiando de manos.

Harvey Weinstein, el hombre que una vez pudo hundir carreras con una sola llamada, acababa de descubrir que sus gritos no podían detener a una audiencia que había decidido amar a un nuevo ídolo. El naufragio de Miramax ese fin de semana de abril no fue solo financiero; fue el inicio del fin de su hegemonía moral sobre el cine. Y lo peor para Harvey era saber que, mientras él gritaba en la oscuridad de su oficina, Michael Relish probablemente estaba celebrando en la luz, rodeado de éxito y de una visión del futuro que Harvey simplemente no podía comprender.

Santa Mónica, California – Lunes 1 de Mayo de 1995

El lunes por la mañana en Hollywood no suele ser un momento de celebración, sino de autopsias. Los ejecutivos de todos los estudios se encierran en sus búnkeres para analizar los restos del fin de semana, buscando explicaciones para los fracasos y justificaciones para los éxitos. Sin embargo, en el edificio de Relish Productions, el ambiente era de una serenidad casi monacal. Michael Relish sabía, incluso antes de recibir el informe oficial de Rentrak y Fox, que el mundo acababa de cambiar.

Susan entró en la oficina principal a las 9:00 AM en punto. Llevaba una carpeta de color azul oscuro, el color institucional de 20th Century Fox. No dijo nada al principio; simplemente colocó el reporte sobre el escritorio de Michael.

Michael abrió la carpeta. Los datos eran una oda a la eficiencia cinematográfica y a la conexión emocional con la audiencia.

Viernes 28 de Abril: $15,523,412

Sábado 29 de Abril: $13,365,210

Domingo 30 de Abril: $11,872,904

Total del Fin de Semana de Apertura: $40,761,526

Michael leyó las cifras dos veces. En el contexto, recaudar más de 40 millones de dólares en tres días con una película de suspenso original, clasificada para mayores de 13 años (PG-13) y con una sola protagonista, era una anomalía estadística. Para ponerlo en perspectiva, el presupuesto de producción de The Shallows había sido de aproximadamente 50 millones de dólares. Michael había recuperado el 70% del costo de producción y parte del marketing.

—Es un triunfo absoluto, Michael —dijo Susan, sentándose frente a él—. Fox ha emitido un comunicado interno calificando esto como el “Milagro de Abril”. El descenso del sábado al domingo fue mínimo, apenas un 11%. Eso indica que el boca a boca es tan fuerte que la gente no está esperando al próximo fin de semana; están yendo ahora mismo.

Para entender la magnitud del logro de Michael, era necesario mirar qué más había en las carteleras ese fin de semana. El 28 de abril de 1995 no fue una fecha “vacía”; hubo competencia real, pero Michael la barrió del mapa.

The Shallows (Fox/Relish): $40.76 millones.

While You Were Sleeping (Mientras dormías): La comedia romántica de Sandra Bullock, en su segunda semana, se mantuvo fuerte con unos respetables $10 millones, pero quedó a una distancia sideral de Michael.

Village of the Damned (El pueblo de los malditos): El remake de John Carpenter para Universal fue el gran perdedor. A pesar de tener a Christopher Reeve, solo logró recaudar $3.4 millones en todo el fin de semana. El público rechazó el horror clásico y estático en favor del suspenso visceral de Michael.

The Passion of Darkly Noon (Miramax): El proyecto de Harvey Weinstein fue, como Susan predijo, un cadáver en la orilla. No llegó ni a los $150,000 dólares en su estreno limitado. La humillación para Miramax era total.

—Hemos canibalizado el mercado de suspenso y terror —analizó Michael, cerrando la carpeta—. Carpenter es una leyenda, pero su película se siente como el pasado. La nuestra se siente como el ahora. El público ha elegido la inteligencia de Nancy sobre los tropos antiguos del cine de género.

+———————–+

En las oficinas de 20th Century Fox, Joe Roth y Tom Sherak estaban viviendo el momento más dulce de sus carreras. El lunes por la mañana, las acciones de News Corp (dueña de Fox) mostraron una tendencia al alza gracias al éxito imprevisto.

—¡Es el debut más grande de la historia para un director de su edad! —gritaba Sherak por su teléfono de línea—. ¡Y el multiplicador es demencial! Si mantenemos este ritmo, cerraremos por encima de los 120 millones solo en territorio nacional. Michael Relish nos ha dado el margen de beneficio, haciendo recuperar lo que gastamos en el y subiendo más nuestra acciones.

Para los ejecutivos, lo más impresionante era que la película se había vendido sola tras el primer tráiler. Michael había optimizado cada dólar. No hubo necesidad de re-grabaciones costosas ni de campañas de marketing desesperadas de último minuto. El producto era sólido.

—Lo que más me asusta —comentó un ejecutivo de finanzas en la reunión de Fox— es que ahora tenemos que pagarle a Michael sus bonos por hitos de taquilla. El contrato dice que si superaba los 30 millones en el primer fin de semana, su porcentaje de participación aumentaba.

—Págale con una sonrisa —respondió Joe Roth—. Michael Relish acaba de demostrar que teníamos razón en comprar corta biblioteca. Si ese chico quiere hacer una película sobre hormigas que hablan, le daremos el dinero. Ha vencido a los Weinstein, ha vencido a Universal y ha hecho que Spielberg nos llame para felicitarnos.

Michael no se dejó llevar por los gritos de júbilo que seguramente resonaban en todo Los Ángeles. Se levantó y caminó hacia su ventana. Sin redes sociales, el éxito de una película dependía de la conversación en las cafeterías, en las oficinas y en las escuelas.

Él sabía que había tocado una fibra sensible. Al reemplazar los elementos de su vida pasada (teléfonos inteligentes, GPS) con elementos táctiles y emocionales (la foto de la madre en la billetera, el reloj analógico, la cámara Nikon), había creado una película que se sentía atemporal pero perfectamente anclada en su época.

—Susan, ¿qué dicen las críticas de hoy? —preguntó Michael sin darse la vuelta.

—El Los Angeles Times dice que has “redefinido el suspense para la generación de finales de siglo” —leyó Susan—. El New York Times, que suele ser más duro, ha elogiado la “sobriedad técnica” y la actuación de Cameron Diaz, llamándola el descubrimiento actoral del año. Incluso dicen que la subtrama de la madre es lo que separa a esta película de ser un simple “slash de monstruos” para convertirla en un estudio sobre el duelo.

Michael asintió. Ese era el objetivo. Quería que la gente saliera del cine sintiendo que habían visto una lucha por la vida, no solo una muerte violenta. La emoción de Nancy, su miedo transformado en resolución al pensar en los buenos momentos con su madre, había sido la clave del éxito del domingo. El público volvió porque quería experimentar esa catarsis de nuevo.

Con 40 millones de dólares en el primer fin de semana, la posición de Michael era inexpugnable. Su capital estaba creciendo y, lo más importante, su reputación como “garante de éxito” estaba sellada con sangre y taquilla.

—Fox está tan alegre que ya están preguntando por el estreno internacional —continuó Susan—. Creen que en Europa y Asia, donde el surf y el turismo de playa son grandes, la película podría duplicar los números nacionales. Estamos hablando de una recaudación global que podría acercarse a los 300 millones de dólares.

Michael se dio la vuelta y se sentó de nuevo. La cifra de 300 millones en los 90s era el territorio de los pesos pesados. Con ese nivel de éxito, Michael sigue subiendo como un buen director.

—Diles a los de Fox que celebren —dijo Michael con una sonrisa tranquila—. Pero recuérdales que mañana tenemos la reunión para mi próximo proyecto. Quiero que vean los números de hoy y entiendan que cuando les pido control creativo total sobre la “película de mujeres”, no es una sugerencia. Es la condición que tengo para los siguientes dos proyectos que tengo para ellos.

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Mientras los periódicos imprimían las tablas de taquilla que mostraban a The Shallows en el número uno indiscutible, Michael ya estaba pensando en el siguiente paso. Había ganado la batalla de abril. Ahora, era el momento de construir el imperio que duraría décadas.

—Susan, avisa a mis guionistas —concluyó Michael—. El éxito de hoy es gasolina para los proyectos de mañana. Que vengan a primera hora. Vamos a conversar el futuro de Omnisciente.

El despacho de Relish Productions quedó en silencio, pero el eco de los 40 millones de dólares seguía resonando en cada rincón de la industria. Michael Relish seguía teniendo éxito en la colina de Hollywood.

Sede de Relish Productions (Futuro Fox R. Studio) – 1 de Mayo de 1995

Michael Relish observaba el horizonte de Los Ángeles desde su balcón privado. Sabía que su versión de The Shallows era técnicamente superior a la que existía en sus recuerdos del futuro. Al evitar el CGI prematuro de los años 2010 y apostar por un tiburón mecánico animatrónico de última generación —diseñado con la textura y el peso de un depredador real—, había eliminado esa sensación de “videojuego” que a veces lastraba a las producciones modernas. En los 90s la gente veía en pantalla era físico, tangible y aterrador.

Susan entró con una carpeta que contenía los estados financieros finales de la transición. La venta de Relish Productions a 20th Century Fox se había completado oficialmente. El estudio ahora pasaría a llamarse Fox R. Studio, una división donde Michael mantendría el control creativo pero bajo el paraguas financiero de Fox en los siguientes dos proyectos de Fox R. Studio y uno que cuando el quiera uno de la biblioteca de Fox con sus condiciones.

—El papeleo ya terminó por completo —dijo Susan, entregándole el extracto bancario—. Después de la valoración de la marca, los derechos de la pequeña biblioteca son de Fox.

Michael asintió, se sentó y tomó un guion encuadernado en azul. Era su próximo proyecto, la película de suspenso psicológico protagonizada exclusivamente por mujeres, el proyecto que Fox tanto temía pero que ahora, tras los 40 millones del fin de semana, no podían rechazar.

—Es hora de empezar el casting —dijo Michael con firmeza—. Quiero que Elizabeth sea nuestra protagonista. Tiene esa vulnerabilidad que se transforma en acero, ideal para el papel de la líder del grupo. Cameron pienso que su hermana sería ideal para ella pero ella tiene que decidir; después de The Shallows, el público querrá verla en un papel donde pueda mostrar esa química familiar.

Susan anotó los nombres. Sabía que Elizabeth Banks estaba mejorando un poco profesionalmente y que la combinación con Cameron Diaz sería explosiva en taquilla.

—Necesitamos a las otras dos amigas —continuó Michael—. Quiero a alguien con una energía diferente. Llama a los agentes de Jennifer Connelly y Neve Campbell. Jennifer tiene esa intensidad dramática que necesitamos para el personaje más inestable, y Neve está empezando a destacar en televisión; tiene esa imagen de “chica de al lado” que el público adora.

Michael suspiró al pensar en Naomi. Ella no podría formar parte de este proyecto, pero no por falta de interés, sino por un éxito propio que Michael había ayudado a cultivar discretamente.

—¿Cómo va lo de Naomi? —preguntó Michael.

—Ha sido confirmada oficialmente —respondió Susan con una sonrisa—. El casting de Jerry Maguire fue un éxito total. Cameron Crowe quedó impresionado con su química junto a Tom Cruise. Empezarán a rodar pronto. Es el papel que la lanzará al estrellato masivo de serie A.

Michael asintió. Sabía que ese papel era vital para Naomi. Mientras él construía su estudio, ella estaba construyendo su propia leyenda de la mano de los mejores directores de la industria. No quería que ella fuera solo “la actriz de Michael Relish”; quería que fuera la actriz de Hollywood.

Michael se centró de nuevo en su película.

—Para el resto del elenco, quiero caras que denoten autoridad pero que resulten inquietantes. Buscad a Frances McDormand para el papel de la madre en los flashbacks, y quiero que Viggo Mortensen tenga un cameo breve pero impactante como el detonante del conflicto inicial.

—Es un elenco muy caro, Michael —advirtió Susan—. Fox va a chillar por el presupuesto de salarios.

—Que chillen —replicó Michael con frialdad—. Acaban de ganar 40 millones en tres días gracias a mí. Además, ahora tengo 542 millones en mi cuenta. Si Fox no quiere pagar el casting que quiero, lo financiaré yo mismo a través de mi cuenta y me quedaré con un mayor porcentaje de la propiedad intelectual. Diles eso y verás qué rápido firman los cheques.

Michael miró el nuevo logo que habían diseñado para la oficina. Fox R. Studio. Era un nombre que combinaba el poder de la corporación con su propia identidad. Aunque todavía no renunciaría —necesitaba la infraestructura de Fox, mientras hacia su primera fase de adquisición de Trimark—, ya estaba operando como un ente independiente.

—Prepara la oficina de los guionistas de Omnisciente —ordenó Michael—. Mañana revisaremos cómo integrar el éxito de la película en el marketing de los cómics. Quiero que en el próximo número de Ben el Legado haya una referencia visual a la playa de The Shallows. Sinergia total, Susan.

El día terminaba con Michael Relish en una posición de poder absoluto. Tenía el dinero, tenía el éxito de crítica, tenía a las mejores actrices del momento en su círculo y tenía un plan que nadie en Hollywood era capaz de ver todavía.

Mientras la ciudad hablaba de los 40 millones de dólares, Michael ya estaba visualizando las escenas de su próxima película. Sabía que el suspenso psicológico femenino era un género que, bien manejado, podía ser tan lucrativo como cualquier película de acción. Y con Elizabeth y Cameron liderando el reparto, estaba convencido de que volvería a romper la banca.

—Mañana empezamos las lecturas de guion —concluyó Michael—. Susan tienes los guiones revisada, yo mismo me encargaré de entregar los guiones a Elizabeth y Cameron esta noche. Quiero que sientan que este proyecto es más personal que The Shallows. Vamos a mostrarle al mundo que no necesito un tiburón para mantener a la gente pegada a sus asientos. Solo necesito una buena historia y a las mujeres adecuadas para contarla.

Michael salió de la oficina, dejando atrás los reportes de taquilla. Su mente ya estaba en el set de rodaje, en el encuadre perfecto y en el próximo gran golpe que daría en la mesa de la industria.

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Ojalá le guste está historia. Intentaré subir tres capitulo por semana (este sería el segundo), si les gusta comenten, estoy viendo que me conviene al escribir de diferentes formas. Ya sea muy rápido, con sistema o ahora este un poco serio. Like si te gusta

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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