Entre el fuego y la distancia - Capítulo 58
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Capítulo 58: CAPÍTULO 58 — CUANDO EL MONSTRUO EMPIEZA A MOSTRAR LA CARA
Ana odiaba los espejos de ese edificio.
No porque no soportara su reflejo.
Sino porque, en ese lugar, los espejos nunca reflejaban solo lo que tenías delante.
Reflejaban cámaras.
Ángulos.
Puertas.
Un sistema que te recordaba todo el tiempo que nunca estabas sola.
Se acomodó el cabello frente al cristal, fingiendo normalidad, mientras el ascensor descendía.
Habían pasado años desde el incendio.
Años desde que decidió que la única forma de derribar al monstruo era entrar en su estómago.
A años luz de distancia de quien había sido cuando reía con Diego en una terraza, sin sospechar que alguien los fotografiaba desde un coche aparcado.
El ascensor se abrió.
Ana caminó por el pasillo acolchado de alfombra oscura hasta el despacho principal.
Tocó una vez.
—Pasa —se oyó desde dentro.
Entró.
El hombre detrás del escritorio no necesitaba presentación. No porque su rostro fuera famoso, sino porque su ausencia en cualquier registro era la mayor prueba de su poder.
En la mesa había varias carpetas abiertas y, encima de una de ellas, una foto reciente:
Brandon y Luna, sentados en una banca, con vasos de bebida fría, mirándose como dos personas que todavía no sabían cuánto podían perder.
Ana tragó saliva, manteniendo el rostro neutro.
—Los estás marcando demasiado pronto —dijo, con una calma que escondía su tensión—. Así se asustan. Y cuando la gente se asusta mucho… huye en direcciones inesperadas.
El hombre sonrió apenas.
—A veces hace falta que corran —respondió—. Así descubrimos quién está dispuesto a seguirlos.
Ana se acercó un poco.
—Pediste que viniera —dijo—. ¿Qué necesitas?
Él giró otra foto.
Diego.
En la cama del hospital.
Valeria a su lado.
Marcos en la puerta.
—Quiero que aceleremos esto —dijo—. Llevan demasiado tiempo en modo “prueba de resistencia”. Es hora de ver quién se quiebra primero.
Ana mantuvo la respiración bajo control.
—Si los presionas demasiado rápido, pueden unir piezas que no te convienen —advirtió—. Brandon y Diego ya están hablando. Marcos está entre dos fuegos. Luna es más lista de lo que parece. Y Valeria… —se detuvo— Valeria todavía no ha elegido bando.
Él la miró con un brillo curioso.
—Y tú sí, ¿no?
Ana sostuvo su mirada inocente.
—Mi bando es la estabilidad —respondió—. Y el tuyo… mientras siga dándomela.
El hombre soltó una risa leve.
—Sabes jugar —dijo—. Por eso sigues viva.
Se inclinó hacia delante.
—Quiero que prepares algo para mí —ordenó—. Una reunión “casual” entre cierta intermediaria y alguien que cree que todavía puede negociar su salida.
Ana supo de inmediato de quién hablaba.
Claudia.
Y Marcos.
—¿Fecha? —preguntó.
—Dos días —respondió él—. Lugar público. Muchos ojos. Mucho ruido.
Ana sintió un nudo en el estómago.
Dos días.
La misma fecha que ella había conseguido filtrar en aquella nota que llegó, como por casualidad, a manos de Diego.
—Te daré los detalles por el canal habitual —añadió el hombre—. Y, Ana…
Ella se detuvo en la puerta.
—Sí.
—Si alguno de ellos sospecha que estás jugando a dos bandas… sabes cómo termina esto.
Ana sostuvo la mirada un segundo más.
—Lo sé —dijo—. Por eso no me equivoco cuando elijo dónde coloco las fichas.
Salió.
Solo cuando el pasillo la tragó se permitió respirar hondo.
1. Mensaje en tránsito
Esa tarde, en un café lejos de los edificios espejados, un joven de gorra y auriculares dejó caer un sobre manila sobre la mesa donde Lucas estaba fingiendo leer el periódico.
—Lo olvidaste —dijo, sin mirarlo.
Lucas lo tomó sin levantar la vista.
—Gracias.
Cuando el chico se fue, Lucas abrió el sobre bajo la mesa.
Solo había una hoja, escrita a mano.
DOS DÍAS.
CLAUDIA NO ES EL ÚNICO OBJETIVO.
NO VAYAN SOLOS.
—A.
Lucas sintió la piel erizarse.
Ana.
Viva.
Dentro.
Y avisando a su manera que el “plan” de Diego y Brandon no era suficiente.
2. El eco que llega donde tiene que llegar
Esa noche, Lucas entró al cuarto del hospital sin hacer ruido.
Diego estaba despierto, con la mirada clavada en el techo.
—Tengo correo para vos —dijo Lucas, levantando la hoja.
Diego la leyó una vez.
Dos.
Tres.
Valeria y Luna, sentadas en la esquina, se miraron entre sí.
—¿Qué dice? —preguntó Valeria.
Diego levantó la vista.
Y por primera vez desde que la organización había vuelto a interponerse entre ellos y cualquier plan de futuro, su voz sonó casi… decidida.
—Dice que no podemos seguir improvisando —respondió—. Que no es solo Claudia. Y que Ana nos está diciendo algo muy claro.
Luna se inclinó hacia delante.
—¿Qué cosa? —preguntó.
Diego apretó la hoja entre los dedos.
—Que si vamos a entrar en su juego… —dijo— tenemos que hacerlo todos.
Brandon, recostado en la pared, sintió que el estómago se le encogía.
Todos.
Valeria, Luna, Marcos, Lucas…
Y tal vez alguien más que todavía no había mostrado la cara.
Diego respiró hondo.
—Mañana —dijo— empezamos a planear de verdad.
Y mientras lo decía, ninguno de ellos sabía que, al otro lado de la ciudad, Ana se miraba al espejo del edificio y se hacía la misma pregunta que todos:
¿Cuánto más podés mentirle al monstruo…
antes de que huela que tenés miedo?
Porque en los próximos movimientos nadie va a salir ileso: o se queman juntos… o cada uno arde por separado.
Creation is hard, cheer me up!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com