Entre el fuego y la distancia - Capítulo 97
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Capítulo 97: CAPÍTULO 97 — LA LLAMADA QUE CAMBIA LAS REGLAS
Contarlo o callarlo
Diego no tardó en ir al café.
No podía cargar esa oferta solo.
En la mesa ya estaban Valeria, Luna, Brandon y Rocío.
Lucas llegó minutos después.
Ana, en el chat.
—Te reuniste con uno de ellos —dijo Valeria, apenas lo vio.
No fue pregunta.
Diego asintió.
—Me ofreció un trato —contó—. Sacrificar a algunos “responsables menores”, abrir una investigación controlada, darnos una apariencia de victoria a cambio de que soltemos las pruebas y dejemos de movernos.
Brandon frunció el ceño.
—Un circo —dijo—. Con chivos expiatorios como show.
Luna apretó el vaso.
—¿Y si aceptamos? —preguntó en voz baja—. No porque lo merezcan, sino porque tal vez sea la única forma de que dejen de apretar a nuestras familias, al café, al hermano de Brandon…
Rocío se frotó las sienes.
—Si aceptamos, dejamos que cuenten la historia como quieran —dijo—. Un par de funcionarios torpes, un empresario codicioso, un “error en cadena”. Nada de sistema. Nada de protocolos Ceniza. Nada de círculos.
Divididos
El grupo se partió en opiniones.
Valeria veía la memoria USB en su mente.
—Una parte de mí quiere tomar cualquier cosa que signifique menos gente en peligro —dijo—. Otra parte… no quiere ser cómplice de lavarles la cara.
Brandon se inclinó hacia adelante.
—Si aceptamos, ¿qué nos garantiza que no nos callarán después igual? —preguntó—. Una vez tengan todos los documentos, solo necesitan un incendio más.
Ana escribió.
Ana: “Desde dentro, les digo algo: están asustados. No lo muestran afuera, pero algunas órdenes se contradicen. Están improvisando. Un trato así no lo ofrecen cuando tienen todo bajo control.”
Lucas añadió:
Lucas: “Eso significa que también cometen más errores. Si aguantamos, puede salir algo más grande.”
El peso de la decisión
—No es solo una cuestión de “aguantar” —dijo Luna—. Es saber si estamos dispuestos a que, mientras tanto, sigan recayendo golpes en otros.
Miró sus manos.
Pensó en la dueña del café.
En las inspecciones.
En los créditos negados.
—Yo no quiero ser mártir —añadió—. Ni heroína. Quiero que esto tenga algún sentido.
Diego la miró.
—Yo tampoco me desperté un día diciendo “quiero enfrentarme a una organización de mierda” —dijo—. Pero aquí estamos. Y si aceptamos su narrativa, tal vez les ahorramos algún problema… pero dejamos el monstruo casi intacto.
Propuesta alternativa
Rocío levantó la mirada.
—¿Y si usamos el trato en su contra? —preguntó.
Todos la miraron.
—Si acceden a sacrificar a algunos, significa que van a tener que mover internamente responsabilidades, papeles, órdenes —explicó—. Puedo seguir su comunicación oficial, lo que digan en ruedas de prensa, en informes. Podemos comparar lo que “admiten” con lo que sabemos. Cada hueco en su historia se vuelve prueba de que mienten.
Valeria asintió lentamente.
—Es decir, fingimos que jugamos… mientras seguimos guardando cartas —resumió—. No les damos todo. Solo lo suficiente para obligarlos a moverse.
Ana escribió:
Ana: “Si sé qué nombres van a sacrificar, puedo buscar qué están ocultando detrás. Nadie entrega piezas sin proteger otras.”
La llamada
Decidieron algo que los dejó a todos nerviosos:
Diego iba a hacer la llamada.
No para decir “sí” ni “no”.
Sino para pedir detalles.
Para ver hasta dónde llegaba la oferta.
En el callejón detrás del café, marcó el número.
El mismo hombre respondió.
—Señor Torres —saludó—. Espero que su reflexión haya sido productiva.
—Tengo preguntas —dijo Diego—. Si aceptamos, ¿quiénes caen? ¿Nombres. Cargos. Qué tipo de investigación. Qué queda fuera.
El hombre sonrió al otro lado de la línea.
—Me alegra que hablemos de detalles —dijo—. Eso significa que entiende la realidad. Le enviaré un borrador del “plan de saneamiento”. Lo revisa con sus amigos. Pero recuerde: cuanto más pidan, menos podré garantizarles. Ni ustedes… ni los que los rodean.
Cuando colgó, Diego se quedó unos segundos mirando el móvil.
—No dijo “si aceptan” —murmuró—. Dijo “cuanto más pidan”.
Valeria se acercó.
—Eso significa que ya nos consideran dentro del trato —dijo—. Aunque no hayamos dicho que sí.
Brandon golpeó suavemente la pared.
—Entonces hay que decidir rápido si vamos a ser parte de su teatro… o si les vamos a quemar el escenario.
Esa misma noche, llegó a los correos de Rocío, Valeria y hasta al chat de Ana un mismo documento:
“PLAN DE SANEAMIENTO — CONFIDENCIAL.”
En la primera página, nombres de directivos que conocían.
En la última, una frase subrayada:
«No se recomienda ampliar la investigación a establecimientos menores (cafeterías, bares, almacenes locales), para evitar “daños colaterales mediáticos”.»
Luna leyó esa línea tres veces.
Y entendió que, por primera vez, el café donde todo había empezado para ella… también estaba escrito en el guion del monstruo.
La pregunta ya no era solo qué iban a aceptar.
Sino qué estaban dispuestos a reescribir.
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