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Entre el fuego y la distancia - Capítulo 80

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Capítulo 80: CAPÍTULO 80 — MARCOS EN EL BORDE DEL MISMO FUEGO

Una llamada que pesa más que un expediente

Marcos apoyó la frente en el cristal de la ventana mientras escuchaba a Diego.

La ciudad se extendía debajo, luces parpadeando como si ignoraran por completo las cosas que se decidían en oficinas sin nombre.

—Claudia me dio información sobre la Terminal —admitió él, cuando Diego terminó de explicar lo de la parada intermedia—. No toda. Solo la suficiente para entender que esto no es solo “logística”.

—Nunca lo fue —respondió Diego—. Vos estabas en las reuniones después del incendio. Sabés perfectamente cuántas cosas se “perdieron” esa noche… y cuántas dejaron de existir en los balances.

Marcos apretó los dientes.

—También sé que si hubiera hablado entonces, me habrían enterrado con el almacén —dijo—. Y esta vez no hablo de metáforas.

Diego no lo contradijo.

—No te llamo para ajustar cuentas —dijo—. Te llamo porque Valeria está en uno de esos camiones. Y vos sabés mejor que yo cómo funcionan esos “controles de ruta”.

El nombre de ella colgó en el aire.

Valeria, con sus ojos llenos de decisiones que dolían.

Valeria, diciéndole que no iba a seguir en un barco que él no se atrevía a hundir.

Marcos cerró los ojos.

—Zona 23 no es solo un depósito —dijo, cediendo al fin—. Es un filtro. A veces dejan a gente ahí “para nuevos contratos”. A veces… para que no hagan más preguntas.

—¿Qué clase de preguntas hizo ella? —preguntó Diego, con un filo en la voz.

—Las peores —respondió Marcos—. Las que empiezan con “¿por qué nadie habla de…?”.

Claudia en la otra línea

El móvil vibró con otra llamada entrante.

Claudia.

Marcos la miró como si fuera un insecto sobre la pantalla.

—Tengo que contestar —dijo, apretando el aparato—. Si no lo hago, va a sospechar.

—Ponela en manos libres —respondió Diego—. Si ella está tan metida como dices, tal vez también tenga miedo de que esto se salga de control.

Marcos dudó.

Luego hizo exactamente eso.

—Sí —dijo, conectando la llamada.

—Te tomaste tu tiempo —sonó la voz de Claudia—. ¿Estabas hablando con tus nuevas amistades?

Marcos tragó saliva.

—Estaba… confirmando rutas —respondió—. Convoy C–L ya salió. Parada en zona 23.

Hubo un silencio.

Claudia no preguntó cómo lo sabía.

—Bien —dijo—. Eso nos da margen.

—¿Margen para qué? —preguntó Diego, antes de que Marcos pudiera tapar el micrófono.

Ella no tardó en reconocerlo.

—Torres —dijo, sin sorpresa—. Creí que estabas demasiado muerto para meterte en llamadas ajenas.

—Y yo creí que estabas demasiado viva como para seguir alimentando al mismo monstruo —replicó Diego.

Claudia soltó una risa breve.

—No seas ingenuo —respondió—. Algunos lo alimentamos para que no se nos coma primero. Otros… para aprender cómo morderle la mano.

Negociaciones en campo minado

—Valeria va en uno de esos camiones —dijo Diego, y el nombre sonó casi como un disparo.

Claudia dejó de sonreír.

—Ya lo sé —respondió—. No soy yo quien la puso ahí. Pero tampoco soy yo quien va a sacarla.

—Podrías —insistió Marcos—. Tienes acceso a los listados, a los supervisores, a los que deciden quién baja en zona 23 y quién sigue.

—Puedo hacer muchas cosas —dijo ella—. Lo que no puedo es hacerlo gratis. Ese lujo se lo dejo a tus amigos heroicos.

Diego apretó el móvil.

—¿Qué querés? —preguntó—. Si es dinero, te equivocaste de gente. Si es información, tenemos menos que vos.

Claudia no contestó enseguida.

—Quiero que esto deje de ser un juego de sombras —dijo al fin—. Tengo pruebas de que el incendio no fue un “accidente”. Ustedes tienen nombres nuevos, gente que se está metiendo sin invitación: la chica del café, el tipo que juega a mecánico, la “muerta” que cree que nadie la ve.

Hizo una pausa.

—Si combinamos lo que yo sé con lo que ustedes están arriesgando —continuó—, tal vez podamos hacer algo más que reaccionar. Pero eso significa que ustedes van a tener que dejar de jugar a parejas rotas y decidir quién está dispuesto a ensuciarse las manos de verdad.

El trato

—Empezá por lo básico —dijo Diego—. ¿Van a quedarse con Valeria en zona 23?

Claudia soltó aire por la nariz.

—Si nadie interviene, la van a marcar —respondió—. Y eso significa dos cosas: que la van a usar… o que la van a borrar. Todavía no decidieron cuál.

Marcos sintió que la sangre se le helaba.

—Entonces intervení —pidió—. Hacé lo que siempre hacés: mover papeles, cambiar nombres de columna, esconder gente en listas.

Claudia se quedó en silencio.

Cuando habló, sonó menos distante.

—Puedo desviar a uno de los camiones a un destino “equivocado” —dijo—. Un error administrativo. Pero para eso necesito que alguien esté esperando en el lugar donde se “equivocará” la ruta. Y si me fallan, los que van a terminar escribiendo informes falsos son otros.

Diego miró a Lucas.

—Podemos estar ahí —dijo—. Con Hidalgo. Con los pocos que todavía recuerdan que su trabajo no es solo firmar.

—Perfecto —respondió Claudia—. Les mandaré coordenadas cuando tenga claro qué camión voy a “perder” por el camino.

—¿Y cómo sabemos que no nos estás entregando? —preguntó Lucas, desde el fondo.

—No lo saben —admitió ella—. Igual que yo no sé si ustedes no van a correr a contarlo a alguien que crea que quemar otra nave soluciona las cosas.

Hizo una pausa.

—Por ahora, lo único que tenemos en común es esto —añadió—: estamos cansados de que otros decidan quién se quema y quién no. Vayan preparándose. Si empezamos esta jugada, no va a haber marcha atrás.

Colgó.

La habitación quedó en silencio.

—¿Te das cuenta de lo que significa? —preguntó Lucas.

Diego asintió.

—Que vamos a confiar en una persona que ya vendió su alma —dijo—. Y que, si sale bien, tal vez podamos recomprar un pedazo de la nuestra.

Marcos se quedó mirando el teléfono, como si quisiera verlo arder.

Por primera vez, entendió que no había posición cómoda.

O estaba de un lado del fuego…

…o estaba del otro.

Y en ambos, iba a quemarse.

Confesión de autora: crear es duro… pero ustedes lo hacen valer Si te está gustando la historia, comenta y guarda el libro. Tu apoyo me impulsa a traer el próximo capítulo más rápido

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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