Entre el fuego y la distancia - Capítulo 57
- Inicio
- Todas las novelas
- Entre el fuego y la distancia
- Capítulo 57 - Capítulo 57: CAPÍTULO 57 — EL PLAN QUE NADIE QUIERE, PERO TODOS NECESITAN
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 57: CAPÍTULO 57 — EL PLAN QUE NADIE QUIERE, PERO TODOS NECESITAN
La noche encontró a Brandon en la terraza del hospital, con las manos apoyadas en la baranda oxidada, mirando una ciudad que parecía ajena.
Desde arriba todo se veía pequeño.
Faros, edificios, sombras.
Nadie sabría que, en ese punto concreto del mapa, unas cuantas personas estaban decidiendo si seguir huyendo… o empezar una guerra.
Escuchó pasos detrás de él.
No necesitó girar para saber quién era.
—Pensé que te habías ido —dijo, sin apartar la vista del horizonte.
Diego se apoyó a su lado, cuidando de no jalar los cables del vendaje bajo la ropa.
—Los doctores creen que estoy descansando —respondió—. Técnicamente, medio país ha creído cosas peores de mí.
Brandon soltó una risa mínima.
—Tenés ese talento —admitió.
1. Dos hombres, un mismo miedo
Se quedaron en silencio un momento.
Dos hombres muy distintos.
Dos cicatrices que empezaban a parecerse demasiado.
—Gracias por venir hoy —dijo Diego, al fin—. Y por traer a Luna.
Brandon apretó la mandíbula.
—No la traje —respondió—. Ella decidió venir. En eso… es más valiente que yo.
Diego lo miró de reojo.
—Valiente no es el que no tiene miedo —dijo—. Es el que hace algo a pesar de tenerlo. Y vos hiciste algo: me buscaste.
Brandon respiró hondo.
—Te busqué porque ya no confío en nadie que no vea las cosas de frente —respondió—. Y porque, si ellos están detrás de vos y de mí al mismo tiempo… entonces no se van a detener solo con sobres y amenazas.
Diego asintió.
—Lo que quiero proponerte no te va a gustar —advirtió.
—Adelante —dijo Brandon—. La mayoría de las cosas que me pasan últimamente no me gustan.
Diego sacó del bolsillo interno una pequeña hoja doblada.
Estaba arrugada, húmeda, con manchas de tinta corrida.
—Ana me la alcanzó a mandar hace meses —explicó—. A través de alguien que, probablemente, ya no está vivo. No pude descifrarla del todo… hasta que escuché el nombre de Claudia.
Brandon frunció el ceño.
—¿La ex de Marcos? —preguntó.
—No es solo “la ex de Marcos” —explicó Diego—. Es una intermediaria. Una persona que cobra por hacer que otros nunca se conozcan… aunque trabajen para el mismo monstruo.
Brandon sintió un escalofrío.
—¿Estás diciendo que ella también…?
—Estoy diciendo que si queremos llegar al núcleo —lo interrumpió Diego— necesitamos a alguien que sepa por dónde sangran.
Brandon caminó un par de pasos, nervioso.
—Marcos está hecho pedazos —dijo—. Y Claudia lo tiene acorralado. Si lo presionamos ahora, se puede quebrar para cualquier lado.
Diego lo miró, serio.
—Por eso te necesito a vos, no a él —dijo—. Vos conocés cómo funcionan cuando quieren mandar un mensaje. Ya te tiraron a tu hermano como advertencia. Eso, quieras o no, te convierte en alguien que entiende sus reglas.
Brandon apretó los dientes.
—O en un imbécil marcado —replicó.
—Marcado ya estabas desde que te metiste a sacarme del suelo —contestó Diego—. La pregunta no es si estás dentro… sino cómo querés estarlo.
Hubo un silencio tenso.
Brandon volvió a la baranda.
—¿Qué es lo que proponés exactamente? —preguntó.
Diego desplegó la hoja.
Había un nombre, una dirección y una fecha.
—Claudia va a reunirse con uno de sus contactos dentro de dos días —explicó—. Lugar público. Mucha gente. Mucho ruido. Perfecto para que nadie note una conversación importante… ni a dos extraños demasiado atentos.
Brandon entendió al instante.
—¿Querés que la sigamos? —dijo.
—Quiero que nos sentemos lo bastante cerca como para escuchar qué le piden —respondió Diego—. Y, si tenemos suerte, sabremos qué planean hacer con vos… con Luna… y con Valeria.
Brandon lo miró.
—Eso no es un plan —dijo—. Es una locura.
—Es una locura menos suicida que esperar a que vuelvan a disparar sin avisar —replicó Diego.
Brandon respiró hondo, sintiendo el peso de lo que estaba aceptando.
—Si voy —dijo—, Luna va a querer saber dónde estoy. Y si le miento… lo va a notar.
Diego lo sostuvo la mirada.
—Entonces no le mientas —dijo—. Pero no se lo cuentes todo.
—Eso también es mentir.
—Es mantenerla viva —corrigió él.
Brandon cerró los ojos un segundo.
Lo último que quería era repetir la historia de ocultar la verdad “para proteger”. Lo había detestado en otros. Ahora lo estaba considerando él.
—Si algo me pasa… —dijo, abriendo los ojos— quiero que sepas algo.
Diego levantó una ceja.
—No te va a pasar nada —intentó.
—No asegures cosas que no podés cumplir —lo cortó Brandon—. Si algo me pasa… cuidá de ella. No la dejes sola con todo esto.
Diego lo miró con una seriedad nueva.
—No tengo que prometerlo —respondió—. Ya lo estoy haciendo.
El viento sopló más fuerte en la terraza.
Desde abajo, la ciudad seguía ignorando que dos hombres estaban acordando convertirse en señuelos.
Y, sin saberlo, en el mismo momento en que sellaban ese plan improvisado, alguien más marcaba otro papel con un círculo rojo alrededor de sus nombres.
Your gift is the motivation for my creation. Give me more motivation!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com