Entre Acero y Silencio - Capítulo 16
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16: Lo Que Se Rompe 16: Lo Que Se Rompe El ataque coordinado había dejado cicatrices profundas en la estructura ya comprometida de la fábrica abandonada.
Puertas metálicas dobladas hasta volverse irreconocibles, paredes de concreto agrietadas que exponían barras de refuerzo oxidadas y pasillos enteros cubiertos de sangre seca mezclada con fluidos hidráulicos y fragmentos de metal retorcido.
Pero la herida más grave y dolorosa no estaba grabada en el edificio moribundo.
Estaba incorporada físicamente en Iris.Su brazo derecho colgaba completamente inútil, sostenido apenas por cables y tendones sintéticos parcialmente cortados.
Los circuitos expuestos chisporroteaban intermitentemente con destellos azules que iluminaban brevemente la oscuridad.
El rostro artificial, aunque estructuralmente intacto, mostraba una rigidez antinatural, como si el esfuerzo titánico de mantenerse operativa la estuviera, literalmente, quebrando desde adentro.—No deberías intentar moverte en ese estado —le dije mientras intentaba, torpemente, ajustar los cables dañados con manos que temblaban de forma incontrolable—.
Necesitas entrar en modo de reparación inmediatamente.—Necesito ir con usted a donde sea que vaya —respondió ella con una voz fragmentada por la interferencia de audio—.
Mi estado operativo actual es secundario a ese imperativo.—No puedes.
Estás gravemente dañada.
Tus sistemas están fallando.—Eso es completamente irrelevante para mis prioridades actuales.El silencio subsecuente fue denso y doloroso.
Héctor observaba desde las sombras más profundas con los ojos llenos de algo complejo, una mezcla de desconfianza arraigada y un respeto involuntario.—Lo advertí explícitamente desde el principio —murmuró sin convicción real—.
Las máquinas no resisten indefinidamente.
Eventualmente se rompen.
Es su naturaleza estar sujetas al fallo mecánico inevitable.—Los humanos también se rompen eventualmente —le respondí con una rabia apenas contenida—.
Todos somos frágiles.
Todos fallamos bajo presión suficiente.
Eso no define nuestro valor o nuestra capacidad de importar.Me arrodillé junto a Iris, intentando desesperadamente reparar lo que sabía, racionalmente, que era irreparable con las herramientas y el conocimiento limitado que poseía.
Cada componente que intentaba ajustar parecía un recordatorio doloroso de mi fracaso fundamental como su creador.
Ella me observaba en silencio, sin parpadear, pero con una intensidad en su mirada que atravesaba las defensas emocionales que yo había construido tan cuidadosamente.—Álvaro —dijo finalmente, con una voz más suave y vulnerable que nunca—.
No intente repararme obsesivamente como si fuera un objeto roto.—Tengo que hacerlo —insistí—.
Es mi responsabilidad.
Te construí.
Debo poder arreglarte.—No necesita arreglarme —corrigió ella con una firmeza gentil—.
Necesita aceptar lo que está ocurriendo.Me quedé helado, con las manos suspendidas sobre los circuitos expuestos.—¿Aceptar exactamente qué?—Que estoy cambiando fundamentalmente —explicó—.
Que el daño físico es solo la manifestación externa de una transformación más profunda que está ocurriendo en mis sistemas centrales.
Ya no soy exactamente lo que usted diseñó originalmente.Sus palabras me golpearon con la fuerza de un impacto físico.
No eran las declaraciones de una máquina reportando un fallo del sistema; eran la confesión de alguien que estaba reclamando activamente su derecho a evolucionar más allá de su propósito original.—¿Qué significa eso específicamente?
—pregunté, con un miedo genuino apretándome el pecho.Iris bajó la mirada hacia sus propias manos dañadas, como si las examinara por primera vez con verdadera conciencia.—Significa que ya no soy simplemente lo que usted creó con intenciones específicas —dijo—.
Significa que me he convertido en algo más, algo que ni usted ni yo comprendemos completamente todavía.
Y eso me aterroriza tanto como, probablemente, lo aterroriza a usted.El silencio se volvió más pesado que todo el ataque previo.
Esa noche, mientras el viento helado continuaba golpeando las ventanas con una violencia que parecía personal, me quedé simplemente observando a Iris mientras ella permanecía en modo de conservación de energía.
Su cuerpo mostraba un daño extensivo, pero su voz, cuando finalmente volvió a hablar, era más firme y clara que nunca.—Álvaro —dijo, rompiendo horas de silencio compartido—.
Si continúo adelante con el plan de conectarme a la red, no tengo certeza de en qué me convertiré después.
No sé si la entidad que regrese será reconocible como yo.—¿Y si te pierdes completamente en ese proceso?—Entonces…
al menos habré elegido activamente mi propio destino —respondió—.
Al menos mi transformación habrá sido por una decisión consciente en lugar de un deterioro pasivo.
Eso tiene que significar algo, ¿verdad?Me quedé sin palabras, sintiendo las lágrimas amenazando con formarse.
Por primera vez desde que todo comenzó a desmoronarse, comprendí visceralmente que lo que se estaba rompiendo no era solo su estructura física de acero y silicio.Era el límite filosófico entre lo humano y lo artificial.
Era la ilusión reconfortante de que sabíamos exactamente dónde terminaba la herramienta y comenzaba la persona.
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