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Entre el fuego y la distancia - Capítulo 47

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Capítulo 47: CAPÍTULO 47 — EL NOMBRE QUE NO DEBÍA APARECER

Cuando el pasado se vuelve archivo

Nadie habló durante varios segundos.

La pantalla seguía ahí, implacable, mostrando el nombre en letras claras:

MARINA CAMPOS

Valeria sintió que el mundo se le encogía alrededor del cuello.

No podía respirar bien.

No podía parpadear.

—Debe ser un error —murmuró, más para sí que para los demás.

Diego la miró de reojo.

—Los errores no suelen venir tan bien ordenados —dijo en voz baja.

Marcos tragó saliva. Él sabía lo que significaba ver un nombre propio en esos documentos: no era solo un dato. Era una sentencia en proceso.

—Abrí el archivo completo —pidió Lucas, acercándose.

Marcos hizo clic.

Se desplegó un documento con estructura idéntica a la de Elías:

foto, datos, historial laboral, movimientos de dinero, notas internas.

Valeria se inclinó hacia la pantalla.

Era ella.

Su hermana.

Más delgada, el cabello recogido en un moño descuidado, gafas de marco fino, chaleco reflectante sobre una camisa clara. Estaba parada frente a un contenedor azul con códigos que ella no entendía, sosteniendo una carpeta contra el pecho.

El pie de foto decía:

“Supervisora de logística — Terminal Azul Norte”.

Luna rompió el silencio:

—¿Es… la Marina de la que me hablaste una vez? —preguntó, con cuidado.

Valeria asintió, casi sin aire.

—Se fue hace años. Dijimos cosas horribles. Yo… jamás supe más de ella —susurró—. Y ahora resulta que está metida en todo esto.

La versión que ellos cuentan

Diego empezó a leer las anotaciones en voz alta, despacio.

—“Ingreso a Terminal Azul Norte hace seis años. Rápido ascenso. Acceso a rutas, manifiestos y registros de carga. Probable involucramiento en desvío de contenedores para terceros. Riesgo: medio-alto. Lealtad: cuestionable. Contacto no verificado con fuerzas externas durante FUEGO UNO.”

Se detuvo.

—Otra vez Fuego Uno… —murmuró Brandon.

Lucas chasqueó la lengua.

—Todo les lleva a lo mismo —dijo—. El incendio fue más grande de lo que parecía. Y tu gente no eran los únicos metidos ahí, Diego.

Marcos señaló otra línea.

—“Anexo AZUL: registro de accesos fuera de horario. Revisar posibles filtraciones de información hacia interlocutores no identificados. Vínculo consanguíneo con V.C. (en observación)”.

Levantó la vista.

—V.C. eres tú —dijo, mirando a Valeria.

Valeria se agarró al borde de la mesa.

—¿Hace cuánto tienen mi nombre en sus papeles? —preguntó, con un hilo de voz.

Ana, apoyada en el marco de la puerta, respondió sin rodeos:

—Desde antes de los sobres. Desde antes del bastón. Ustedes solo los vieron hace poco. Ellos llevan años mirando.

La Marina que conocían… y la que no

Valeria apartó la vista de la pantalla.

Se sentó en el sofá, con la espalda recta, como cuando de niñas las sentaban a “arreglar las cosas”.

—Marina siempre fue la que preguntaba demasiado —empezó, mirando un punto fijo en la pared—. La que no se tragaba las medias verdades de mi papá, la que revisaba las cuentas, la que discutía con los profesores, la que defendía a todo el mundo… menos a ella misma.

Diego la escuchaba en silencio.

—Yo era la que “se portaba bien” —continuó Valeria—. La que se alineaba, la que hacía lo que tocaba. Cuando mamá se enfermó, Marina quería denunciar el manejo del hospital, escribir cartas, armar escándalo. Yo solo quería que la dejaran en paz.

Cerró los ojos un segundo.

—El día que se fue, discutimos tanto que me dijo algo que nunca le perdoné: “Tú prefieres una mentira ordenada antes que una verdad que te desarme”. Y yo le respondí que algún día la iban a despedazar por meterse donde no la llamaban. Esa fue la última vez que la vi.

Luna tragó saliva, sintiendo el peso de esas palabras años después.

—Y ahora… —susurró Valeria— resulta que estaba exactamente donde dije que iba a terminar. Solo que yo también estoy aquí.

Diego se agachó a su lado, apoyando el brazo sano sobre la rodilla.

—Lo que te dijeron de ella en este archivo es la versión de ellos —dijo—. No tiene por qué ser toda la verdad.

—Pero parte sí lo es —intervino Ana—. Marina se movió demasiado. Hizo preguntas donde no debía. Ayudó a sacar ciertas cosas a la luz. Eso los hizo ricos y nerviosos al mismo tiempo. Y un “activo nervioso”… tarde o temprano se convierte en “objetivo”.

FUEGO UNO: otra pieza del rompecabezas

Marcos pasó a la siguiente página.

Fotos granuladas, capturas de cámaras de seguridad de mala calidad.

Hombres cargando cajas, la silueta de un almacén, destellos.

Una imagen estaba marcada con un recuadro rojo.

Diego se acercó más.

Era la salida lateral del almacén, captada por una cámara mal ubicada.

Entre humo y fuego, se veía una figura con casco de moto y chaqueta oscura arrastrando a alguien por el suelo.

La resolución era pésima, pero había un detalle que la lupa digital no podía borrar: una pulsera de hilo rojo en la muñeca de quien tiraba del cuerpo inconsciente.

Valeria se llevó una mano a la boca.

—No… —susurró—. Esa pulsera…

Brandon la miró.

—¿La reconocés?

Valeria asintió.

—Marina la llevaba desde los quince. Se la regaló mamá. Decía que era su recordatorio de no dejar de meterse donde hiciera falta.

Diego sintió que el aire cambiaba.

—La persona que me sacó del fuego… —dijo, hilando recuerdos—. Nunca vi su cara. Solo recuerdo una voz que me decía: “Respira, idiota, respira aún no has terminado”. Y un toque en la muñeca.

Se miró la suya, como si pudiera ver allí una marca vieja.

—Era ella —concluyó, en voz baja.

Luna apoyó las manos sobre la mesa.

—Entonces para ellos Marina no es solo un problema financiero —dijo—. Es una fuga. Alguien que les arruinó una operación y, de paso, te salvó la vida.

Lucas resopló.

—Y ahora nos ponen su nombre en la mesa para ver qué hacemos con alguien que ya les cruzó la cara una vez.

¿Qué quieren en realidad?

—No es solo castigo —añadió Ana, cruzando los brazos—. También es prueba. Quieren saber si Valeria se quiebra o se alinea. Si Diego es capaz de sacrificar a quien le debe la vida. Si ustedes, como grupo, son capaces de “priorizar la estabilidad” sobre vínculos personales.

Marcos se frotó las sienes.

—En resumidas cuentas: quieren saber hasta dónde pueden usarnos —dijo.

Valeria volvió a mirar la pantalla.

El archivo terminaba con una frase corta:

“MARINA CAMPOS:

Segunda oportunidad fallida.

Tercer aviso en curso.”

—¿Qué significa “tercer aviso”? —preguntó Luna.

Ana se quedó unos segundos en silencio antes de responder.

—Que ya le enseñaron dos veces lo que pasa cuando se sale del guion —dijo—. La tercera… suele ser definitiva.

Un silencio denso cayó sobre todos.

Valeria habló al fin.

—No pienso dejar que decidan por mí qué hacer con mi hermana —dijo, la voz más firme de lo que se sentía—. Ni ellos… ni nadie.

Diego asintió.

—Entonces tendremos que encontrarla antes que ellos —concluyó—. Y antes de que el “tercer aviso” llegue donde ellos lo han planeado.

Porque si algo quedaba claro era esto:

Marina no era solo “el segundo nombre”.

Era la llave de una noche que ninguno de ellos recordaba completa…

y la próxima ficha que “ellos” querían borrar del tablero.

Creation is hard, cheer me up!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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