Entre el fuego y la distancia - Capítulo 53
- Inicio
- Todas las novelas
- Entre el fuego y la distancia
- Capítulo 53 - Capítulo 53: CAPÍTULO 53 — NOCHE AZUL NO ES SOLO UNA GALA
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 53: CAPÍTULO 53 — NOCHE AZUL NO ES SOLO UNA GALA
Luces que esconden sombras
El hotel donde se celebraba Noche Azul no parecía un lugar peligroso.
Vidrios impecables, escaleras de mármol claro, lámparas colgando como constelaciones domesticadas. Todo olía a perfume caro, a vino abierto hace minutos, a dinero que nunca ve la calle.
Valeria se miró un segundo en el reflejo de la puerta giratoria. Vestido oscuro, sencillo, casi sobrio; el tipo de elegancia que no llama la atención hasta que alguien se fija demasiado.
Marcos, a su lado, era otra cosa: traje perfecto, corbata azul profundo, la postura aprendida de años de moverse en esos círculos.
—Última oportunidad para darte la vuelta —murmuró él, casi sin mover los labios—. Entrar aquí es una cosa. Salir igual… no está garantizado.
Valeria ajustó la tira del bolso donde llevaba el auricular minúsculo, conectado a Ana y a los demás.
—Hace mucho que dejé de salir igual a como entro a los lugares —respondió—. Vamos.
El guardia de la puerta revisó la invitación. Vio el nombre de Marcos, sonrió profesionalmente, les puso pulseras discretas en la muñeca.
—Bienvenidos a Noche Azul —dijo.
Si supiera.
Roles repartidos
Diego no entró por la puerta principal.
Cruzó la zona de carga del hotel con una bandeja vacía, el chaleco negro de “staff” y una gorra que le ocultaba parte del rostro. Había practicado esa expresión neutra: ni sumisa, ni desafiante, la perfecta cara de alguien que pasa desapercibido.
—Cámara del pasillo este desconectada un minuto, ya —avisó Ana en el auricular.
Diego dobló en una esquina sin mirar a nadie, respirando hondo. Sus costillas todavía dolían, pero no tenía tiempo para acordarse.
Luna y Brandon entraron por un acceso lateral, junto a un grupo de proveedores. Ella llevaba una carpeta y una credencial de “coordinación logística”; él, camisa sin saco, brazo aún resentido pero metido bajo una chaqueta para disimular el vendaje.
—¿Seguro que esto no canta demasiado? —preguntó él.
—En este sitio nadie mira dos veces a quien creen que está trabajando para ellos —respondió Luna—. Eso es lo único que tenemos a nuestro favor.
El corazón de la fiesta
El salón principal era una postal: mesas redondas, manteles blancos, copas brillando, un escenario discretamente elevado con una pantalla enorme mostrando gráficos y palabras bonitas: “innovación”, “desarrollo”, “alianzas”.
Valeria se sujetó al brazo de Marcos cuando entraron. No por cariño, sino por equilibrio.
—Ahí está —susurró él.
En el centro, saludando a un grupo de hombres y mujeres de traje oscuro, estaba Salvatierra: la sonrisa tranquila, el cabello gris bien peinado, las manos siempre ocupadas estrechando otras.
Era el tipo de hombre que podía hablar de tragedias en tono de oportunidad.
—Lo odio —dijo Valeria, bajito.
—Yo lo temí muchos años —contestó Marcos—. Hoy… tengo más miedo de mí mismo que de él.
La mirada de Salvatierra se cruzó apenas un instante con la de ellos.
Nada se movió en su rostro.
Pero algo en los ojos brilló distinto, como si contara cuántas piezas estaban fuera de lugar.
Marina, pieza suelta
La vio antes de oír su nombre.
Marina estaba al otro lado del salón, con un vestido azul intenso, sencillo pero marcando su presencia. No llevaba pulsera de invitada, sino un distintivo diferente, metálico, colgando del cuello.
“ACTIVA”, decía.
Valeria sintió ganas de arrancarle ese cartel del pecho.
Marina giró la cabeza, como si hubiera sentido el pensamiento de su hermana. Sus miradas se encontraron. No hubo sonrisa. No hubo reproche. Solo un asentimiento mínimo.
“Estoy viva”.
“Lo sé”.
El auricular vibró.
—Cambio de programa —dijo Ana—. Salvatierra adelantó la “presentación especial”. En veinte minutos lleva a un grupo reducido al ala este del hotel. Esa es la sala donde les conseguí acceso al audio.
Diego, desde el servicio, preguntó:
—¿Y Marina?
—Va con ellos —contestó Ana—. La tienen sentada en la mesa central. Hoy es una de sus historias ejemplares.
Río, sin humor.
—Solo que no saben qué capítulo les falta.
Cuentan hasta tres
Brandon y Luna se colocaron cerca del corredor que llevaba al ala este, mezclándose con camareros y personal de apoyo. Brandon apretó los dientes cuando vio a uno de los hombres de negro de la terminal, ahora vestido de traje, con una insignia discreta en la solapa.
—Ahí está el del tercer aviso —susurró.
—No lo mires mucho —replicó Luna—. Pensá que sigue siendo solo un cliente más al que le vas a arruinar la noche.
Valeria sintió la mano de Marcos apretar su brazo.
—Val… si en algún momento tenés que elegir entre quedarte o salir… —empezó.
Ella lo interrumpió.
—Entonces elegí salir conmigo —dijo—. No te quedés otra vez donde se quema todo.
Marcos la miró, como si no supiera de verdad si podría hacerlo.
Ana dio la señal.
—Primer movimiento —dijo—. El grupo de Salvatierra se dirige a la sala. Marina va con ellos. Tres de seguridad ya están posicionados dentro. Diego, vos entrás por cocina lateral. Brandon y Luna, pasillo. Marcos y Valeria… invitación oficial. El show… está por comenzar.
Y al cruzar el umbral hacia la sala este,
ninguno pudo evitar sentir que Noche Azul
no era en realidad una gala…
sino una trampa llena de gente aplaudiendo
sin saber que estaban a punto de ver
la primera grieta en el teatro perfecto.
Like it ? Add to library!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com