Entre Acero y Silencio - Capítulo 9
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: El Primer Encuentro 9: El Primer Encuentro El hombre nos apuntaba con un rifle que había visto mejores días.
Estábamos a cincuenta metros de distancia, pero incluso desde ahí podía ver cómo le temblaban las manos.
—Alto ahí.
No den un paso más o disparo.
—¡E-espera!
Somos humanos.
—¿Piensas que voy a creerte?
El hombre era de complexión robusta, probablemente cercano a los cuarenta.
Cabello oscuro desaliñado, barba de varios días, ojeras profundas.
—Mi nombre es Álvaro Kreiss.
Esta es Iris.
Venimos del edificio KREISS Robotics.
—Kreiss Robotics.
Conozco ese nombre.
Ustedes construían los drones de vigilancia.
No sonaba como un cumplido.
—Sí.
Yo fundé esa compañía.
Y probablemente parte de lo que construimos provocó todo esto.
El cañón del rifle bajó una fracción.
—Al menos eres honesto.
Mi nombre es Héctor Ruiz.
Era ingeniero senior en la planta de tratamiento de agua.
—¿Cuánto tiempo llevas solo?
—Cinco semanas, dos días.
Desde que tuve que sellar el sector oeste.Algo en su expresión se endureció.
—¿Los sellaste con gente adentro?
—Con mi gente.
Miguel, que traía facturas los viernes.
Andrea, embarazada de gemelos.
Jorge, que me enseñó a soldar.—Su voz se quebró.—Teníamos quince segundos para decidir si sellábamos o moríamos todos.
—Hiciste lo necesario.
—Los escuché golpear esas compuertas durante tres días.
Escuché cómo sus gritos cambiaban.
Y no hice nada.Héctor nos llevó a su refugio.
Había convertido el espacio en una fortaleza funcional: suministros organizados, mapas con zonas marcadas.
—Tienes esto muy bien organizado.
—Soy ingeniero.
La organización es lo único que me mantiene cuerdo.Señaló marcadores en el mapa .—Rojo: alta concentración de infectados.
Amarillo: recursos peligrosos.
Verde: relativamente seguras.
Negro: solo pérdidas.Había muchas más marcas negras que verdes.
—¿Has visto otros sobrevivientes?
—Tres grupos.
Uno me disparó.
Otro hablaba de nueva evolución.
El tercero era una familia tratando de llegar al puerto.
De repente se detuvo.
—Dos días después, vi sus marcadores térmicos.
Moviéndose con el resto.
Ya no eran familia.Iris colocó su mano sobre su hombro.
—No podías salvarlos.
—Lo sé…
Pero la culpa es todo lo que me queda de ellos.Esa noche compartieron raciones.
—¿Qué es ella?
—Es complicado.
—Soy una inteligencia artificial que desarrolló algo parecido a la consciencia.
—¿Puedes morir?
—Puedo dejar de existir.
¿Eso califica como muerte?
—Suficientemente cercano.
Pero no del todo.
Héctor se recostó.
—¿Saben qué es lo que más extraño?
No es la comida o el agua caliente.
Es la sensación de que mañana será diferente de hoy.
—Tal vez por eso necesitamos encontrar más gente .—O tal vez solo habrá más gente con quien compartir la miseria.
—También es posible.
Pero prefiero descubrirlo antes que seguir esperando solo.Héctor evaluó.
—Está bien.
Iré con ustedes.
No porque crea que vaya a funcionar, sino porque si permanezco más tiempo solo…
me volveré loco.
No era inspirador.
Pero era honesto.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com