Entre el fuego y la distancia - Capítulo 89
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Capítulo 89: CAPÍTULO 89 — CUANDO EL SILENCIO YA NO ES OPCIÓN
El fuego a medias
Brandon retrocedió el carro justo a tiempo.
Las llamas se alzaron, lamiendo el costado de la nave.
No era un incendio descontrolado.
Era preciso.
Controlado.
Como si solo quisieran quemar lo que estaba dentro, sin armar escándalo afuera.
—Claro —murmuró—. No necesitan espectáculo. Solo resultado.
Grabó todo.
No podía acercarse.
Pero cada segundo de ese fuego quedaba atrapado en la memoria del móvil.
Ana, viendo solo los datos, escribió:
Ana: “Se perdió señal del contenedor. Oficialmente: ‘error de transmisión’. Extraoficialmente: ya sabemos dónde se apagó.”
Diego pensó en Noche Azul.
En el almacén.
En cuántas veces el fuego había cerrado historias antes de que empezaran.
Rocío escucha
Horas después, Rocío recibió un archivo de video.
Lo vio tres veces.
Las llamas.
Los hombres de guantes.
El contenedor con el mismo código que aparecía en los documentos que tenía sobre la mesa.
—Hijos de… —susurró.
Abrió su grabadora.
Empezó a hablar, no como quien escribe una nota más, sino como quien deja testimonio por si algo se corta.
—Esta es Rocío Salmerón —dijo—. Día uno de la investigación que quizá no se publique nunca. Contenedor INC–07, marcado como archivo físico, desviado de la ruta oficial y llevado a una nave sin registro para ser incinerado sin autorización visible. Vínculos probables con el incendio de hace años y con nuevas rutas. Nombres involucrados en documentos: aquí.
Leyó.
Uno por uno.
Por si le quitaban las hojas.
Por si le quitaban la computadora.
Por si le quitaban la voz.
Grietas en el monstruo
Ana notó algo más.
Mientras el sistema marcaba “error de transmisión”, otra cosa parpadeó en la pantalla: un mensaje interno, de esos que casi nunca salían a la superficie.
“NO REPLICAR INCIDENTE NOCHE_AZUL. EVITAR BAJA DE PERSONAL CLAVE. CONTROLAR FILTRACIONES.”
Ana se quedó mirándolo.
Alguien arriba estaba tan asustado como ellos.
El monstruo empezaba a hablar de sí mismo.
Y cuando un sistema se ve obligado a dejar notas para no repetir errores, significa que el error le dolió.
Dudas en la mesa
Esa noche, el grupo volvió a reunirse, esta vez en el café, con las cortinas medio cerradas.
Valeria tenía la servilleta arrugada en el bolsillo.
Luna llevaba el dibujo del círculo con punto en la cabeza.
Brandon olía todavía a humo.
Diego, a hospital.
—Quemaron el contenedor —dijo Brandon—. Pero no a lo loco. Tenían suficiente cuidado como para no levantar a bomberos. Esto no fue un mensaje. Fue limpieza.
Valeria se pasó la mano por la frente.
—¿Entonces qué nos queda? —preguntó—. Si siguen quemando todo lo que los compromete…
Rocío llegó con la mochila.
La dejó sobre la mesa.
—Nos queda esto —dijo—. Las cosas que no alcanzaron a quemar porque no sabían que alguien las había copiado. Y los videos. Y los informes que Marcos guardó por miedo. Y este audio —levantó su grabadora—, que está backup en más de un servidor fuera del país.
Diego la miró.
—Si publicás ahora, pueden decir que son conjeturas —advirtió—. Que el video está sacado de contexto. Que exageramos.
Rocío asintió.
—Lo sé —respondió—. Por eso todavía no lo voy a publicar. Pero voy a hacer algo que duele más que un titular: preguntar en voz alta.
Preguntas que cortan
Al día siguiente, Rocío se plantó en una conferencia de prensa donde uno de los empresarios relacionados con la Terminal anunciaba “nuevas inversiones en infraestructura segura”.
Había cámaras, micrófonos, sonrisas ensayadas.
Ella levantó la mano.
—Rocío Salmerón, Diario Horizonte —se presentó—. ¿Qué protocolo de manejo de archivos físicos tienen para evitar que información sensible termine siendo destruida en naves sin registro, como la que se incendió anoche en la zona industrial antigua?
La sala se volvió hielo.
El empresario parpadeó.
La mayoría de periodistas ni siquiera sabían de qué hablaba.
Pero las pocas personas que sí supieron —dos asesores del fondo, un abogado con sonrisa tensa, un hombre de traje oscuro en la esquina— se pusieron rígidos.
—No tengo información sobre ningún incendio —respondió el empresario, fingiendo naturalidad—. Si hubo alguno, seguro fue un accidente menor. Se lo puedo confirmar más tarde.
Rocío no sonrió.
—Tengo un video —dijo—. Por si quiere refrescar la memoria.
Un murmullo recorrió la sala.
Como un viento previo a la tormenta.
Esa misma tarde, mientras Rocío subía el video a un servidor seguro, un correo sin remitente claro llegó a su bandeja de entrada:
«Sabemos que estuviste mirando.
La próxima vez, mirá a los lados antes de cruzar».
Y supo que, a partir de ese momento, ya no había forma de volver a escribir solo sobre “economía y negocios”.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com