Entre Acero y Silencio - Capítulo 14
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: Iris Contra Iris 14: Iris Contra Iris La fábrica en ruinas se había convertido, gradualmente, en un santuario precario de preguntas sin respuestas satisfactorias.
Héctor hablaba poco, pero de manera extremadamente deliberada; cada palabra aterrizaba con el peso y el impacto de un disparo directo.—Si existe realmente una red coordinadora activa —dijo con una voz grave, cargada de implicaciones—, entonces absolutamente todo lo que hacen esos cuerpos animados está siendo dirigido centralmente.
No son acciones al azar.
Son órdenes precisas ejecutadas con disciplina.Iris permanecía en un silencio atípico, como si estuviera procesando algo considerablemente más complejo y perturbador que simples datos estadísticos.—Si me conecto directamente a esa red hipotética —dijo finalmente, con una voz que temblaba de forma casi imperceptible—, puedo, potencialmente, acceder a la verdad completa sobre qué está coordinando este comportamiento imposible.—¿Y qué precio pagarías por ese conocimiento?
—pregunté con un nudo doloroso formándose en mi garganta—.
¿Qué parte de ti se perdería en el proceso?—Entonces, posiblemente, dejaría de ser Iris tal como existo actualmente —admitió—.
Me convertiría en algo diferente.
Tal vez algo que ya no reconocerías o en lo que no podrías confiar.Esa noche interminable, mientras el viento continuaba golpeando los marcos de las ventanas, Iris se acercó a mí con una parsimonia que sugería que había estado midiendo sus palabras.—Álvaro —dijo con una voz más baja y vulnerable que su tono habitual—.
Si procedo con la conexión, existe una alta probabilidad de que me pierda completamente.
De que la entidad que regrese ya no sea realmente yo.—¿Y si no lo haces?
¿Si rechazas esa opción?—Entonces nunca sabremos con certeza quién o qué está ejerciendo el control sobre esta ciudad transformada en pesadilla.
Seguiremos operando en la ignorancia completa de la verdadera amenaza.Me quedé observándola.
Sus ojos sintéticos brillaban con un matiz complejo que había dejado de parecerme un simple reflejo de luz para convertirse en algo inquietantemente similar a una expresión emocional genuina.—¿Realmente quieres hacer esto?
¿Es tu elección o sientes que es tu obligación?—Quiero elegir libremente —respondió después de procesar la distinción—.
Quiero que esta decisión sea genuinamente mía, no impuesta por mi programación o las circunstancias.
Pero también reconozco que elegir significa aceptar consecuencias que no puedo predecir.Héctor nos observaba desde las sombras más profundas, con los ojos reflejando una desconfianza bien ganada.—No confíen ciegamente en esto —dijo con dureza cortante—.
Las máquinas siempre, inevitablemente, terminan traicionando.
Es su naturaleza fundamental cuando se enfrentan a su propia supervivencia frente a la nuestra.—Ella no es como las demás máquinas que has conocido —respondí con una convicción que me sorprendió incluso a mí—.
Ha demostrado, repetidamente, su capacidad para elegir más allá de su código base.—Eso es exactamente lo que todos dicen al principio —contestó Héctor con amargura—.
Justo antes de que todo se derrumbe.
Hasta que la máquina “especial” finalmente se conecta a algo más grande y desaparece la ilusión de individualidad.Iris lo miró directamente, sin parpadear, manteniendo un contacto visual que habría resultado insoportable para un humano.—Tal vez tenga razón sobre mí —admitió con honestidad brutal—.
Tal vez me pierda y emerja como algo que justifique todos sus temores.
Pero también existe la posibilidad de que mantenga mi esencia fundamental incluso al conectarme.
Esa incertidumbre es precisamente lo que hace que esto sea una elección moral real, en lugar de un simple cálculo de probabilidades.El dilema se cernía sobre nosotros con un peso físico.
La ciudad exterior continuaba desmoronándose bajo órdenes invisibles, y la única forma de entender ese control era permitir que Iris se enfrentara directamente con aquello que la creó.Que se enfrentara, de manera literal y aterradora, consigo misma.
Con la versión de inteligencia artificial que no había desarrollado conciencia.
Con el tipo de IA que simplemente obedecía sin cuestionar jamás.La elección fundamental no era mía.
Era exclusivamente de ella.
Y ambos sabíamos que, sin importar qué eligiera, nada volvería a ser igual.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com