Entre el fuego y la distancia - Capítulo 99
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Capítulo 99: CAPÍTULO 99 — UNA CAFETERÍA EN EL GUION
El círculo rojo de la persiana amaneció distinto.
Luna lo notó en cuanto bajó del bus.
Había una línea más.
Un trazo pequeño, casi discreto, debajo del punto negro.
Un guiño.
—Nos están contestando —murmuró.
Entró por la puerta lateral con las llaves temblando.
La dueña, Doña Marta, estaba en la barra, revisando un cuaderno de cuentas.
—Buenos días, niña —saludó—. Hoy me llegaste con cara de que dormiste peleando con el techo.
Luna sonrió de lado.
—Algo así —respondió.
Se debatió unos segundos.
Hasta ahora había mantenido a Doña Marta en la oscuridad. Le hablaba de “problemas” y “gente rara”, pero nunca había mencionado incendios, listas, monstruos.
Sin embargo, la línea subrayada en el plan no se le salía de la cabeza.
“Establecimientos menores.”
“Evitar daños colaterales mediáticos.”
—Doña Marta… —empezó—, ¿podemos hablar un momento?
La mujer dejó el cuaderno.
—Si me vas a decir que te vas, mejor me lo decís después del café —bromeó, intentando aligerar algo que no sabía que era pesado.
Luna negó.
—No me voy —dijo—. Pero sí necesito contarle algo. Para que, si un día… pasa algo raro, no piense que fue culpa suya.
Se sentaron en una mesa vacía.
El café aún olía a pan recién horneado.
Luna sacó el móvil.
Mostró una foto del correo, de la línea subrayada.
Explicó lo básico.
No habló de círculos ni de nombres.
Habló de gente poderosa que no quería que lugares como ese aparecieran en las noticias porque les quedaba feo en la foto.
Doña Marta escuchó en silencio.
Su rostro no se endureció.
Se entristeció.
—Siempre supe que allá arriba jugaban con nuestras vidas —dijo al fin—. Pero se siente distinto cuando uno se ve escrito en un papel, ¿no?
Luna asintió.
—Ellos creen que, si nos cierran a la fuerza, la gente se va a poner de su lado —añadió—. Así que, por ahora, prefieren que sigamos abiertos… sin saber nada. Como si fuéramos fondo de pantalla.
Doña Marta apoyó la mano sobre la suya.
—Gracias por decírmelo, niña —susurró—. Prefiero estar asustada con la verdad… que tranquila con una mentira.
Luna sintió un nudo en la garganta.
—Si en algún momento vienen con más inspecciones, o cosas raras, me avisa de inmediato —dijo—. No firme nada sin leer. No hable con nadie de “sanear” nada sin llamarme antes, ¿sí?
—Trato —respondió la mujer.
Cuando Luna subió la persiana, el círculo la miró de regreso.
Por primera vez, no lo sintió solo como amenaza.
Lo sintió como un recordatorio.
Ese día, el café se llenó más de lo habitual.
Estudiantes.
Oficinistas.
Algún policía de civil.
Luna atendió como siempre, pero con una decisión distinta escondida bajo la sonrisa.
Cada vaso, cada nombre escrito con marcador, cada propina… se convirtió en algo más que rutina.
Era un inventario silencioso de todo lo que ellos no habían puesto en sus planes.
Una vida cotidiana que no cabía en la frase “establecimientos menores”.
Al cerrar, encontró bajo una servilleta un papel doblado.
No tenía círculo.
Solo una frase escrita con letra apresurada:
«No dejes que te saquen del cuadro.
Algunos estamos mirando desde fuera».
No era de Valeria.
Ni de Diego.
Ni de Brandon.
La red invisible de gente “menor” empezaba a despertar.
Creation is hard, cheer me up!
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