ENTRE NOSOTROS - Capítulo 14
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14: Capítulo 14 14: Capítulo 14 Aquello que tanto había soñado, por fin se hizo realidad.
La noche siguiente fue perfecta, un sueño hecho carne, especialmente porque nos encontramos justo en mi salida, justo antes de llegar a casa
Parecía un encuentro fortuito, algo que podría desvanecerse en cualquier momento, pero por alguna razón, me sentía terriblemente nervioso.
No quería perderlo, no ahora que lo había encontrado, no nunca, la sola idea de que se alejara era un abismo oscuro que amenazaba con tragarme entero
—¡Luís!, mi amor…
¡Cómo te extrañé!
— la voz era apenas un susurro tembloroso, revelando un anhelo que quemaba por dentro, las ganas de ambos, ya eran inminentes, como una tormenta a punto de estallar
—La verdad, yo también, amor.
Te extrañé demasiado…
— en cada palabra, un universo de sentimientos contenidos, una felicidad que irradiaba desde lo más profundo de su ser.
Luís era feliz, sí.
Y al carajo el resto del mundo, sus juicios y sus reglas, solo existían ellos dos, en ese instante eterno
Siguieron entregándose al amor, entre besos tiernos y risas contagiosas, pero una sombra se cernía sobre su felicidad.
Cada día se alejaban más del verdadero amor, ese sentimiento puro y desinteresado, el destino, caprichoso y cruel, tramaba algo para unirlos de nuevo, aunque el precio a pagar sería alto.
Ambos cargaban secretos pesados, oscuros fantasmas que amenazaban con destruir su frágil felicidad.
Y como dicta el implacable karma, cada uno pagaría a su manera por los errores del pasado
Se fundieron en un abrazo apretado, buscando refugio el uno en el otro, se quedaron así, un largo rato, aspirando el aroma único de sus cuerpos entrelazados.
Cuánto extrañaban esos momentos íntimos, la calma que llegaba después de la tormenta de pasión, esa conexión silenciosa que trascendía las palabras
Pero la realidad siempre llama a la puerta y el sonido metálico de la llave girando en la cerradura los arrancó bruscamente de su burbuja de amor.
La puerta de entrada se abrió, inundando el espacio con la luz del exterior y la cruda verdad: ellas habían regresado.
El tiempo robado se había terminado, cada quien tomo su lugar en ese pequeño momento de intimidad
Las chicas llegaron exhaustas, cargando con el peso del día.
Diana, al entrar en la habitación, no pudo evitar notar el caos: sábanas revueltas, almohadas tiradas, un aura de pasión flotando en el aire.
Sus ojos se cruzaron con los de Luís y una sonrisa cómplice se dibujó en su rostro, lo conocía demasiado bien
Una mirada llena de autenticidad y una risa suave fueron su única condena
—Debió ser algo realmente bueno después de unas semanas, ¿eh?
— Diana comentó, con una chispa de picardía en los ojos
Luís soltó una carcajada sonora, incapaz de ocultar su satisfacción
—¿Eres adivina o lo haces a propósito?
— preguntó, divertido, sin dejar de mirarla fijamente
—¿Eres malvado, lo sabes?
— ella respondió, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, sabía algo de reproche en su tono, pero también una extraña aceptación
—¡Siempre, querida!…
Siempre— Luís hablo, con una sonrisa enigmática.
Sus palabras resonaron en el aire, cargadas de un significado oculto que solo ellos dos parecían comprender
—Bueno, al parecer deben seguir aguantando un poco más— Diana completo, dejando caer las palabras con un peso que Luís sintió en el estómago.
Era una sentencia, un recordatorio de que su tiempo robado tenía un límite
—¿Cómo está?, más “mejor” — Luís no era del todo malo, con un guiño cómplice.
Había un código entre ellos, un lenguaje secreto que solo ellos entendían
— Luís, ¿Cuál es el paso a seguir?
— preguntó, dejando claro que la conversación era sobre algo más que simples encuentros furtivos —No sé qué más hacer con ella, ya me estoy cansado— había un plan en marcha, una estrategia cuidadosamente trazada
—No sé, ahora debemos esperar a que las cosas sigan su rumbo— respondió, con un dejo de incertidumbre en su voz.
La partida estaba en marcha, pero el resultado era incierto, Luís y Diana habían estado en algo, algo que prometía cambiarlo todo, así quedaran en el camino
—No sé, Luís, ella cada vez está más rara— Diana confesó, con una preocupación palpable en su voz.
Y era cierto, algo no estaba bien con su hermana — Ya no habla mucho de José y si lo hace es solo con palabras cuidadosamente reservadas, algo no me gusta
—Debemos mantener la calma.
Ella está mal y tú y yo seguiremos con esto, hasta el final— respondió, con una firmeza que contrastaba con la incertidumbre que sentía por dentro.
Sus palabras eran una promesa, pero también una advertencia, así Luís guardaba secretos, oscuros y peligrosos secretos
—Me parece bien.
Ahora está intentando convencer a José de que tengan hijos y que salven su matrimonio
— reveló, con una mezcla de incredulidad y amargura.
La ironía era palpable: mientras ellos se entregaban a la pasión, María intentaba desesperadamente aferrarse a una ilusión
Diana compartió la noticia con Luís, y este se levantó de golpe, como si una corriente eléctrica lo hubiera atravesado.
Aguzó el oído, conteniendo la respiración, para no perderse ni una palabra de la tormenta que se avecinaba
Al otro lado de la puerta, María ardía en furia su voz, cargada de desesperación y frustración, resonaba en el aire.
José, en cambio, se mantenía en silencio, negándose a ceder a sus súplicas.
El tema de los hijos se había convertido en un campo de batalla, una prueba irrefutable de la distancia que los separaba
Él se negaba a ser arrastrado a una relación basada en una mentira, pero ella se aferraba a la idea de un futuro juntos, sin importar el costo
—¿Cómo le harás para que él cambie de opinión?
— Diana le preguntó, con una incredulidad evidente en su voz —Él no quiere hijos por ningún motivo
—Lo sé, pero ya lo verás…
Esto es jodido para él, sí, pero a mí no se me hará difícil la cosa, además…
ya le hice cambiar de orientación y volverse loco por mí…
Los niños es lo de menos…
Ya veré el cómo hacerlo—
Luís respondió, con una frialdad escalofriante
Sus palabras resonaron con una determinación inquietante, como si estuviera dispuesto a todo para conseguir lo que quería.
Hablaba como un auténtico maníaco, obsesionado con el control y la manipulación
—¡Luis!, eres mi ídolo, ¡carajo!
Cómo saber que tienes una mente tan retorcida me da un placer enfermizo
— suspiro— Me alegro de haber estado casada contigo todos estos años, me alegro de haberte escogido para este plan — Lisa exclamó, con una mezcla de admiración y temor en su voz, las cosas eran diferentes ahora, las máscaras habían caído y la verdad se revelaba en toda su crudeza
Diana y Luís se habían conocido años atrás, cuando Luis era novio de Rodrigo.
En aquel entonces, ella era la que pagaba los platos rotos por las locuras de María, la consentida de la familia gracias a su bondad y su mente privilegiada
Pero un día, Diana se hartó de ser la sombra de su hermana, de ser la sufrida y la comprensiva y se marchó de casa, dejando atrás una vida de sacrificios y humillaciones.
Tras su partida, sus padres finalmente descubrieron la verdadera naturaleza de su hermana, la crueldad y el egoísmo que se escondían tras su fachada angelical
Cuando ellos murieron, la relación entre las hermanas se esfumó, consumida por el resentimiento y el dolor.
Sin embargo, un día, cansadas de las peleas y los reproches, decidieron dejar atrás el pasado y volver a ser las mejores hermanas, unidas por un lazo indestructible y un plan secreto que cambiaría sus vidas para siempre
Pero en el corazón de Diana anidaba un rencor profundo, una herida que nunca cicatrizó.
Odiaba a María por todos los agravios del pasado, pero, sobre todo, por arrebatarle todo lo quería, así conoció a Luis, pero cuando Diana descubrió su homosexualidad, se encargó de llegar a su corazón, más que sea de un rato y fin, pero también había más secretos que Diana no podía decir, condenándolos a un destino incierto
Tras todas esas traiciones, Diana jamás volverá a ser la misma
La inocencia se había marchado, dejando un vacío lleno de amargura y sed de venganza, por eso ahora, se complacía en quitarle a María su más grande amor, en ver cómo su mundo se desmoronaba.
Todo comenzó cuando se casaron.
Fue entonces cuando Luís se dio cuenta de que José sentía algo por él, una atracción innegable que brillaba en sus ojos
Diana y Luís habían urdido un plan macabro, una venganza cuidadosamente orquestada.
Ahora, observaban con satisfacción cómo su plan se desarrollaba a la perfección, superando todas sus expectativas
El dulce sabor de la venganza era embriagador, pero también peligroso.
¿A qué precio lograrían su objetivo?
¿Y qué quedaría de ellos cuando todo terminara?
—Ahora vamos a ver qué pasa— Luís murmuró, con una sonrisa maliciosa dibujada en sus labios.
La anticipación lo carcomía por dentro, el deseo de ver su plan consumado lo embriagaba
—Un hombre se cansa de esas peleas— Lisa asintió, con una mirada sombría.
Sí, ella tenía razón.
José no podría soportar mucho más tiempo la toxicidad de su matrimonio
Se acostaron juntos, sintiendo la tensión en el aire.
Para ahogar los gritos y reproches que provenían de la otra habitación, subieron el volumen del televisor, preparándose para el siguiente paso de su juego perverso
La cuenta regresiva había comenzado
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