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Enamorándome del enemigo de mi papá - Capítulo 74

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74: Capítulo 74: Medicina 74: Capítulo 74: Medicina Punto de vista de Rosa
Fue gratificante oír a Stella retorcerse al otro lado de la llamada.

Ver su cara habría hecho la experiencia mucho mejor, pero no me iba a poner quisquillosa.

Había encontrado muchas más fechorías de Stella grabadas de las que jamás pensé que existían.

Al parecer, Adela había recopilado un montón de grabaciones por si Stella intentaba demandar por despido improcedente; de esa forma, habría pruebas de más de un incidente.

La verdad es que me sorprendió la cantidad de favores sexuales que había ofrecido solo para salirse con la suya a pesar de su pésima ética de trabajo.

No es que la hubieran coaccionado; tal y como se veía en las grabaciones, en realidad había estado seduciendo a miembros del bufete para que pasaran por alto su incompetencia y, a veces, incluso para que hicieran su trabajo por ella.

Lo que de verdad ayudó fue que algunas de las grabaciones también tenían archivos de audio.

Había conversaciones claras en las que Stella admitía abiertamente que intentaba hacer que perdiera mi trabajo.

Ahora tenía pruebas más que suficientes para llevarle al decano y demostrarle el rencor que Stella me guardaba y sus prácticas poco éticas.

—¿Qué es lo que quieres?

—repitió en un tono más dulce que no hacía nada por ocultar su ansiedad.

—Lo que quiero es que hagas lo que prometiste la última vez que hablamos; vas a dejar de manipular mis notas y a dejarme en paz —dije con firmeza—.

Pero siento que eso no es suficiente.

Siento que mereces algunas consecuencias, así que vas a admitirle al decano que fuiste tú quien cambió mi expediente y quien ha estado cambiándolo durante todo el semestre pasado.

Y luego vas a dimitir como empleada administrativa… o si no, todos estos vídeos se harán públicos, y ni siquiera Harrow podrá salvarte de la humillación.

Sí que me pareció cruel y fuera de lugar en mí, pero en ese momento, era lo que necesitaba hacer por mi propio bien.

Stella tenía que enfrentarse a consecuencias reales para que nunca más volviera a meterse con mi carrera.

—¿Te crees muy especial, a que sí?

—Su voz temblaba de ira—.

Te crees que porque has dejado huella en el bufete vas a llegar lejos, pero solo has tenido suerte de que Cayden quisiera tirarte.

—Y tú solo estás resentida porque, sin importar ante quién te arrodillaste, no sirvió de nada para evitar que arruinaras tu propia carrera —repliqué con calma—.

Tienes las próximas tres horas para contactar con el decano y admitir lo que has hecho; o si no, todas las universidades, todas las empresas y todos tus compañeros de trabajo recibirán el mismo correo electrónico que te he enviado.

Te será difícil mirar a todo el mundo por encima del hombro después de que lo hayan visto.

La tenía, y ella lo sabía.

Ninguna pulla personal la salvaría.

—Sabré que lo has hecho cuando reciba una llamada del decano.

Colgué sin decir una palabra más y me vi asaltada por los sonidos de Mary y Adela, ambas gritando de júbilo y emoción.

—¡Oh, Dios mío!

¡Ha sido tan gratificante!

¡Llevaba meses queriendo poner a Stella en su sitio!

—gritó Adela—.

Desde que se fue, pensé que nunca tendría la oportunidad.

—La he estado viendo en la universidad día sí, día no, y he tenido que reprimir las ganas de abofetearla o de escupirle en el café —exclamó Mary.

Ambas me miraron y fruncieron el ceño.

Quizá esperaban que mostrara un poco más de alegría.

—¿No estás emocionada por habérsela devuelto por fin?

—preguntó Adela—.

Después de todo lo que te ha hecho pasar desde que empezaste a trabajar en el bufete, te mereces esta victoria.

—Sinceramente, creo que estoy más aliviada que otra cosa —suspire con alegría—.

Fue extremadamente gratificante, no voy a mentir…, pero me alegro de no tener que lidiar más con ella y de poder terminar la universidad sin preocupaciones.

Adela sonrió y me abrazó.

—Eres demasiado dulce y buena para este mundo, pero no cambies nunca.

Tienes amigas como nosotras para ser monstruos escupefuego en tu nombre —me besó la mejilla y me alborotó el pelo como si fuera su hermana pequeña—.

Y ahora, ¿vamos a celebrarlo o qué?

Stella debía de estar más alterada de lo que aparentaba, porque ni siquiera una hora después, recibí un correo electrónico del decano, además de una llamada telefónica.

—No puedo expresarle lo avergonzado y arrepentido que estoy de que le haya ocurrido esto a manos de uno de los miembros de nuestro personal —dijo con voz grave—.

Sus notas serán restablecidas lo antes posible y se le darán plazos ampliados para todos sus trabajos del próximo semestre.

Como compensación, el semestre pasado no se le facturará a su patrocinador.

Si hay algo más que crea que podría compensar la angustia que ha sufrido, por favor, no dude en pedirlo.

Mary me reprendió inmediatamente por no exprimir la oportunidad tanto como podría.

—Podrías haber pedido barra libre para siempre en el bar del campus o algo así; podrías haber dicho que necesitabas un par de copas para superar el trauma —bromeó.

Aunque una parte de mí sentía que lo decía en serio.

Fue una victoria, sin duda.

Ahora podría hacer mis trabajos sin la preocupación añadida de que alguien pudiera fastidiarlos desde su teclado.

Sabía que Stella no se retiraría sin más con un gemido; probablemente estaba intentando encontrar otra forma de hacerme daño en lugar de hacer su trabajo.

Me pregunté qué la habría llevado a odiar tanto a todo el mundo, a querer solo mirar por sí misma y causar el mayor dolor posible a los demás.

Me pregunté si me habría convertido en alguien como ella de haber seguido a rajatabla las lecciones de Victor, si me hubiera permitido sucumbir a su versión de la crianza.

Punto de vista de James
Cuando era más joven, fantaseaba con ser un infame espía internacional; trabajar de incógnito y desentrañar los secretos de organizaciones malvadas.

En las películas, esos espías siempre llevaban vidas emocionantes y glamurosas.

De vez en cuando, se metían en algún que otro peligro, pero mantenían la cabeza fría y siempre conseguían prevalecer.

No esperaba que se hiciera realidad en mi propia casa… literalmente.

Y la diferencia era que yo no tenía artilugios ni armas geniales.

No tenía refuerzos a los que llamar, ni láseres que tuviera que esquivar con acrobacias.

Solo estaba yo, en pijama, mientras registraba el despacho de mi madre y hackeaba su ordenador.

Había pensado que esto sería más guay, pero solo me sentía como si estuviera haciendo una travesura, que lo único que tenía que temer era que me redujeran la paga.

Sin embargo, lo que estaba en juego era real, por muy ridículo que me sintiera o pareciera.

Debido a la obsesión de mi madre por la pulcritud y el orden, fue bastante fácil navegar por sus sistemas de archivo físicos y digitales.

Todo estaba en su sitio y etiquetado por fecha, y numerado según su importancia.

Sin embargo, de lo que sí me di cuenta fue de que en esos archivos no había nada incriminatorio.

Habría sido demasiado fácil.

La última vez tuve suerte porque eran archivos que acababa de recibir por correo electrónico y no había tenido tiempo de esconderlos adecuadamente.

Era una persona cuidadosa, lo que significaba que habría borrado cualquier prueba digital de algo comprometedor.

Pero su naturaleza le impediría borrarlo todo por completo, así que lo habría codificado en algo tan discreto que nadie lo buscaría ahí.

Revisé su ordenador unas cien veces e intenté averiguar dónde estaría exactamente ese lugar discreto.

Me devané los sesos una y otra vez.

Habían pasado horas, y tuve suerte de que estuviera fuera de la ciudad unos días, o de lo contrario habría sido difícil explicar por qué estaba sentado en su escritorio con los ojos inyectados en sangre.

En la revisión número 300, pasé el cursor por encima de una carpeta titulada «Matrícula de James».

Para cualquiera, parecería normal que una madre tuviera una carpeta financiera para su hijo…, pero yo sabía a ciencia cierta, por haber estado revisando el ordenador durante las últimas horas, que las finanzas de mi matrícula estaban en la carpeta de Finanzas; tanto en la carpeta física como en la digital.

Hice clic y de inmediato me pidió que introdujera una contraseña.

Probé con mi cumpleaños, que era demasiado obvio, pero necesitaba descartar lo evidente, y con un montón de otras fechas y frases importantes que pensé que lo serían para mi madre.

Todas resultaron incorrectas.

Estaba cansado.

Me pesaban los ojos y tenía la vista borrosa.

Tendría que volver a esto más tarde, pero al menos había descubierto dónde buscar.

Me derrumbé en la cama y ni siquiera me di cuenta de que me quedé dormido, porque al instante siguiente el sol estaba en su punto más alto y me cegó los ojos cuando sus rayos inundaron mi ventana.

Mi teléfono también estaba inundado de mensajes.

Unos cuantos de Rosa, que me provocaron mariposas en el estómago, más de veinte de Mary… y unos cuantos de Cayden también.

Los mensajes de Cayden eran los que más me molestaban.

Creo que era la forma imperiosa y casi degradante en que decía las cosas lo que me sacaba de quicio.

Me escribía cada pocas horas para ver si había hecho algún progreso.

Sinceramente, debería haberle pedido más dinero de haber sabido que se iba a involucrar tanto.

Exigía resultados como si estuvieran ahí mismo, delante de mí.

No es que me hubieran entrenado para recopilar información confidencial; simplemente daba la casualidad de que era cercano a la persona cuyos secretos necesitaba.

Suspiré y empecé a escribirle a Cayden lo que había encontrado, aunque de momento no era mucho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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