En un Mundo de Fantasía Puedo Absorber Habilidades - Capítulo 208
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- Capítulo 208 - 208 Capítulo 208 Planes para reconquistar los territorios perdidos
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208: Capítulo 208: Planes para reconquistar los territorios perdidos 208: Capítulo 208: Planes para reconquistar los territorios perdidos Dominic, el antiguo Vizconde de Crassus, se quedó desconcertado cuando Michael le informó de la repentina proposición de matrimonio.
Su reacción fue más de preocupación que de alegría.
Ver a su hijo discutir con indiferencia una posible unión con la princesa, como si estuviera eligiendo el menú de la cena, lo dejó estupefacto.
—¿Estás planeando involucrarte en la política de la capital?
Ese lugar es peligroso —dijo Dominic, clavando la mirada en Michael.
Michael replicó con voz firme y serena: —No estoy buscando involucrarme, Padre.
Es que, simplemente, no puedo desvincularme.
Y si es así, ¿no sería mejor tomar un papel activo?
Dominic guardó silencio, reflexionando sobre las palabras de su hijo.
Era cierto: Michael, el héroe que había capturado al príncipe heredero imperial y a los cinco líderes tribales, estaba destinado a atraer tanto admiración como envidia.
La Luz siempre proyecta una sombra.
—¿Te das cuenta de lo que significa casarse con la Princesa?
Aunque tengas hijos, no llevarán tu apellido —dijo Dominic con un suspiro, con la mirada fija en el rostro de Michael.
Su expresión transmitía tanto inquietud como resolución, la determinación de no permitir que su linaje familiar terminara.
Michael sonrió levemente.
—Aunque me case con la Princesa, no me limitaré a ser el consorte de la reina.
No tienes que preocuparte por eso.
La mirada de Dominic titubeó al sentir la férrea determinación de Michael, una energía palpable que llenaba la habitación.
—¿Aspiras a un gobierno conjunto?
—preguntó Dominic con cautela.
Pero, antes de que pudiera continuar, cayó en la cuenta de algo.
Michael, aún sonriente, se reclinó en su silla con una actitud relajada que dejaba entrever una clara implicación.
A Dominic se le cortó el aliento al comprenderlo.
—¿No querrás decir…?
Michael asintió sutilmente, y su sonrisa se acentuó.
—Sí.
Es hora de reclamar la gloria olvidada.
Dominic se puso de pie de un salto, caminando de un lado a otro de la habitación, agitado.
Su rostro reflejaba una mezcla de emoción, ansiedad y esperanza.
Cuando por fin habló, le temblaba la voz.
—¿Piensas reclamar los territorios perdidos?
Michael, sin perder la compostura, se levantó de la silla y se irguió; sus ojos carmesí relucían con determinación.
—Las tierras donde nuestros ancestros gobernaron antaño ahora se encuentran entre el Imperio Pamir y nuestros dominios.
Durante las negociaciones del intercambio de prisioneros, pienso exigir ese territorio.
Pertenecerá exclusivamente a nuestra familia.
Dominic se quedó helado, su expresión una mezcla de conmoción y asombro.
Su mente repasaba a toda velocidad las implicaciones del plan de Michael.
—Eso lo cambiaría todo.
Si recuperas las antiguas tierras y pruebas tu linaje, podrías exigir tu derecho a gobernar conjuntamente con la Princesa —murmuró Dominic, con el corazón desbocado.
Si Michael lo lograba, su matrimonio con la Princesa Astrid simbolizaría no solo una alianza, sino el resurgimiento de una dinastía caída.
Reconfiguraría el equilibrio de poder en el continente de Rubel.
Dominic se volvió hacia su hijo, con la mirada llena de reverencia.
Esta visión, esta grandiosa ambición, superaba cualquier cosa que hubiera podido imaginar.
Con la fuerza del Reino de Rania apoyando el linaje de Michael, todo el continente podría presenciar un nuevo orden político.
Aferrado al borde del escritorio para mantenerse firme, Dominic respiró hondo, esforzándose por contener sus emociones.
Finalmente, alzó la mirada y tomó la mano de Michael.
Tenía las palmas húmedas de sudor y en su rostro se dibujaba una mezcla de euforia y asombro.
—Si unimos las tierras de Rania y el antiguo reino…
La sola idea hizo que su corazón latiera con tanta fuerza que el sonido de sus golpes parecía llenar el silencio de la habitación.
—Quieres decir… —la voz de Dominic, llena de certeza y reverencia, era apenas audible—.
¿Sueñas con un imperio?
La palabra «imperio» encerraba el peso del sueño más grandioso al que podía aspirar el descendiente de un reino caído.
Michael posó una mano sobre el hombro de su padre para tranquilizarlo, y le habló con voz serena pero firme: —Por ahora, esto debe permanecer en secreto.
Para asegurarnos unas condiciones favorables en la negociación con el Imperio Pamir, nuestro linaje no debe salir a la luz todavía.
Dominic asintió, con una expresión que era una mezcla de orgullo y determinación.
Michael ayudó a su padre a sentarse de nuevo en su silla, mientras su mente ya se centraba en las muchas tareas que tenía por delante.
Había mucho que preparar, pero el sueño ya no era lejano: estaba al alcance de la mano.
La prisión subterránea de la Fortaleza Orlando estaba envuelta en una oscuridad sofocante.
El Príncipe Heredero Oswald del Imperio Pamir estaba sentado dentro de los fríos y opresivos confines de su celda, con la desesperación grabada en el rostro.
Había sido separado de los jefes tribales de los Cinco Grandes Clanes y encarcelado en solitario.
La prisión, aunque tenue, estaba sorprendentemente limpia.
El suelo estaba cubierto de paja y, en una esquina, habían colocado un catre bajo e improvisado.
Aunque apenas era lo bastante grande como para tumbarse, la mera presencia de una cama indicaba que Oswald estaba siendo tratado con cierta apariencia de respeto, digna de un príncipe imperial.
Aun así, una prisión era una prisión.
Su silencio sofocante oprimía el espíritu de Oswald, y el chirriante sonido de las cadenas arrastrándose por el suelo aumentaba su inquietud.
Pálido y demacrado, Oswald estaba sentado en el catre, con los ojos acostumbrados desde hacía tiempo a la oscuridad, aunque su cuerpo luchaba por adaptarse.
El frío cortante del aire se le pegaba a la piel, exacerbado por la humedad que parecía emanar de los muros de piedra.
A pesar de que se acercaba el verano, el aire dentro de la prisión era gélido, y cada exhalación escapaba como una débil bocanada de vaho.
La quietud opresiva amplificaba su sensación de aislamiento, y se encontró mirando fijamente sus manos engrilletadas.
Antaño, estas manos habían emitido edictos reales como heredero de un imperio.
Ahora, estaban presas de fríos hierros, sin diferenciarse de un animal enjaulado.
Una tempestad de rabia y dolor se arremolinaba en su interior, pero por mucho que lo intentara, no podía sacudirse el peso de la derrota.
Había luchado para alterar su destino, arriesgándolo todo, solo para encontrarse atrapado en las garras de Michael.
En sus intentos de escapar de las garras de su padre, había caído bajo un poder diferente e igualmente ineludible.
Su mirada se desvió hacia los barrotes de hierro que lo separaban del mundo, y el rostro de su padre acudió a su mente sin ser llamado.
El emperador —frío y despiadado— había eliminado sistemáticamente a los hermanos mayores de Oswald, absorbiendo su sangre vital para prolongar la suya propia.
Oswald no necesitaba especular sobre su futuro.
Una vez que concluyeran las negociaciones para el intercambio de prisioneros, su destino seguiría la misma trayectoria.
Su padre usaría su fracaso en la guerra como justificación para reclamarlo.
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