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Enjaulada - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 24 horas antes 1ª parte
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2: 24 horas antes (1ª parte) 2: 24 horas antes (1ª parte) Karla se despertó con una mezcla de nerviosismo y emoción.

Hoy celebra su 18.º cumpleaños, una fecha que ha anhelado con entusiasmo.

El sol radiante que se cuela entre las cortinas ilumina suavemente el espacio.

De un salto ha salido de la cama, estirándose y sonriendo, mientras piensa en la fiesta que Andy celebrará en su honor.

Abre la puerta del armario eligiendo el conjunto perfecto, pero no deja de darle vueltas a la cabeza; una inquietud ronda su mente y no puede concentrarse.

Andy, su pareja, ha estado algo distante últimamente, y aunque no quiso darle importancia, hoy no puede evitar que esa sensación se filtre como una intuición que intenta advertirle de algo.

Es su cumpleaños y lleva semanas pensando en él; no está dispuesta a arruinarlo, así que respira hondo, sonríe y baja con su mejor atuendo a la cocina, donde espera encontrar a sus padres listos para sorprenderla con un desayuno especial.

Su entusiasmo se desvanece cuando encuentra a su madre medio dormida, escogiendo una taza para el café recalentado.

Karla siente una punzada de decepción al ver que no hay rastro del desayuno que imaginó.

Mientras procesa la escena, su padre cruza la cocina.

Hoy saldrá más tarde que de costumbre y, sin levantar la vista del reloj, le dará los buenos días sin alegría.

Karla se queda paralizada, sintiéndose invisible.

¡No se han acordado de mi cumpleaños!

Grita una voz en su interior.

La indiferencia de sus padres la desconcierta; intenta mantener la calma y no permitir que eso arruine el día.

Se promete disfrutar de su fiesta, de sus amigos y de Andy.

La relación entre Karla y sus progenitores es un entramado complejo, lleno de silencios y contradicciones.

Aunque existe cariño, también conviven tensiones, roces y malentendidos que enturbian la comunicación.

En las últimas semanas, Karla ha percibido un ambiente enrarecido, donde cualquier comentario puede encender discusiones por motivos insignificantes.

Con su madre siempre sintió una unión especial.

Sin embargo, últimamente ha observado señales inquietantes: ojeras profundas, la ausencia de su sonrisa cálida o el temblor de sus manos al revisar la correspondencia.

Hay una tensión nueva, un muro invisible.

Karla piensa que sus padres han cambiado, quizá porque ella ha alcanzado la mayoría de edad, y eso se refleja en la frialdad con la que la tratan.

Karla, recién cumplidos los 18, es una joven de espíritu luminoso y lleno de matices.

Posee resiliencia y una facilidad natural para recuperar el ánimo.

Es leal, empática y muy consciente de las emociones ajenas, aunque esa sensibilidad la hace vulnerable cuando siente que sus amigos no la ven realmente.

Aun así, intenta encontrar el lado positivo, incluso cuando los planes fallan.

Valora su independencia y la emoción de entrar en la adultez, deseando tomar decisiones y afrontar desafíos sin depender de nadie.

Pese a su juventud, reflexiona con profundidad sobre lo que vive y siente, aprendiendo de cada tropiezo, aunque eso la haga más sensible a las decepciones.

Su carácter decidido la impulsa a avanzar con esperanza, buscando el camino hacia la felicidad.

Hoy ha decidido dejar a un lado la frialdad reciente de sus padres.

Mañana intentará entender qué ocurre; ahora quiere refugiarse en sus amigos, reunidos en su café favorito del centro.

El lugar rebosa risas y energía festiva.

Sentada en una mesa decorada con globos y confeti, la cumpleañera comparte los planes para la noche.

—Chicas, esta noche vamos a salir a bailar y a arrasar —dice Karla entre risas.

Sus amigas celebran la idea y enseguida comentan ropa, posibles acompañantes y cómo lograr una noche memorable.

Entre cafés y pasteles, la charla se vuelve más íntima: chicos, secretos, anécdotas y besos pendientes.

En medio de las confidencias surge la figura del padre de Karla, a quien adora con una cercanía especial.

Aunque quiere a ambos, con él comparte intereses y conversaciones sin juicio.

Es su apoyo más firme, su refugio emocional.

Cuando alguien pregunta por Andy, Karla se ruboriza.

Sabe que él prepara la fiesta en la casa de campo, pero también que últimamente la evita y se distrae con el móvil.

Hace poco vio una foto suya con un desconocido encapuchado en un lugar extraño y las explicaciones de Andy fueron vagas.

Por suerte, sus amigas están allí para animarla.

No permitirán que pierda la sonrisa que ilumina la mesa.

Entre bromas y despedidas, Karla se siente afortunada antes de marcharse… solo por un rato.

Se dirige al centro comercial y entra de tienda en tienda buscando accesorios para deslumbrar, entrando y saliendo de los probadores, disfrutando cada prenda.

Pero algo la molesta: una sensación incómoda, como si alguien la observara.

Mira a su alrededor, pero no ve nada fuera de lo común.

Decide ignorarlo y seguir con sus compras.

Sin embargo, la sensación persiste.

Cada vez que Karla se detiene frente a un escaparate, siente una presión invisible sobre la nuca, como si unos ojos ajenos se clavaran en ella.

Es una sensación sutil, pero lo bastante insistente como para obligarla a girar la cabeza.

Su mirada recorre el entorno, inquieta, intentando encontrar una explicación.

Y entonces tropieza con un hombre extraño, situado a cierta distancia, que parece observarla con una quietud inquietante.

Karla intenta tranquilizarse.

Se repite que es absurdo pensar que alguien podría seguirla.

¿Quién iba a hacerlo?

¿Por qué?

Se obliga a sonreír, como si así pudiera disipar la idea.

Qué tontería, se dice.

Pero la duda ya ha echado raíces.

En cuanto retoma el paso y entra en una tienda de lencería, el leve alivio que había logrado reunir se desmorona.

El hombre entra detrás de ella y el sonido de la puerta al cerrarse le provoca un sobresalto.

Su corazón, que antes latía con normalidad, comienza a golpearle el pecho con una fuerza descontrolada, como si quisiera advertirle de un peligro inminente.

La serenidad que la acompañaba al inicio de la tarde se transforma en una ansiedad creciente, una inquietud que se expande por su cuerpo como una ola helada.

Se queda quieta, paralizada entre los estantes, sin saber qué hacer.

Sus manos tiemblan ligeramente mientras finge mirar una prenda cualquiera, incapaz de concentrarse en nada.

Siente cómo la respiración se le vuelve superficial, entrecortada, como si el aire se hubiera vuelto más denso.

El hombre pasa a su lado con paso lento, deliberado y la mira de reojo con una sonrisa ladeada, burlona, que le eriza la piel.

Ese gesto, tan pequeño y tan perturbador, le confirma lo que ya temía: no es una coincidencia.

Y entonces, inevitablemente, su mente la arrastra a las noticias recientes.

Apenas unos días atrás, los informativos hablaban de varias jóvenes desaparecidas en la región, chicas de su edad, algunas incluso menores, cuyos paraderos seguían siendo un misterio.

Las imágenes de sus rostros, acompañadas de palabras como búsqueda, alerta e investigación, se le quedaron grabadas.

Recordaba la angustia en los ojos de los familiares, la incertidumbre y el miedo colectivo que había invadido la ciudad.

En aquel momento, Karla sintió compasión y una inquietud lejana, pero jamás imaginó que ese temor pudiera rozarla.

Ahora, mientras el desconocido se aleja unos pasos sin dejar de observarla, comprende que esas noticias ya no son historias ajenas.

Se han convertido en una sombra que se cierne sobre ella, una posibilidad real que le oprime el pecho.

Un escalofrío le recorre la espalda, lento y afilado, como un hilo de hielo deslizándose por su columna.

Su mente se llena de pensamientos desordenados: ¿Y si él es como los hombres de los que hablaban en la televisión?

¿Y si no es casualidad?

¿Y si…?

No puede terminar la frase.

Solo sabe que algo no encaja.

Que ese hombre no está allí por accidente.

Su intuición, esa voz que tantas veces ignoró, ahora ruge con urgencia.

Karla traga saliva, intentando reunir valor, pero la vulnerabilidad la envuelve.

Se siente pequeña, expuesta, como si el mundo se hubiera vuelto demasiado grande y peligroso.

Y mientras el desconocido finge mirar un estante sin dejar de vigilarla, entiende que su miedo es real.

Una advertencia que no puede ignorar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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