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Entre el fuego y la distancia - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 CAPÍTULO 9 — “LAS VERDADES QUE NADIE QUIERE DECIR”
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9: CAPÍTULO 9 — “LAS VERDADES QUE NADIE QUIERE DECIR” 9: CAPÍTULO 9 — “LAS VERDADES QUE NADIE QUIERE DECIR” Marcos no soltó la mano de Isabella.

No la apretaba fuerte, pero había algo urgente en ese agarre, como si temiera que, si la dejaba ir, ella pudiera desvanecerse entre la gente.

Isabella no sabía si el pulso acelerado que sentía era el de él o el suyo propio.

—Isabella —dijo, con una voz más baja de lo habitual—, ¿ese hombre… qué significa para ti?

La pregunta le cayó como un golpe directo.

Demasiado frontal.

Demasiado clara.

Demasiado peligrosa.

—Nada —respondió demasiado rápido—.

No significa nada.

Marcos la miró con una mezcla rara de duda y tristeza.

—No es lo que pareció —añadió Isabella, intentando respirar más despacio—.

Solo fue un baile.

Yo… no sabía que iba a estar aquí.

—Pero ustedes… —él la observó con cuidado—, parecían tener historia.

Ella sintió un vértigo pequeño en el estómago.

—Es pasado, Marcos —insistió—.

Eso es todo.

Te lo prometo.

Él bajó la mirada, como si quisiera creerla, pero hubiera algo que se le atravesaba.

—Está bien, Isa —dijo—.

Solo… quiero saber dónde piso.

La frase era simple, pero a ella le dolió más que cualquier reproche.

Porque sabía que él no estaba siendo dramático: estaba siendo sincero.

Isabella asintió.

No quería hacerle daño.

Y aun así, por dentro, algo se estaba moviendo en una dirección que no sabía controlar.

—Voy por un poco de aire —murmuró.

Marcos dudó.

—¿Quieres que vaya contigo?

—No —negó ella con suavidad—.

Solo un minuto.

En serio.

Se soltó de su mano y se alejó entre la gente, con la copa aún en la mano y un nudo en la garganta.

El hotel tenía un pasillo lateral que llevaba a una zona más tranquila, con unos sillones y unas plantas, lejos del ruido.

La luz era más baja, dorada, y la música llegaba apenas como un murmullo lejano.

Isabella respiró hondo al doblar la esquina, agradeciendo por fin el silencio.

No duró mucho.

Lucas estaba allí.

De espaldas, con las manos en los bolsillos, los hombros tensos.

Se giró al escuchar sus pasos.

Sus miradas se encontraron otra vez.

Esta vez no había excusas: ni gente alrededor, ni pista de baile, ni luces que justificaran la cercanía.

Lucas dio un solo paso hacia ella.

No necesitó más.

—¿Vienes a decirme que no debió pasar?

—preguntó, sin rodeos.

—Vine a respirar —contestó Isabella, intentando que la voz no le temblara.

Él la recorrió con la mirada: el vestido, la expresión, las manos que jugaban con el borde de la copa vacía.

—No puedes seguir mintiéndote —dijo, con una calma que a ella le resultaba aún más peligrosa que cualquier arrebato.

Isabella apretó los labios.

—Yo no me estoy mintiendo.

Lucas arqueó una ceja.

—Entonces mírame a los ojos… y dime que no te afectó.

Ella abrió la boca, pero la frase no salió.

El silencio respondió por ella.

Lucas dio otro paso.

Más cerca.

Muy despacio.

Muy consciente.

La distancia entre ambos se redujo hasta casi desaparecer.

Isabella notó cómo el pecho de él subía y bajaba cuando respiraba, y supo que estaba demasiado cerca.

—Dímelo —susurró él—.

Y no vuelvo a tocarte.

No vuelvo a acercarme.

Puedo ser un desconocido, si eso es lo que quieres.

Isabella sintió cómo el mundo se estrechaba alrededor de ellos.

—Lucas… no es tan simple —murmuró.

—Sí lo es —replicó él, bajando la voz—.

Solo reconócelo.

Un segundo.

Una vez.

Lo que sea que estés sintiendo, también lo estoy sintiendo yo.

Tenía las manos temblando.

—Yo… no puedo —dijo al final, cerrando los ojos un instante—.

No puedo hacerle daño a nadie.

Lucas la miró como si esas palabras se le quedaran clavadas.

—¿Y a ti misma?

—preguntó—.

¿Cuántas veces vas a romperte tú para no romper a otros?

Ella sintió un nudo en el pecho.

—Esto no debería estar pasando —susurró—.

Yo estoy con Marcos.

Y tú… tú formas parte de mi pasado.

Lucas avanzó el último paso.

Ya no quedaba espacio entre los dos.

No se tocaban del todo, pero el calor de su cuerpo la envolvía.

—No soy tu pasado, Isabella —dijo, con una intensidad que la obligó a sostenerle la mirada—.

No cuando te tiemblan las manos cada vez que me acerco.

No cuando casi me besas allá dentro.

No cuando me miras como si te doliera que esté aquí.

Ella notó cómo se le humedecían los ojos.

—Te juro que no quiero esto —admitió.

Lucas bajó la voz hasta casi un susurro.

—Y yo te juro que sí.

Esas palabras le dieron de lleno.

Isabella dio un paso atrás, casi a la fuerza, como si solo alejándose pudiera volver a respirar.

Lucas no la siguió.

Se quedó donde estaba, con las manos ahora vacías a los lados del cuerpo.

—Necesito tiempo —dijo ella, apenas audible.

—Tómalo —respondió él, con una resignación que no borraba la firmeza—.

Pero no esperes que me quede quieto mientras decides.

Ella sintió que esas palabras le caían en el estómago como un peso.

Lucas mantuvo la mirada fija en la suya.

—No voy a perderte otra vez sin pelear —añadió.

El impacto de esa frase le hizo doler el pecho.

Era demasiado.

Todo era demasiado.

En ese momento, escucharon pasos acercándose por el pasillo.

Y una voz conocida: —Isabella, ¿estás aquí?

Marcos.

Lucas apretó la mandíbula.

Isabella tomó aire.

—Vete —le susurró a Lucas—.

Por favor.

Él la miró una última vez.

Había amor, rabia contenida y un deseo que ya no podía disimular aunque lo intentara.

—Si me pides que me vaya, me voy —dijo despacio—.

Pero no desaparezco.

Cumplió lo que dijo.

Se alejó por el otro extremo del pasillo, desapareciendo justo antes de que Marcos doblara la esquina.

—¿Con quién estabas?

—preguntó Marcos, al verla, con el ceño fruncido.

Isabella sintió que el pecho se le cerraba.

—Con… nadie —respondió al fin.

Por primera vez, Marcos no le creyó.

Y ella lo supo en la mirada de él.

Supó también que, después de esa noche, nada iba a volver a ser igual.

Fin capítulo 9.

“Tu comentario me ayuda mucho a seguir subiendo capítulos 💖 ¡Cuéntame qué te pareció esta escena!” REFLEXIONES DE LOS CREADORES Pluma_Magna Marcos empezó a dudar de sus palabras.

Lucas dejó claro que esta vez no piensa rendirse.

Y entre el hombre que no quiere herir y el que sigue encendiendo todo lo que toca, Isabella tendrá que decidir… aunque cualquiera de las dos decisiones pueda romperla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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