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ENTRE NOSOTROS - Capítulo 15

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15: Capítulo 15 15: Capítulo 15 Hoy era sábado y, como de esperar, las horas extras se habían hecho muy comunes en estos seis meses de relación que llevaban ellos, nada era como hacer las bellas excusas para poder verse y estar un poco más entre ellos dos
Los viajes de trabajo y los días, las noches y para nada
Pero para qué quería estar en la casa si quería estar con Luís, y sí, cada vez se estaba metiendo más en esta relación.

Que solo la idea de perderlo se le moría el corazón, hoy no fue distinto, estaban inmersos en la adicción que consumía todo a su alrededor y ellos lo dejaban, al fin, que podía ser peor
José estaba tan enamorado de Luís que sus amigos lo habían visto totalmente cambiado.

Cantaba; era feliz y andaba con actitud de joven por donde lo viera, todo era un cuento de hadas para los dos
Marcos era él primero en darse cuenta y no de hoy, desde hace mucho, pero no importaba a su parecer, y justo hoy día iban a salir los cuatro a una cena.

Y estaba haciendo lo imposible para que saliera bien todo
Luís estaba decidido a que José dejara a su esposa por cualquier medio.

Ya lo quería junto a él, y con eso era todo.

Lo que llamaba pasión se había convertido en amor, a un punto rebosando la obsesión
La mañana estaba hermosa además era un desayuno en las afueras de la casa de verano de José.

Era cosa buena para ellos ya que nadie sería tan metido para saber que estaban en algo solo ellos, solo su amor convertido en algo tan descorrido, tan manipulable, tan muerte de celos y algo peor, hasta la muerte
Los empleados estaban haciendo la cena para hoy.

Estaban a todo motor, nada debía quedar a la deriva menos que salga mal.

Luís se había levantado y estaba en la ducha cuando José entró y lo empezó a besar como todos los días lo hacía, y Luís, pensó a todo motor, ya debía poner en marcha la segunda fase del plan
Pensando, qué, para que ellos estuvieran aquí, debieron dejar más mentiras entre la verdad y lo que ocultaban.

Cada día que pasaba, las cosas en casa eran más peores que antes y todo se estaba saliendo de las manos de José, como de las de Luis
Cada uno debía sus oscuros secretos
Solo no sabían cuál de los dos saldría bien o mal ya que en el engaño que acechaba la verdad y cada día la tensión los sofocaba, y el peligro que acechaba mientras la incertidumbre que les angustiaba los perseguía
—Oh… mi vida… —su voz sale quebrada, perdida entre susurros y respiraciones agitadas, entre el eco de nuestros cuerpos cansados y llenos de pasión
José no responde con palabras ya que su cuerpo se mueve con una determinación que le roba el aire, como si quisiera borrar cada duda, cada miedo que carga.

Me sostiene con firmeza, como si temiera que pudiera desvanecerse si afloja un solo segundo.

Su frente cae sobre la otra, sus respiraciones chocan, calientes, desordenadas
—Mírame —murmura, y obedeció
Sus ojos estaban oscuros, cargados de algo que no es amor, ya que es necesidad o pura locura compartida.

Quizás todo junto, sus manos se aferran a él como si fuera la única ancla que me queda en este mundo que se cae a pedazos
No hay prisa no hay pensamientos claros
Solo la certeza de que, en ese instante, pertenecerle se siente tan natural como respirar… y tan peligroso como perderse para siempre
—Vamos, mi amor… te quiero solo para mí… te amo, Luís
Esas palabras le golpearon el pecho como una confesión peligrosa, Luís cerró los ojos, incapaz de sostener todo lo que sentía al mismo tiempo, el cuerpo le temblaba, no solo por el deseo, sino por el peso de ese “te amo” dicho así, crudo, posesivo, real pero cruel también
—No me digas eso así… —susurró, pero no se apartó—.

No sabes lo que me haces
José apoyó la frente en la suya, respirando hondo, como si también estuviera al borde de perder el control.

Sus manos lo sostuvieron con una firmeza que no dolía, pero que dejaba claro que no pensaba soltarlo
—Lo sé —respondió—.

Y aun así lo siento
El silencio que siguió fue más intenso que cualquier palabra entre ellos, allá, afuera no existía nada: ni culpas, ni miedos, ni nombres prohibidos
Solo dos corazones latiendo demasiado rápido, chocando en un espacio que se sentía seguro y, al mismo tiempo, peligrosamente irreversible.

Luís se aferró a él, rendido, no por que fuera fácil, lo era, pero no podía más… porque amar así también quema
—Repite lo que dijiste —pidió, el pecho subiendo y bajando como si le faltara el aire
Luís lo miró de frente ya no había juego, ni provocación, ni huida posible.

Solo verdad: de esa que asusta porque no tiene marcha atrás
—Te amo, José —repitió, firme esta vez—.

No como debería… no como es correcto… pero te amo
Los ojos de José brillaron peligrosamente, sonrió apenas, una sonrisa quebrada, cargada de alivio y condena al mismo tiempo.

Apoyó la frente en la de él, cerrando los ojos como si ese contacto fuera lo único que lo mantenía en pie
—No sabes cuánto tiempo esperé escuchar eso —susurró—.

Pensé que si lo decías… todo se rompería
—Tal vez se rompa —respondió Luís—.

Pero ya estaba roto antes de que lo admitiéramos
José lo abrazó entonces, fuerte, protector, como si quisiera grabarlo en su cuerpo, no desde el deseo, sino desde el miedo a perderlo.

No hubo besos desesperados ni urgencia carnal, solo ese abrazo largo donde ambos entendieron lo mismo: que amarse así no era seguro, que decirlo en voz alta cambiaba las reglas.

Y que, aun sabiendo todo eso… ninguno quería retractarse
Lo besó alzando sus piernas en sus caderas.

Sosteniéndolo en sus brazos como pudo, lo penetró despacio y tan duro a la vez, todo lo que pidiera, como lo quisiera porque ahora, era todo suyo y mas ahora que tenia su amor, para siempre
Que tanto te puede tener de preso el amor o hasta que punto, se puede llamar amor
Luís gimió alto y fuerte cuando terminó sintiendo la corrida de José en su interior.

La ducha se fue con todo lo bueno que la vida puede pasar, alguien debía pagar lo que estaba pasando, eso mismo estaba pasando por la mente de los dos
Y en el fondo, ambos lo sabían desde el primer “te amo”
El silencio que quedó después de esas palabras no fue paz: fue presagió, nada bueno en la cima de sus mentiras, Luís lo sintió primero, como una opresión en el pecho, como si algo invisible ya estuviera cerrando el cerco.

Amar así no era gratis.

Nunca lo había sido
José lo contempló apenas, lo justo para mirarlo con detenimiento.

Ya no había ternura ingenua en su expresión, sino algo más oscuro, más peligroso.

Determinación, posesión, miedo mezclado con una calma inquietante
—Si alguien intenta tocarte… —dijo despacio, mientras le acariciaba el bello rostro que dios, o el diablo le dio —Si alguien intenta separarnos, lo juro… no voy a quedarme de brazos cruzados — Luís tragó saliva, no era una amenaza vacía.

Lo conocía lo suficiente para saberlo
—Esto va a estallar —susurró—.

Hay demasiadas mentiras, demasiadas personas heridas alrededor nuestro
—Entonces que arda todo —respondió José, sin titubear—.

Prefiero el infierno contigo que una vida limpia sin ti
Y ahí estuvo el verdadero horror.

No en el deseo
No en la pasión
Sino en esa certeza compartida de que, pasara lo que pasara, alguien iba a caer
Una reputación
Un matrimonio
Una familia
O ellos mismos
El amor ya no era refugio
Era un arma cargada
Y el disparo… solo era cuestión de tiempo
Despidieron la única forma de ser entre ellos, salieron entre besos, caricias, y amor, la duda quedaba entre mucho, pero debía tener cuidado para sacar las cosas que de ahora en adelante iba a salir
Bajaron, comieron y salieron a caminar por los alrededores de la casa, José notó a Luís algo tenso y muy callado.

Estaba inmerso en el deseo que lo quemaba y el desorden de la vida misma
—¿Pasa algo, mi amor?

— preguntó preocupado, no le gustaba ese silencio que crujía el alma y desordenaba su vida
—Mm…

tengo algo que decirte…

No sé cómo lo tomes— ahora sí le estaba dando miedo, pero debía decirlo
—¿Qué pasa, mi amor?

No me asustes— vamos, José iba a caer otra vez
—Amor…

verás…

sabes que la casa ya la va a ocupar Diana y bueno… — Luís cayó, en fondo no sabía como seguir
—¡Y bueno qué!

— veía la situación tan mala, pero a costo se había dejado llevar
—Diana y yo…

nos— contenía la respiración—Nos divorciamos hace dos años…

— Sí, José estaba listo para estallar, era una verdadera cosa nada inteligente
—Vamos— le miró mal —¿Me estás jugando una broma?

¡Verdad!

— Luís estaba jugando mal y la preocupación que angustiaba su frágil pecho, la tensión que se palpaba en José y la mentira que engañaba a todos al fin estaba al aire, en la manipulación que hería de ahora en adelante, todo por amor y en la incredulidad que cegaba para ver más allá
—No…

Hace tiempo que nos dimos cuenta que no nos amábamos, o por lo menos ella no a mí— afirmó, pero cada palabra era una sentencia viva —Nos separamos y yo le ofrecí comprarle una casa y lo hice, vendimos todo para que ella se quedara cerca de su hermana— suspiró, estaba nervioso —No quería alejarme de ella y bueno.

Yo le di todo lo que tenía, pero no me arrepiento de nada.

Ella es feliz y con eso basta— José escuchó y no podía creer que eso estuviera pasando en verdad
—¿Cuándo pensabas decirme, ah?

¿Qué más tienes para ocultarme, Luís?

¿Qué?

— Luís lo vio enojado, pero debía apegarse al plan y todo saldría bien, o eso estaba seguro
—No era fácil, José, ¿Cómo iba a decirte algo así?

— miró, con mirada fría pero calculadora —No podía porque me estaba volviendo loco, pasó lo nuestro y me enamoré.

No quería perderte, pero debía ser honesto
— espero un poco más —Jamás pensé que te haría daño mi divorcio de años…

Y sí, tienes verdad en todo tu reclamo…

Si te soy sincero, con todo esto no sé cómo quedamos…

— Luís debía tentar la tierra para sembrar, así le costara algo en la cosecha
—Me parece que estás en lo correcto.

Ya no sé cómo tomar esto — dijo sin más —Eres una persona que no conozco y no conocía nada de esto, pero te quise desde el principio y te fui sincero, Luís…

— mintió —En verdad, ahora estoy locamente enamorado de ti y tú…

tú me mientes de esa manera…

Ya…

ya no sé nada, Luís, nada — José se dio la vuelta y empezó a caminar
—¡Amor, espera!, déjame explicarte por favor…

no te vayas…

sí…

José, ¡amor…

espera por favor!…

no me dejes— Luís solo lo vio ingresar a la casa y él, aunque quería correr y decirle muchas cosas más, arreglar las cosas…

debía apegarse al plan así perdiera la batalla, estaba la guerra, y esa recién empezaba
Sacó el móvil con una calma que daba más miedo que cualquier grito.

No dudó, no tembló, como si aquello ya estuviera decidido desde hacía días
Marcó un número que sabía de memoria
—¿Está todo listo?

—preguntó, en voz baja, pero firme
Del otro lado respondieron algo breve.

Suficiente
—Empieza la segunda fase… Esta noche— colgó sin despedirse, su mirada fría, calculadora, como la de un depredador, sin pizca de miedo ni nada parecido, regr4eso a la casa y subió sin necesidad, en la oscuridad está él
Luís lo miraba desde la penumbra de la habitación, con el corazón latiendo demasiado rápido
—¿Qué hiciste?

—susurró, José levantó la vista lentamente.

Sus ojos ya no eran solo amor; eran estrategia, obsesión, protección llevada al límite
—Te dije que nadie iba a separarnos —respondió—.

Y yo cumplo lo que prometo— dijo todo, pero a la vez nada
A lo lejos, un teléfono comenzó a vibrar en otra casa
En otra habitación
En otra vida que aún no sabía que estaba a punto de desmoronarse
La segunda fase había comenzado
—Vístete— le dijo, mientras le miraba —Te quiero más hermoso que nunca— afirmó con esa seguridad, pero en Luís, estaban las palabras, las ideas, todo lo que parecía amenaza, salió rumbo al otro lado de la habitación, donde el móvil sonaba sin ser escuchado
Ya solo en ese estado, todavía le volvía loco las palabras de José, no estaba seguro, pero quería saber si podía confiar, o por lo menos estar seguro.

Luís había escogido una ropa nueva que le costó un montón, pero valía la pena.

Salió y mientras bajaba las escaleras, Jin se dio cuenta y se levantó a recibir a Jimin y fue ahí cuando José lo vio
Tenía un cabello rojo pasión en esa cabeza y su rostro estaba más bello.

Y su ropa…

su ropa era un traje bien ceñido a su figura y la espalda descubierta
Había llegado la noche y la casa estaba en silencio, demasiado silencio para la tormenta que se avecinaba.

Las luces del jardín iluminaban apenas la entrada cuando el timbre sonó, seco, firme… inevitable
José se quedó inmóvil al verlo con ese traje, Luis, a su lado, sintió cómo el aire se volvía pesado de pasión, pero ahora no estaban para eso
El timbre volvió a sonar.

No hacía falta preguntar quiénes eran, la familia había llegado
José giró lentamente el rostro hacia Luis.

Sus miradas se encontraron y en ese cruce había todo: miedo, culpa, deseo… y una verdad que ya no podía esconderse más
—Es ahora —murmuró José, con la mandíbula tensa
Luis tragó saliva.

Sentía el pulso retumbar en los oídos, del otro lado de la puerta se escucharon voces.

Risas forzadas.

La antesala del juicio
—Pase lo que pase… —susurró— No me sueltes
Luís había escogido una ropa nueva que le costó un montón, pero valía la pena.

Salió y mientras bajaba las escaleras.

Marcos se dio cuenta y se levantó a recibir a Luís y fue ahí cuando José lo vio, cuando su mundo era Luis, nadie más valía en su mundo
Tenía un cabello rojo pasión en esa cabeza y su rostro estaba más bello.

Y su ropa…

su ropa era un traje bien ceñido a su figura y la espalda descubierta, algo que Marcos resintió, él jamás nació con ese cuerpo, era normal, Luís, era más parecido a una mujer en un cuerpo equivocado
Luís le saludo, con recelo, pero su mirada cayó en la pareja de Marcos cuando este los presentó y se dio cuenta que la vida era muy pequeña, nada especial pero que mala suerte
Este lo vio y no podía creerlo
—¡Luís!…

¿Luís Mendieta?…

— habló, la mirada del resto en ellos, nada bueno saldría de esto
—¡Rodrigó!

…

¿Eres tú?

— pregunto, habían pasado años, pero la mirada nunca engaña, y sin pensarlo mucho
Si, su ex estaba ahí y se había sostenido de todo para no caer ante la figura de su ex novio y primera vez, estaba bellísimo como él ángel que siempre fue, pero le agrado de verlo que fuera feliz
El primer amor que no se olvida, aunque se intente mil veces
De pie frente a él, más alto, más seguro… bellísimo.

Como aquel ángel que una vez lo sostuvo cuando el mundo parecía demasiado grande, cuando sus padres quisieron y pudieron alejarlos, nada del otro mundo
Rodrigó lo miraba sin parpadear, como si temiera que fuera una ilusión, una que nunca pudo olvidar, como si fuera el espejismo que siempre vio, pero nunca alcanzó.

Luís sintió el impulso de retroceder, pero se sostuvo.

Había aprendido a no temblar tan fácil… o eso creía, no cuando tenia al lado a su depredador más peligroso
—No pensé volver a verte —dijo Rodrigó, inocente, con una media sonrisa que escondía demasiadas cosas, pero ya no en él, hace años que dejó de ser algo para él, pero si dejaba cosas cálidas en su pecho
Pero la vida tenía esa costumbre cruel de juntar piezas cuando todo ya estaba desordenado
Y lo peor no era verlo.

Lo peor era sentir que una parte de él… seguía reconociendo ese brillo como hogar, ese hogar que fue envenenado por las mentiras y corrompido por el odio de unos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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