Enjaulada - Capítulo 3
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3: 24 horas antes (2ª parte) 3: 24 horas antes (2ª parte) Con el pulso acelerado, Karla alza el brazo, llamando la atención de la dependienta que acude en su busca inmediatamente.
Karla le pide consejo con la esperanza de que el tipo que la vigila se marche.
En cuanto le ve salir de la tienda, le cuenta sus temores a la vendedora y, a su vez, efectúa una llamada al centro de seguridad del centro comercial, sin perder de vista al perseguidor.
Karla se siente aliviada y agradecida; el hecho de que el vigilante de seguridad haya intervenido para espantar al tipo que la molestaba y la haya acompañado hasta subir al taxi le da una sensación de seguridad y protección.
Su calma se resquebraja, sostenida apenas por la voz monótona de la emisora que el taxista ha dejado sonar.
En su mente desfilan las escenas: la alegría con la que abrió los ojos esa mañana, seguida por el golpe seco de la decepción al ver a su madre pasar de largo, sin la prisa de otros años, sin el abrazo que antes llegaba antes que el sol.
Su propio cumpleaños número dieciocho, olvidado.
Luego recuerda la risa con sus amigas, el alivio momentáneo, la sensación de que por fin el día retomaba el rumbo que había imaginado… hasta que dejó de hacerlo.
Karla llega a casa sin más incidentes.
Despide al taxista y abre la puerta, entrando en el silencio de su hogar.
La tranquilidad de su casa le da una sensación de paz, pero nota la ausencia de sus padres.
En la mesa del comedor encuentra una nota escrita con la caligrafía de su madre.
La toma y la lee con curiosidad: “Querida, hemos tenido que salir.
Esta noche hay una fiesta de despedida para tu padre en su trabajo; es algo inesperado pero muy importante.
Sentimos no poder acudir a tu fiesta de cumpleaños; espero que lo entiendas.
Pásatelo muy bien, disfruta.
Muchos besos, cariño.” Atónita por lo que acababa de leer, dejó el papel de nuevo sobre la mesa y se sentó intentando digerir la noticia.
No tenía ni idea de que su padre fuese a dejar su puesto de trabajo, y mucho menos de que tuviese una fiesta de despedida esa misma noche, la noche en que tenían que estar en su esperada fiesta de cumpleaños.
Confundida, decide llamar a sus padres de inmediato sacando el móvil de su bolso, marcando el número de su madre con nerviosismo y esperando ansiosa.
Tras unos tonos, su madre contesta, pero su voz suena diferente, entrecortada.
—Hola, mamá, ¿Qué está pasando?
¿Qué es eso de la fiesta de despedida del trabajo de papá?
¿Por qué no me habéis dicho nada?
—Karla, enojada, dispara preguntas sin dar opción a que le contesten.
—Cariño, lo siento mucho.
Ahora no puedo hablar.
Perdóname, he intentado hacer todo lo posible para estar junto a ti.
—Su madre le respondió con voz temblorosa.
—¡Mamá!
¿estás llorando?
No entiendo nada.
¿Qué está ocurriendo?
—exclama Karla; siente que algo no marcha bien.
Se queda en silencio por un momento, sintiendo que una sensación de pánico se apodera de ella.
—Pásame con papá; quiero hablar con él.
—Pide a su madre, intentando no llorar, y antes de que su madre pueda responder, oye la voz de su padre al fondo, firme, pero preocupada—¡Cuelga la llamada, por favor!
No tenías que haber contestado.
Aún no está preparada para entenderlo.
Karla siente un escalofrío; presiente que algo malo está sucediendo.
Hay algo que sus padres no quieren que sepa.
La llamada se corta bruscamente, dejándola con más preguntas que respuestas y una sensación de temor creciente.
Seguidamente, decide volver a marcar el teléfono de su madre, pero el móvil está apagado o fuera de cobertura.
Cuelga y marca inmediatamente el número de Andy, necesita hablar con él, está inquieta, asustada y necesita oír su voz, qué la diga que realmente no ocurre nada malo, que los padres actúan así para no preocupar a los hijos y qué si está noche no está con ellos, no pasa nada, tendrá otros 364 días para celebrar la mayoría de edad con ellos.
Andy responde con calma, aceptando las teorías de Karla y sugiriéndole que vaya a su casa de campo para prepararse para la fiesta sin problemas.
—Ya verás cómo no pasa nada grave; serán cosas de padres.
Lo mismo quieren prepararte una sorpresa y tu madre ha estado a punto de estropearla.
No te preocupes más y date prisa; te esperamos.
Le dijo Andy sin pizca de preocupación en su voz.
La llegada a la casa de los padres de Andy fue rápida.
Cuando bajó del taxi, Andy estaba esperándola, algo distraído, mirando la pantalla de su móvil y, aunque Karla notó a su novio algo distante, corrió hacia él buscando la protección de sus brazos y, aun con la preocupación latente por sus padres, decidió disfrutar del momento, de la atmósfera festiva y de sus amigos.
Andy estaba a su lado cuando sopló las velas y todos le cantaron la canción de “Cumpleaños feliz”.
Entusiasmada, comenzó a rasgar el papel de color brillante que envolvía el primer regalo; el primer objeto la hizo sonreír de oreja a oreja y algunas risas escaparon de los asistentes.
A medida que se abren más regalos, hay exclamaciones de sorpresa, abrazos de agradecimiento y, a veces, incluso lágrimas de felicidad.
Cada regalo tiene una historia detrás, un pensamiento especial de quien se lo da, lo que hace que Karla se sienta amada.
Agotada de tantas muestras de amor, sintió una agradable caricia en su hombro, levantó la vista y vio a su novio con una mirada misteriosa en el rostro.
Sin decir ni una palabra, él extendió su mano hacia ella invitándola a levantarse y acompañarle.
Con curiosidad, se dejó guiar hasta el centro de la sala entre los comentarios alegres y pícaros de los asistentes.
Andy la atrajo hacia él, envolviéndola en un abrazo cálido y protector; la besó sensualmente en el cuello.
Podía sentir su corazón latiendo con fuerza sobre su pecho.
—¿Qué planeas?
—Le preguntó ella, mostrando un aire de entretenimiento y curiosidad.
—Él no respondió de inmediato.
En lugar de eso, deslizó una mano en el interior del bolsillo de su chaqueta, sacó un pequeño sobre y con gesto teatral le enseñó dos billetes de avión.
—¿Qué es esto?
—preguntó ella, llena de emoción.
—¡Nuestro próximo destino!
—Dijo él, entregándole los billetes.
—Nos vamos a Georgia, Estados Unidos, para ver dónde se filmó tu serie favorita, “The Vampire Diaries”.
Karla quedó sin habla; con los ojos llenos de lágrimas, se lanzó al cuello de su novio, abrazándolo firmemente, mientras exclamaba: —¡No puedo creerlo!
Es el mejor regalo de todos.
Te quiero, Andy—y le besó suavemente en los labios.
Andy la cogió de la mano y juntos subieron a la parte de arriba para estar más tranquilos y concretar los preparativos del viaje.
Andy le explicó que el viaje realmente fue pagado por los padres de Karla, algo que la dejó completamente desconcertada.
Incluso le contó que fueron ellos los que insistieron en que realizaría dicho viaje; de hecho, la fecha de salida era mañana al mediodía.
Karla miró las letras impresas del billete.
Visitaría “Mystic Falls”, el lugar en el que Damon, Elena y Stefan se enamoraron.
Tendría que estar extremadamente feliz, pero en su corazón sentía una mezcla de sentimientos difíciles de ignorar.
Algo no terminaba de encajar; una inquietud sorda comenzaba a treparle por el pecho.
¿La estaban apartando de algún peligro real?
¿O simplemente querían mantenerla al margen por un tiempo?
La duda se instaló en su mente, ensombreciendo la alegría que había sentido unos minutos antes.
Andy se giró de golpe, intentando ocultar la pantalla del móvil.
—¿Son mis padres?
—preguntó ella, clavándole la mirada.
—No —respondió él, seco, sin molestarse en añadir nada más.
Aquello la irritó.
—Será ese amigo nuevo con el que sales tanto.
No estarás metido en nada raro, ¿verdad?
Tenía un aspecto horrible.
—¡Basta, Karla!
—estalló Andy—.
No tengo que pedirte permiso para tener otros amigos.
Karla, llena de rabia, apretó los billetes del viaje hasta arrugarlos y salió de la habitación sin mirar atrás, dejando a Andy completamente desconcertado.
Bajó las escaleras de dos en dos y abandonó la fiesta.
Su mente era un torbellino de preguntas sin respuesta.
Al llegar a casa, el silencio la recibió de nuevo.
Subió las escaleras.
Escuchó ruidos en la habitación de sus padres y se acercó, giró el picaporte de la puerta.
Su cuerpo se tensó y el miedo la invadió; empujó la puerta lentamente.
La habitación estaba en penumbra, pero pudo distinguir dos figuras que no eran sus padres, moviéndose rápidamente, revolviendo cajones y armarios.
Las sombras se detuvieron en seco al verla.
Por un instante, el tiempo pareció congelarse.
Uno de los hombres se lanzó hacia ella, intentando agarrarla.
Ella retrocedió, pero el otro tipo ya estaba detrás suyo, bloqueando su escape.
—¡Suéltame!.
Gritó, luchando con todas sus fuerzas.
Pero ellos eran demasiado fuertes.
Uno le sujetó fuertemente del brazo mientras el otro le tapaba la boca, silenciando sus gritos.
Karla sintió un fuerte golpe en la cabeza y su mundo se volvió borroso.
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