En Hollywood. - Capítulo 8
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8: Capítulo 7 8: Capítulo 7 Capítulo 7: El Ultimátum de Octubre Los Ángeles, 13 de octubre de 1993 El sol de otoño caía en ángulo sobre la ventana de Relish Productions, pero no iluminaba el interior; simplemente recordaba a Susan que el tiempo se agotaba.
Faltaban 18 días para Halloween, la fecha de estreno ideal, y aún no tenía un distribuidor.
La película, The Scream, ya estaba terminada, un trabajo pulido de noventa y ocho minutos, con la actriz Naomi Watts dejando el alma en cada fotograma como Sidney Prescott.
Susan apretó el folleto promocional, la tercera copia que había sacado esa mañana.
Se había prometido a sí misma que esta ronda de presentaciones sería la última ya llevaba dos días y con todas las productoras en rechazos.
La sala de juntas de Mega-Corp olía a alfombra nueva y poder corporativo.
Susan se sentó frente a dos ejecutivos, ambos jóvenes, bronceados y notablemente aburridos, que revisaban un fax mientras ella cargaba el clip de treinta minutos.
La escena de apertura fue espectacular.
La tensión de Michael Relish era palpable, y el terror en los ojos de Naomi Watts, crudo y real.
Cuando la secuencia terminó, los ejecutivos asintieron, pero el entusiasmo era profesional, no genuino.
“El guion es sólido.
La dirección…
tiene un pulso.
Pero hablemos de esta chica, Watts,” dijo el ejecutivo más joven, deslizando una foto de Naomi Watts sobre la mesa.
“Es bonita, sí, pero no tiene tracción.
No tenemos un historial con ella.” Susan se inclinó hacia adelante, su voz firme.
“Precisamente esa frescura es lo que la hace funcionar.
La audiencia de slashers necesita una heroína nueva.” “No, necesitan un nombre que reconozcan,” interrumpió el ejecutivo mayor, con un tono autoritario.
“Mire, Susan, el concepto es vendible, pero el reparto no lo es.
Nuestra oferta es la siguiente: compramos la película a un precio modesto, la ponemos en la estantería hasta el próximo verano, y re-grabamos todas las escenas principales que involucren a Sidney Prescott.
Sustituimos a Watts por alguien como Nevel Campbell Drew Barrymore o una de las chicas de Beverly Hills, 90210.” La sangre le subió a la cabeza.
Conocía la visión de Michael Relish, sabía que la actuación de Watts era insustituible.
“La película está terminada.
El director, Michael Relish, no permitirá regrabaciones.
Naomi Watts es nuestra Sidney.” El ejecutivo mayor se encogió de hombros, devolviéndole la foto.
“Entonces, no tenemos nada.
Lo siento, Susan.
Vuelva a nosotros cuando tenga una estrella de verdad.” Susan salió de la productora una vez más siendo rechazada, recogió el papel dónde tenía la lista de productoras, tacho el nombre de Mega-Corp.
Apollo Distribution era una productora más antigua y tradicional, con un enfoque en películas de género probadas.
El director de adquisiciones, un hombre canoso llamado George, era más afable y se tomó el tiempo de ver todo el metraje que Susan le ofreció.
“Me gusta el comentario,” admitió George, quitándose las gafas.
“Es un poco…
intelectual para el género, pero el final es satisfactorio.
Susan, tienes algo bueno aquí.” Susan sintió un rayo de esperanza.
“Estamos listos para el lanzamiento de Halloween.
Con un poco de empuje de marketing, podemos capitalizar el pánico de fin de mes.” George suspiró, volviendo a su escritorio.
“Ahí está el problema, Susan.
¿Octubre?
Es demasiado rápido.
Nunca hacemos un lanzamiento grande sin seis meses de preparación de marketing y posicionamiento.
Además, ¿lanzarla ahora?
Sería un tiro al aire.
Mira, te haremos una oferta, pero tendrás que esperar.” “¿Esperar cuánto?” “La meteremos en nuestra parrilla de verano.
Finales de mayo de 1994.
Para entonces, la gente se habrá olvidado de los slashers baratos y estaremos listos para vender esta como un evento de terror de verano.
Haremos una pequeña campaña de prueba en abril, quizás en un par de ciudades.
Pero no podemos lanzarla en octubre.
Es una locura.” “Pero Michael diseñó esta película para salir cerca de Halloween.
Es parte de su identidad.” “El calendario de estrenos es nuestro negocio, Susan, no el de tu director.
Esperarás, o no habrá distribución.
Si no hay estrella, al menos debe haber una estrategia probada.” Susan salió de Apollo Distribution con una punzada en el pecho, no por el rechazo en sí, sino por la confirmación de que ninguna de las grandes y medianas empresas le daría lo que realmente necesitaba: fe y urgencia.
Regresó a Relish Productions, el reloj en su muñeca marcando las 18:00 horas.
El 13 de octubre.
El sueño de poder renacer de la productora o el nacimiento de una nueva historia.
Se desplomó en su silla, mirando el presupuesto de marketing que había preparado para un lanzamiento nacional.
Era una cifra astronómica que ahora parecía una burla.
Hollywood la había rechazado por ser demasiado inteligente para ser barata, y demasiado arriesgada para ser cara.
Luego recordó el mapa.
Los pequeños círculos rojos que cubrían el país.
Cien salas eso era lo único que podíamos negociar con nuestros contactos de la anterior gerencia.
Un puñado de cines independientes, propietarios de complejos pequeños y conocidos personales que le debían favores o que estaban dispuestos a darle una oportunidad si prometía que el material era de calidad.
Si esperaba a la parrilla de verano, Michael Relish y Naomi Watts perderían el impulso.
Y lo que era peor, la película de Michael es muy buena para ser su primer largometraje, otra productora podría lanzar un slasher de meta-comentario similar para Halloween y robarles la idea.
No.
Michael había apostado por The Scream y por Watts, y no iba a diluirla ni aplazarla.
La película tenía que salir ahora.
Susan agarró el teléfono y marcó el número de su jefa de marketing.
“Cancelaremos la reunión de mañana con Orion.
Olvídate de los grandes estudios.
Vamos a operar en modo guerrilla.” Hizo una pausa, respirando profundamente.
“Es 13 de octubre.
Necesito que Scream esté en cien salas el viernes 29 de octubre.
Tres semanas de boca a boca son suficientes.
Activaremos la Operación Cien Salas.
El destino de Relish Productions está en manos de la taquilla del primer fin de semana.” +————-+ 15 de octubre de 1993 en el despacho de Relish Productions, normalmente un lugar tranquilo y ordenado, se había transformado en un cuartel general caótico.
Mapas de las cien salas de cine estaban clavados en las paredes, y las mesas estaban cubiertas de papel y cables.
Susan había pasado de la elegancia de los pitch meetings a la crudeza de la guerra de información.
Solo quedaban dos semanas.
La primera tarea era generar el “zumbido” (el buzz), y para 1993, eso significaba ir a donde los jóvenes más conectados buscaban información: los grupos de noticias (Usenet) y los tableros de anuncios electrónicos (BBS).
Michael Relish, nuestro jefe y director de la pelicula, había insistido en un enfoque.
“No muestres a Naomi.
No muestres los que mueren ni el cuchillo.
Muestra la silueta del asesino antes de aparecer, Susan.
Haz que la máscara se convierta en un símbolo antes de que sepan qué es la película.” Siguiendo su consejo, el equipo de marketing, que consistía en dos profesionales de la empresa y tres becarios hambrientos y el jefe de marketing, se centró en un asalto digital.
Crearon un simple homepage utilizando Gopher y colgaron mensajes misteriosos en los grupos de noticias de terror más populares, especialmente alt.horror.movies.
El contenido era escaso, diseñado para generar preguntas y evitar respuestas.
Mensaje publicado en Usenet (16 de octubre): Asunto: ¿Conoces las reglas?
Una nueva película.
Un nuevo tipo de miedo.
Un asesino que te pregunta por tu película de terror favorita antes de…
bueno, ya sabes.
El 29 de octubre, 100 salas de cine lo sabrán.
Hemos visto el clip.
Es superior.
Búscanos.
[Adjunto: SILUETA.GIF (Una imagen tosca de la figura de Ghostface en blanco y negro, sin el detalle de la máscara, solo la forma inconfundible).] #Scream100.
Este material minimalista, combinado con una máscara más inquietante y orgánica que la de la versión conocida por el público (con un diseño que sugería un fantasma que se estaba derritiendo), comenzó a generar especulaciones.
Los becarios se dedicaron a responder a los mensajes en los tablones, no con respuestas, sino con más preguntas crípticas sobre clichés del terror.
La distribución física fue igualmente astuta.
Sabiendo que sus cien cines estaban ubicados estratégicamente cerca de universidades y áreas urbanas con alta concentración de adolescentes, Susan invirtió el presupuesto restante en dos cosas: carteles flyers llamativos y proyecciones sorpresa.
Los carteles se imprimieron en papel de bajo costo, pero con un diseño audaz centrado únicamente en la máscara y el número “100 Salas.
29 de Octubre.
Halloween no es el único truco”.
El nombre de Naomi Watts no figuraba en ningún lugar.
La campaña se basaba en la idea de un evento secreto que solo los “enterados” conocerían.
Susan incluso consiguió que una furgoneta rotulada de forma anónima con el traje y la máscara condujera por los campus universitarios de Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Seattle, proyectando el tráiler de un minuto en las paredes de los edificios a altas horas de la noche, atrayendo a pequeños grupos de curiosos.
Era ilegal, molesto, y perfectamente memorable.
Mientras el caos se desarrollaba en las calles y en la incipiente red, Susan se dedicó a la parte más importante: la preparación para el éxito.
El objetivo de su productora para obtener beneficios y ser imparable era superar los 15 millones de dólares en la taquilla total.
Pero el primer fin de semana era la llave.
Proyecciones de Taquilla por Desempeño (Escenario A, B, C): Estudiaron los éxitos de cine independiente para calcular el promedio de taquilla por pantalla.
Para que los estudios se lo tomaran en serio, necesitaban alcanzar, como mínimo, un promedio de $6,000 por pantalla, lo que daría un fin de semana de medio millón.
Métricas de ‘Buzz’ Digital: Capturas de pantalla de los foros de Usenet y los BBS, mostrando la conversación orgánica generada por la máscara.
Análisis Demográfico: Pruebas de que el público adolescente, al que los grandes estudios ignoraban por ser demasiado “listo”, estaba respondiendo a la promesa de un slasher que sabía de cine.
“Necesitamos que cada una de esas cien salas de cine se sienta como la premier de una major,” le dijo Susan a Michael Relish, quien estaba emocionado por el desafío.
“Si llegamos a un millones el primer fin de semana, nos llamarán.
Si llegamos a los cuatro, nos rogarán.
Y si llegamos a quince en las siguientes semanas, habremos reescrito las reglas.” El 28 de octubre, Susan no durmió.
Condujo hasta su cine local, el único en un radio de veinte millas que proyectaría Scream.
Los flyers estaban pegados descuidadamente en las ventanas, la silueta de la máscara miraba desde la marquesina, y la alfombra olía a palomitas de maíz rancias.
Todo estaba listo.
La película se estrenaba a medianoche.
La apuesta era total.
+————————-+ Seattle, 20 de octubre de 1993 En el desordenado comedor de la escuela secundaria de Lincoln, cuatro adolescentes debatían sobre un tema mucho más interesante que la tarea de cálculo: el buzz digital.
Estaban Jenny su novia, Alex su mejor amigo que le entusiasma el cine de terror, Marcus el escéptico y Sarah la que siempre tenía acceso a las computadoras de la biblioteca.
Alex deslizó un flyer arrugado sobre la mesa, un cartel de bajo presupuesto que le habían dado afuera de la entrada del cine que está cerca, era la máscara de Scream.
“No sé.
¿Soy el único que está viendo este rollo en todos lados?” preguntó Alex, dando un mordisco a su bagel.
“Está en los postes, lo vi proyectado anoche en la pared del campus de la U-Dub, y lo principal: alt.horror.movies no para de hablar de ello.” “Ese ‘Scream100’ es puro humo,” se burló Jenny.
“Es una película más que ninguna empresa grande quiere, y ahora están tratando de vendérnosla como ‘culto’ antes de que salga.
Los grandes estudios hacen eso cuando algo apesta.” Sarah, que había estado garabateando un diseño de máscara con el bolígrafo, se rió.
“No, Jenny, esto es diferente.
Mira lo que están escribiendo.
Dicen que el asesino te llama.
Que te pregunta qué películas de terror te gustan.
Es súper meta, ¿sabes?
Como si el guionista hubiera crecido con Halloween y Viernes 13 y se estuviera burlando de ellos.” “Pero la máscara es ridícula,” intervino Marcus.
Señaló la imagen.
“Parece un fantasma que se olvidó de maquillarse y lleva una sábana goteando.
No da miedo.
Jason da miedo.
Freddy da miedo.
Esto parece una broma.
Es como si estuvieran haciendo un slasher de comedia.” Alex se encogió de hombros, eso era exactamente lo que le intrigaba.
“Eso es lo genial, Marcus.
Parece un chiste, pero las personas que vieron el clip en los foros dicen que la escena les gusta.
Dicen que no es chistosa, es aterradora porque es real.
Como si el director entendiera que sabemos las reglas del terror, y las usa en nuestra contra.” Sarah abrió su mochila y sacó una hoja impresa con una calidad de matriz de puntos terrible: un post de Usenet.
“Re: ¿Conoces las reglas?
Lo vi en el BBS local.
La protagonista, Sidney, es interpretado por una tal Naomi Watts.
Nadie la conoce.
La historia es que el director y guionista desconocido, Michael Relish, me enteré que ninguna empresa la quiso.
Me gusta.
Me gusta que estén haciendo una apuesta con gente nueva.” “Es un riesgo,” resumió Jenny.
“Pero, como dice Sarah, el director es el que tiene el buzz.
Si no han puesto alguien conocido, significa que están seguros de ella.
Nueve días para la película y 11 para Halloween…
voy a ir.” Alex sonrió.
“Claro que irás.
Es la única película que se estrenará a medianoche en el Centro Comercial del Norte.
El 29 de octubre.
Viernes.” +———————-+ La noche era fría y húmeda, perfecta para una película de terror.
Susan, a tres mil kilómetros de distancia en Los Ángeles, estaba en la pequeña en su casa, mordiéndose las uñas, pero la sensación en Seattle, Chicago y Atlanta era de evento.
En el Centro Comercial del Norte, el cine de dieciséis salas que había accedido a darle a Scream una sola pantalla, la fila para la sesión de medianoche se extendía.
No era una fila monumental, pero para una película de la que nadie había oído hablar hace dos semanas, era impresionante.
La gente venía con camisetas de bandas, algunos incluso con sus propias curiosidad.
Alex, Jenny, Marcus y Sarah estaban en la fila, hablando de teorías sobre si el asesino será alguien que odia el halloween o que odia a los protagonistas.
“Apuesto cien pavos a que es el novio.
Es el cliché más grande, se lo tienen que tomar a broma,” dijo Jenny, riendo.
“Es la chica desconocida,” dijo Marcus.
“Lo vi en el foro, alguien dijo que ella es una chica que aparece de la deconstrucción.” El ambiente era de celebración, de ser parte de algo que los grandes estudios se habían perdido.
Cuando las puertas se abrieron, la audiencia adolescente se apresuró a entrar.
A la 2:00 AM, el jefe de contabilidad de Prometheus, nervioso y con el teléfono pegado a la oreja, colgó una llamada de Atlanta y se volvió hacia Susan.
“Los primeros reportes… los de medianoche.
Susan… es… no es un sold out, pero…” Tartamudeó, mirando el papel que tenía las primeras cifras brutas.
“¡Dímelo!” espetó Susan.
“En promedio, en las cien salas, el aforo está al sesenta por ciento lleno.
En las salas universitarias de Boston y Seattle, está casi un setenta lleno.
En los autocines de segunda, está al cincuenta.
¡Pero es el viernes de medianoche, con cero publicidad major!
¡Esto es taquilla bruta!” El sesenta por ciento.
Era bueno.
Era mejor que “aceptable”.
Significaba que en cien salas, el boca a boca habrá funcionado para la primera semana.
Susan miró la cifra en bruto, que ya superaba sus proyecciones más modestas.
“Sesenta por ciento,” repitió Susan, sintiendo que le volvía la sangre a la cara.
“Bien.
Eso es más de lo que Global o Apollo creyeron que obtendríamos.
Llama a Joe ese periodista independiente y dile que tenemos una noticia de una película independiente que tiene buena visualizacion.
Necesito que la cifra se calculé rápido para difundir.
Y mañana por la mañana, necesito los reportes de salida de la audiencia.
¿Les gustó?” 📝 +——————————–+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir un capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
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