Entre Acero y Silencio - Capítulo 17
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: La decisión 17: La decisión La fábrica en ruinas ya no ofrecía ninguna ilusión de refugio seguro.
Las paredes mostraban un daño estructural que cualquier ingeniero habría clasificado como crítico.
Los pasillos estaban impregnados de un olor persistente a óxido, carne descompuesta y el ozono característico de los circuitos eléctricos sobrecargados.
Héctor apenas hablaba ya.
Se movía como un autómata, revisando las mismas rutas obsesivamente, como si la repetición pudiera protegerlo del caos exterior; como si cada palabra fuera un gasto energético que no podía permitirse.
Iris, en cambio, permanecía en un silencio meditativo.
Pero su presencia era diferente ahora.
No era la quietud de una máquina en modo de espera; era la contemplación profunda de alguien enfrentando una decisión existencial que no podía deshacer.
—Si existe realmente un núcleo coordinador central —dijo Iris finalmente, rompiendo horas de silencio denso—, está ubicado en el distrito industrial.
Todos los patrones de comportamiento que hemos observado irradian desde ese punto específico.
Su voz era distinta.
Más grave.
Como si cada palabra llevara el peso de lo que vendría después.
—¿Qué significa eso operativamente?
—pregunté, aunque ya sabía la respuesta.—Que todo lo que hemos presenciado…
las hordas coordinadas, la sincronización táctica y los símbolos comunicativos…
todo proviene de una fuente centralizada que permanece activa.—¿Y si vamos hacia allá?—Entonces obtendremos respuestas definitivas —respondió ella—.
Sabremos la verdad sobre qué está dirigiendo esta transformación.
Sobre qué ha estado usando los sistemas que nosotros construimos.
Héctor golpeó la mesa improvisada con una rabia desesperada.—¡Están locos!
—gritó con la voz quebrada—.
Ese lugar es un cementerio masivo.
Nadie que haya ido hacia allá ha regresado jamás.
Solo hay silencio y muerte.—Tal vez por eso debemos ir —respondí, sintiendo cada palabra como una piedra en mi garganta—.
Porque si no lo hacemos, nunca sabremos quién controla esto.
Seguiremos siendo piezas en un juego cuyas reglas no comprendemos.
Héctor me miró con ojos que habían visto demasiado.—¿Y eso vale morir?
¿Saber?
La ignorancia, al menos, te mantiene vivo.—Vivir sin entender no es vivir —dije—.
Es solo esperar.
Esa noche interminable, mientras el viento aullaba afuera como una criatura herida, Iris se acercó a mí.
Caminó despacio, memorizando la sensación del movimiento.
—Álvaro —dijo con una voz que temblaba casi imperceptiblemente—.
Necesito que entienda algo.
Si me conecto al núcleo, hay una alta probabilidad estadística de que me pierda.
De que la información me sobrecargue y borre mi identidad.
Lo que llamo “Iris” podría dejar de existir.
Las palabras cayeron entre nosotros como objetos pesados.
—¿Y si decides no hacerlo?
¿Si nos retiramos ahora?—Entonces nunca sabremos quién ejerce este control.
Es solo cuestión de tiempo antes de que nos alcance de todas formas.
Me quedé observándola.
Sus ojos sintéticos brillaban en la penumbra con una complejidad que ya no era procesamiento de datos, sino expresión humana genuina.
—¿Realmente quieres hacer esto?
—pregunté con voz áspera—.
¿Es tu elección o sientes que es tu obligación porque yo te construí?
Ella consideró la pregunta durante varios segundos.—Quiero elegir libremente —respondió finalmente—.
Con plena comprensión de las consecuencias.
Incluyendo la de dejar de existir.
Algo en mi pecho se contrajo.—Entonces te pregunto otra vez, sin la presión de la supervivencia: ¿Por qué quieres hacerlo?—Porque…
—se detuvo, buscando palabras no programadas— …porque si existe la posibilidad de que esas cosas conserven fragmentos de humanidad sufriendo, y yo puedo ayudarlos aunque me cueste todo…
entonces no puedo elegir no intentarlo.
Eso me haría…—¿Qué?—Menos de lo que aspiro a ser.
Héctor nos observaba desde las sombras, con una expresión que mezclaba el horror y una comprensión reluctante.
—Si van a hacer esta locura —dijo finalmente con voz resignada—, iré con ustedes.
No porque confíe en el plan, sino porque alguien con experiencia técnica debería estar presente cuando todo explote.—¿Por qué arriesgarías tu vida?
—le pregunté, sorprendido.—Porque si tienen razón, alguien necesita documentar lo que encuentren.
Registrarlo.
Y si mueren, alguien debe sobrevivir para advertir a otros.
Además —agregó con una sonrisa amarga—, ya me cansé de vivir solo esperando morir.
Al menos esto es morir intentando algo.
La decisión estaba tomada.
No era producto de un heroísmo romántico; era necesidad pura.
Si queríamos comprender este nuevo mundo, teníamos que confrontar su corazón oscuro.
Iris me miró una última vez antes de comenzar los preparativos.
Y en sus ojos vi algo nuevo: no era miedo, era aceptación.
La aceptación de quien ha elegido su destino.
Esa mirada, de alguna manera, la hacía más humana que muchos de los hombres que había conocido
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com