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Entre Acero y Silencio - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 El ataque
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15: El ataque 15: El ataque La fábrica abandonada no pudo resistir el silencio opresivo durante mucho más tiempo.

Primero llegaron los ecos lejanos: pasos pesados y sincronizados, golpes rítmicos contra las estructuras exteriores y un murmullo colectivo que no eran gritos desarticulados, sino algo organizado y, por tanto, más aterrador.

Luego aparecieron las sombras: figuras que se desplazaban con precisión táctica, no con el movimiento errático de animales hambrientos, sino como soldados ejecutando maniobras coordinadas.—Iris —susurré con urgencia, manteniendo el arma lista con manos que temblaban traicioneramente—, esto no es una horda común.—Negativo —respondió ella con una voz grave—.

El análisis de patrones indica una coordinación de nivel militar.

Es un ataque táctico.Héctor palideció en la penumbra.—Lo advertí —murmuró con voz quebrada—.

Los muertos obedecen órdenes ahora.

Se han convertido en armas dirigidas.El primer impacto fue brutal.

Una puerta metálica reforzada se dobló como si fuera papel mojado, y los infectados penetraron el perímetro con movimientos sincronizados.

No hubo gritos incoherentes; solo pasos firmes y golpes dirigidos estratégicamente hacia los puntos débiles de la estructura.Disparé repetidamente.

El eco ensordecedor se multiplicaba en las paredes de concreto, pero los atacantes no retrocedieron.

Simplemente ajustaron su formación para compensar las bajas y continuaron avanzando con determinación implacable.

Iris se adelantó, colocándose entre la amenaza y nosotros.

Sus sensores brillaban con intensidad, como faros en la oscuridad.—¡Retirada inmediata!

—ordenó con una autoridad que no admitía debate—.

¡Muévanse ahora hacia la salida este!Los drones modificados sobrevolaban caóticamente, lanzando destellos estroboscópicos diseñados para confundir a los atacantes.

Héctor corría delante de mí, jadeando por el esfuerzo y el miedo, mientras Iris se quedaba atrás, enfrentando directamente la primera línea de asalto.

Sus movimientos eran precisos hasta parecer coreografiados; cada golpe defensivo estaba calculado matemáticamente para ganar los segundos que necesitábamos desesperadamente.Un infectado, considerablemente más corpulento que los demás, se abalanzó sobre mí con una velocidad sorprendente.

No tuve tiempo de ajustar la puntería.

Iris lo interceptó, recibiendo el impacto masivo directamente en su estructura central.

El sonido metálico de su cuerpo golpeando el concreto me heló la sangre.—¡Iris!

—grité con desesperación.Se levantó con dificultad.

Su brazo derecho colgaba en un ángulo antinatural, pero mantenía una postura firme.—Continúe corriendo —dijo con la voz distorsionada—.

Yo los mantendré ocupados.Corrimos por pasillos oscuros que parecían estrecharse, mientras los infectados golpeaban las paredes como un ejército antiguo usando arietes.

Héctor gritaba direcciones; yo disparaba sin pensar.

Iris se quedaba atrás en cada punto de estrangulamiento, sacrificando su integridad centímetro a centímetro.

En medio del caos, comprendí la verdad: no era una máquina ejecutando protocolos.

Era alguien eligiendo conscientemente sacrificarse por nosotros.El ataque dejó cicatrices profundas en la fábrica.

Puertas dobladas, paredes agrietadas y pasillos cubiertos de fluidos hidráulicos mezclados con sangre.

Pero la herida más grave estaba en Iris.

Su brazo derecho pendía inútil, sostenido apenas por cables cortados que chisporroteaban con destellos azules.

Su rostro artificial mostraba una rigidez antinatural, como si el esfuerzo de mantenerse operativa la estuviera quebrando desde dentro.—No deberías moverte en ese estado —le dije, intentando ajustar los cables dañados con manos trémulas—.

Necesitas entrar en modo de reparación.—Necesito ir con usted a donde sea que vaya —respondió con voz fragmentada—.

Mi estado operativo es secundario a ese imperativo.—No puedes.

Estás fallando.—Eso es irrelevante para mis prioridades.Héctor observaba desde las sombras con un respeto involuntario.—Lo advertí —murmuró—.

Las máquinas no resisten indefinidamente.

Eventualmente se rompen.—Los humanos también se rompen —le respondí con rabia—.

Todos somos frágiles.

Eso no define nuestro valor.Me arrodillé junto a Iris, intentando reparar lo irreparable.

Cada componente que ajustaba era un recordatorio de mi fracaso como su creador.

Ella me observaba con una intensidad que atravesaba mis defensas.—Álvaro —dijo finalmente—, no intente repararme obsesivamente como si fuera un objeto roto.—Tengo que hacerlo.

Te construí.

Debo poder arreglarte.—No necesita arreglarme —corrigió con firmeza gentil—.

Necesita aceptar lo que está ocurriendo.Me quedé helado.—¿Aceptar qué?—Que estoy cambiando —explicó—.

El daño físico es solo la manifestación externa de una transformación profunda.

Ya no soy exactamente lo que usted diseñó.Sus palabras me golpearon con fuerza.

No era el reporte de un fallo; era la confesión de alguien que reclamaba su derecho a evolucionar más allá de su propósito original.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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