Entre el fuego y la distancia - Capítulo 83
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Capítulo 83: CAPÍTULO 83 — SALIR TAMBIÉN ES ENTRAR
El reencuentro en terreno prestado
—Tardaste —fue lo primero que dijo Diego, aunque sus ojos decían otra cosa.
Valeria rodó los ojos, a medio camino entre el alivio y las ganas de pegarle.
—Estaba intentando no llamar la atención de un tipo armado —respondió—. ¿Qué excusa tenés vos para estar parado como si esto fuera un paseo?
Lucas se aclaró la garganta.
—Yo soy la excusa —intervino—. Oficialmente, estoy haciendo una inspección de “seguridad estructural”. Extraoficialmente, estamos robando minutos.
Valeria sintió el impulso de abrazar a Diego.
No lo hizo.
No porque no quisiera.
Sino porque el patio tenía demasiadas sombras con ojos.
—Claudia movió el mapa —explicó Diego—. Si nos quedábamos esperando a que llegaras a zona 23, corríamos el riesgo de que te sacaran por otra puerta.
—¿Y ahora? —preguntó ella—. ¿Qué supone que hagamos? ¿Subimos todos al patrulla y nos vamos como si nada?
Lucas negó.
—Si desaparecés de la lista sin más, mañana va a haber un informe con tu nombre —dijo—. Y van a empezar a buscarte en los sitios donde no quieres que te encuentren.
Valeria se cruzó de brazos.
—Entonces aclarame algo —dijo—. ¿Estoy saliendo del monstruo o entrando más hondo?
Diego la miró.
—Las dos cosas —respondió—. Pero esta vez no solo como objetivo. Sino como alguien que también puede morder.
Marcos aparece en el lugar menos probable
El sonido de un motor interrumpió la conversación.
Un coche gris se detuvo a unos metros.
Marcos salió, con la chaqueta mal abotonada y ojeras que no había tenido la última vez que Valeria lo vio.
—No me mirés así —dijo, antes de que ella pudiera decir nada—. Si no venía, me iba a quedar repitiendo esta escena en la cabeza toda la noche. Por lo menos aquí tengo la versión original.
Diego lo observó con recelo.
—¿Y qué pensás hacer? —preguntó—. ¿Ofrecerle otro contrato a la gente que la mete en camiones?
Marcos apretó los labios.
—Pensé… —empezó— pensé en darles algo que les duela más que mi firma.
Sacó una carpeta del asiento trasero.
Se la tendió a Diego.
—Copias de los informes que firmé después del incendio —dijo—. Nombres de empresas, rutas que nunca se auditaron, correos donde se “sugería” que dejaran de hacerse preguntas. Son copias impresas. Las originales están en lugares donde ni yo mismo puedo llegar ya.
Valeria lo miró, sorprendida.
—¿Por qué ahora? —preguntó—. ¿Por qué no hace años?
Marcos la miró con una honestidad que no había tenido en mucho tiempo.
—Porque hace años tenía miedo de perderlo todo —respondió—. Y ahora ya perdí lo que más me importaba.
No la tocó.
No intentó acercarse más de lo justo.
Solo dejó la carpeta en manos de Diego.
—Si esto sirve para que dejen de usar tu puerta como buzón de amenazas —añadió—, entonces no me habré quedado quieto del todo.
Decidir juntos
Diego abrió la carpeta.
Reconoció logos, frases, firmas.
Reconoció, sobre todo, la sensación de tener entre las manos algo que podía cambiar el juego si sabían usarlo.
—Con esto podemos apretar a más de uno —dijo Lucas—. No solo a los que encienden fósforos. También a los que sostienen la caja de cerillos.
Valeria respiró hondo.
—¿Y a cambio de qué? —preguntó a Marcos.
Él negó.
—No te estoy pidiendo que vuelvas conmigo —dijo—. Ni que me perdonés. Solo… que no me metas en la misma bolsa que a los que quieren verte muerta.
Ella lo miró largo rato.
—Eso dependerá de lo que hagás después de esta noche —respondió—. No de lo que digás ahora.
Diego cerró la carpeta.
—Tenemos que movernos —dijo—. Si alguien revisa los registros de este control, va a ver que el camión estuvo demasiado tiempo parado.
—¿Y qué hago yo? —preguntó Valeria.
Lucas sonrió de lado.
—Lo que siempre haces —respondió—. Caminar por la cuerda floja, pero sabiendo que esta vez hay red.
Señaló el patrulla.
—Vas con Hidalgo como “testigo” de la inspección —explicó—. En papeles, nunca fuiste personal eventual. Solo administradora de proyectos preocupada por la seguridad de su inversión.
—Una mentira que no está tan lejos de la verdad —murmuró ella.
Diego tocó su brazo apenas, un roce de dedos.
—No vuelvas sola a casa —dijo—. Ni mañana, ni pasado. Ellos ya te tienen en el mapa.
—Y vos también —respondió ella.
No sonaba a reproche.
Sonaba a constatación.
Un motor arrancó.
El camión C–L–01 se quedó, por primera vez, sin la persona que lo había subido como “eventual”.
Y alguien, en algún despacho, iba a notar esa diferencia.
La pregunta era quién la vería primero:
¿ellos?
¿o ellos mismos?
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com