Enamorándome del enemigo de mi papá - Capítulo 96
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96: Capítulo 96: La reparación de los vínculos 96: Capítulo 96: La reparación de los vínculos Punto de vista de Rosa
Una semana después, empecé a sentirme más como la de antes.
Aún me sentía un poco frágil a veces, pero ya no tenía achaques, dolores ni la sensación de que el viento fuera a llevarme.
Tardé unos días de paseos por la mansión antes de que Cayden y mis hermanos estuvieran satisfechos de que podía volver al campus.
Sin embargo, lo primero en mi lista era visitar a Becca, que acababa de despertar y se estaba recuperando de maravilla.
—¡Entro en coma unas semanas y a ti te secuestran otra vez!
—exclamó ella.
—No solo me secuestraron —repliqué—, también me comprometí y ahora soy tu socia.
Además, tú casi mueres en un incendio y entraste en coma.
Claramente, la del riesgo eres tú, no yo.
Nuestro pique continuó un rato hasta que ambas reíamos sin apenas poder respirar.
Todo había sido bastante aterrador, y podía imaginar cómo debió de sentirse Becca al enterarse de todo lo que se había perdido.
Lo más probable es que reírse de todo ello fuera la mejor forma de sobrellevarlo.
—¿Ya tenéis planes para la fiesta de compromiso y para cuándo será la boda?
—preguntó Becca.
—Aún no hemos decidido la fecha, pero queremos que sea en la finca de Cayden.
En cuanto a la fiesta de compromiso… queríamos esperar a que despertaras antes de comprometernos a nada.
¿Cómo te encuentras?
Becca hizo algunos movimientos con los brazos y las piernas, probando cuánto podía moverlos sin forzar.
—¿Qué te parece en dos semanas?
Me encantaría ayudar a planificar, aunque con la cantidad de analgésicos que me están dando, será un milagro si no caigo en otro coma.
Abracé a Becca, con cuidado de no rozar con demasiada fuerza ninguna de sus quemaduras.
—Ah, estás aquí —dijo Carol con amargura al entrar.
—Puedo irme.
—No, está bien.
De todos modos, Papá quería que te diera un recado.
Te da la enhorabuena y espera que Cayden y tú tengáis una vida larga y feliz juntos.
Dijo algunas cosas más sobre la fusión, pero… no van precisamente en el mismo tono que los deseos de boda.
—Bueno, si vuelves a ver a Victor, dile… En realidad, no le digas que he dicho nada.
—Mira, yo… De verdad que entiendo por qué lo odias.
Me equivoqué al defenderlo por lo que te hizo; fue invasivo y te puso en peligro.
La verdad es que siempre quise que me prestara la atención que te dedicaba a ti mientras crecíamos.
Tú te llevabas toda su atención, y me enfadaba que siempre la despreciaras.
Pero en el fondo sabía que no podía culparte; cualquier persona en su sano juicio se alejaría de él después de todas las mierdas que hizo.
Lo que intento decir es… lo siento, Rosa.
Debería haber sido una mejor hermana mayor para ti.
Sé que ya es un poco tarde…
No le di la oportunidad de terminar y le eché los brazos al cuello, abrazándola con fuerza.
Con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, tuve que contener la respiración para evitar que mi pecho se agitara.
—¡No es tarde para nada, Carol!
Y tampoco es solo culpa tuya… Yo también mantuve las distancias contigo cuando debería haberme esforzado más por acortarlas.
Lo mismo va por Thomas, Luke y Becca.
Todos deberíamos habernos esforzado más por estar unidos después de que Papá intentara ponernos los unos contra los otros.
Sería un honor para mí que tanto tú como Becca fuerais mis damas de honor.
A Carol se le llenaron los ojos de lágrimas y me abrazó más fuerte.
—Me encantaría.
James y Mary me llevaron a la universidad como gesto por mi regreso.
La noticia de que me habían secuestrado y abandonado en una isla se había extendido por el campus, así que mis amigos decidieron que lo mejor sería que estuvieran conmigo todo el tiempo hasta que el revuelo se calmara.
—¡La gente ya no tiene ni idea de lo que son los límites!
—se quejó Mary—.
La semana pasada, un tipo me estuvo siguiendo literalmente por todo el campus para intentar sacar más información sobre ti: dónde vives, en qué hospital estabas recibiendo tratamiento.
Insistió en que quería enviarte un ramo de flores todos los días.
—¿Le dijiste que estoy prometida?
—Sí… y dijo que no le importaba compartirte y que estaría encantado de ser el segundo plato.
A lo mejor debería intentar que me secuestren si esa es la reacción que se consigue.
James y yo nos partimos de risa.
—No tienes motivos para estar tan desesperada, Mare-bear —dijo James y le pellizcó la mejilla juguetonamente.
Fui la única que se dio cuenta del intenso tono rosado que adquirieron sus mejillas después de eso.
—Bueno, pues claro que los tengo, si nadie me invita a salir.
Llevo meses sin tener una cita.
Pero James no pilló la indirecta.
Como amiga de ambos, sentí que debería haber hecho algo para ayudar a James a darse cuenta…, pero tampoco quería pisarle el terreno a Mary.
Por lo general, era una mujer que tenía muchos planes.
La ayudaría si me lo pidiera… o si fracasaba una docena de veces más sin remedio.
Sin embargo, Mary parecía muchísimo más feliz ahora que James ya no se trasladaba a Londres.
En lugar de eso, le había dicho a su madre que simplemente se cambiaría a Psicología el año siguiente.
Era genial para ambos: James no tenía que aceptar un trabajo y estudiar una carrera que no le interesaba sin tener que mudarse a otro país, y Mary no tenía que contar los días que faltaban para que se fuera e intentar precipitar una confesión de amor.
Ahora tenían tiempo.
El día transcurrió sin mayores incidentes, con mis mejores amigos actuando como mis guardaespaldas personales.
Algunas personas intentaron grabarme y subir fotos a las redes sociales solo para parecer relevantes.
Pero lo que también ayudó fue saber que todo se calmaría en el plazo de una semana.
Casi al final del día, James tuvo que irse a toda prisa.
—Tengo que recoger unas cosas para mi madre en el bufete, ya que no le permiten entrar en el edificio ahora que, técnicamente, ha comprado su salida de la firma.
Morgan y Monroe simplemente no quieren arruinar su ya mermada reputación.
Mary y yo nos despedimos y bajamos a donde nos esperaba Emily.
—No quiero que digas nada —dijo Mary de repente.
—Eh, no lo he hecho… pero podría —me reí entre dientes.
—Por favor, no lo hagas.
Sé que se me da fatal ligar… Es solo que esperaba que ya se hubiera ido, pero ahora sigue aquí.
No tengo ni idea de qué hacer.
—Mira el lado bueno, tienes tiempo —señalé—.
Pero si quieres dar el paso más pronto que tarde… ¿por qué no le preguntas si quiere ser tu acompañante en mi fiesta de compromiso?
—Pensará que le estoy tomando el pelo.
—Pues entonces déjale claro que hablas totalmente en serio.
Vosotros tenéis una larga historia y os picáis bastante.
Va a pensar que estás de broma si no le dejas claro que es en serio.
Emily gritó.
—¡Daos prisa, tardonas!
¡Me muero de hambre!
Punto de vista de James
Recorrí el despacho de mi madre, metiendo en una bolsa todo lo que había en su lista: libros, unidades de memoria, archivos… básicamente cualquier cosa que su antiguo socio pudiera usar en su contra.
Aproveché también para recoger sus objetos personales.
No tenía mucho, pero había algunas fotografías de ella y mías en algunos eventos.
Una vez que lo hube recogido todo, me di la vuelta para irme, pero me encontré cara a cara con la mujer que había saboteado el expediente académico de Rosa… Stella, creo que se llamaba.
—¡Perdona!
¿Qué demonios crees que estás haciendo aquí?
—exclamó, mirando la bolsa de cosas que tenía en las manos—.
¡Voy a llamar a seguridad, escoria ladrona!
—¡Espera, espera, espera!
—exclamé.
Saqué la foto de mi madre y mía y se la enseñé—.
Soy James Harrow, el hijo de Winter Harrow.
Solo estoy recogiendo algunas cosas para mi madre.
—Ah —dijo, y su expresión cambió a una de decepción.
¿Acaso le hacía ilusión llamar a seguridad para denunciar a alguien?
Además, por lo que Rosa y Mary me habían contado de ella, no era precisamente valiente, así que si de verdad hubiera pensado que yo era un ladrón, habría salido corriendo.
Quizá solo pensó que era un becario cualquiera y quiso demostrar algo de autoridad.
—Bueno, la próxima vez deberías llevar un pase de visitante.
Además, ya era hora de que vinieras a sacar sus cosas… No he podido usar este despacho por su culpa.
Fruncí el ceño.
Estaba bastante seguro de que el despacho de mi madre estaba destinado únicamente al personal directivo.
Según Rosa, Stella todavía estaba en la facultad de Derecho y había sido becaria con ella en la firma de Cayden.
—Perdona, pero ¿por qué necesitarías usar este despacho?
Está reservado solo para empleados de alto rango.
Stella resopló con desdén y se echó el pelo hacia atrás como el típico estereotipo de chica mala.
Casi vomito.
—Me han ascendido a asociada sénior y me ascenderán a socia en cuanto reúna el capital suficiente para la compra de participación.
—Eso no es posible.
Mi madre te contrató hace apenas dos meses y todavía eres una estudiante —señalé.
Stella pareció enfurecerse y me señaló con su dedo de uña morada.
—Haré que te saquen de este edificio por tu flagrante falta de respeto.
Puedes comprobar mis credenciales.
Estoy más que cualificada, aunque no necesito demostrártelo.
Ahora, apártate de mi camino antes de que llame a seguridad de verdad.
Me apartó de un empujón y se dejó caer en la cara silla de cuero marrón.
Apreté los dientes, intentando mantener la compostura.
Esa mujer era absolutamente insufrible.
—Bien —dije, decidiendo que no merecía la pena discutir con ella—.
Disfruta de tu despacho robado.
Salí de la habitación, sintiendo una mezcla de rabia y frustración.
Mi madre se merecía algo mucho mejor que esto.
No podía creer que esa mujer tuviera el descaro de reclamar el puesto y el despacho de mi madre de esa manera.
Mientras salía del edificio, saqué el móvil y marqué un número.
Era hora de traer refuerzos.
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