Entre el fuego y la distancia - Capítulo 81
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Capítulo 81: CAPÍTULO 81 — EL ERROR PROGRAMADO
Coordenadas
El mensaje de Claudia llegó como llegan las cosas que cambian planes: sin formato elegante, sin explicaciones extra, sin emoticonos.
Solo números.
Un cruce de carreteras a las afueras, cerca de una vieja fábrica abandonada.
“Desvío técnico. C–L–01 no llega a zona 23. Problema de papeles. 15 minutos de ventana.”
Diego lo leyó tres veces.
—Quiere que creamos que es un error administrativo —dijo.
Lucas asintió.
—O quiere que hagamos de escolta gratuita —añadió.
Marcos se apoyó en la mesa.
—Ese cruce estaba en uno de los primeros mapas que vi después del incendio —dijo, con el tono de quien recuerda algo que preferiría haber olvidado—. Lo usaban como punto de cambio de cargamento. “Menos visible”, decían.
—Perfecto —murmuró Diego—. Un sitio donde nadie mira demasiado es justo lo que necesitamos… y lo que ellos también quieren.
Un carro con la llanta “ponchada”
Hidalgo se presentó con cara de no haber dormido en días.
—Esto es lo máximo que puedo hacer sin que me echen —dijo, señalando el auto oficial estacionado a un lado del camino—. Un operativo por “control rutinario”. Un reporte de “camión sospechoso”. Si querés luces y sirenas, llamá a otra gente.
Diego sonrió de lado.
—Con que estés ahí si las cosas se salen de control, me basta —respondió.
Lucas miró el reloj.
—Convoy debería llegar en diez —informó.
El aire se sentía más pesado de lo que el clima justificaba.
El cruce era un tramo de carretera gris, con un desvío hacia la vieja fábrica y otro hacia un polígono industrial apagado.
Demasiado perfecto para que todo fuera casual.
En la cabina del 01
Dentro del camión, Valeria notó el cambio de ritmo.
El chofer revisó el retrovisor demasiado seguido.
La mujer de cabello corto entrecerró los ojos.
—¿No íbamos a zona 23? —preguntó.
—Cambio de ruta —respondió el chofer—. Problema de papeles. Nada grave.
El hombre de la gorra resopló.
—Siempre “problemas de papeles” —murmuró—. Si nos tiran al campo, que nos avisen por lo menos.
Valeria apoyó la mano sobre el bolsillo donde llevaba el recorte de lista.
“Problemas de papeles” significaba que alguien había movido nombres.
Y si algo había aprendido últimamente era esto: donde se movían nombres, se movían destinos.
Miró por la ventanilla.
El paisaje había cambiado. Menos depósitos, más lotes vacíos.
Por un segundo, tuvo miedo de que nadie supiera dónde estaba.
Luego, recordó a quiénes había mandado mensajes antes de subir.
Diego.
Luna.
Brandon.
“No estoy tan sola como la otra vez”, se dijo. “Esta vez por lo menos alguien sabe que me metí en la boca del lobo.”
El encuentro
El camión apareció a lo lejos, un rectángulo blanco sobre fondo gris.
Hidalgo se puso en posición, fingiendo revisar la llanta del patrulla.
Diego, el cuerpo todavía protestando, se apoyó en el capó como si fuera un cliente curioso más.
Lucas miró el convoy con la misma mezcla de miedo y rabia que había tenido frente a la cama del hospital.
—Ahí viene —dijo.
El camión se acercó.
Vio la patrulla.
Redujo la velocidad.
El radio del chofer crepitó.
—Ruta uno, control adelantado —dijo una voz—. Parada breve. No te desviés del punto asignado.
Paró.
Hidalgo levantó la mano.
—Buenas noches, jefe —saludó—. Control rutinario de transporte. Documentos del vehículo, por favor.
El chofer se tensó.
—No me avisaron de ningún control —dijo.
—Por eso es rutinario —respondió Hidalgo, sin perder la calma.
Diego rodeó el camión por el lado opuesto, sin acercarse demasiado.
Desde la ventanilla trasera, una mirada que conocía demasiado bien se cruzó con la suya.
Valeria.
Por un segundo, todo el ruido se apagó.
La Terminal, los camiones, los incendios, las fotos.
Solo quedaron dos personas que ya se habían perdido una vez.
Diego levantó apenas la mano.
Ella hizo lo mismo.
No hubo abrazo.
No hubo escena.
Solo un intercambio de “seguís vivo” y “también vos” sin palabras.
El “problema”
—Aquí está —dijo el chofer, entregando los papeles a Hidalgo.
El oficial los revisó con cuidado exagerado.
—Hay una incongruencia —dijo al cabo de unos segundos.
El chofer bufó.
—Siempre hay una incongruencia.
—Dice aquí que la carga tenía como destino “depósitos zona 23” —continuó Hidalgo—. Pero este código —señaló un número que solo él parecía entender— lo coloca en ruta de “insumos combustibles”.
Diego sintió que el corazón se le aceleraba.
Marcos, que escuchaba desde unos metros más atrás, reconoció la expresión en el rostro de Hidalgo.
Lo había visto antes, en auditorías silenciosas.
—Eso es un error del sistema —dijo el chofer, demasiado rápido.
—O es lo mismo de siempre con otro nombre —replicó Hidalgo—. Voy a necesitar que se quede unos minutos mientras confirmo con central.
Se alejó con los papeles.
Diego se acercó a la ventanilla trasera, fingiendo revisar la chapa.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.
Valeria asintió.
—De momento —respondió—. ¿Esto es cosa tuya o de ellos?
—De alguien que todavía no decidimos si es de “ellos” o de “nosotros” —dijo Diego—. Cuando bajés, no discutás. Solo seguí mi voz.
—¿Y si no me dejan bajar? —preguntó ella.
Él la miró.
—Entonces tendremos que montar un incendio en medio de la carretera —respondió—. Y no estoy de humor para que vuelva a salirles barato.
El altavoz del patrulla crujió.
—Ruta C–L–01 —anunció la voz de Hidalgo—, por inconsistencia en documentación, se solicita reubicación temporal en depósito 23–B. Orden en curso.
El hombre del otro lado de la radio dudó.
—La orden original decía…
—La nueva dice esto —cortó Hidalgo—. Si tienen problemas, que me los manden a mí.
Colgó.
Diego sintió que la jugada se movía.
No se habían llevado el camión a un sitio “seguro”.
Pero tampoco lo dejaban seguir el camino original.
Era un error programado.
Y ahora tocaba ver quién lo aprovechaba mejor.
Confesión de autora: crear es duro… pero ustedes lo hacen valer Si te está gustando la historia, comenta y guarda el libro. Tu apoyo me impulsa a traer el próximo capítulo más rápido
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com