En Hollywood. - Capítulo 60
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Capítulo 60: Capítulo 59
Capítulo 59: El Precio del Oro
Bel Air, Los Ángeles – 1 de Enero de 1996
El primer amanecer de 1996 no trajo la calidez que Elizabeth Banks esperaba.
Sentada en la cocina de su nueva residencia, una casa elegante pero extrañamente silenciosa comparada con el bullicio creativo de la mansión de Michael, Elizabeth observaba el vapor de su café. El éxito de OBLIVION estaba en todas partes, pero ella se sentía como si hubiera saltado de un tren en marcha justo antes de llegar a la estación de la gloria.
La puerta sonó. Su agente habitual, aquel que la había acompañado en su ascenso con Michael, entró seguido de un hombre cuya sola presencia enfriaba la habitación: Richard Lovett, uno de los pilares de CAA.
—Has hecho lo correcto, Elizabeth —dijo Lovett, sentándose frente a ella sin esperar invitación—. El mundo del espectáculo tiene una memoria corta para los escándalos, pero una muy larga para la falta de seriedad. Al dejar a Relish, has salvado tu carrera de ser una nota al pie de página en su biografía.
Mientras Elizabeth tomaba un sorbo de café, su mente viajó el mes pasado, a una sesión de fotos promocional para OBLIVION. Fue el momento en que la grieta comenzó a formarse.
Elizabeth acababa de terminar sus tomas individuales. Se sentía poderosa, hermosa y validada. Sin embargo, al salir del set, se encontró con la figura imponente de un alto ejecutivo de CAA que la esperaba en las sombras del estudio.
—Una actuación magistral, Elizabeth —le dijo el hombre, entregándole una copa de agua—. Pero tengo una pregunta: ¿Quieres ser la actriz de Michael Relish o quieres ser una Leyenda de Hollywood?
Elizabeth, confundida, respondió que estaba feliz con su carrera y con Michael. Pero el ejecutivo de CAA no se inmutó.
—Escúchame bien. Podemos hacer que ganes el Globo de Oro. Podemos inundar los medios con un marketing que te posicione como la nueva “Meryl Streep”. Pero la Academia es conservadora. Los votantes de los Globos de Oro son antiguos. Si sigues en esa… configuración poliamorosa, si compartes tu vida con otras dos mujeres bajo el mismo techo, nunca te tomarán en serio. Serás vista como un juguete de lujo de un director excéntrico, no como una artista.
En ese momento, el cerebro de Elizabeth entró en una guerra civil.
Se quedó callada y pensó ‘Tiene razón. En Hollywood, las mujeres que triunfan son las que proyectan una imagen de elegancia y exclusividad. Si sigo con Michael, siempre seré ‘una de las chicas de Relish’. Nunca seré Elizabeth Banks, la ganadora del Oscar’.
Pero su corazón ‘Pero él creyó en mí cuando nadie más lo hizo. Me dio el papel de mi vida en OBLIVION. Me enseñó a actuar con verdad. No puedo traicionarlo por una estatuilla de oro”.
El agente de CAA le entregó una tarjeta dorada.
—Si decides que quieres el oro por encima del afecto compartido, llámame. Relish es un genio, pero es un genio que te está frenando para que él brille más.
Durante semanas, esa conversación fue un parásito en su mente. Por las noches, cuando estaba con Michael, Naomi y Cameron, Elizabeth se sentía una impostora. Miraba a Michael y sentía un amor profundo, una gratitud eterna por haber sido el primero en apostar por ella. Pero luego veía a Naomi y Cameron, y la lógica de CAA resonaba: “Eres una entre tres. Tu valor se divide por tres”.
Cada vez que Michael hablaba de sus éxitos en taquilla, su cerebro le recordaba: “Eso es éxito para él. ¿Dónde está tu reconocimiento individual?”. El deseo de ser “la única”, de tener un hombre que solo la mirara a ella y una industria que la respetara sin condiciones, terminó por asfixiar el amor que sentía.
De vuelta en el desayuno de Año Nuevo, Lovett puso un documento sobre la mesa de granito. El agente actual de Elizabeth lo tomó, esperando ver un plan de marketing, pero su rostro palideció al leer el encabezado.
—¿Qué es esto? —preguntó el agente con la voz temblorosa—. Elizabeth… ¿te vas a CAA? ¡Yo te traje hasta aquí! ¡Hemos trabajado con Michael para hacerte una estrella!
—Es lo mejor para mí —dijo Elizabeth, evitando mirar a los ojos a su antiguo colaborador—. Michael es… Michael. Pero CAA puede darme la maquinaria que necesito ahora que estoy sola. No puedo ganar los Globos de Oro siendo la “ex” de alguien que todavía vive con sus otras novias. Necesito una limpieza de imagen total.
El agente estalló en furia, arrugando los papeles.
—¡Es una traición, Elizabeth! ¡Michael te dio todo! CAA solo te quiere para usarlo en su contra. ¡Te están convirtiendo en un arma política contra el hombre que amas!
—¡Basta! —sentenció Lovett con autoridad—. El contrato está firmado. Elizabeth ahora es cliente de CAA. A partir de hoy, la narrativa cambia. Ella no es la creación de Relish; ella es la actriz que sobrevivió a Relish.
Elizabeth cerró los ojos. Por un segundo, el rostro de Michael en la última cena de Navidad pasó por su mente. Sintió un nudo en la garganta, pero lo tragó. Hollywood no perdonaba la debilidad, y ella acababa de vender su lealtad por la posibilidad de tocar el cielo con sus propias manos.
—Ya no hay vuelta atrás —susurró Elizabeth para sí misma—. Michael será en el futuro el mejor director, pero yo seré la mejor actriz. Y para lograrlo, tengo que dejar de ser su sombra.
CAA había ganado. No solo habían separado a Michael de una de sus mujeres, sino que habían reclutado a la protagonista de su mayor éxito para que fuera el rostro de su contraataque. La guerra acababa de comenzar, y el primer disparo lo había dado la mujer que Michael más quería proteger.
Tokio / Osaka, Japón – tardé – 1 de Enero de 1996
Mientras Elizabeth Banks firmaba su sentencia de alejamiento emocional en Bel Air, el teléfono de Dylan en Tokio vibraba con una urgencia que no entendía de festivos. Era el agente de WMA que acababa de ser despedido por Elizabeth. La voz al otro lado de la línea era una mezcla de incredulidad y rabia contenida.
—Dylan, se ha ido. Elizabeth ha firmado con CAA —le soltó el agente sin preámbulos—. Lovett estuvo allí. Han montado una narrativa de “supervivencia”. Van a usar los Globos de Oro para golpear a Michael.
Dylan, que estaba terminando de anudarse la corbata frente al espejo para su reunión con Capcom, guardó silencio un segundo. Suspiró, cerrando los ojos.
—Era de esperarse, Mark. Hollywood es un nido de víboras y CAA sabe dónde morder. Dile a Michael lo que ha pasado; yo no tengo tiempo ahora. Estoy a punto de entrar en la boca del lobo en Osaka. Si consigo lo que busco, Michael tendrá juguetes nuevos con los que olvidar este desplante.
Dylan colgó. Aunque le dolía por Michael, su mente estaba en modo de guerra empresarial. Su estadía en Japón, originalmente planeada para tres semanas, se había extendido indefinidamente. Había encontrado algo que “el Arquitecto” no podía dejar pasar: Biohazard.
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Horas más tarde, Dylan se encontraba en una sala de juntas minimalista en las oficinas de Capcom en Osaka. Frente a él, los ejecutivos japoneses y el propio Shinji Mikami lo observaban con una mezcla de respeto y sospecha. No estaban acostumbrados a que un tipo de Hollywood apareciera meses antes del lanzamiento de un juego para reclamar los derechos de una película.
Las negociaciones habían llegado a un punto muerto el día anterior, pero Dylan tenía sus propias instrucciones claras todo para Michael: “No vuelvas sin el contrato, cueste lo que cueste”. Se dijo así mismo entre murmullo.
—Entendemos el prestigio del señor Relish —dijo el portavoz de Capcom a través del intérprete—, pero Biohazard es nuestra propiedad más ambiciosa. No podemos simplemente entregar las llaves de la mansión.
Dylan se inclinó hacia adelante, golpeando suavemente la mesa con su bolígrafo.
—El señor Relish no quiere las llaves, quiere construir el vecindario. Aquí está nuestra oferta final.
Tras un estira y afloja que duró horas, Dylan logró arrancar un acuerdo que, aunque costoso, blindaba el futuro de la franquicia para Michael. Los términos eran draconianos, reflejando la desconfianza japonesa hacia el sistema de estudios estadounidense:
El Pago Inicial: Michael Relish pagaría 1 millón de dólares solo por la opción de compra de los derechos durante un periodo de 6 años.
La Cláusula de Producción: Michael está obligado a producir una película en los primeros 3 o 4 años. Si no hay cámaras rodando para entonces, los derechos regresan a Capcom sin reembolso.
Renovación Exclusiva: Si Michael desea mantener los derechos pero necesita más tiempo, deberá pagar otro medio millón de dólares por una extensión de 2 años adicionales.
Participación en Beneficios: Capcom recibirá el 8% de la recaudación total en taquilla (un porcentaje alto para la época).
Merchandising y Control: Michael solo recibiría el 30% de las ganancias por merchandising derivado de las películas. Además, el control creativo sería compartido: Shinji Mikami actuaría como consultor obligatorio para asegurar que la “esencia” del terror no se perdiera.
Dylan sabía que estas condiciones eran casi un insulto para cualquier otro director, pero Michael le había dado luz verde. En los 90s, nadie creía que las películas de videojuegos valieran millones de dólares en derechos; Capcom pensaba que le estaban quitando el dinero a un “americano loco”, mientras que Dylan sabía que estaban comprando una mina de oro por centavos.
—Aceptamos —dijo Dylan con firmeza—. En tres días tendremos los documentos listos para la firma oficial.
Al salir de la sede de Capcom, Dylan se estiró bajo el frío aire de Osaka. Sus articulaciones crujían tras horas de inmovilidad. Estaba agotado, pero la adrenalina de la victoria lo mantenía en pie. Miro la hora eran casi las 1 de la madrugada, caminó hacia una cabina telefónica para llamar a Alabama, donde Michael todavía estaba procesando la noticia de Elizabeth.
—Michael, soy Dylan —dijo cuando escuchó la voz de su cliente—. Tenemos a los zombies. Capcom ha aceptado, aunque nos han apretado las tuercas con el merchandising y la consultoría de Mikami.
Escuchó un silencio al otro lado de la línea. Michael sonaba cabizbajo, distante.
—Buen trabajo, Dylan —respondió Michael con una voz carente de su energía habitual—. Un millón es un precio justo por el futuro. Asegura esos tres días para la firma. No dejes que Sony o nadie más se acerque a esa oficina.
Dylan no mencionó a Elizabeth. Sabía que Michael lo sabía todo. No era el momento de dar sermones sobre la lealtad en Hollywood.
—Regresaré pronto, Michael. Enfócate en Get Out. Deja que el mundo hable lo que quiera de las rupturas; cuando vean lo que estamos preparando en Japón, se olvidarán de quién duerme en tu cama y se preguntarán cómo eres dueño de todo lo que ven.
Dylan colgó. Mientras caminaba hacia la estación de tren, se dio cuenta de que Michael estaba empezando a aprender la lección más dura en Hollywood: para construir un imperio que dure mil años, a veces hay que estar dispuesto a caminar solo por los pasillos de tu propia mansión. Capcom era solo el principio de la “Fase de Expansión del arquitecto”, y Dylan estaba listo para ser el general de esa conquista, intentando buscar más IP para el arquitecto.
Oficinas de Miramax, Nueva York – 1 de Enero de 1996
Mientras el mundo celebraba el inicio de un nuevo año, en una oficina privada decorada con madera oscura y pesadas cortinas de terciopelo, se gestaba una conspiración. Harvey Weinstein, con su habitual camisa desabotonada y un puro a medio terminar, presidía una mesa donde se sentaban los arquitectos del viejo Hollywood: Richard Lovett de CAA y Bob Weinstein, el hermano de Harvey, encargado de los números y la logística sucia de Miramax.
Sobre la mesa no había guiones, sino listas de nombres de los votantes de la HFPA (Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood) y de la Academia.
—Lo logramos, Harvey —dijo Lovett, dejando caer una copia del contrato de Elizabeth Banks sobre la mesa—. La chica está fuera del complejo de Relish. Ya es nuestra. Se siente vulnerable, cree que necesita protección y le hemos vendido la idea de que solo nosotros podemos darle el estatuilla.
Harvey soltó una carcajada ronca que terminó en una tos seca.
—Esa es la clave, Richard. El chico maravilla se quedó sin su musa principal. Pero no basta con quitársela; hay que usarla para quemarlo vivo. Si Elizabeth gana el Globo de Oro, la narrativa en los periódicos mañana no será “La actriz de Relish triunfa”, sino “Banks brilla tras liberarse del control de Relish”.
Bob Weinstein intervino, ajustándose las gafas mientras revisaba una hoja de gastos de publicidad.
—Tenemos que movernos rápido con las proyecciones de prensa —dijo Bob—. He reservado tres salas privadas en el hotel Four Seasons solo para los miembros de la HFPA. Vamos a llenarlos de champán y caviar. Les diremos que Elizabeth tuvo que soportar un “entorno creativo tóxico” para lograr esa actuación en OBLIVION. Si ella gana, le daremos el crédito a su “resiliencia personal” y al marketing de Miramax, no a la dirección de Michael.
Richard Lovett se inclinó hacia adelante. Su objetivo no era solo elevar a Elizabeth, sino hundir a Michael en las categorías de Director y Película.
—Hablemos de las nominaciones a los Oscar —propuso Lovett—. Relish tiene cinco en los Globos de Oro. Eso le da impulso. Tenemos que cortarle las piernas antes de que lleguen las papeletas de la Academia en febrero. Mi plan es “Saturación y Desgaste”.
—Explícate —pidió Harvey, interesado.
—Vamos a usar a nuestros actores y directores veteranos en CAA —explicó Lovett—. Pondremos a gente como Warren Beatty o Dustin Hoffman a hablar en cenas privadas sobre cómo el cine de Relish es “técnicamente impresionante pero emocionalmente vacío”. Usaremos la palabra “frío”. Diremos que es un director de efectos especiales, un truco de feria, no un artista. Si logramos que la Academia lo vea como un “comercial de lujo”, se quedará solo con las nominaciones técnicas. Nominado a Efectos Visuales, quizás a Sonido… pero nada de Mejor Director o Mejor Película.
Harvey asintió, golpeando la mesa con el dedo.
—Y en los Globos de Oro, dejaremos que Relish se siente allí a mirar cómo Elizabeth sube al escenario. Quiero que se sienta como un extraño en su propia fiesta. Richard, encárgate de que el presentador haga bromas sobre su vida personal. Que la gente se ría de él. Un hombre del que la gente se ríe no gana el Oscar a Mejor Director.
Bob Weinstein propuso una mejora al plan de imagen de Elizabeth.
—Si ella gana el Globo de Oro, el discurso es vital —dijo Bob—. Ya he hablado con un redactor de discursos de confianza. Ella tiene que mencionar a CAA por “salvar su carrera” y a Harvey por “ver el potencial que otros intentaron sofocar”. Si ella ignora a Michael en su discurso, o solo le da un agradecimiento frío y profesional al final de una lista larga, lo habremos destruido públicamente.
—¿Y qué hay de las otras dos chicas? —preguntó Harvey—. La Watts y la otra… ¿Cameron?
—Son secundarias —desestimó Lovett—. Naomi Watts está jugando a ser asistente de dirección. Usaremos eso para decir que Relish no puede trabajar sin sus mujeres cerca, que es una debilidad profesional. La prensa de chismes se encargará de destruir la reputación de “genio serio” que ha construido.
Harvey se levantó y caminó hacia la ventana, mirando las calles frías de Nueva York. Se sentía poderoso. Michael Relish podía tener los millones que a él le faltaba, podía tener a los fans y eso derechos de videojuegos de Japón que a nadie le interesa, pero en este kilómetro cuadrado de poder llamado Hollywood, las reglas las ponía él.
—Relish cree que puede cambiar las reglas porque sabe lo que el público quiere —susurró Harvey—. Pero el público no vota en los Oscar. Nosotros sí. Elizabeth Banks será mi mayor trofeo este año. La haré ganar, y cuando tenga ese premio en la mano, todo el mundo sabrá que si quieres gloria eterna, tienes que venir a besarme el anillo a mí, no al Arquitecto.
Bob y Richard brindaron con whisky caro. El plan estaba trazado:
Campaña de Susurros: Desacreditar a Michael como un director “técnico y sin alma” entre los votantes veteranos.
Aislamiento: Usar la ruptura con Elizabeth para retratarlo como un hombre inestable y difícil.
Compra de Influencia: Gastar un presupuesto sin precedentes en “regalos” y “atenciones” para los votantes de los Globos de Oro.
El Triunfo Ajeno: Asegurar que Elizabeth gane y que su éxito sea atribuido exclusivamente a CAA, Fox y al padrino de los Oscar.
—Que siga grabando su película de terror en Alabama —concluyó Harvey con una sonrisa maliciosa—. Mientras él juega con cámaras en el barro, nosotros estamos tallando su tumba en el Paseo de la Fama. 1996 será el año en que Michael Relish aprenda que el dinero compra la taquilla, pero Harvey Weinstein compra la historia.
El cónclave terminó. Los buitres se habían repartido el botín antes incluso de que se abrieran los sobres. Michael Relish, el hombre que veía el futuro, estaba a punto de entrar en una emboscada que no dependía de la tecnología ni de la taquilla, sino del resentimiento y la política más rancia de la industria del cine.
Mansión Relish, Los Ángeles – 2 de Enero de 1996 – 8 de la mañana
El sol de California brillaba sobre la superficie cristalina de la piscina, ajeno a las tormentas que se gestaban en los despachos de Nueva York y en el corazón de la mansión. Michael estaba sentado en una tumbona, con la mirada perdida en el horizonte. Aunque su rostro mantenía esa máscara de serenidad que lo caracterizaba, Naomi y Cameron, que lo observaban desde la terraza, sabían que el “Arquitecto” estaba recalculando sus ‘planos’.
Michael sabía que la vida eran ciclos de subidas y bajadas. La partida de Elizabeth dolía, pero no era el fin del mundo. Sabía que sus inversiones en bolsa y tecnología eran una mina de oro, pero su disciplina interna le prohibía tocar ese capital hasta el año 2000. Ese dinero era para comprar el futuro; para vivir el presente, necesitaba que Hollywood siguiera financiando su estilo de vida para que las otras personas estén tranquilas.
Michael revisó mentalmente su calendario. Get Out terminaría su rodaje principal a finales de enero.
—Un mes para la edición… —murmuró para sí mismo—. Febrero es para el montaje. En marzo, la película estará lista.
Pero no quería un estreno convencional. Sabía que con la narrativa de “director frío” que CAA estaba intentando imponer, necesitaba un sello de aprobación artística que nadie pudiera cuestionar.
—La llevaré al Festival de Cannes —decidió.
Si lograba que una película de terror psicológico fuera aclamada en Francia, los críticos de Hollywood tendrían que tragarse sus palabras antes del estreno comercial en Estados Unidos. Era una jugada de prestigio para recuperar el terreno que Harvey Weinstein intentaba robarle.
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(Punto de vista de Cameron)
A unos metros de distancia, Cameron Diaz observaba a Michael mientras conversaba en voz baja con Naomi. Cameron, que había entrado en la vida de Michael con una mezcla de curiosidad y ambición, se sentía extrañamente protectora ese día.
—Todavía no puedo creerlo —comentó Cameron, jugueteando con su vaso de jugo—. Elizabeth parecía adorarlo. Pensé que ella era la más sólida de todas nosotros.
Naomi suspiró, recostándose en su silla. Su mirada estaba fija en Michael, analizando cada uno de sus gestos.
—Así son las cosas en Hollywood, Cam —respondió Naomi con un deje de amargura—. La gente se une por amor, pero se separa por oportunidades. Elizabeth cree que CAA le dará lo que Michael no puede: exclusividad y un premio que no esté “manchado” por su relación.
Naomi hizo una pausa, reflexionando sobre su propia situación.
—Michael nos dijo desde el primer día que podíamos irnos cuando quisiéramos. Pero desde que lo elegí, no he tenido ni un solo pensamiento de dejarlo. Él fue mi ancla. Si no fuera por la oportunidad que me dio, probablemente ya estaría de regreso en mi país, derrotada. Antes de él, incluso con mis contactos, nadie me veía como la mujer que soy ahora.
Cameron asintió, sintiendo una conexión profunda con las palabras de Naomi.
—Yo no era una desconocida cuando lo conocí —dijo Cameron—, pero Michael tiene… no sé qué es, pero es como un resplandor. Es un faro. Te atrae, te hace sentir que eres parte de algo mucho más grande que una simple película. Además —añadió con una sonrisa pícara para aligerar el ambiente—, hay que admitirlo: es guapo, jodidamente inteligente y, bueno… es muy bueno en la cama.
Naomi soltó una carcajada, asintiendo con la cabeza. —En eso no te voy a llevar la contraria.
Cameron se puso seria de nuevo, mirando su reloj. Tenía sesiones de promoción y un casting importante por la tarde.
—Escucha, Naomi —dijo Cameron—. Voy a estar muy ocupada esta semana. Te toca a ti intentar que olvide lo de Elizabeth. Mantenlo concentrado.
—No te preocupes —respondió Naomi—. Me gusta mi nuevo papel como su asistente. Es fascinante estar de ese lado de la cámara. Sigo queriendo ser actriz, me encanta actuar, pero si puedo ayudarlo a llevar su carga, lo haré. Quiero ser su apoyo en la dirección.
—Y yo lo apoyaré financieramente si alguna vez lo necesita —añadió Cameron con determinación—. No permitiré que esos buitres de Miramax piensen que lo han dejado solo.
Mientras hablaban, Naomi notó que la expresión de Michael cambiaba. Su mandíbula se tensó y empezó a tamborilear los dedos sobre la mesa, un signo inequívoco de que su cerebro ya estaba diseñando el siguiente proyecto después de Get Out.
—Mira esa cara —susurró Naomi—. Ya está planeando algo grande.
Cameron rió suavemente. —Sí, esa es la cara de “voy a conquistar el mundo”. Es mejor verlo así, concentrado y ambicioso, que verlo hundido. Michael no nació para quedarse en el suelo; nació para que el suelo se adapte a su camino.
Ambas se levantaron y se acercaron a él. Michael levantó la vista, y al verlas, la sombra de tristeza que quedaba en sus ojos se disipó. Se dio cuenta de que, aunque una pieza del tablero se había ido, las torres más fuertes seguían a su lado, listas para la batalla que comenzaría al día siguiente cuando las cámaras volvieran a rodar en el barro de Alabama.
Redacciones de Los Ángeles y Nueva York – 2 de Enero de 1996
El 2 de enero de 1996 amaneció con el olor a tinta fresca y el humo de cigarrillos en las redacciones de entretenimiento. Mientras Michael estaba en su casa dándose cuenta que tiene que seguir adelante, la noticia había llegado como una bomba de racimo a través de télex y llamadas anónimas de “fuentes cercanas a CAA”. El “Arquitecto” Michael Relish, el hombre que parecía tenerlo todo bajo control, había sufrido una grieta en su cúpula de cristal.
En las oficinas de Variety, el editor jefe Peter Bart observaba los informes de taquilla de OBLIVION junto a la nota de prensa de CAA. Para una revista que se jactaba de ser seria, el ángulo no podía ser puramente el chisme; tenía que ser el poder.
—Miren esto —dijo Bart a su equipo de redacción—. Elizabeth Banks acaba de firmar con Richard Lovett. No solo eso, ha dejado la mansión de Relish. ¿Entienden lo que esto significa para la temporada de premios?
—Significa que la campaña de OBLIVION se acaba de fracturar —respondió un joven reportero—. Si ella gana el Globo de Oro como cliente de CAA, el mérito de Michael como “creador de estrellas” queda en duda.
Bart asintió, garabateando un título en su pizarra.
—Pongan a alguien a investigar si hay problemas en el set de Get Out. Quiero un artículo que analice si la “distracción personal” afectará los plazos de su nuevo proyecto para su nueva productora Omnisciente. El título debe ser: “Cisma en el Imperio Relish: Banks firma con CAA tras ruptura sentimental”. No ataquen a Michael directamente, pero dejen caer que su modelo de “colaboración íntima” ha fallado.
Mientras tanto, en la costa este, el equipo de Page Six del New York Post no tenía el tacto de Variety. Ellos querían sangre, morbo y detalles sobre la “secta de Relish”, como algunos empezaban a llamarla en privado.
—¡Es oro puro! —gritaba la editora, agitando un cigarrillo—. ¡La rubia perfecta se escapa del harén! Teníamos fotos de ellos en Navidad pareciendo la familia perfecta y ahora esto.
—Mis fuentes en CAA dicen que Elizabeth se sentía “asfixiada” y “utilizada” para mejorar la imagen de las otras dos —mintió un reportero, repitiendo el guion que Lovett había filtrado—. Dicen que Michael le exigía que fuera una asistente más mientras él se llevaba toda la gloria.
—Perfecto —sonrió la editora—. Busquen fotos de Michael con Naomi y Cameron. Quiero el título: “¿Grietas en el Harén del Arquitecto? Elizabeth Banks huye hacia la libertad y los Globos de Oro”. Y asegúrense de mencionar que Harvey Weinstein ha sido visto cenando con el nuevo agente de Elizabeth. Sugieran que Michael está perdiendo su toque mágico.
En la revista People, el ambiente era de desconcierto. Hasta ahora, Michael Relish había sido el “chico bueno” que, aunque tenía una relación inusual, siempre se mostraba respetuoso, profesional y nada tóxico. No había reportes de gritos, ni de infidelidades ocultas, ni de abusos.
—No lo entiendo —decía una redactora senior—. Investigamos a fondo cuando empezaron su relación poliamorosa. Todo parecía ir bien. Elizabeth siempre hablaba de Michael como su mentor y su gran amor. Naomi y Cameron parecían estar de acuerdo. ¿Por qué ahora?
—CAA está moviendo los hilos —respondió otro redactor—. Dicen que Elizabeth quiere ser nominada al Oscar y que sabe que no lo logrará si sigue bajo la sombra de la vida personal de Michael. Es una jugada puramente profesional disfrazada de drama personal.
—Aun así, es una noticia triste para los fans —suspiró la redactora—. Escribiremos algo más suave. “El adiós de una musa: Por qué Elizabeth Banks decidió que su carrera era más importante que el amor de Michael Relish”. Necesitamos centrarnos en su “lucha interna” por ser tomada en serio.
Para el mediodía, los tabloides británicos como The Sun y Daily Mail ya estaban enviando corresponsales a Alabama. La narrativa estaba mutando rápidamente. Lo que empezó como una ruptura profesional se estaba convirtiendo en una “guerra de agencias”.
Varios reporteros de chismes se sorprendieron al investigar la noticia. Michael no era un hombre fácil de “cancelar” porque sus números eran demasiado altos. OBLIVION seguía haciendo millones. Sin embargo, la noticia de que Elizabeth ahora era cliente de CAA cambió la percepción de muchos.
—Si ella se fue —decían en los pasillos de Entertainment Weekly—, es porque Michael no es tan perfecto como parece. ¿Qué más oculta el Arquitecto? ¿Es verdad que Naomi Watts es ahora quien manda en el set?
A medida que avanzaba la tarde del 3 de enero, el consenso en la prensa de Hollywood era claro: Michael Relish ya no era intocable. La ruptura con Elizabeth Banks le había quitado el aura de “hombre que lo tiene todo bajo control”.
Las revistas comenzaron a planear sus portadas para la semana siguiente. Algunos querían poner a Elizabeth como la “Nueva Reina de Hollywood”, empoderada y libre. Otros querían poner a Michael con un titular de “El Arquitecto Solitario”. Pero todos coincidían en algo: el fin de año de 1995 había sido el último momento de paz para Michael.
—Mañana en el set de Alabama —concluyó un fotógrafo de paparazzi mientras preparaba sus lentes de largo alcance—, Michael tendrá que dar la cara. Y cuando lo haga, cada gesto, cada mirada a Naomi o a los actores, será analizada como si fuera una escena de sus propias películas. El Arquitecto va a descubrir que, fuera de su set, él no tiene el guion en sus manos.
La maquinaria de chismes estaba lista. El 3 de enero, el mundo despertaría con la imagen de Michael Relish no como el director invencible, sino como el hombre que perdió a su estrella más brillante en el momento más importante. CAA y Harvey habían ganado la primera batalla de la guerra de opinión pública sin haber disparado un solo flash de cámara todavía.
Sede de WMA, Beverly Hills / Mansión Relish – 2 de Enero de 1996
Mientras las redacciones de chismes afilaban sus cuchillos, en la sede de la William Morris Agency (WMA), el ambiente era de crisis absoluta. El jefe de departamento de relaciones públicas observaba con horror cómo el monitor de noticias confirmaba lo que Dylan había temido: Elizabeth Banks no solo se había ido, sino que CAA estaba preparando un desfile de desprestigio contra Michael Relish justo antes de los Globos de Oro.
—Si dejamos que CAA controle la narrativa, Michael perderá sus posibilidades como director este año —sentenció el jefe de prensa de WMA—. No podemos permitir que lo pinten como un “tirano del harén”. Tenemos que contraatacar con hechos, no con sentimientos.
WMA puso a funcionar su propia maquinaria. Empezaron a enviar notas de prensa “exclusivas” a los contactos de mayor confianza en la industria cinematográfica. El ángulo de WMA fue quirúrgico:
Profesionalismo en el Set: Filtraron que el rodaje de Get Out en Alabama estaba adelantado en su cronograma, demostrando que Michael no estaba distraído.
Se envió información sobre cómo Naomi, lejos de ser una víctima, había decidido voluntariamente dejar de actuar temporalmente para convertirse en la Asistente de Dirección de Michael. “Una muestra de lealtad y crecimiento profesional en Omnisciente Studios”, rezaba el comunicado.
Para desviar la atención del drama amoroso, WMA anunció que Michael acababa de asegurar nuevos derechos de propiedad intelectual en Japón (sin nombrar a Resident Evil aún para mantener el misterio) y que el anime de Pocket Monsters ya estaba en fase final de producción.
—Queremos que el mundo vea a un hombre de negocios expandiendo un imperio, no a un hombre llorando por una ruptura —concluyó el equipo de WMA.
Mientras tanto, en la mansión de Michael, el ambiente era extrañamente doméstico. Michael estaba sentado en el sofá de la sala multimedia con Naomi a un lado y Cameron lista para salir. Estaban viendo un especial de noticias de fin de año cuando el teléfono personal de Michael comenzó a sonar con insistencia.
Era Dylan, llamando desde Japón con la confirmación definitiva de la traición.
—Michael, lo siento —dijo Dylan a través de la línea estática—. Se ha confirmado. Elizabeth ha firmado con CAA. Richard Lovett está moviendo cielo y tierra para presentarla como una “superviviente”. Van a intentar robarte el crédito de su actuación en los Globos de Oro.
Michael escuchó en silencio, manteniendo la vista fija en la pantalla de televisión donde, irónicamente, pasaban un avance de OBLIVION. Naomi y Cameron se tensaron al notar la rigidez en los hombros de Michael.
—Entiendo, Dylan —respondió Michael con una calma que resultaba casi inquietante—. Déjalos que hablen. No voy a entrar en una guerra de barro con Elizabeth. Si ella cree que CAA le dará la gloria que busca, está bien que lo intente le deseo suerte.
—Michael……, WMA está intentando frenar el golpe, pero Lovett es agresivo —advirtió Dylan—. Van a decir cosas feas de ti.
—Que digan lo que quieran. La calidad de mis películas hablará por mí cuando se apagan las luces del cine. Termina tus negocios en Japón y vuelve a casa. Te necesito aquí para el cierre de Get Out.
Al colgar el teléfono, Michael se quedó mirando el aparato durante un largo minuto. Naomi le puso una mano en el hombro, mientras Cameron le tomaba la mano.
—¿Qué ha pasado realmente? —preguntó Naomi suavemente.
—Se ha ido con CAA —respondió Michael—. Lovett la convenció de que soy un obstáculo para sus premios. Van a intentar hacerme quedar como el villano de la historia para que ella gane el Globo de Oro con una narrativa de “empoderamiento”.
Cameron soltó un bufido de desprecio.
—Esa estúpida. ¿Cree que Lovett la quiere por su talento? Solo la quieren para golpearte a ti.
Michael negó con la cabeza.
—En este momento no puedo hacer nada, y la verdad, no quiero hacer nada. No voy a dar declaraciones, no voy a pelear por ella en la prensa. Si ella eligió ese camino, que lo recorra sola. Así como yo o ustedes elegimos nuestro propio camino y seguiremos adelante.
Miró a las dos mujeres que seguían a su lado. Naomi, que había dejado su carrera de actriz en pausa para ayudarlo en la dirección, y Cameron, que estaba dispuesta a poner su propia fortuna y reputación en juego por él.
—Solo me queda una cosa por hacer —continuó Michael—. Mañana volvemos a Alabama. Voy a terminar Get Out. Voy a hacer que esa película sea tan jodidamente perturbadora y perfecta que nadie pueda hablar de mi vida privada porque estarán demasiado ocupados gritando en las salas de cine. Mi respuesta a Harvey y a CAA no será un comunicado de prensa. Será mi próxima obra.
Naomi se acurrucó contra él.
—Estamos contigo, Michael. No importa lo que digan esas revistas mañana. Yo estaré a tu lado en el set, asegurándome de que cada toma sea lo que tú imaginas.
—Y yo estaré aquí para cuando vuelvas, o en las alfombras rojas para que vean que el “Arquitecto” no está solo —añadió Cameron con firmeza.
Michael cerró los ojos por un momento, sintiendo el calor de ambas. Sabía que el 3 de enero sería un día difícil. El asedio de los paparazzi sería brutal en el aeropuerto y en la entrada del set. Pero dentro de su mente, el diseño de la fase final de Get Out ya estaba tomando forma.
—Mañana —dijo Michael levantándose—, dejamos de ser celebridades y volvemos a ser cineastas. No quiero oír el nombre de Elizabeth en el set. Solo quiero oír “acción” y “corte”.
Esa noche, Michael no durmió mucho. Pasó las horas revisando el guion de la escena final de la película, perfeccionando los diálogos de Chris y los Armitage. Sabía que la mejor venganza en Hollywood no era el odio, sino la excelencia absoluta. Mientras CAA celebraba su “captura”, Michael Relish estaba convirtiendo su dolor en una de las películas de terror más icónicas de la década. El Arquitecto estaba de vuelta, y esta vez, no construiría una casa de cristal, sino una fortaleza de celuloide.
Residencia Relish, Malibú – Los Ángeles – 3 de Enero de 1996, 01:15 AM
El silencio en la mansión era absoluto, roto únicamente por el rítmico vaivén de las olas del Pacífico que golpeaban la costa, a pocos metros de la ventana de la suite principal. Michael abrió los ojos. A su lado, Naomi Watts descansaba con una expresión de paz, su respiración profunda y acompasada. Un poco más allá, Cameron Diaz dormía abrazada a una almohada, con un mechón de cabello rubio cubriéndole parte del rostro.
Michael se quedó mirándolas un momento. Ellas eran su ancla, las que habían decidido quedarse en medio de la tormenta que Elizabeth había desatado al marcharse. Pero, a pesar de su compañía, Michael sentía ese vacío familiar que solo la creación podía llenar. Se levantó con cuidado, evitando que el colchón crujiera, y caminó descalzo hacia su oficina privada, el “Cuarto de Ideas”.
Al entrar en la oficina, no encendió las luces principales. Se acercó al ventanal de suelo a techo. La luna se reflejaba en el mar, creando un camino de plata que parecía conducir al infinito. Michael apoyó la frente contra el cristal frío.
Sabía lo que vendría por la mañana. Los tabloides, las llamadas de Dylan, las estrategias sucias de Harvey Weinstein y Richard Lovett. Antes de su viaje en el tiempo, Michael ya conocía la naturaleza de Hollywood: una industria que te eleva para disfrutar de tu caída. Él mismo había entrado en este juego sabiendo que las reglas eran injustas.
—Así es la vida —susurró para sí mismo—. Nada es fácil, ni siquiera cuando conoces el final de la película.
Se sentó en su escritorio de madera oscura. No quería perder ni un segundo más pensando en el pasado o en el rencor hacia Elizabeth. Ella había tomado una decisión basada en su ambición, y él, como arquitecto de su propio destino, debía responder con algo más grande que un simple escándalo.
Encendió la lámpara de escritorio y sacó un cuaderno de notas en blanco. Su mano comenzó a moverse, impulsada por una idea que llevaba meses germinando en su mente. Era hora de introducir al mundo al héroe más humano de todos.
Spider-Man: ???
Michael empezó a escribir con una velocidad frenética. No era solo un guion; era una hoja de ruta emocional.
Escena 1: La Invisibilidad de Peter
La historia comienza con Peter Parker. Michael no lo visualizaba como el típico nerd de caricatura, sino como un chico brillante pero invisible. En los pasillos de la escuela, es el fondo del escenario. Nadie lo nota, excepto Gwen Stacy. Ella no es su novia, pero hay una química intelectual: conversaciones sobre física, miradas robadas en la biblioteca, pequeños momentos de torpeza compartida que dicen más que mil palabras.
Durante una visita a un laboratorio de ingeniería genética, una araña modificada lo muerde. Peter no se convierte en héroe de inmediato. Al principio, ignora la picadura… hasta que su cuerpo empieza a gritar. Fuerza sobrehumana, reflejos que dilatan el tiempo, la capacidad de adherirse a las paredes. Para Peter, esto no es una responsabilidad; es una oportunidad.
Michael escribió con énfasis: Peter quiere dinero. Quiere dejar de ser el “chico raro” para invitar a Gwen a una convención científica de élite en la ciudad vecina. Quiere demostrarle al mundo que Peter Parker vale algo. Usa sus poderes en combates clandestinos por efectivo. Y entonces, el egoísmo dicta su destino: deja escapar a un ladrón simplemente porque “no es su problema”. Minutos después, ese mismo hombre asesina al tío Ben.
El mundo de Peter se rompe. Michael describió la escena del funeral bajo una lluvia gris. Devastado, Peter encuentra una vieja foto entre las pertenencias de su tío: Ben Parker junto a Richard Parker, el padre de Peter, su padre estaba con bata de laboratorio con el logo de oscorp. Peter empieza a sospechar que su padre no era un simple científico, sino que estaba involucrado en algo relacionado con las arañas. Encuentra otra foto debajo, una que puefe revelar un secreto mayor, pero el miedo lo vence. No se atreve a mirarla.
Pasan los días. Peter vuelve a clases como un fantasma. Está distante, roto. Gwen lo nota. Ella no lo presiona con preguntas; simplemente se sienta a su lado, habla de cosas mundanas y le ofrece un espacio seguro para respirar. Es esa presencia constante de Gwen, junto al eco de las palabras de Ben, lo que impulsa a Peter.
El traje es rudimentario, funcional. Peter empieza a usar sus dones para algo más. Pero en las sombras, Norman Osborn se enfrenta al colapso de Oscorp. Desesperado por salvar su legado, se inyecta un suero experimental. El resultado es el Green Goblin: un monstruo de fuerza bruta y mente fracturada.
El primer encuentro es caótico. No hay coreografías perfectas. Es violento, confuso y torpe porque ninguno de los dos sabe lo que está haciendo realmente. El Duende ataca una zona residencial de lujo para eliminar a un ejecutivo rival. Peter llega tarde. Comienza una batalla feroz. El Duende lanza una granada hacia una casa llena de civiles o un autobús llenos de niños.
Peter tiene que elegir: ¿Atrapa a un asesino loco o salva a los inocentes?
Elige salvar.
Usa sus telarañas para lanzar la granada al cielo. El Duende escapa, pero Peter ha ganado algo más importante: su propósito.
Peter regresa a casa herido, cuidado por una tía May que sospecha que Peter está en algo malo por la frustración. Días después, en la escuela, Gwen se le acerca. Lo mira intensamente y le dice: “Sabes… no tienes que hacerlo todo solo”. Por primera vez, Peter sonríe. Ella le da un beso en la mejilla, un gesto que sella el inicio de algo real. Peter levanta la mirada a la cámara. Ya no es un chico perdido. Es Spider-Man.
Michael soltó el bolígrafo y releyó lo escrito. Esta sería su primera gran película de superhéroes, la que cambiaría el género para siempre. Pero había un problema: el año era 1996.
—¿Antes o después del 2000? —se preguntó en voz baja.
Había estado invirtiendo fuertemente en empresas de efectos visuales y en hardware de renderizado, pero la tecnología aún iba lenta. Si la hacía ahora, tendría que depender de efectos prácticos y una edición revolucionaria, algo más cercano al estilo de OBLIVION pero con la agilidad de la araña. Si esperaba al 2000, los CGI serían mejores, pero no quería perder mucho tiempo para iniciar el universo de marvel.
—Tengo que acelerar la inversión en Silicon Valley —anotó en el margen—. Necesito procesadores más rápidos y software de captura de movimiento propio.
Su mente saltó entonces a la animación. 1996 era el año donde el panorama iba a cambiar. Tenía que investigar qué proyectos estaban en desarrollo en estudios como Pixar, DreamWorks o incluso en Japón. Necesitaba conseguir IPs de animación o crear las suyas propias desde cero para diversificar Omnisciente Studios. Si el cine de acción real le daba problemas personales, la animación le daría un control absoluto sobre el producto.
Eran las 02:15 AM. El cansancio finalmente empezó a pesar en sus párpados. Michael guardó el resumen del guion de Spider-Man en un cajón con llave. Se sentía renovado. El dolor por Elizabeth se había transformado en la emoción por Peter Parker.
Antes de apagar la lámpara, tomó un pequeño post-it y escribió una nota rápida para Susan y su equipo de desarrollo:
“Mañana: Investigar proyectos de animación en pre-producción. Buscar vacíos en el mercado de IP de superhéroes y fantasía. Necesitamos una división de animación propia para finales de año.”
Pegó la nota sobre su agenda y regresó a la habitación. Al entrar, vio que Naomi se había movido un poco, dejando un espacio para él. Se deslizó bajo las sábanas, sintiendo el calor de las dos mujeres que lo amaban de verdad, sin contratos de CAA de por medio.
Michael cerró los ojos, escuchando el mar. Sabía que el 3 de enero sería un día de guerra, pero ahora tenía un secreto: el mundo pronto conocería a un héroe que, al igual que él, aprendió que un gran poder conlleva una gran responsabilidad… y que, a veces, el mayor heroísmo consiste en levantarse después de que te rompan el corazón.
Se durmió con una sonrisa ligera, soñando con telarañas y cielos de Nueva York. El Arquitecto estaba listo para su siguiente obra maestra.
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