Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Entre el fuego y la distancia - Capítulo 96

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Entre el fuego y la distancia
  4. Capítulo 96 - Capítulo 96: CAPÍTULO 96 — DENTRO DEL NÚCLEO
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 96: CAPÍTULO 96 — DENTRO DEL NÚCLEO

La oferta

El hombre del traje lo acompañó hasta un coche negro.

No era secuestro.

No todavía.

—No tengo por qué subirme —dijo Diego.

—Tiene razón —respondió el hombre—. Pero entonces, la conversación tendrá lugar en sitios menos… cómodos.

Diego pensó en Valeria.

En Luna.

En Brandon.

En Rocío.

Abrió la puerta.

Subió.

El coche olía a cuero caro y a algo más: desinfectante, como si quisieran borrar cualquier rastro humano.

El jefe

Lo llevaron a un edificio discreto.

No el más alto.

No el más lujoso.

Solo uno más, en una zona donde todas las fachadas se parecían.

En el piso alto, una oficina sin cuadros.

Solo una gran ventana.

Y un hombre de unos cincuenta, cabello gris, manos cuidadas.

—Diego Torres —dijo, como si probara el nombre—. El sobreviviente más incómodo que tenemos.

—Depende de quién sea “tenemos” —respondió Diego.

El hombre sonrió.

—Digamos que represento a los intereses que no desean que este país se convierta en un caos mediático por un par de incendios mal manejados —dijo—. Y que estoy aquí para evitar que usted y sus… amigos, nos obliguen a tomar medidas desagradables.

La propuesta

—Voy a ser muy claro —siguió el hombre—. Sabemos lo que hicieron. Sabemos que han recopilado documentos, videos, testimonios. Sabemos que la señorita Salmerón está preparando algo. Podríamos frenarla. Podríamos desacreditarla. Podríamos hacerla desaparecer profesionalmente.

Diego lo miró fijamente.

—Pero no lo han hecho —señaló.

—Porque preferimos acuerdos a guerras —respondió el hombre—. Le ofrezco esto: nosotros sacrificamos a algunos responsables menores. Gente que ya no nos sirve. Abrimos una investigación controlada. Hacemos que parezca que el sistema “funciona”. Usted nos entrega todo lo que tiene. Sus amigos dejan de husmear. Y la vida sigue.

—¿Y Noche Azul? —preguntó Diego—. ¿Y los muertos que no reconocieron? ¿Y las vidas que arruinaron en el camino?

El hombre suspiró.

—Eso no se deshace —dijo—. Pero podemos evitar más “errores”. Y usted puede seguir vivo para contarlo a sus nietos como una historia de “lo que pudo haber sido peor”.

Entrar al núcleo

Diego se levantó.

Caminó hacia la ventana.

La ciudad parecía tranquila.

Semáforos.

Autos.

Nada de incendios a la vista.

—¿Qué pasaría si digo que no? —preguntó.

—Entonces tendremos que asumir que usted es un riesgo demasiado grande —respondió el hombre, sin levantar la voz—. Y tendremos que aplicar protocolos que no me agradan, pero existen por algo.

Diego se giró.

—Ya aplicaron protocolos —dijo—. Noche Azul. El almacén. INC–07. Protocolo Ceniza. Si usted está aquí, es porque a pesar de todo eso… algo se les salió de las manos.

El hombre lo miró.

Por primera vez, su sonrisa se agrietó un poco.

—No subestime nuestra capacidad de adaptarnos —dijo—. Igual que nosotros no subestimamos su terquedad.

Decisión en suspenso

—No le voy a dar una respuesta ahora —dijo Diego—. Esto no es un “sí o no” que pueda decidir solo.

El hombre asintió.

—Lo sé —respondió—. Por eso le voy a dar tiempo. Tres días. Durante ese tiempo, nada le pasará a usted ni a los suyos. Si al cabo de tres días no tengo respuesta, entenderé que eligió el otro camino.

—¿El de la guerra? —preguntó Diego.

—El de la ilusión de la guerra justa —corrigió el hombre—. En la que los buenos ganan y los malos van a la cárcel. Una ilusión muy bonita. Difícil de sostener.

Lo escoltaron de vuelta al coche.

En el trayecto, Diego sintió que había estado dentro del núcleo.

No el del monstruo completo.

Pero sí el de una de sus cabezas.

Y entendió algo: no estaban luchando contra una banda de criminales.

Estaban luchando contra un sistema que había aprendido a hablar en tono razonable mientras ponía precio a las vidas.

Al bajar del coche, encontró en su bolsillo algo que no había puesto él:

un pequeño sobre blanco.

Dentro, una tarjeta con una sola frase:

«Algunos incendios limpian.

Otros solo provocan humo.»

Y un número de teléfono.

El monstruo le estaba dando una línea directa.

Una tentación.

Y una amenaza.

Your gift is the motivation for my creation. Give me more motivation!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo